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El largometraje fue producido por Grupo Documenta junto con el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) en co-producción con Pampa Films (Francia).

Los restos de la monja francesa Léonie Duquet estuvieron 28 años enterrados como NN en un cementerio de General Lavalle. En 2005 fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Había sido arrojada en los denominados “vuelos de la muerte” en el Río de la Plata luego de pasar por la tortura en el centro clandestino de detención que funcionaba en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). La secuestraron el 10 de diciembre de 1977 después de que el genocida Alfredo Astiz se infiltrara en un grupo de Madres de Plaza de Mayo, la marcara a ella y a otra religiosa, Alice “Cathie” Domon, entre otras mujeres. Ambas fueron detenidas el mismo dia que desapareció Azucena Villaflor, fundadora de las Madres de Plaza de Mayo

La tercera compañera de la congregación francesa, Yvonne Pierron, conservó hasta su muerte un pequeño hueso de Léonie Duquet, identificado por el EAFF. Lo único que le quedó de su amiga “Cathie” son los recuerdos de 20 años de misionar en distintos puntos de Argentina. Cathie todavía está desaparecida.

Yvonne Pierron murió en 2017 en Pueblo Illia, Misiones, donde había fundado un hogar para los chicos y las chicas que viven demasiado lejos de la escuela. Una parte de su recorrido y con él 60 años de historia argentina quedaron plasmados en el documental Yvonne de la realizadora Marina Rubino, del colectivo documental Documenta, que se estrenó el 28 de marzo en el cine Gaumont y continúa en cartelera. Un retrato posible de la monja francesa que vivió y sobrevivió 86 años.

A los 86 años Yvonne Pierron fue testigo en el juicio de la Megacausa ESMA. Pudo narrar el compromiso de sus compañeras desaparecidas con las familias de los detenidos y desaparecidos de las Ligas Agrarias de Corrientes. También reconoció la tortura en sus rostros en una foto montada que les sacaron en cautiverio con una bandera de Montoneros detrás de ellas.

Su testimonio judicial es la columna vertebral del guión del documental. El relato ante los jueces va hilvanando su historia personal con el devenir político del país. La cámara, a su vez, logra acompañarla en los últimos años de su vida entre Misiones y Corrientes. Consigue un cálido y exacto nivel de intimidad con ella y los suyos. Las memorias se reconstruyen a partir de sus recuerdos en francés y las voces de distintos militantes políticos que la conocieron y trabajaron con Yvonne en Misiones y Corrientes. También su sobrino da cuenta de los años del exilio de su tía.

La propuesta inicial de la realizadora era viajar a Francia y filmar una especie de road movie, sin embargo, la protagonista prefirió quedarse en Argentina y trazar su recorrido en el país que eligió para vivir durante casi seis décadas. 

El peiodista y presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Horacio Verbitsky, es uno de los entrevistados en este documental.

Rubino rescata material de archivo clave en la reconstrucción de su trayectoria que permite ver en pantalla a la monja en acción en distintos tramos de su vida: fotos con mapuche en Neuquén, su paso y acompañamiento por la revolución sandinista, vídeos junto con niños y niñas rurales de Corrientes. El documental recurre a momentos de ficción que encajan perfecto en la estética y narrativa a la que apuesta la realizadora.

Ivonne logró escapar de la ferocidad de la dictadura porque pudo salir de manera clandestina a Uruguay y de ahí, gracias a la complicidad de un piloto de Air France, salió para su país natal.

Después del exilio en Francia y el paso por la prometedora revolución de Nicaragua, Ivonne volvió a la Argentina tras el regreso de la democracia. Fue sobreviviente y testigo los 88 años de su vida. Primero sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial cuando vivió cuatro años bajo tierra con su familia. Optó por el camino religioso y se convirtió en enfermera. Cruzó el océano atlántico para llegar a la Argentina e instalarse al oeste del conurbano bonaerense, en Morón, en plena dictadura de Eduardo Ernesto Lonardi. Tenía apenas 17 años y vino como parte de la congregación de las Misiones Extranjeras. Las distintas misiones la llevaron aún más al sur del país. Estuvo en la Patagonia argentina y cuando conoció las opresiones que vivían (y viven) los mapuche en Neuquén decidió que ella tenía que estar con los indígenas. Más tarde viajó hasta Corrientes y allí colaboró con las Ligas Agrarias, uno de los grupos campesinos organizados más fuertes en la previa a la última dictadura cívico eclesiástica militar.

Castellano, francés y guaraní son los idiomas que se escuchan en las múltiples voces que arman el mosaico de la historia de Yvonne y con ella la de sus compañeras desaparecidas. “Si en las grandes masacres o guerras siempre hay sobrevivientes es porque tiene que haber un testigo de la historia”, resume ella misma en el film.

El largometraje fue producido por Grupo Documenta junto con el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) en co-producción con Pampa Films (Francia).