Por:

por Fabiana Sosa*

Cuando se creó la Comisión de Género del sindicato de Judiciales de Buenos Aires (AEJBA), el 8 de marzo de 2014, una de sus primeras delegadas y militantes fue Lohana Berkins. Desde entonces, organizaron actividades y concurrieron a los Encuentros Nacionales de Mujeres, además de participar en la modificación del convenio colectivo de trabajo, con ampliación de licencias maternales y paternales, licencia por matrimonio igualitario, entrega de útiles escolares y juguetes no sexistas, participación en encuentros de  mujeres judiciales. Aún pelean por incluir la licencia por violencia de género y la licencia por tratamiento de fertilización asistida.

Este lunes, en la sede del sindicato, se llevó a cabo la jornada “Los sindicatos tienen género”. Uno de los temas que recorrió la jornada fue la necesidad de hablar de una nueva ola, un movimiento de mujeres que se viene gestando, especialmente en nuestro país, con gran cultura sindical y donde quizás sería el lugar propicio para ilustrar la emergencia de un “feminismo sindical” que busque deconstruir todo para construir un mundo más libre y más igualitario.

Son las mujeres quienes deben poner sobre la mesa de la agenda sindical, y a través de sus propias representantes, la problemática diferenciada de la mujer trabajadora, para poder instalar y debatir cuestiones y acciones concretas relacionadas con las políticas de cuidado, con la brecha salarial, la doble o triple jornada laboral, el techo de cristal, el trabajo precarizado, la feminización de la pobreza, entre otros puntos.

A modo de ejemplo, en esta idea de que las mujeres podemos avanzar en la construcción de un feminismo sindical, se fundó en enero de 2017, la Coalición de Mujeres Trabajadoras (CoMuTra) como una organización transversal, no excluyente, que propone sumarse a los movimientos existentes, sindicales o feministas, teniendo en cuenta los avances y el trabajo realizado. En diciembre del 2016, había circulado una foto del brindis de fin de año del presidente argentino Mauricio Macri con representantes de distintos sindicatos, en la Quinta de Olivos. En la imagen no había representación sindical de las mujeres en la Argentina: esto provocó que sea tema de conversación en las redes sociales y es desde ese lugar que surge CoMuTra.

Dentro de sus objetivos, CoMuTra se plantea como ejes de acción: realizar campañas de incidencia y sensibilización sobre la situación de las mujeres trabajadoras, formular, supervisar y evaluar programas de derechos humanos, laborales y de género, hacer seguimiento a la implementación del cupo sindical y realizar campañas para avanzar hacia la paridad.

Guadalupe Santana, delegada de AEJBA, integrante de la Comisión de Género, introdujo en la jornada la idea la necesidad de debatir los desafíos de la participación de las mujeres en los sindicatos: ante la mayor inclusión en el mundo del trabajo, todavía nos cuesta acceder a mayores cargos de decisión. Santana remarcó la necesidad de “democratizar todos  los ámbitos donde participamos las mujeres”, y que “la ley de cupo debe ser considerada un piso, no un techo”, en referencia al cupo femenino sindical, que regula la Ley 25.674 en Argentina.

La primera de las expositoras, Dora Martínez, de la Mesa Ejecutiva de CTA Autónoma, militante de ATE, comenzó hablando de la idea de compartir las perspectivas de lucha del colectivo de mujeres. Realizó un recorrido histórico y aseguró que la lucha empieza desde el momento mismo en que las mujeres pisamos este planeta y existe la división sexual del trabajo.

En el siglo XVIII, cuando llegó la invasión española a nuestras tierras había algunas resistencias encaradas por “lideresas” de pueblos originarios, “había muchas Micaelas Bastidas”, cuando también vinieron por la conquista del cuerpo de las mujeres, y estas tenían que luchar para defender los dos territorios, incluyendo el de sus propios cuerpos. Hacia fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, aparecieron otras mujeres que vinieron de otros continentes con otros reclamos, relacionados con la doble o triple jornada femenina, las huelgas de empleadas textiles, que encararon el lema “Ni Dios, Ni Patrón, Ni Marido”, planteando la triple explotación de las mujeres.

Dora Martínez relató que esta presencia de las mujeres en políticas femeninas se ensambló con las teorías feministas y empezaron a surgir así estrategias de solidaridad y sororidad, como transformaciones radicales de las relaciones de poder entre varones y mujeres. Se comenzó a entender que en la lucha de clases por la liberación de la clase trabajadora, nosotras, las mujeres, teníamos que luchar más que los varones.

El siglo XIX avanzó con la incorporación masiva de las mujeres al mercado del trabajo en distintas ramas, que habían sido pensadas y diseñadas para varones. Las mujeres comenzaron a salir a protestar para que se les reconocieran mejores condiciones laborales, exigiendo por ejemplo, la necesidad de instalar jardines, llamados “maternales”, en ese tiempo.

La lucha del movimiento feminista y las mujeres del movimiento obrero acompañaron estas consignas y diversos socialismos tomaron las demandas de las mujeres. En nuestro país, en la década de los años 1930/1940 las mujeres se encontraban militando el derecho al voto, hasta que durante el gobierno de Juan Domingo Perón, junto con la participación de los movimientos de mujeres, las que ya eran delegadas en sus trabajos y el aporte de la docencia, se hizo realidad el derecho al sufragio femenino.

Sin embargo, con ello no cambió la realidad en la representación de los sindicatos, donde aún en el día de hoy las mujeres tenemos representación en muchos sectores y obstáculos muy grandes en los sectores de conducción. En este sentido la Ley de Cupo Femenino Sindical tiene un piso que no se cumple siempre, para lo cual son necesarias estrategias que lo vuelvan factible.

La dirigente de CTA Autónoma planteó un punto de tensión cuando preguntó: “¿Qué es la potencia del poder ? ¿Quién la tiene hoy en esta sociedad ?”. Los varones tienen un poder de potencia que no tenemos las mujeres, a quienes se nos asocia con cierta femineidad como mandato que nos ata a ciertas tareas. “Nosotras tenemos que discutir en estos roles que asumimos como naturales, en estas tareas de domesticación que nos ponen en un lugar subalterno”, dijo.

Habló con una energía que silenció al auditorio de “esa potencia de poder que tiene el hombre desde el comienzo del mundo, y que hoy nos mata…”, que refiere a la existencia de “un poder ancestral, patriarcal, clerical y masculin”. Nos invitó a “construír rebeldías, a ser insurrectas y rebeldes”, porque necesitamos más mujeres para construir otro poder, en sectores sindicales, y “que nos devuelvan el poder que nos quitaron”.

Paula Sánchez, Secretaria Adjunta del Sindicato de Empleados Judiciales de Neuquén, parte de la Federación Judicial Argentina, planteó la necesidad de seguir construyendo sindicatos más inclusivos. Dijo que el día 8 de Marzo, como día de la mujer, ha estado cuestionado, “como todo en la historia de las mujeres” y que “ayer mismo, el 9 de Julio, nadie mencionó a una sola mujer de las que han forjado nuestra patria”.

“En el día 8 de Marzo se conectan las reivindicaciones de clase y las reivindicaciones de género”, dijo. En ese sentido revalorizó este último 8 de marzo, donde fueron retomados y recreados esos reclamos. Con respecto al mundo judicial, para Sanchez: “el fuero penal se evidencia como el poder judicial más machista del sistema, y en la vida sindical nos encontramos con la misma asimetría en la representación, donde sigue siendo un territorio de machos, donde hay que entrar a los codazos”. “Las que estamos en cargos, lo hacemos en puestos secundarios, nos cuesta mucho avanzar, porque tenemos muchos obstáculos”, señaló.

El tercer turno de exposición fue para Fátima Gutiérrez, Secretaria General de la Asociación Judiciales de Formosa. Contó su experiencia en el proceso electoral que la llevó a ser la primera mujer en ganar las elecciones en una secretaría general, de un sindicato de un poder del Estado. Esta fue una lucha contra la más patriarcal de las organizaciones.

Contó que Formosa fue la primera provincia que consiguió la licencia por violencia de género después del primer Ni Una Menos ocurrido en 2015. Luego, fueron por la ampliación de los días de licencia por maternidad, agregando la licencia especial por fertilidad asistida, para que las mujeres no tuvieran que pedir más licencias por enfermedad, para venir a Buenos Aires a realizarse estos tratamientos, que ahora quieren llevar a hacer a su propio hospital.

En la jornada, además del reconocimiento a la convocatoria, se planteó sobre el final la preocupación por la propuesta del gobierno actual, que no tiene la intención de poner a las mujeres en la discusión de la agenda pública.

*Abogada feminista, especialista en derecho laboral, miembra de la Comisión de la Mujer Trabajadora, (CoMuTra) nacida en el seno de la Asociación de Abogados y Abogadas Laboralistas (A.A.L.) y la Coalición de Mujeres Trabajadoras (CoMuTra)