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Como Natalia estaba con su uniforme laboral, las cámaras posaron sobre ella. Angustiada, dijo todo lo que tenía para decir ante los medios. Una situación que develaba que no había sido solo un accidente, que detrás de eso había una trama de irregularidades que dejaban a lxs trabajadorxs expuestos a la muerte. Cuando se apagaron las cámaras se le acercaron referentes gremiales que no tienen legitimidad entre lxs trabajadorxs, aquellxs acusadxs de ser cómplices de su situación.

Su mamá la llamó preocupada. “¿Te enteraste?”, le dijo. Natalia Jaurena no sabía nada. “Una agente de tránsito falleció atropellada por un auto y otro está internado en una situación crítica”. Natalia se mensajeó con una compañera casi temblando. Sabían que esa piba fallecida—Cinthia Choque—o ese pibe internado— Santiago Siciliano—podrían haber sido perfectamente ellas. Hace un año y medio, todas las noches, desde las 22 horas Natalia es una de las 2800 agentes de tránsito del Gobierno de la Ciudad en la zona del barrio porteño de Parque Chacabuco. Como la mayoría de sus compañerxs está absolutamente precarizada: paga un monotributo, no tiene ART, ni obra social. Tampoco le aseguran que en su puesto de control haya un patrullero policial. Además de pagar todos los meses el impuesto por ser trabajadores autónomos lxs agentes de tránsito que ganan 25 mil pesos tienen que abonar cada dos meses ingresos brutos. Por lo cual, percibe en mano, casi tres mil pesos menos, alrededor de 22 mil pesos. 

Natalia se enteró del atropello y decidió ir al hospital. No se pudo quedar en su casa y tampoco ir a trabajar. Ese fue el límite de una situación que venían denunciando hacía mucho tiempo. Cuando llegó al Hospital Fernández ya había otros compañerxs y algunos referentes del Sutecba—el Sindicato Único de Trabajadores y Empleados de la Ciudad—. Ella estaba muy enojada. La enfurecía la certeza de una muerte evitable. Los grupos de Whatsapp entre lxs compañerxs estallaban, se empezaba a gestar una marcha, improvisada. Algunos medios de comunicación, también empezaron a llegar al hospital.

Como Natalia estaba con su uniforme laboral, las cámaras posaron sobre ella. Angustiada, dijo todo lo que tenía para decir ante los medios. Una situación que develaba que no había sido solo un accidente, que detrás de eso había una trama de irregularidades que dejaban a lxs trabajadorxs expuestos a la muerte. Cuando se apagaron las cámaras se le acercaron referentes gremiales que no tienen legitimidad entre lxs trabajadorxs, aquellxs acusadxs de ser cómplices de su situación.

Como Natalia estaba con su uniforme laboral, las cámaras posaron sobre ella. Angustiada, dijo todo lo que tenía para decir ante los medios. Una situación que develaba que no había sido solo un accidente, que detrás de eso había una trama de irregularidades que dejaban a lxs trabajadorxs expuestos a la muerte. Cuando se apagaron las cámaras se le acercaron referentes gremiales que no tienen legitimidad entre lxs trabajadorxs, aquellxs acusadxs de ser cómplices de su situación. La retaron: “No podés salir con el uniforme en los medios, bajen la movilización que están planificando”. A los pocos minutos sonó su celular: era Juan José Méndez, secretario de Transporte del gobierno porteño. Natalia nunca había escuchado ese nombre siquiera. Sin quererlo, se acababa de convertir en la vocera de sus compañerxs y encabezaría una lucha que ya lleva algunas conquistas impensadas.  

“De repente estaba enfrentándome con los chabones del gremio, con los del gobierno de la ciudad, ellos pensaban que me iban a quebrar, había también algo de machismo ahí, como que yo no me la iba a aguantar por ser mujer. Pero al contrario. Mis compañerxs empezaban ´hay que apoyar a la Negra, hay que apoyar a la Negra´”, explica a LATFEM esta agente de tránsito de 33 años que se convirtió en la cara visible del conflicto que mantienen desde el 8 de septiembre, el día del fatídico accidente. Y es que el hecho de que las mujeres encabecen esta lucha tampoco es casual. La mayoría de lxs agentes son mujeres, pues para los trabajos precarizados, son las primeras en la fila.

Natalia necesitaba el trabajo. Después de haber vivido una situación de violencia con el padre de sus tres hijxs, lo que le implicó mudarse y perder su trabajo, tuvo que hacer malabares. Cuando le dijeron que la tomaban como agente de tránsito festejó. En estos tiempos de crisis económica, encontrar un trabajo no es poca cosa. “Pero apenas me dijeron las condiciones laborales no lo podía creer. Igual no había mucho margen para hacer reclamos. Firmamos un papel en el que nos prohíben hablar con la prensa, por lo que todas las situaciones que vivimos se guardan bajo la alfombra”, dice. Y esas situaciones son peores si las agentes son mujeres.  Natalia lo explica en sus palabras: “Todo el tiempo recibimos comentarios sexistas, nos ningunean por ser mujeres, como que no nos la bancamos ahí en la calle. Y después por ejemplo si le pedimos a un auto que frene y que el conductor se baje nos hacen un escándalo, cuando hay un agente varón no dicen nada y bajan. Es increíble eso. Nos han pegado, escupido. A un varón no. Pero bueno nosotras nos la bancamos, ponemos el cuerpo con todas estas adversidades. Pero cuando muere una compañera ese fue el límite”. 

Lo cierto es que al día siguiente del accidente y pese al rechazo del sindicato, lxs agentxs de tránsito cortaron la 9 de julio. Las mismas personas que se encargan de desviar el tránsito en cualquier manifestación fueron protagonistas de una movilización bajo una tremenda lluvia. Ese día Natalia iba y venía para todos lados. “Compañerxs, banquemos un poquito más”, gritaba en medio de los bocinazos. El celular le sonó y cortó el agite. Le avisaban que Leandro Ricciardi, Gerente de Operaciones del Cuerpo de tránsito la esperaba en la pizzería Kentucki de corrientes y 9 de julio.

Natalia se sentó junto a otras compañeras. Estaba totalmente empapada. El rimell de las pestañas salpicaba el contorno del ojo. El rojo de los labios estaba ya rosa. El funcionario, apelando a un compañerismo que no era tal, decía que entendía sus reclamos pero que para que se llevara a cabo una reunión con el Ejecutivo exigían que levantaran el corte. Ella no lo dejaba meter bocado. El diálogo fue ríspido y durante media hora Riccardi buscó que los trabajadores cesaran con la manifestación. No lo logró. Ella fue contundente.

—Nosotros llegamos al límite. Murió una compañera. Hasta que no nos traigas un papel firmado diciéndonos que todos vamos a pasar a planta no se va nadie de la calle.  

El funcionario se levantó de la mesa y ellas también. Volvieron a la calle, reunieron a todos como pudieron, bajo la tormenta, entre los paraguas. Natalia, explicó la situación ante una ronda que se hizo a su alrededor. 

—Quisieron extorsionarnos para que dejemos de manifestarnos. ¡Pero de acá no nos vamos compañeros, hasta que no nos traigan una respuesta de acá no se va nadie!

 

Los días que siguieron fueron de un ritmo vertiginoso. Casi sin dormir, Natalia y sus compañeras organizaron asambleas, otras movilizaciones y lo más importante: junto a otras nueve mujeres se convirtió en la interlocutora con el gobierno de la ciudad. A su celular llaman sindicalistas de peso pesado manifestándole apoyo y políticos avezados. “Logramos lo que no logró el sindicato en veinte años. Conseguimos planta transitoria para lxs que ingresaron desde 2013 a 2015; obra social no sólo para nosotros sino para los 18 mil trabajadorxs del Gobierno de la Ciudad que son monotributistas y medidas de seguridad para nuestro laburo. Si no tenemos un patrullero que nos acompañe no vamos a los puestos de control”, dice a LATFEM.

Por estos días duerme entre tres y cuatro horas cada noche. La jornada de una trabajadora organizada es triple: además de las asambleas, las reuniones con los funcionarios, ella tiene que llevar a lxs chicxs a la escuela, prepararles la comida, llevar adelante la casa. Por suerte cuenta con la ayuda indispensable de su mamá. “Me siento muy orgullosa de la lucha que estamos llevando. Nunca me imaginé esto, no sé nada de política, pero sé que la organización que estamos llevando adelante está teniendo resultados. Falta mucho, nos quieren quebrar pero no van a poder. Nuestra motivación principal es que Santiago evoluciona favorablemente. Ya reconoció a su familia y sabe de nuestra lucha”, dice.