Por: Fotos: Gala Abramovich

El 8 de agosto de 2018 por primera vez el aborto llegó a discutirse en el Senado de la Nación en la historia de la democracia. Los 31 votos a favor de los y las senadores que entendieron que se trataba de un tema urgente de ser legislado no fueron suficientes.

Cuando se cumplieron diez años de la Comisión por el Derecho al Aborto la escritora feminista Tununa Mercado escribió un texto que se tituló “Hablarle a la sordera”. “La Comisión es un ejemplo de esa persistencia alerta, que no tiene miedo de incomodar, que no espera dar el salto para argumentar en las situaciones límites, aunque lo dé con decisión. La insistencia es alentadora y la decisión de llegar hasta la conciencia política de este país tan poco feminista, tan sordo a las reivindicaciones que las mujeres han logrado ampliamente en otros países, desde luego, nunca sin lucha”, decía Tununa Mercado por entonces. El artículo salió en la revista Nuevos Aportes que editaba la Comisión. Era 1998 y no existían los pañuelos verdes ni el aborto era un tema del que se hablaba en todos lados ni con tanta nitidez. 

Hoy un pañuelo verde recorre Argentina, América Latina y el Caribe, el mundo. La persistencia alerta, la insistencia alentadora que tienen los feminismos populares en Argentina es lo que nos trajo hasta aquí. 

Hoy un pañuelo verde recorre Argentina, América Latina y el Caribe, el mundo. La persistencia alerta, la insistencia alentadora que tienen los feminismos populares en Argentina es lo que nos trajo hasta aquí. 

El 8 de agosto de 2018 por primera vez el aborto llegó a discutirse en el Senado de la Nación en la historia de la democracia. Los 31 votos a favor de los y las senadores que entendieron que se trataba de un tema urgente de ser legislado no fueron suficientes.

Sin embargo, el listado de diversas conquistas logradas en 2018 -además de la despenalización social- empieza en el propio Congreso. Solo en la Cámara Baja fueron más de 130 horas de audiencias públicas, más de un millón de personas siguieron los plenarios de comisiones a través de YouTube. Los feminismos abrieron las puertas de un espacio que, muchas veces, parece alejado de las personas sobre quienes legisla.

Durante cinco meses la conversación sobre aborto fue constante: se compartieron datos, estadísticas, historia de vida, argumentos políticos, jurídicos, científicos alrededor del tema como nunca había ocurrido. Se pudieron derribar distintos mitos: las imágenes crueles de restos humanos que proponían los grupos antiderechos fueron contrapuestas con un cuerpo colectivo movilizado en las calles, las mentiras sobre el denominado trauma post-aborto fueron desarmadas con conocimiento científico, la idea de que solo se aborta de manera quirúrgica también se aplastó frente a la difusión del Misoprostol. 

Se trató de uno de los procesos políticos, pedagógicos, transversales, públicos y plurales más interesantes de la vida democrática de la Argentina. Un proceso de construcción de consensos que dejó una evidencia: al igual que el trabajo doméstico invisibilizado y no remunerado que recae con mayor fuerza sobre las espaldas de las identidades feminizadas, el trabajo de las mujeres en la conquista de sus derechos nunca se termina. 

Cuando conocemos nuestros derechos, tenemos más herramientas para exigir que se cumplan. Algunos datos sobre la ampliación de la conciencia colectiva de que el aborto es un derecho. En 2018 hubo 12.000 llamados al 0800 Salud Sexual. El 65% fueron mujeres de entre 15 y 39 años y el 11%: grupo de entre 15 y 19 años.

El 40% de los llamados fue sobre métodos anticonceptivos, el 36% sobre aborto. Estos números contrastan con los datos históricos de 2010 – 2015 cuando sólo el 5% de los llamados fue sobre aborto.

En 2019 durante el primer semestre, hubo 5547 llamados. El 43% fue sobre aborto y el 33,5% fue sobre métodos anticonceptivos.

Dos provincias argentinas sumaron su adhesión al protocolo de interrupción legal del embarazo que exigió la Corte Suprema de la Nación en 2012.  Salta firmó la adhesión al protocolo (decreto 584/18), en mayo de 2018 – durante el debate- en parte gracias a las repercusiones del caso de una niña de 10 años violada por su padrastro que se le negó el aborto. San Luis firmó la adhesión al protocolo nacional (decreto 5142/18) en octubre del 2018. También firmó la adhesión a Educación Sexual Integral. 

El listado de respuestas institucionales en un contexto sumamente hostil y un Estado estrecho sigue. Durante el debate, el 2 de julio de 2018, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) autorizó el uso ginecologico del Misoprostol y el 12 de octubre de ese año aprobó la venta de Misoprostol ginecológico en farmacias

Estas conquistas pueden ser frágiles por definición y por contexto. Por eso también el estado de alerta de los feminismos es constante.

Las victorias también pasaron los límites geográficos de la nación plurinacional que llamamos Argentina. También se ampliaron los imaginarios de la región en torno a las legislaciones posibles sobre aborto. El proceso transitado en Argentina durante el 2018 impulsó a que muchas feministas en América Latina y el Caribe fortalecieran sus campañas por la despenalización y legalización. Basta con ver la última movilización del 28 de julio en Chile y la presencia masiva de pañuelos. La lucha feminista por el aborto legal, seguro y gratuito es transnacional. 

El resultado dejó en jaque a la representación política de un Senado que omitió tres millones de personas de todo el país en las calles exigiendo aborto legal durante dos vigilias históricas e inéditas. La ocupación callejera tuvo una dimensión que nunca antes se había tenido con otra disputa legislativa: quienes se movilizaron pasaron la noche a la intemperie, durmieron en el asfalto en pleno invierno a la espera de la ley. Solo de la ciudad de Rosario el 8 de agosto de 2018 partieron 110 micros repletos de feministas. En más de 60 rincones del mundo en el mundo siguieron el debate e hicieron acciones de visibilización como los pañuelazos. “En la calle ya es ley”, se dijo esa noche antes de la votación. 

El 9 de agosto, cuando la vicepresidenta cerró la jornada de debate en el Senado, no se terminó nada. Esto recién empezaba y en ese camino nuevos desafíos para nuevos escenarios. 

En primer lugar, tenemos la apuesta de poder llegar a más personas a las que todavía no hemos llegado para que entiendan nuestros argumentos para que sea ley: que se trata de un tema de salud pública, de derechos humanos y justicia social. Con el desarrollo tecnológico existente es intolerable que en Argentina sigan muriendo niñas, adolescentes, mujeres, varones trans por la inseguridad de un aborto por fuera del sistema de salud. Es inadmisible que niños y niñas quedén huérfanos. Es insoportable saber que en 2017, 2.493 niñas de entre 10 y 14 años entraron a una sala de partos. Para nosotras, aborto legal es vida. 

Y, en ese sentido, es fundamental esquivar las polarizaciones tramposas que pretenden encapsularnos en una disputa binaria y por colores: no se trata de verdes vs celestes. Esto es feminismo popular con todxs y para todxs. Porque nosotras no preguntamos color de pañuelo a varones, mujeres, niñas, adolescentes, novios, padres, madres, hermanos que nos piden ayuda para un acompañamiento por aborto.

No caben dudas que necesitamos nuevas estrategias, nuevas estructuras, nuevos recursos para enfrentar las avanzadas neoconservadoras. Todas las olas tienen repliegues para volver con más fuerza a la orilla. Es momento de encontrarnos a tramar más política feminista y ensanchar las bases de participación y de alianzas. Pensar el aborto de una manera interseccional que permita abordarlo desde el género, la clase, la racialización, las edades. Recuperar las prácticas ancestrales sobre aborto nos debe remitir a los feminismos indígenas, disputar este derecho desde América Latina y el Caribe nos tiene que plantear que no pueden quedar afuera los afrofeminismos.

También es crucial reforzar y acompañar aquellos abortos que ya suceden en el marco de la legalidad, dentro y fuera del sistema de administración de salud. 

El feminismo en Argentina hoy es el espacio político más convocante, una fuerza arrasadora que pudo disputar sentidos, lograr una transformación cultural enorme en torno a la tolerancia a la violencia machista y que abrió las puertas del Congreso para discutir esta ley. El feminismo es la oposición más fuerte al gobierno de la Alianza Cambiemos: no hay que olvidar que el primer paro a Mauricio Macri se lo hicieron las mujeres el 19 de octubre de 2016 en una jornada épica que hizo visible cómo se enlazan las violencias físicas más extrema con las violencias económicas.

Lo sabemos: esto recién empieza. Nunca nadie nos regaló ningún derecho conquistado. Hoy se cumple un año de la histórica votación en el Senado en la que 38 senadores votaron en contra y dos se abstuvieron para no sancionar el proyecto ciudadano de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito en Argentina. Ante la hostilidad que nos enfrenta un gobierno que nos ha dejado sin Ministerio de Salud, degradándolo a Secretaría, también se nos presenta la oportunidad electoral. En ese sentido hemos traccionado una situación inédita para la democracia: sabemos las posturas de todos y todas les candidates respecto a este tema. También conocemos los posicionamientos de diputades y senadores que tanto el 13 de junio de 2018 como el 8 de agosto de 2018 ocuparon sus bancas y votaron por la ley. Vamos a las urnas el próximo domingo con mucha información. Tenemos 23 horas de debate en la Cámara Baja y casi 17 en la Cámara Alta para ver, escuchar y analizar antes del domingo. Esa información es nuestro poder feminista hoy, ahora.