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Nos han pedido debatir, lo hacemos. Nos han pedido dejar la hipocresía y lo hicimos y llamamos a miles de mujeres que hoy tienen el pañuelo verde a hacerlo. Ya que este es el momento histórico, veamos la historia.

Buenos días, gracias por esta posibilidad de compartir algunos pensamientos en relación al Ley de Interrupción Voluntaria del embarazo.

Vengo aquí como comunicadora y feminista que se ha formado con otras comunicadoras feministas, que ha aprendido de ellas. Que se ha formado también en el aprendizaje de la práctica política feminista que arma otros modos de vínculos políticos y sociales. Y también vengo a dar cuenta del cambio enorme que las mujeres, las lesbianas, los y las trans, los cuerpos gestantes hemos provocado en la sociedad abriendo el closet abortero para siempre. Y es algo de lo que ya no se vuelve.

El movimiento transfeminista ha dicho: yo aborto, mi abuela abortó, mi vecina abortó, ayudé a mi amiga a abortar, yo aborté. Y de eso ¿ saben qué? De eso, ya no volvemos. Al silencio de lo que sucede en nuestros cuerpos no volvemos. Hace 20 años era impensado que una mujer dijera en los medios de comunicación que había abortado y hoy más de 400 actrices y 300 periodistas han firmado una carta apoyando este proyecto. Ya no se puede tapar el sol con una mano. Durante larguísimo tiempo se ha escuchado la palabra aborto ligado a la palabra hipocresía, que es un tema delicado, que la sociedad es hipócrita, que había que salir de la hipocresía y dar un debate profundo.

Pues bien, hemos salido de esa hipocresía: lo decimos a los cuatro vientos, abortamos en el pasado, abortaremos en el futuro y seguiremos abortando. Ya esta sociedad no se mantiene hipócrita. Sea cual sea la naturaleza de las creencias que se profesan nadie puede esconder el hecho de que la interrupción del embarazo es legal no solo en los casos que es necesario sino en los que rige la voluntad y el dinero. Solo permanece prohibido a la voluntad de aquellas a las que no pueden acceder a la medicina privada. Hemos vencido a la hipocresía. Las mujeres, los cuerpos gestantes abortamos.

Hemos escuchado a lo largo de este debate que muchas veces se los conmina a hacerse cargo de un momento histórico. Y se nombra la historia, lo histórico, porque las conquistas de nuestros derechos son históricas. Cada derecho que hemos logrado para la libertad y soberanía de nuestros cuerpos han encontrado un momento histórico: nuestros reclamos son viejos.

Nos han pedido debatir, lo hacemos. Nos han pedido dejar la hipocresía y lo hicimos y llamamos a miles de mujeres que hoy tienen el pañuelo verde a hacerlo. Ya que este es el momento histórico, veamos la historia.

Nos han pedido debatir, lo hacemos. Nos han pedido dejar la hipocresía y lo hicimos y llamamos a miles de mujeres que hoy tienen el pañuelo verde a hacerlo. Ya que este es el momento histórico, veamos la historia.

El reclamo por el voto femenino comenzó en nuestro país, cerca de 1910, con varias experiencias de sufragio en San Juan por ejemplo, en 1917. Y varios pedidos desde el Partido Feminista Nacional creado por esos años casualmente por las primeras médicas del país: Cecilia Grierson y Julieta Lanteri. Se aprobó recién en la década del 50. Medio siglo de pedido incesante de la mitad del pueblo argentino. Las mujeres. El divorcio. En 1954 se establece el divorcio en algunos casos con pruebas, pero no es sino hasta 1987 que se establece el divorcio sin causa y con posibilidad de volver a contraerlo. 40 años . El nuestro, el reclamo por la IVE, es el nuestro el grito silencioso y silenciado del siglo pasado. Un grito múltiple y colectivo que traemos hasta aquí para que ustedes legislen desde el amor de esta lucha.

No tendrán otra oportunidad de aprobar una ley tan vital y hermosa. Porque esta lucha es particularmente hermosa. Lo ven ustedes cuando salen para sus despachos, cuando salen del recinto. Esa energía colectiva, sorora. Les vengo hoy a contar de este hecho hermoso: el de mujeres que exigen un derecho que ya usaron clandestinamente para que a otras no les suceda lo mismo. Es de lo más humano y vital ese reclamo para el cuerpo propio pero que en la lucha se vuelve cuerpo social y ya es el cuerpo de mujeres, de varones trans, de madres gestantes y de aquellas que no han decidido serlo el que se une. ¿Existen más pruebas de la legitimidad humana y social de este reclamo por la ley de Interrupción voluntaria del embarazo? ¿Hay algo más bello que votar una ley con este espíritu? Hay algo más vivo, más vital, más humano, que mirar al otro, querer lo mismo que uno tiene y ejercer esa solidaridad? ¿Hay algo más humano que pensar en que la otra debe vivir y no sobrevivir: a un aborto clandestino, a las calles, a un cónyuge? Esto es lo que sucede los martes y jueves aquí afuera mientras damos este debate.

Les quiero por último compartir una anécdota. En Italia la interrupción del embarazo es legal desde la década del 70 pero rige fuertemente la objeción de conciencia. Una mujer de mi edad lo solicitó en muchos hospitales y le fue sistemáticamente negado por la objeción de conciencia. Pero como la voluntad de un mujer que decide interrumpir su embarazado es muy grande, lo realizó clandestinamente y murió. Esa mujer se llamaba Gabriela Borrelli, como yo. Como cualquiera de nosotras. Yo hoy pienso en Gabriela Borrelli la italiana, o en María, o Carolina, Juliana, que han perdido su vida a causa de un aborto clandestino. Y si alguien me piensa estoy a salvo dice el poeta, y nosotras nos pensamos y venimos a exigirles que nos mantengan a salvo de la clandestinidad de nuestra voluntad, que hagan honor al gran movimiento humano que exige esta ley.