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En 2003, se nos murió una niña de nueve años en un parto. ¡No oí que nadie levantara ese nombre acá!

Como he escuchado mucho preguntar por el financiamiento, lo primero que quiero aclarar es que soy una médica con dedicación exclusiva en el Hospital Zonal de Trelew. Mi único financiamiento viene de la provincia de Chubut, que paga mi sueldo. No pertenezco a ninguna ONG ni me auspicia ningún negocio oscuro. Como soy médica y hago abortos, lo aclaro antes que nada.

Quisiera empezar dando la definición médica de aborto, porque también hemos escuchado decir mucho estos días que vamos a hacer abortos hasta los nueve meses; y esto es muy falso. El aborto es la expulsión del producto de la concepción antes de que alcance la viabilidad fetal. Esto es un tema dinámico que tiene que ver con la tecnología en Neonatología. Hoy por hoy, se considera que los fetos son viables a las 24 semanas, aunque recién el 35 por ciento de ellos sobrevive, y con graves secuelas. A partir de la viabilidad fetal los médicos hablamos de partos; y no somos asesinos de bebés, como han insistido, no somos genocidas.

Soy una persona profundamente ética que hace abortos para salvar vidas de mujeres. Si una mujer enferma a las 24, 25 ó 26 semanas lo que se hace es un parto y ese bebé, que ahí sí es un bebé, va a una incubadora para que viva. Quiero hablar de varias cosas. Después de hablar de aborto voy a hablar sobre mortalidad por causas vinculadas al embarazo, sobre cómo hacemos abortos y qué requisitos pone la OMS; y, también, sobre la objeción de conciencia, que yo estoy segura de que es inconstitucional permitir a los objetores trabajar en los hospitales, no que sean objetores sino darles trabajo.

La OMS, en su informe, llama mortalidad materna… Mal llamada, pues debería llamarse mortalidad por causas vinculadas al embarazo. Mortalidad materna parece ser de una madre que deja a varios hijos huérfanos y esconde que los embarazos son peligrosos; y, además, muchas de las que murieron nunca fueron madres. En su informe de 2016 dice que el 80 por ciento de las muertes maternas se producen por hemorragias graves, en general tras el parto, no por el aborto; infecciones, generalmente tras el parto; hipertensión gestacional, inducida por el propio embarazo –recién aparece en el sexto o séptimo mes–; en algunos casos sólo hay hipertensión y en otros se suma daño renal, se llama preclampsia; en otros aparecen las convulsiones, se llama eclampsia; y en otros el síndrome HELLP, donde ya hay, aparte del edema cerebral y el daño renal, daño hepático y falta de coagulación en la sangre, caen las plaquetas, con una mortalidad que suele rondar el 90 por ciento. Estas embarazadas empezaron sanas el embarazo.

Decir que el embarazo no es una enfermedad, es verdad: es fisiológico; pero causa muchísimas enfermedades y no las podemos negar. También causa diabetes gestacional al final, desprendimientos prematuros de placenta normoinserta, placentas previas que sangran, embolias de líquido amniótico que matan a la mujer en el post parto inmediato si pasó mucho líquido amniótico, desgarros.

De hecho, la OMS plantea que el 80 por ciento de las muertes son por estas causas, más las complicaciones en el parto y los abortos peligrosos; y un 20 por ciento, más o menos, por enfermedades intercurrentes agravadas por el propio embarazo. Aquel año de la gripe A, en vez de morir 300 mujeres, murieron 410 porque nuestra inmunidad cae en el embarazo. No pudieron con una gripe que no mataba tanto a otras personas. Traje un gráfico de 2005 de la OMS para que vean que en diez u once años no cambió: hemorragias graves que son tras el parto –porque en abortos se incluye tanto hemorragias como infecciones; cuando hablamos de hemorragias, son puerperales siempre o del tercer trimestre–, infecciones, eclampsia, parto obstruido, otras causas directas.

La razón de la mortalidad materna es muy diferente entre países, y creo que es importante que consideremos en qué país vivimos. En muchos de los sectores más pobres de ciertos países de Latinoamérica, como Bolivia o algunas de las Guyanas, la mortalidad ronda las 239 mujeres cada 100 mil nacidos vivos; mientras que en países desarrollados, como Suecia o Alemania, es de 12 por 100 mil. Ahora, parece que fueran pocas las muertas, aunque nos sirve para ver la gran asimetría que tenemos hasta dentro de nuestro propio país. En Formosa, hace dos años, las últimas cifras que tenemos indican que murieron 123 mujeres cada 100 mil partos; en la CABA, 14 cada 100 mil; en Chubut, 10 cada 100 mil; también somos una provincia que flexibilizó el acceso al aborto. Pero creo que hay datos que son más contundentes para los legisladores y para cualquier persona de bien que quiera decidir sobre números.

Les dejo el link a través del cual pueden acceder al último informe de la OMS sobre mortalidad materna mundial: es de 2008 con datos de 2005. Tiene un indicador muy interesante, que es el “Riesgo acumulado de mortalidad materna”: es el riesgo que una niña de 15 años tendría hoy de morir en un único embarazo y parto a lo largo de su vida. En Argentina es de 1 en 530. Y aclaro que el aumento es exponencial. Quiere decir que, si tuviera dos hijos, su riesgo sería de 275; 3 hijos, 125. Si esto a alguien le parece poco riesgo y que el único derecho a la vida en juego es la del feto, me pregunto qué pasa con nosotras las mujeres. En Bolivia, el riesgo de morir es de 1 en 89. Estuve hace dos años, cuando el gobierno de Bolivia quería cambiar el Código Penal –desgraciadamente no pudo hacer– porque era espantoso.

Encima, en las comunidades indígenas, las monjas les dicen a las mujeres que hay que tener doce hijos, como los doce apóstoles. De modo que una mujer con diez hijos probablemente ya haya muerto, porque si con un solo hijo el riesgo es de 1 en 89, con dos es de 1 en 45, y así, ¡piénsenlo! Suecia tiene apenas un riesgo de morir en un parto de 1 en 17 mil. ¡Oh casualidad!: tiene el aborto legal y está prohibida la objeción de conciencia para los médicos.

Digamos que no está prohibido objetar: el Estado no los contrata, porque si no van a cumplir su trabajo no pueden trabajar en el Estado. Hay otra tasa, que es la tasa de mortalidad proporcional. Entre los años 2011 y 2013 salió desagregada por sexo y por edad, y nos mostraba que las complicaciones del embarazo son la cuarta causa de muerte de mujeres jóvenes en el país; y recuerden que el 80 por ciento muere a finales del embarazo –no muere por abortos–, y que la mayoría de ellas empezaron sanas el embarazo. Es la tercera causa de muerte de niñas de 10 a 14 años. Por eso, UNICEF comenzó una campaña llamada “Niñas, no madres”.

En 2003, se nos murió una niña de nueve años en un parto. ¡No oí que nadie levantara ese nombre acá!

En 2003, se nos murió una niña de nueve años en un parto. ¡No oí que nadie levantara ese nombre acá! Este es un gráfico que yo armé de 2012, el año que menos mujeres murieron por abortos. Podrán observar que el 56 por ciento de ellas, 174 mujeres, murieron por causas obstétricas directas, o sea por enfermedades que el propio embarazo causó, y al final del mismo. Por lo tanto, vuelvo a decir: acá está el derecho de dos vidas en juego. No es la vida del feto contra el capricho de la mujer. No existe aborto injustificado; lo que pasa es que hay muchos médicos que quieren seguir decidiendo cuánto riesgo tienen que correr las mujeres; porque, en realidad, el riesgo para la vida y la salud lo tenemos todas.

En defensa de mis colegas, no solo de los médicos, todos hacen fila para opinar cuánto riesgo tenemos que correr nosotras. Sin embargo, a ningún varón se lo obliga a arriesgar su vida para salvar la vida de otra. En Medicina nos enseñaron muy bien que, si íbamos a atender una urgencia y había un herido, así fuera un bebé en el medio de una balacera, no nos metiéramos: que no hay que ser héroes, que es peor dos muertos que uno.

El riesgo de morir para la mujer está al final; y la Medicina, hasta el día de hoy, no puede impedir todas las muertes. Es mentira que se puedan salvar ambas vidas; en ningún país del mundo se ha logrado. Acerca del riesgo de morir en Estados Unidos –donde no es tan baja, pero es más baja que la nuestra, la mortalidad ronda entre el 22 y el 28 por 100 mil–, la OMS dice que es cien veces menos peligroso un aborto que un parto: ¡cien veces! ¡Dos veces, el doble; tres veces, el triple! ¡Cien veces!

La guía OMS dice que un aborto es menos peligroso que colocarse una inyección de penicilina, que tiene un riesgo de muerte de 0,6 cada 100 mil inyecciones. Hay un metanálisis sobre aborto, seguridad y eficacia del aborto, que es el nivel más alto de evidencia científica que podemos tener –no es el reporte de un caso, como que Keila Jones murió por un aborto, que es falso–, que tomó 20 millones de abortos realizados entre Europa y China, e indica que no hubo ninguna muerta. Les dejo los datos del médico que hizo su tesis en español y estudió todos los trabajos científicos realizados sobre aborto medicamentoso.

¿Qué nos recomienda la OMS? Que lo único que hace falta para hacer un aborto es saber el grupo y factor, porque si la mujer es RH negativa hay que vacunarla. No hay que hacer ni ecos previas ni posteriores, sí o sí, ni dar antibióticos de rutina, salvo una dosis de antibiótico previamente a un aborto quirúrgico mediante, o AMEU. Siempre tenemos que ofrecer medicamentos para el dolor, mientras que en nuestro país se siguió legrando sin anestesia hasta hace pocos años. Yo fui capacitada en aborto por el Ministerio de Salud de la Nación en 2007 porque en San Juan todavía se legraba sin anestesia en esos años. Yo no hice mi residencia en Córdoba después de ver legrar a una mujer sin anestesia y escuchar sus gritos.

Después del aborto, la OMS sugiere una eco si está disponible; pero en realidad entre los siete y los quince días. Con buenas pautas de alarma no hace falta. A toda mujer que va a pedir un aborto le explicamos que si sangra mucho, debe ir al médico, o si al día siguiente tiene pérdidas con mal olor, fiebre o dolor abdominal, para que vaya a un control posaborto. No es necesario en todas. Si es RH negativa, se le inyecta globulina anti RH. En cuanto a la objeción de conciencia, obviamente que creo en la objeción de conciencia. No la inventó Hitler: la inventó Rosa de Luxemburgo cuando, en la Primera Guerra Mundial, les dijo a los soldados que no fueran a guerras asesinas para matarse entre proletarios. La siguió usando en Estados Unidos, en los 60, el movimiento de derechos civiles, para no participar en guerras ajenas. La Iglesia la pasa hacia los médicos en los 80, después de que sale la CEDAW; pero la objeción de conciencia es el derecho del individuo a oponerse al poder del Estado.

En el caso del derecho al servicio militar obligatorio, jamás el Estado nombraría militares que digan “quiero mi sueldo, pero yo, ¡eso si!, no porto armas, ¿eh?”. No nombraríamos testigos de Jehová que digan “quiero cobrar mi sueldo mes a mes, pero mi religión me prohíbe trasfundir”. Tiene todo el derecho a objetar ser trasfundido o trasfundir: lo que no puede es ser tan pícaro de pedirle al Estado un sueldo para violar derechos ajenos. Esto es lo que no se puede. Suecia, Finlandia, Islandia y Dinamarca tienen prohibido el derecho a la objeción de conciencia; les dejo un link porque me piden que ya vaya terminando. Ahí van a encontrar que hay una gran tensión hoy, en Europa, entre el derecho de las mujeres y el derecho de los médicos. Tenemos que aclarar, en el caso de los militares, que el soldado podía matar o morir; en cambio, los médicos que niegan abortos matan mujeres. Nos matan, porque podemos morir en los partos. ¡Bastaría con que una sola mujer muriera en un parto forzado en este país para que el aborto deba ser legal! Contener y acompañar no es forzar. Las mujeres hablamos fuerte y claro. La niña del fallo “F.A.L” decía “si me siguen prohibiendo abortar, creyendo que van a traer un bebé, sepan que no lo voy a tener; me voy a matar primero con el feto adentro”.

Entonces, rogamos que nos respeten; porque quien no puede oír a niñas y mujeres, dudo que pueda hablar por fetos que no hablan Los médicos objetores no informan ni derivan. Permite a violentos entrar en el hospital a ejercer violencia. Y si les parece ofensivo, no soy yo la que lo dice sino el relator especial contra la tortura, que ha dicho que negar abortos, negar analgesia en abortos –cosa que hemos visto hacer– es tortura.

La CEDAW dice que tenemos que tener igualdad de acceso a los servicios de salud, inclusive los de planificación familiar. ¡Qué igualdad de acceso si de quince ginecólogos puede que uno solo me quiera atender! Si, hasta a veces, puede que haya provincias enteras donde no lo hay. El proyecto que viene de Diputados yo lo respeto, porque asumo que estamos en una sociedad que todavía no nos respeta tanto. Pero les da un permiso amplísimo. Solo obliga a los médicos a hacer abortos ante urgencia grave y extrema. Pero oí al director del Sanatorio Austral escandalizarse de esto: de cómo podía ser obligado alguien a hacer un aborto para salvar la vida de una mujer que está muriendo, como en una corioamninitis. La pregunta es hasta dónde quieren llegar.

El artículo 19 de la Constitución nacional dice que tenemos el derecho a creer lo que creamos mientras no vulneremos derechos de terceros. Ellos los vulneran y lo saben. Por eso no quieren que sea público. Si fueran tan transparentes y es tan noble lo que hacen, ¿por qué les molesta tanto el registro público de objetores? Nosotras estamos acá dando la cara. Los objetivos del milenio desgraciadamente no se han cumplido en muchas regiones, en muchos países; porque para mejorar los derechos en lo que respecta a la salud y la vida de las mujeres… ¡Ni en niñez! Porque el estado y el bienestar de los niños dependen en gran medida del nuestro. Este trabajo, que está en el mismo link que les mostré de objeción de conciencia, cuenta que los hijos huérfanos, cuando su mamá, muere tienen diez veces más riesgos de morir en la niñez que los otros. Cuenta también –leánlo en la OMS o en las estadísticas– que un millón de niños cada día queda huérfano al nacer porque sus madres murieron en partos en todo el mundo. Si esto es cuidar las vidas… Yo creo que el Estado es garante del derecho a la salud y la vida de las mujeres. Si tenemos tan claro los médicos que no atender a un genocida o a un violento, alguien que acaba de asesinar, o a un testigo de Jehová que no se quiere trasfundir es discriminador, ¿qué nos pasa que no vemos como discriminación negar el derecho a la salud y a la vida de niñitas, de mujeres, de varones trans? Quiero darles las gracias por esta escucha; nada más.