Por: Fotos: Gala Abramovich

Si hay algo que nos caracteriza a los feminismos del siglo XXI es que seguimos problematizando los vínculos, lo personal, nuestras sexualidades. Es gracias a la tercera ola que nos reconocemos diversas, que cuestionamos qué era ser mujer y si somos todas iguales. Sabemos que no hay un solo modo de ser mujer. Porque además del machismo, estamos atravesadas por diversos mecanismos de opresión que operan sobre nuestras sociedades: el racismo, la homofobia, la transfobia, el capacitismo, la xenofobia y el clasismo. Sin embargo, esta interseccionalidad, este reconocimiento de las distintas formas de habitar el mundo en lugares desiguales, no nos impide identificarnos colectivamente como un grupo estructuralmente oprimido. Por el contrario, nos da potencia. El gran desafío de esta gran ola que avanza, es que no termine retrocediendo.

La cuarta ola (feminista) está de fiesta y se siente. Caminamos hacia un nuevo Paro internacional de mujeres, lesbianas, travestis y trans en todo el mundo. Argentina sigue siendo el epicentro de esta ola violeta que se lleva todo puesto, porque la paciencia quedó atrás. El tiempo de nuestra revolución es ahora y por eso vamos a discutirlo todo.

Las asambleas del 8M estallan en cada una de sus ediciones y hemos llegado a la pantalla chica. Todxs quieren saber realmente qué, quiénes, somos lxs feministxs. Nunca antes escuchamos tantas veces la pregunta “¿Qué es el feminismo?”. Por suerte, no podemos dar solo una respuesta, porque los feminismos somos muchos, siempre lo hemos sido, y somos más diversos cada vez.

Si hay algo que nos caracteriza a los feminismos del siglo XXI es que seguimos problematizando los vínculos, lo personal, nuestras sexualidades. Es gracias a la tercera ola que nos reconocemos diversas, que cuestionamos qué era ser mujer y si somos todas iguales. Sabemos que no hay un solo modo de ser mujer. Porque además del machismo, estamos atravesadas por diversos mecanismos de opresión que operan sobre nuestras sociedades: el racismo, la homofobia, la transfobia, el capacitismo, la xenofobia y el clasismo. Sin embargo, esta interseccionalidad, este reconocimiento de las distintas formas de habitar el mundo en lugares desiguales, no nos impide identificarnos colectivamente como un grupo estructuralmente oprimido. Por el contrario, nos da potencia. El gran desafío de esta gran ola que avanza, es que no termine retrocediendo.

Si hay algo que nos caracteriza a los feminismos del siglo XXI es que seguimos problematizando los vínculos, lo personal, nuestras sexualidades. Es gracias a la tercera ola que nos reconocemos diversas, que cuestionamos qué era ser mujer y si somos todas iguales. Sabemos que no hay un solo modo de ser mujer. Porque además del machismo, estamos atravesadas por diversos mecanismos de opresión que operan sobre nuestras sociedades: el racismo, la homofobia, la transfobia, el capacitismo, la xenofobia y el clasismo. Sin embargo, esta interseccionalidad, este reconocimiento de las distintas formas de habitar el mundo en lugares desiguales, no nos impide identificarnos colectivamente como un grupo estructuralmente oprimido. Por el contrario, nos da potencia. El gran desafío de esta gran ola que avanza, es que no termine retrocediendo.

La masividad que está cobrando el feminismo trae nuevos y viejos debates: todos son bienvenidos. Sin embargo contamos con un gran acumulado, herencia de quienes estuvieron antes que nosotras, luchando por nuestros derechos. La historia del feminismo, es una historia de debates y tensiones, pero una historia que creció a paso firme, a pesar de haber tenido que dar batallas duras. Y lamentablemente, en esas batallas, no sólo nos enfrentamos a los enemigos de siempre. Muchas veces fueron y son nuestros propios compañeros progresistas y de izquierda los que nos hacen difícil el camino.

Son de largo aliento, las idas y venidas entre el feminismo y la izquierda. Entre quienes entienden que hay batallas principales y otras secundarias, y quienes entendemos que los sistemas capitalista y patriarcal están totalmente imbricados. Quienes venimos construyendo un feminismo popular solemos estar paradas en ese lugar incómodo. Como cuando escuchamos por estos días que este 8M tenemos que ir hacia un paro general, con los varones, porque la medida de fuerza es contra el presidente Mauricio Macri. Ahí se nos encienden todas las alarmas.

Llegar a este nivel de visibilidad, haber concretado el primer paro de mujeres en nuestro país a fines del 2016 y el primer paro internacional hace un año, era impensable hasta hace poco tiempo atrás. No es hora de resignar esa visibilidad ni de retroceder. A la vez, nuestra agenda como mujeres, lesbianas, travestis y trans siempre ha quedado subordinada en los paros generales clásicos. Seguimos estando subrepresentadas en las centrales sindicales. ¿Por qué justo ahora un paro general para el 8 de marzo? ¿será porque ahora si nos ven? Muchas veces sentimos que llegamos hasta acá mas a pesar de nuestros compañeros que gracias a ellos. Las mujeres venimos pariendo esta lucha, articulandola a nivel internacional, poniendo en nuestras espaldas la responsabilidad que nos toca. Porque lo que nos mueve es el deseo de otro mundo. Y esta vez, el lugar de los varones es otro.

Porque este no es un paro exclusivamente contra Macri, cómo plantean algunas compañeras. El feminismo en nuestro país es antimacrista por definición. Es un paro contra el patriarcado que se cobra la vida de una de nosotras cada menos de 30 hs. Es un paro contra todas las formas de violencias y explotación, que se recrudecen contra nosotros con este gobierno neoliberal y anti derechos. Pero no queremos callarnos más, porque también son nuestros compañeros más cercanos los que muchas veces nos violentan, nos acosan, nos asfixian. Entonces, a ellos también le hacemos el paro. Para nosotras, la radicalidad no reside en sumar varones, ni en pensar que es un paro contra un presidente. La cultura que estamos combatiendo y transformando es global, atraviesa todos los espacios e instituciones que habitamos. Este tiempo de discutir todo, de denunciar todas las violencias, es un momento de liberación. Y es momento también de que nos liberemos de los mandatos de nuestros partidos, de las violencias en nuestras organizaciones ¡también!.

El feminismo nunca tuvo una voz unívoca. Mucho menos en estos tiempos de diversificación y aperturas. Ya superó su etapa esencialista donde el sujeto feminista eran solo las mujeres, para cobijar a las identidades disidentes. Estamos construyendo feminismos populares, para el 99%, un feminismo que también es anti biologicista. Y eso nos pone en la tarea de transformar nuestras demandas: por ejemplo cuando hablamos de feminizar la política estamos diciendo que no se trata simplemente de pedir más paridad y más mujeres en los espacios de decisión, sino de que formas de construir política queremos, cuál será nuestra agenda. Un feminismo popular, anti neoliberal, que ponga en cuestión el avasallamiento de derechos de nuestro pueblo al mismo tiempo que cuestione las relaciones de poder. La tarea es que toda nuestra radicalidad crezca a medida que llegamos a todo el mundo. Porque a los corralitos, a la conversación entre pocas, no volvemos nunca más!

Y aquí nos encontramos con otro problema para las que construimos feminismo popular y hacemos política en diferentes espacios opositores al macrismo. Ya no se puede negar el dinamismo y crecimiento de nuestro movimiento. Por eso, ningún reagrupamiento sindical o frente político contra la ofensiva neoliberal del macrismo puede existir sin convocarnos a lxs feministas. Por eso circula la indignación ante las fotos “de la unidad” de hace una semana atrás, o las de la convocatoria a la jornada de lucha del 15 o el 21 (que pasaron más desapercibidas). Como venimos diciendo varias, la unidad es con nosotras o no es. Hoy es impensable construir una nueva mayorìa popular sin el actor político de mayor relevancia social en estos tiempos, el feminismo. Con paciencia, pero con firmeza, seguiremos avanzando. Aquí estamos, no retrocedemos, y vamos a discutirlo todo.