#AbortoLegalYa: Por qué un embrión no es lo mismo que un ser humano

Alberto Kornblith es doctor en Ciencias Químicas y biólogo investigador superior del CONICET. Explicó, en una clase magistral, por qué un embrión no es lo mismo que un ser humano.

Buenas noches, ya, a todos. Quisiera presentarme un poquito, por si no me conocen. Decir que soy biólogo y que estamos en un ambiente donde la mayor parte de la gente que habló son abogados o médicos y es raro escuchar a un biólogo. Pero, me sentí muy identificado con algo que dijo Martín Bohmer, en el sentido de que quizás, algunas de las cosas que voy a decir, a muchos no les guste. Pero, un poco, la ciencia tiene que ver con eso, con la ruptura de ideas previas. Como se dijo, soy profesor titular de la Universidad de Buenos Aires en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. Soy investigador superior del CONICET. Soy miembro de la Academia Nacional de Ciencias que fundó Sarmiento, que está en Córdoba. Soy miembro de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Argentina. Y soy miembro de la National Academy of Sciences de Estados Unidos, que fundó Abraham Lincoln.

Y entre los muchos premios que recibí, recibí de este Senado la mención de honor Domingo Faustino Sarmiento. Por lo tanto, es un honor para mí hablar en este lugar por primera vez. Recuerdo muy bien el acto en que recibí esa mención, que creo que es uno de los premios más importantes que da esta institución. Voy a leer, cosa que no acostumbro hacer. Es muy parecida a la presentación que hice en Diputados, pero, le agregué algunas cosas que tienen que ver, justamente, con la repercusión y las críticas que vi en la web a algunas de las cosas que voy a contar. No voy a tardar siete minutos. Voy a tardar un poco más. Pero, tampoco, voy a tardar media hora. Va a ser limitado. ¿De acuerdo? Bien.

Mi exposición tendrá como eje los conocimientos actuales en biología y, en particular, en biología molecular, genética y epigenética que confirman que un embrión no es lo mismo que un ser humano. Trataré de explicar que el término vida humana –entre comillas– no es un concepto biológico, sino una abstracción que resulta de convenciones sociales, jurídicas y/o religiosas. Explicaré qué es lo que se entiende por vida en biología y cómo la existencia de células vivas preexiste al nacimiento y sigue existiendo por un tiempo no despreciable después de la muerte de un ser humano. También, fundamentaré por qué el nacimiento con vida no sólo es un hito legal aún en los países donde está penalizado el aborto, sino que marca una profunda línea de corte, un antes y un después, en el desarrollo de los mamíferos placentarios, como el hombre. La unión del espermatozoide con el óvulo para formar el cigoto es condición necesaria pero no suficiente para generar un ser humano. La información genética proveniente de los padres no es suficiente. Es necesaria otra información provista por la mujer a través de la placenta.

Los humanos somos mamíferos placentarios: somos mamíferos por tener pelo y producir leche, y placentarios porque el desarrollo del embrión sólo puede completarse dentro del útero. Durante los nueve meses de embarazo la mujer no sólo aporta a través del intercambio placentario el oxígeno y los alimentos necesarios para que el embrión progrese, sino también, anticuerpos fabricados por ella, que protegen al embrión o al feto de posibles infecciones.

Además, las sustancias de desecho y el anhídrido carbónico generados por el feto, pasan de su sangre a la de la mujer a través de la placenta, de modo que sin este intercambio placentario ni el embrión implantado ni el feto podrían progresar, porque se intoxicarían. Más recientemente, se ha descubierto que las células y órganos del embrión y más tarde del feto, sufren cambios epigenéticos durante el embarazo, que son consecuencia de la íntima relación con la mujer gestante y sin los cuales el nacido no progresaría. Dichos cambios no implican modificación de la información genética contenida en el ADN, sino cambios en la regulación de la expresión de los genes.

Por otra parte, nadie ha logrado crear un mamífero completamente desarrollado fuera del útero. Cuando digo un mamífero, digo también un humano. La implantación es absolutamente necesaria. Todo esto indica que el embrión y el feto no son seres independientes de la mujer gestante, sino que hasta el nacimiento son casi como un órgano de la madre. Y tengo que aclarar esto que no estaba en mi escrito. Si por tener un genoma único, cosa que voy a discutir después, el embrión y el feto fueran considerados una vida humana, un ser humano independiente, serían rechazados por la madre. Serían rechazados por el sistema inmunológico de la madre. ¿Por qué serían rechazados? Porque tienen la mitad de sus genes provenientes de ella, pero la otra mitad, provenientes del padre. Y todo cuerpo extraño sería rechazado. Por lo tanto, el embrión no es rechazado porque hay un complejo sistema de tolerancia inmunológica que lo hace reconocer como si fuera un órgano propio. Y eso es algo que es terriblemente complejo y es único en los mamíferos.

La mujer gestante tolera al embrión, pese a tener genes de otro individuo que es el hombre. Para la mayor parte de las legislaciones, incluso la de los países donde está penalizado el aborto, la persona humana comienza con el nacimiento con vida. Es decir, cuando el bebé se separa completamente de la madre. Establecen que si el embarazo se interrumpe en forma natural o provocada antes del nacimiento, la persona se dará por no haber existido nunca jamás. Y esto ha sido mencionado acá varias veces. No hay conflicto, entonces, en considerar distintos el concepto de persona y el concepto de embrión o feto. Incluso, no hay conflicto en concederle derechos suspensivos al embrión, los cuales se hacen efectivos al nacer con vida. El conflicto surge por lo que algunos califican como, entre comillas, vida humana, un concepto que no tiene una definición taxativa y responde más a creencias que a hechos.

Quienes se oponen a la despenalización del aborto, argumentan que desde la concepción, es decir desde la unión del óvulo con el espermatozoide, el cigoto es vida humana y, en consecuencia, tanto si se trata de cigotos o embriones producidos in vitro en protocolos de fecundación asistidas como de cigotos o embriones desarrollándose intrauterinamente, eliminarlos o descartarlos implicaría cometer un homicidio.

La biología no define vida humana, sino vida. La vida es una forma particular de organización de la materia que cumple con dos condiciones esenciales: reproducción y metabolismo. La definición de vida sensu stricto está referida sólo a las células. Una célula viva lo está porque puede dividirse y puede metabolizar. La definición de vida celular no es relativa sino absoluta y no es el resultado de ninguna convención social ni jurídica. Las células de un embrión están vivas, así como las del feto y las del bebé o las del adulto. Pero, también, están vivos los espermatozoides eyaculados fuera de la vagina, los óvulos que son eliminados en cada menstruación y las células de la placenta, que se desecha en cada parto, están también vivas. Las células de un humano que acaba de morir siguen vivas por un tiempo no despreciable. Y al respecto cabe preguntarse por qué para algunos es aceptable concebir que después de la muerte legal de una persona, definida en función del cese de la actividad cerebral o el latido del corazón, sus células sigan vivas por un tiempo y resulta para esas mismas personas difícil concebir que un embrión humano esté formado por células vivas, pero todavía no es un ser humano. Todo lo anterior nos lleva a considerar el estatus del embrión. Para la biología, un embrión es un embrión y no un ser humano. En todo caso, es un proyecto de ser humano que necesita una serie de pasos que ocurren dentro del útero para llegar a ser un ser humano.

El concepto de vida humana es una convención arbitraria que responde a acuerdos sociales, jurídicos o religiosos, pero que escapa al rigor del conocimiento científico.

El concepto de vida humana es una convención arbitraria que responde a acuerdos sociales, jurídicos o religiosos, pero que escapa al rigor del conocimiento científico. Algunos opositores a la legalización del aborto han criticado mi exposición en Diputados, diciendo que el embrión tiene un genoma único, distinto del de la madre y que, por lo tanto, es vida humana. El cordón umbilical y la placenta están constituidos por células con ese genoma único. Más aún, en la sangre de la mujer embarazada circulan células vivas del embrión o feto con ese genoma único. Y son, justamente, esas células del embrión que circulan en la sangre de la mujer embarazada las que permiten hoy en día, y no hace cinco años, realizar diagnóstico prenatal del feto con una pequeña muestra de sangre de la mujer sin necesidad de recurrir ni a la amniocentesis ni a la biopsia de las vellosidades colónicas, que es lo que se utilizaba de manera rutinaria; o sea, la madre o la mujer gestante tiene en su sangre células de ese genoma único.

Lo que sí tiene el óvulo fecundado es pluripotencia, es decir, la capacidad de generar todos los tejidos y órganos del nuevo individuo, pero esa propiedad hoy sabemos ya que no es exclusiva del huevo fecundado, ya que el inglés John Gurdon y el japonés Shinya Yamanaka obtuvieron el Premio Nobel en 2012, justamente por el descubrimiento de que células adultas pueden reprogramarse para convertirse en pluripotentes. Es decir que hoy en día se podría generar, esperemos que no, un embrión a partir de células adultas sin necesidad de fecundación entre un espermatozoide y un óvulo. Esta divergencia de criterios lleva a la dificultad de ponerse de acuerdo sobre el estatus del embrión. Pero deberíamos ponernos de acuerdo en que no es un ser humano y que, por lo tanto, no sería un crimen interrumpir el embarazo prematuramente. Prueba de que para la actual ley argentina la interrupción del embarazo no es equivalente a un homicidio es, en primer lugar, y esto se habló aquí también, el hecho de que la pena por practicar un aborto es muy inferior a la de un homicidio, sobre todo, si se tiene en cuenta que el supuesto ser humano, que es víctima, se encuentra totalmente indefenso. La ley, entonces, diferencia al embrión y al feto del ser humano nacido, ya no solo como persona jurídica, sino también como objeto de un delito.

El segundo hecho es el que esté permitido abortar en caso de violación o de peligro de vida de la mujer gestante. Si el embrión o feto fueran seres humanos, en un país donde no es legal la pena de muerte, qué categoría inferior tendría ese ser humano, proveniente de una violación, respecto de los que no son resultado de ella, como para que sea permitido, entre comillas, matarlo. Resulta interesante recurrir a la definición de aborto que figura en la sexta edición de un diccionario de genética de King y Stansfield de 2002. La primera acepción dice: Aborto. La expulsión de un feto humano del útero por causas naturales antes de que sea capaz de sobrevivir independientemente. Y la segunda acepción dice: La terminación deliberada de un embarazo humano muy a menudo realizado durante las primeras 28 semanas de embarazo. Como se ve, en ninguna de las dos acepciones se menciona ni la vida humana ni la palabra matar, u homicidio.

Todo lo dicho no implica que no se deba proteger a la mujer embarazada y a su embrión. Pero la mujer embarazada tiene que tener la opción y el derecho a interrumpir el embarazo prematuramente, de lo contrario, se convierte en una especie de esclava de su embrión a causa de las convenciones sociales o religiosas que no se condicen con la gradualidad del desarrollo intrauterino. Por eso los legisladores deben pensar en la cantidad de mujeres que por hacerse abortos en lugares inadecuados tienen infecciones, y en la cantidad de adolescentes que, por no abortar, tienen que llevar un embarazo a término y criar a un bebé cuando todavía son niñas, o darlo en adopción en condiciones a menudo ilegales. La cantidad de genetistas que hacen diagnóstico prenatal detectan que el embrión va a nacer como la enfermedad no curable y se lavan las manos al no garantizar la opción de la interrupción del embarazo. Y en la cantidad de situaciones en las que se sabe que el embrión va a nacer mal y, aun así, sin diagnóstico genético no se permite la interrupción. Pido a aquellos que tienen convicciones filosóficas o religiosas respecto de lo que llaman comienzo de la vida humana que respeten la racionalidad de otros argumentos y que diferencien evidencia de dogma y hechos de creencias, porque no hay un absoluto y los legisladores deben legislar para todos.