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¿Cómo es posible encontrarnos o sentirnos representadas como oyentes o como productoras si el sonido, las letras, la imagen y los mensajes son siempre dados por las mismas voces de impronta heteronormativa masculina? Finalmente la música rockera, que se suponía "rebelde" o contestataria al sistema, no es más que un agente funcional al conjunto de ideas y valores que establece la sociedad patriarcal.

Un festival de música rockera, alternativa, que en su afiches de promoción muestra una estética canchera, divertida, joven, con dibujos de chicos tocando una guitarra, haciendo cuernitos o andando en skate; con dibujos de chicas sacando la lengüita, haciendo monerías.  Otro evento, de música electrónica, muestra en la imagen central a un hombre con los brazos abiertos de espaldas a nosotrxs y de cara a un mar de gente que lo aplaude. En otro anuncio, aparecen en letras grandes e imponentes mayúsculas, coronando un listado de artistas, bandas históricas con nombres masculinos. En letras más pequeñas, llegando al final de la lista, está alguna que otra mujer o banda con integrantes femeninas.

Estas imágenes muestran con gran claridad visual eso que sucede sin darnos cuenta y naturalizamos: la música de masas está manejada por varones. Pensemos, hagamos este ejercicio: ¿cuántas bandas de mujeres escuchamos en las principales radios nacionales? ¿Cuántos nombres de mujeres aparecen en mayúscula encabezando los grandes festivales de música, sea rock, electrónica, cumbia o folklore? Pocas o ninguna.

Si analizamos con mayor exactitud vemos que, por ejemplo, en el festival Lollapalooza de 50 artistas sólo 9 son mujeres, y ocupan lugares inferiores en el line-up. Es decir, sólo un 18% del total. En el caso del Cosquín rock el caso es mucho peor: en el escenario principal directamente no hay ninguna banda de chicas, un 0%.  

En el festival BUE, 8 mujeres entre 39 músicos, y en Creamfields, el evento de electrónica más convocante, de un total de 41 DJs sólo 4 son mujeres: Krewella, Nervo, Mina y Romina Cohn.

En el festival de folclore más importante de nuestro país, “Aquí Cosquín”, el número es similar, sólo 4 mujeres en un abanico de 25 folcloristas. La grilla muestra a una mujer por día, como si los organizadores hubieran advertido el bajo número y hubiesen programado “distribuir” más equitativamente la desigualdad.

Con estos datos es muy difícil pensar que la problemática de género es una cuestión de género musical.  Las mujeres no representamos ni tenemos representación en lo que la industria da en llamar “el rock nacional”, o el folclore tradicional, ni siquiera los formatos más nuevos como la electrónica o el rock alternativo cumplen con un 50/50 de músicxs en el escenario. Quizás es en la cumbia o en el hip-hop donde la cuestión es más equilibrada, artistas como Kumbia Queers, Sara Hebe, Miss Bolivia o Tita Print pudieron hacerse un lugar respetado y de representatividad en el ambiente.

¿Cómo es posible encontrarnos o sentirnos representadas como oyentes o como productoras si el sonido, las letras, la imagen y los mensajes son siempre dados por las mismas voces de impronta heteronormativa masculina? Finalmente la música rockera, que se suponía "rebelde" o contestataria al sistema, no es más que un agente funcional al conjunto de ideas y valores que establece la sociedad patriarcal.

 

Las fisuras del sistema

Sin embargo, es interesante conocer lo que en otros países de Latinonamérica se está produciendo con respecto a este problema. Tal es el caso del FemFest, un festival feminista que se realizó el pasado 25 de Marzo en Santiago de Chile. El evento se organiza de manera autogestiva, y promueve a las mujeres en la música y las artes de toda la región. Fue pensado hace trece años por La Coordinadora, una organización que desde el 2004 invita a bandas, poetas y artistas de todo el país y aledaños a mostrar sus expresiones, como una forma de generar conciencia y transformación social para construir una cultura más participativa, equitativa e incluyente. Trabajan desde la horizontalidad junto con otros grupos/organizaciones que comparten esta misión.  Este año han activado bandas como Horregias,  Armadillo Cactus Rock, Camera Pop, Suum, Solita, Aurora Voraz, Odette, La innombrable, Vampirismo Ilustrado, XoxoBomba (de Argentina), Dadalú,  Diavol Strain, Blasfeme, No Maten a Krilin y Carolina Holzapfel, además de Roque Pense, de Brasil. Asimismo, las poetas Alejandra del Río, Amanda Durán y Vilka Anski. Arriba del escenario hubo también intérpretes de lenguaje de señas que iban traduciendo las letras de las bandas en simultáneo.   

El FemFest contó con conversatorios sobre las mujeres en la industria musical, talleres sobre sexualidad, aborto, así como también un sector dedicado a ferias de fanzines, comida vegana y ropa de autora, performances, un escenario de música electrónica y exhibición de videos cortos. Una radio instalada dentro del Centro Cultural fue transmitiendo los shows  y luego, entrevistaban a las artistas participantes.  

Carolina Ozaus, una de las primeras organizadoras, integrante del grupo Vaso de Leche, con amplia trayectoria en los escenarios, ha invitado a bandas de Argentina como Kumbia Queers, She Devils y Las Grasas Trans. Su idea de sororidad es llevada al campo del rock, ayudando y dando difusión a bandas de mujeres de toda la región. En paralelo, se organizó el encuentro Ruidosa Fest, con una impronta más pop y marketinera, la cara del festival feminista es Francisca Valenzuela, una compositora que fue también la cara de Falabella.

En Argentina se están realizando diversos eventos contraculturales que buscan visibilizar a bandas y artistas mujeres y trans, mezclando música con humor y activismo, es el caso de “DILDA, Dominga Feminista” organizado por Eme Romero en el Espacio Ladran Sancho. Allí se han presentados Paula Maffía, Bimbo Godoy, Sasha Saytha, Sudor Marika, entre otrxs.

En el Centro Cultural Konex se ha realizado recientemente el festival ARTA, Festival de Mujeres Artistas, con la presencia de Las Kellies, Bife, Marina Fages, entre otras.   

Cabe finalmente preguntarnos y reflexionar el porqué de tal minoría de mujeres en los espacios y festivales de música y cuáles tienen que ser las estrategias para revertir dicha situación. La industria musical masiva debe lograr comprender de una vez por todas, que las mujeres somos referentes, somos productoras, creadoras y poseemos el mismo nivel artístico-creativo que los varones. Que no ocupamos únicamente un lugar de oyentes, espectadoras o groupies. La música realizada por mujeres tiene una energía propia y singular, diferente a la realizada por los hombres, y es ese conjunto de sonidos, letras, símbolos y fuerza musical que debe luchar por desplazar el lugar hegemónico y homogéneo que propone la industria musical de masas y ocupar finalmente ese escenario de poder.