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Falú fue directora Regional de UNIFEM (ONU Mujeres) y hoy dirige INVIHAB (Instituto de Investigación de la Vivienda y el Hábitat). Como activista, es parte de la Articulación Feminista MARCOSUR, un proceso de alianzas y redes entre organizaciones no gubernamentales feministas de América Latina y el Caribe.

“El derecho a la ciudad como construcción popular”: fue el lema de Urban Thinkers Campus, un encuentro organizado por el Ministerio Público de la Defensa de la Ciudad de Buenos Aires y Centro de Formación Judicial a fines de septiembre en el Hotel Bauen de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Human Thinkers Campus es una iniciativa de la Campaña Urbana Mundial de ONU-Hábitat. En ese marco, la urbanista y arquitecta feminista argentina Ana Falú brindó la conferencia “Ciudades plurales. La construcción de ciudades desde una perspectiva de género y diversidad”. Se trató de una de las únicas charlas donde la perspectiva de género y el derecho a la ciudad se intersectaron.

Falú fue directora Regional de UNIFEM (ONU Mujeres) y hoy dirige INVIHAB (Instituto de Investigación de la Vivienda y el Hábitat). Como activista, es parte de la Articulación Feminista MARCOSUR, un proceso de alianzas y redes entre organizaciones no gubernamentales feministas de América Latina y el Caribe.

Su visita es una buena oportunidad para repasar su trayectoria. Falú nació en Tucumán pero vivió en Brasil, a donde partió en su primer exilio en 1976 junto a su familia, cuando el Operativo Independencia y la represión estatal arreciaban en la provincia intervenida por entonces al mando de Antonio Domingo Bussi. Falú era, por entonces, una flamante egresada de la carrera de Arquitectura de la Universidad Nacional de Tucumán, interesada en la vivienda social y activista en villas y asentamientos. Su proyecto final a la hora de graduarse se trató de la creación de viviendas de insfraestructura ecológica para una cooperativa azucarera de la provincia.

La presencia tenaz del Plan Cóndor en la región la obligó a seguir hacia Holanda. De Argentina se fue cuando un comando allanó la casa familiar y se llevó a su hermano Luis Eduardo Falú, otro de los hermanos de una familia numerosa en la que hay músicos, poetas y militantes. Los restos de Luis (“Lucho”, le decían) fueron identificados en el 2016 por el Equipo Argentino de Antropología Forense en las excavaciones que se realizaron en el centro de inhumación clandestina Pozo de Vargas, a donde fueron llevadas durante la última dictadura víctimas de Tucumán y otras provincias del Norte argentino, pero también de otros países en donde fueron secuestradas en diversos operativos. La trama de la desaparición, la búsqueda, la errancia por el mundo y el empecinamiento en seguir rodeando la idea y la materia a través de la arquitectura, de un pensamiento de la construcción y las ciudades como trazas de un proyecto social, que puede pensarse como igualitario o profundamente siniestro, definen a Ana Falú, quien además propone desde el feminismo algunos de los debates más interesantes del urbanismo en Argentina: ¿qué pasa con los derechos de las femeneidades en las ciudades?, ¿qué pasa cuando se cruzan el problema de la tierra, la injusticia de la falta de acceso a la vivienda, y las violencias patriarcales?

Ana Falú se define como una arquitecta urbanista y feminista. Su lugar de enunciación transcurre entre el urbanismo de género, el urbanismo ecológico y el urbanismo sociológico. En Urban Thinkers Campus no evitó la referencia a Santiago Maldonado, “hay una única pregunta para hacernos y que cada uno sabrá hacérsela desde el corazón. Dicho esto quiero compartir con ustedes algunas reflexiones”. Sin declarar verdades donde todavía queda un largo trecho por pelearle a la impunidad y los encubrimientos, pero sin silenciar.

Espacios hostiles

El urbanista catalán Jordi Borja habla de injusticia espacial para definir los desarrollos socio- geográficos desiguales establecidos y coagulados en las ciudades, como modelos de segregación de los cuerpos en la ciudad, por clase social, raza, género, u otras trazas. Falú insiste de manera enfática: “también las travestis y trans son algunas de las más afectadas por la injusticia espacial de las ciudades”.  ¿Y las lesbianas?, ¿qué proyecto urbano implican las descargas de segregación cuando nos expulsan de lugares por besarnos, nos detienen de forma arbitraria y nos delimitan el espacio donde somos bienvenidas, incluso incorporadas a circuitos de trabajo, ocio, turismo y cultura, pero nos expulsan de la cotidianeidad del subte? “Es necesario hablar también de las injusticias territoriales. Desde el derecho de las mujeres a la ciudad, que es una categoría teórica y política, tenemos mucho que transformar. Pero no sólo de las mujeres, sino de las mujeres en tanto el 50% de la población que alberga también a la población trans, lésbica, homosexual, las etnias. Y muchas identidades”, definió en la conferencia.

El derecho a la vivienda es un derecho colectivo y difuso. Sabemos, también, que la falta de ella es una de las matrices de desigualdad, junto con la tierra y el trabajo, más férreas y decisivas a la hora de definir nuestro país. La igualdad, por otro lado, es un concepto que tiene que ser discutido.

“Para tener  derecho a la ciudad, lxs desalojadxs, lxs inquilinxs, donde mayoriamente están las mujeres, necesitamos medidas reparadoras. Acciones positivas a favor de aquellxs que necesitan de la atención del Estado. El derecho de las mujeres a la ciudad, como lo define la Plataforma Global por el derecho a la Ciudad, es un derecho que se intersecciona con otros derechos de género”, dice la especialista,

La pregunta por la gestión de las ciudades no está exenta a la vez de la disputa cultural. Las integraciones, en tiempo de valorización y negocios en escalada con el suelo (sin ir más lejos, la discusión central por la urbanización de las villas en la Ciudad de Buenos Aires define el proyecto de gestión urbana más ambicioso desde la última dictadura militar), son un tema clave. Una nueva agenda urbana está actualmente en discusión. Las agendas internacionales, si bien no vinculantes, han fracasado. Si la desigualdad y la pobreza han crecido desde el consenso de Vancouver en 1976, la agenda ha fracaso. Con algunos avances en el plano legal, pero fuertes retrocesos en la desigualdad . La nueva agenda urbana consensuada en 2016 en la Conferencia de Quito implicó la llegada de nuevos actores populares, las feministas entre ellxs, participando activamente en la construcción de la agenda. En el FemCity mujeres y hombres democráticxs se aliaron para pensar los derechos de las mujeres en la ciudad. Esto pone en tensión tres momentos de la discusión: el oficial o institucional, el alternativo y el rebelde. Las agendas forjadas en Foros internacionales poco futuro pueden tener si los movimientos sociales no protagonizan las luchas y conquistas de derechos necesarias para re-pensarlas y llevarlas a cabo.

Un territorio urbano también es parte de la escena de la territorialización de los cuerpos. Dice Falú: “NiUnaMenos se volvió también indispensable para pensar los territorios, los cuerpos asesinados que se transforman en cuerpos políticos”. La ciudad cuestionada desde el feminismo pone en discusión la falta de plenos derechos y las formas en que somos consideradas ciudadanas, y habitamos la ciudad. La agenda feminista urbana es una agenda radical e implacable a la hora de plantear el derecho a una vida sin violencias.

Crisis de la ciudad capitalista y crisis de las tareas de cuidado

La división sexual del trabajo es lo que subyace al cómo están pensadas las ciudades en su perspectiva de género. Hay sujetos omitidos en el planeamiento urbano y las mujeres somos quienes más hemos soportado el crecimiento de la pobreza.

Del 35 al 42%, seguimos siendo la mayor parte de las desocupadas en América Latina.

Las mujeres con menos ingresos tienen más del doble de hijos que las mujeres ricas, y dentro de ellas el porcentaje de mujeres solas a cargo de los hogares y de la infancia continúa en crecimiento. En el capitalismo contemporáneo del descarte de las vidas, donde gran parte de la población mundial desocupada (hoy alrededor de 201 millones de personas en el mundo según el último informe de la OIT) no puede ser incorporada a ningún mercado formal de trabajo, es necesario que el Estado subsidie a esas femeneidades, que tengan rentas y vivienda, y también el subsidio para las organizaciones de economía popular que surgen en los márgenes de la economìa capitalística en declive y que redefinen el trabajo y la autopercepción de quienes y cómo lo llevan a cabo; los subsidios al transporte seguro y las coberturas de salud. La omisión de las femeneidades en la planificación de la ciudad, en el desagregado presupuestario y en el qué significa la ciudad, reproducen esta desigualdad. Podemos sumar a esto otro de los problemas centrales de las crisis capitalísticas contemporáneas, que es la crisis en las tareas de cuidado, alrededor de la cual el feminismo lleva décadas produciendo teoría y activismos. Para Falú “la falta de vacantes en jardines y guarderías empuja a las mujeres a cercar su derecho a decidir”. Sin ir más lejos, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, una de las más ricas del mundo, no garantiza el acceso de las infancias de 45 días a 5 años de edad a los jardines públicos. El Estado en proceso de reforma y achicamiento se endeuda pero al mismo tiempo no cumple con el mandato constitucional de garantizar el acceso a la educación pública desde los 45 días de edad. Este año alrededor de 10.000 infancias se quedaban sin escuela por falta de vacantes al comienzo del ciclo escolar. No por paros docentes, no por tomas de escuelas, si no por la falta de inversión pública en los cuidados que históricamente fueron tareas feminizadas y no reconocidas como trabajo.

Las plusvalías urbanas

¿Por qué no exigirle al Estado un porcentaje a redistribuir entre la población, a cambio del sobrevalor del suelo, que es aquello que realmente está detrás de la gentrificación? Barracas Williamsburg es el nombre con el jefe de gobierno de la Ciudad Horacio Rodríguez Larreta dio en llamar al gigantesto proceso de revalorización inmobiliaria de la zona de Barracas al sur de la Ciudad.  Las corporaciones inmobiliarias están viviendo una verdadera fiesta gentrificadora con lluvia de dólares y espuma de especulación financiera en frenesí. Hasta en esto “la gestión de las ciudades es masculina en sus usos políticos y económicos”, señala Falú con certeza. El traslado de los edificios de gobierno al Sur urbano también habla de esta lógica. En el esquema de distritos (de las Artes, Tecnológico u otros), las empresas son eximidas del pago de impuestos, a la vez que muchxs habitantes no pueden cubrir los costos de los alquileres de vivienda.

En el barrio de La Boca, según denunció recientemente la organización Sur en Marcha, la fiesta gentrificadora se dio a un nuevo episodio.  El ex edificio de Alpargatas, hoy Edificio Molina Ciudad, es un proyecto en el cual Mauricio Macri cuenta con acciones, a la vez que los legisladores de su partido promocionaron que las empresas se radiquen allí sin pagar impuestos.

Las reflexiones de Ana Falú son importantes porque conjugan la denuncia de la desigualdad con la reflexión profunda en torno a los modelos de ciudad y el lugar de las femeneidades en ellas. Con territorios a varios niveles, el urbanismo feminista está en ciernes.