Por:

Los tres jueces a cargo son Jorge Peralta, Fabián Riquert y Juan Manuel Sueyro; la fiscal es Ana María Caro y la querella está a cargo de los abogados Lisa Cabral y Federico Paruolo.

A Natalia Melmann la secuestraron, violaron y asesinaron en Miramar cuando la palabra femicidio todavía era una pelea en las redacciones y no era considerado un agravante para el Código Penal argentino. Tenía 15 años, quería ser obstetra y soñaba con viajar a Cuba a perfeccionarse. Su cuerpo lo encontraron el 8 de febrero de 2001 en el vivero municipal de esa ciudad balnearia después de cuatro días de búsqueda: la habían estrangulado con el cordón de una de sus zapatillas y tenía rastros de semen de -al menos- cinco hombres. Después de 17 años, juzgarán al cuarto policía imputado por su crimen.

El debate oral y público comenzó este lunes 28 de mayo en la Ciudad de Mar del Plata en el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 4. Está siendo juzgado el sargento de Policía Ricardo Panadero, quien está imputado por el delito de “privación ilegítima de la libertad agravada por el uso de violencia, abuso sexual agravado por acceso carnal y por la participación de dos o más personas y homicidio agravado por la participación de dos o más personas y criminis causa”.

Los tres jueces a cargo son Jorge Peralta, Fabián Riquert y Juan Manuel Sueyro; la fiscal es Ana María Caro y la querella está a cargo de los abogados Lisa Cabral y Federico Paruolo.

Los tres jueces a cargo son Jorge Peralta, Fabián Riquert y Juan Manuel Sueyro; la fiscal es Ana María Caro y la querella está a cargo de los abogados Lisa Cabral y Federico Paruolo.

En el primer juicio que se hizo por el crimen de la adolescente fueron condenados a prisión perpetua tres policías: Ricardo Suárez, Oscar Echenique y Ricardo Anselmini por los mismos delitos. También fue condenado el civil Gustavo “Gallo” Fernández, un “buche” de la policía. Según las pruebas recabadas en el juicio, fue el entregador de la adolescente.

El fallo de septiembre de 2002 no alcanzó a Panadero, quien había sido sobreseído antes de la elevación a juicio de la causa. Una resolución de la Suprema Corte provincial dispuso que se revocara aquel sobreseimiento y el proceso judicial volviera a primera instancia.

De acuerdo a la causa, el 4 de febrero a las 6 de la madrugada Natalia fue introducida por la fuerza y contra su voluntad en una camioneta de la policía Bonaerense. Cuando los investigadores encontraron sangre y cabellos en el auto de uno de los acusados, ellos dijeron que era porque habían ido a cazar perdices. Las pruebas de laboratorio fueron contundentes: el ADN era de la chica.

Los investigadores concluyeron que “Gallo” Fernández la marcó, los policías la secuestraron en un auto y la llevaron a una casona del barrio Copacabana, donde fue violada y asesinada. Luego, trasladaron el cadáver en otro auto hasta el vivero.

El femicidio de Natalia marcó una época y señaló que la violencia machista atraviesa todos los lugares: también los balnearios familiares y felices.

Por esa época los crímenes contra las mujeres e identidades feminizadas aún eran tratados como casos aislados por los medios. Las violencias que imprimían los varones sobre los cuerpos femeninos aún no eran enmarcadas en el cuadro de la violencia machista. En la costa atlántica pueden rastrearse otros casos con las mismas marcas.

Al cuerpo de Laura Iglesias lo encontraron el 29 de mayo de 2013 en un descampado, también en Miramar. La habían violado y estrangulado. Tenía 53 años y trabajaba en el Patronato de Liberados. En 2015 hubo una condena por el femicidio pero quedó pendiente la pista que sigue el encubrimiento y la responsabilidad de la Bonaerense en el crimen.

La muerte de Mara Mateu de 16 años en 2008 en Santa Teresita, tuvo características similares: violada y estrangulada con el cordón de su zapatilla izquierda. El juicio por la muerte de Mara también obtuvo la condena máxima para los acusados.

El 3 de junio de 2015 Laura no tenía dinero para viajar a Buenos Aires a la movilización convocada por Ni Una Menos. Una oyente radial la escuchó en una entrevista en la radio pública y la ayudó a costear el pasaje. Laura no pudo llegar al escenario por la cantidad de personas que había en el primer grito colectivo y masivo contra las violencias machistas