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La joven realizadora audiovisual de 23 años logró el primer puesto del Concurso Ópera Prima 2017 del INCAA (Instituto Nacional de Artes Audiovisuales) por este proyecto y eligió un equipo íntegramente femenino para experimentar. Estaba segura que de esta manera iba a poder recrear el mismo clima que se genera cuando ella está con su mamá y sus tres hermanas menores, su fuente de inspiración para esta película.

El test Bechdel es un conocido método para evaluar la brecha de género que puede existir en cualquier película, serie, cómic, obra de teatro. Para pasar por el tamiz evaluador de desigualdad, es necesario contestar tres preguntas: ¿aparecen al menos dos personajes femeninos? ¿estos personajes se hablan una a la otra en algún momento? ¿Esta conversación trata de algo distinto a un hombre como eje de la charla? Esta vieja prueba feminista data de 1985, cuando la historietista estadounidense Alison Bechdel publicó una tira cómica llamada The Rule en donde aparecen las bases de esta prueba para detectar la desigualdad en uno de los diálogos. La tira cómica fue publicada en Dykes To Watch Out For (Unas lesbianas de cuidado, en español).

Mamá, mamá, mamá, la ópera prima de Sol Berruezo Pichon-Rivière supera ampliamente el test de Bechdel y apuesta a una nueva forma de pensar las producciones cinematográficas. Se trata de una película en la que detrás y delante de cámara todas son mujeres: actrices, productoras, maquilladoras, técnicas juntas en una hermandad audiovisual. Los varones cis solo aparecen como extras en el filme y no tienen líneas de diálogo.

La joven realizadora audiovisual de 23 años logró el primer puesto del Concurso Ópera Prima 2017 del INCAA (Instituto Nacional de Artes Audiovisuales) por este proyecto y eligió un equipo íntegramente femenino para experimentar. Estaba segura que de esta manera iba a poder recrear el mismo clima que se genera cuando ella está con su mamá y sus tres hermanas menores, su fuente de inspiración para esta película.

La joven realizadora audiovisual de 23 años logró el primer puesto del Concurso Ópera Prima 2017 del INCAA (Instituto Nacional de Artes Audiovisuales) por este proyecto y eligió un equipo íntegramente femenino para experimentar. Estaba segura que de esta manera iba a poder recrear el mismo clima que se genera cuando ella está con su mamá y sus tres hermanas menores, su fuente de inspiración para esta película.

“Estar con mujeres solas siempre fueron momentos de mucha tranquilidad y armonía y quería que mi primera película fuera así: una atmósfera tranquila”, dice a LATFEM Sol Berruezo Pichon-Rivière en el medio de un parate del rodaje en un caserón con pileta en el barrio porteño de Colegiales que es un isla verde en un continente de cemento y caos. “¡Sol!”, le grita una de las pequeñas protagonistas del filme desde la planta alta del caserón. Está metida dentro de un pijama de osa y quiere mostrarle que lleva puesta la misma piedra que la directora como colgante.

La directora tomó está decisión pensando, también, en las niñas actrices. Aunque en este set de filmación todo parece de azúcar, flores y muchos colores; el disparador de la historia de este largometraje es una muerte. La pequeña Erín, de 5 años, se ahoga en la pileta de su casa. Su cuerpito queda ahí hasta que su madre lo encuentra y deja a su otra hija; Cleo, de 12 años; sola en la casa durante horas. Al rato llegará Silvina, la tía de Cleo, con “las primas”, sus tres hijas: Leoncia (6 años), Manuela (11 años) y Nerina (15 años). Cada una de las nenas estará sumergida en un micro universo particular. Mientras Nerina coquetea con los pocos hombres al alcance, Manuela se mira al espejo porque su madre la somete a una dieta; y en paralelo Cleo, está marcada por la tragedia de su hermana, pero sin poder expresarlo: su madre se encuentra encerrada en su habitación, junto a su tía que la cuida de su depresión. Cleo se sumergirá en el mundo femenino de la niñez repleto de temores impuestos: el miedo de no haber besado nunca, el miedo a quedarse sola toda la vida, a la menstruación “que son como bebés que no pueden venir al mundo y mueren”, a un cuerpo que ya no pertenece a la misma persona que lo habita, el cambio, el cambio irreversible de la madurez.

Cuando la hermana de Sol Berruezo Pichon-Rivière tenía 13 años le daba miedo bañarse sola y ella la acompañaba. En una oportunidad vio que le había crecido vello púbico y la vio muy tímida para hablar sobre eso. “Es un momento muy intimo el que quería contar y tenia que cuidar que salga lo más natural posible. Quería que desde la persona que te pone el micrófono hasta la que te está mirando sea mujer”, explica la joven directora a LATFEM.

“Mi mamá casi se ahoga dos veces. Las muertes en piletas me parecen una tragedia enorme que sucede en tu misma casa. Una pileta es un peligro inminente. Y la idea era retratar la niñez pero a la vez la muerte es porue con los grandes dramas la sensibilidad florece más, por eso sucede al comienzo. No es el conflicto pero es lo que desata y ayuda a conocer el personaje. Es más posible entrar y penetrar en el personaje”, desarrolla la realizadora de Mamá, mamá, mamá.

Escribió el guión en tres meses en el verano de 2017. Primero fue un monólogo de la protagonista de 11 años y después tomó forma hasta convertirse en su primer guión cinematográfico. El rodaje terminó el 5 de abril después de 4 semanas de intenso trabajo para todas. Ahora vendrá la etapa de montaje, post producción y la tarea de realizar la música que la directora quiere componer con su banda, Rascolnikoff. También está pensando que el poster de la película sea una pintura. 

“Me interesaba contar la niñez. Ese pasaje en el que la niñez toma contacto con la adultez y todo empieza a revolucionarse. Parece que no encuentra lugar. De lo más puro de unx empezamos a querer transformarnos en algo que no sabemos qué es. No es un pasaje de la adolescencia: es la pubertad. Y me parece que es lo que menos está contado en el cine y menos desde la mujer. Ahi pasan un montón de cosas que no están contadas”, dice Sol Berruezo Pichon-Rivière a LATFEM.

Bisnieta del médico psiquiatra Enrique Pichon-Rivière y ahijada del productor Gastón Portal, ella empezó a estudiar en la Universidad del Cine en 2014 y el año pasado terminó la carrera de dirección. “Siempre me había gustado el arte en general. Me interesaba la literatura. Empecé dirección de cine y ahí entendí que era un arte que podía conectar todo: la música, la literatura y encima compartirlo con otra gente. Cuando el arte lo hace una persona sola puede ser desolador, pero el cine es algo grupal”, dice a LATFEM.

Trabajó en productoras para cine y televisión. Cuando consiguió el apoyo para su ópera prima largó todo. Cuenta que no fue difícil encontrar cómplices para esta aventura audiovisual. Primero contactó a Florencia de Mugica de Bomba Cine y ella la vinculó a Laura Tablón, de Rita Cine, su “gran compañera en este proyecto”. “Con ellas presentamos la peli siempre sabiendo que era difícil porque era mi primera obra y en ópera prima siempre es mucho más difícil. La presentamos y resultó que ganamos”, cuenta.

Todas las técnicas son mujeres del cine con experiencia previa en rodaje pero esta película es distinta a las anteriores para la mayoría. “Todas tenemos necesidades diferentes y nos vamos pasando la posta”, dice la directora. En el rodaje, por ejemplo, entre cámaras, luces y claquetas, junto con un pañuelo verde de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito está el carrito con el bebé de cinco meses de la asistente de dirección que ella necesita amamantar.

En la técnica se encontraron con una limitación: el aparato que usa la directora de fotografía -que también es la camarografa- no venía adaptado para su talla pequeña. Se trata de una especie de mochila que se pone al cuerpo con una pinza y era demasiado grande. Lo enmendaron con parches para que le pudiera entrar.

La película llega también para desarmar las estadísticas que son reflejo de la desigualdad estructural: entre 2010 y 2017 se estrenaron 1563 películas nacionales  y sólo 211 fueron dirigidas por mujeres a pesar de que las estudiantes en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC), en la carrera de Diseño, Imagen y Sonido en la UBA y en la Universidad del Cine (FUC) representan un total de entre el 54% y el 60% del alumnado.

En paralelo a la ficción, la filmación de Mamá, mamá, mamá es el punto de partida para el ensayo documental Crónica de mujeres en movimiento que dialoga con la película y explora el rol femenino en la industria del cine. Ahora que sí nos ven: que sea en la pantalla y detrás de ella, también.