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Tenemos una de las tasas de embarazo adolescente más alta de la región (68 cada 1000), sólo superada por África. El 15% de los partos registrados en nuestro país es de adolescentes y esto es un síntoma de desigualdad y pobreza. El 60% de esos embarazos es no deseado. Más de la mitad de los jóvenes no acceden a anticoncepción gratuita.

Buenas tardes, soy Norma López, periodista, feminista, Concejala del Frente para la Victoria de Rosario y Secretaria de la Mujer del PJ Santafesino y milito en la Corriente Nacional de la Militancia

Las Mujeres constituimos un movimiento profundamente político y democrático, que interpela constantemente la desigualdad y el poder patriarcal. Agradezco al Movimiento de Mujeres que hace años promueve los derechos de género en la agenda pública del país con perspectiva de derechos humanos. También a la Campaña por el Aborto Seguro, Legal y Gratuito que ayer cumplió 13 años con pañuelazos verdes en el país. Y por supuesto, a la Cámara de Diputados y Diputadas por este espacio participativo.

El Pueblo elige representantes para legislar sobre los problemas de la gente, no por sus creencias personales y mucho menos para juzgar a las víctimas que son consecuencia de malas o inexistentes políticas públicas.

Hablo desde el lugar de pensar las políticas del Estado, rehúso debates científicos y filosóficos que plantean un problema insoluble. La principal causa de muerte materna exige una política sanitaria. Según el Ministerio de Salud de la Nación, en 2016 murieron 245 mujeres embarazadas por distintas causas,. El 17,6% fueron muertes por un “embarazo terminado en aborto”, como el caso reciente de María Campos.

Las muertes maternas por embarazos terminados en aborto son femicidios. Nuestro Estado no sólo es femicida sino que además es objetor de conciencia cuando evita practicar las interrupciones legales del embarazo que actualmente son un derecho para las mujeres, como el caso de Ana María Acevedo, en mi provincia. Hace pocos días su mamá, Norma Cuevas, dio aquí uno de los testimonios más humanos que hayamos escuchado.

Las muertes maternas por embarazos terminados en aborto son femicidios. Nuestro Estado no sólo es femicida sino que además es objetor de conciencia cuando evita practicar las interrupciones legales del embarazo que actualmente son un derecho para las mujeres, como el caso de Ana María Acevedo, en mi provincia. Hace pocos días su mamá, Norma Cuevas, dio aquí uno de los testimonios más humanos que hayamos escuchado.

Tenemos una de las tasas de embarazo adolescente más alta de la región (68 cada 1000), sólo superada por África. El 15% de los partos registrados en nuestro país es de adolescentes y esto es un síntoma de desigualdad y pobreza. El 60% de esos embarazos es no deseado. Más de la mitad de los jóvenes no acceden a anticoncepción gratuita.

Chiara Paez, también santafesina, símbolo de un quiebre en la historia del movimiento de mujeres, que masifica nuestra lucha y da inicio al #NiUnaMenos, con sólo 14 años cursaba un embarazo al momento de su femicidio.

En nuestro país nacen 3000 hijos e hijas de madres niñas de entre 10 y 14 años. ¿Quién pueden elegir a los 10 años ser mamá? Estoy segura de que nadie en esta sala toleraría esa maternidad para una niña de su entorno afectivo. Cuanto menor es la madre, más aumentan la probabilidad de abuso sexual y los riesgos para su salud y la de su hijo.

La legalización del aborto implica que el Estado lleve justicia social a mujeres trabajadoras y de sectores vulnerables. El mismo Estado que hoy desampara por la clandestinidad de las prácticas, permite en la salud pública tener profesionales objetores de conciencia y, admite el negocio sobre nuestros cuerpos, en manos de profesionales de la salud privada. Es decir, asistimos a un doble estándar.

En este mapa nacional de femicidios que construimos como aporte al Ni Una Menos, registramos cada asesinato por violencia de género sobre la base de datos periodísticos. Expresa los nombres e historias de cada femicidio, desnuda las frías estadísticas y, también, muestra que no podemos acceder a las muertes por abortos clandestinos. Los registros oficiales son endebles. Si los femicidios por abortos clandestinos no trascienden es porque el Estado es cómplice. Si las muertes por abortos son ocultadas, también lo son las graves secuelas en la salud de mujeres que abortaron en condiciones nada seguras. Sin Aborto Legal no hay Ni Una Menos.

La maternidad debe ser una elección y no una imposición. Nuestro país tiene muchas leyes progresistas para las mujeres madres, como las sancionadas durante la gestión de Cristina Fernandez: fertilización asistida; reasignación de género, que incluye a personas gestantes; nuevos alcances en materia de derecho de familia, adopción y derechos de niños, niñas y adolescentes. Pero poco hay en el reconocimiento a las mujeres como personas plenas de deseos y deseantes. Mientras a nosotras nos castigan por abortar, buena parte de la sociedad acepta, aún hoy, a varones que abandonan a sus hijos e hijas.

En 1979, Francia votó el aborto legal con el respaldo del 65% del país y la iglesia, se pronunció en contra. La posición del presidente de Francia, católico como el 80% de sus ciudadanos, fue fundamental: dijo que como católico no estaba de acuerdo, pero como presidente de Francia no podía imponer su moral a los ciudadanos. Hace pocas horas, Irlanda, un país profundamente católico, aprobó avanzar en la discusión sobre el aborto.

Es en este contexto que propongo resignificar el concepto de “lo personal es político” por “el aborto es político”. El aborto es un hecho político que transcurre en la clandestinidad con el riesgo de cada mujer de vivir o morir según su condición económica, social y cultural. Cuánto más pobre, menos calidad en salud. El aborto necesita incorporarse como derecho a la salud pública que permita su acceso en condiciones seguras. Ninguna mujer será obligada a abortar. La democratización de las acciones individuales de las mujeres solo será posible si se respeta la autodeterminación sobre nuestros cuerpos.

El movimiento de mujeres y su compromiso en el ejercicio de una ciudadanía igualitaria nos trajo hacia este momento histórico. Muchos países ya lo transitaron. Una ciudad como la mía, Rosario, es una referencia por el trabajo conjunto entre el movimiento de mujeres y las mujeres en gestión. Sólo Uruguay logró avanzar en el aborto legal. Sepamos que Latinoamérica nos observa.

El próximo 13 de Junio, nuestros 154 diputados varones y nuestras 102 diputadas mujeres decidirán para más de 20 millones de mujeres argentinas. Es la gran Oportunidad para votar por la ampliación de derechos. Saquemos al aborto de la prohibición y la clandestinidad. Porque Los movimientos populares militan y trabajan por la igualdad y la libertad de las personas

Educación Sexual para decidir, Anticonceptivos para no abortar y Aborto Legal, Seguro y Gratuito para no morir ¡!!