Era el año 2017. Había una mesa ovalada larga en el sindicato de SADOP. La anfitriona era Teresa Hernández, secretaria de Cultura de ese sindicato a nivel nacional. En la mesa había varias mujeres sindicalistas de varias centrales obreras y algunas periodistas, porque se celebraba el día del periodista. En algún momento de la charla, café y masitas mediante, Claudia Ormachea —secretaria de género de La Bancaria, un sindicato que pertenece a la Corriente Federal de los Trabajadores de la CGT— dijo algo que entonces fue novedoso y revelador. Algo así como: “con Estela Díaz (secretaria de género de la CTA) somos amigas hace muchos años y la verdad es que muchas veces nosotras nos ponemos de acuerdo en muchas más cosas que (Sergio) Palazzo y (Hugo) Yasky. Hay veces que no hay puentes comunicantes entre ellos, en cambio nosotras participamos de mesas redondas, hacemos actividades conjuntas”. Estela asintió con la cabeza y seguramente agregó algún otro dato, como por ejemplo que ambas viven en La Plata. Aún sin ser algo tan formal, este breve intercambio refleja lo sucedía de hecho entre ambas, que tienen un cargo importante en sus sindicatos a nivel nacional y que son personas de confianza de sus secretarios generales.

 

Unos meses después de aquella reunión, el espacio Mujeres Sindicalistas de la Corriente Federal de los Trabajadores de la CGT hizo su segundo encuentro en un camping sindical. En la mesa inaugural, previo al momento de los debates en grupo, se sentaron Vanesa Siley, secretaria general del Federación de Sindicatos de Trabajadores Judiciales (Sitraju); María Teresa Hernández, secretaria adjunta de la CGT regional Tucumán; Yolanda Saavedra, delegada de UOM San Miguel; y Graciela Aranda, de la CGT de Chaco; Claudia Ormachea y Estela Díaz. Otra vez la unión entre diferentes centrales obreras. Otra vez algo novedoso. 

 

Pero lo que verdaderamente unió a todas las mujeres sindicalistas fueron las asambleas en febrero de 2018 para organizar la marcha del 8 de marzo. Esas asambleas trasnversales, horizontales y plurales fueron el escenario para que muchas se conocieran y entablaran vínculos de amistad y compañerismo. Ese proceso derivó finalmente en que por primera vez en la historia, mujeres nucleadas en diferentes sindicatos: la Corriente Federal de los Trabajadores de la CGT; la CGT; la CTA de los Trabajadores; la CTA Autónoma; la CTEP; Barrios de Pie; CCC; CNCT, Frente Popular Milagro Sala y el Sipreba marcharan tras una misma bandera bajo la consigna: “Mujeres contra el ajuste”. El mensaje de unidad en ese caso fue doble: en primer lugar para las propias trabajadoras; en segundo lugar para los varones que todavía se miraban con recelo mientras Macri ponía primera en devastar a la clase trabajadora. 

 

Ese fue el puntapié para crear la Mesa de unidad de mujeres sindicalistas que, entre otras cosas,  se opuso a la “Ley de equidad de género” que presentó el macrismo y propuso un proyecto alternativo. Todavía es gracioso recordar la cara de algunxs diputadxs cuando en el Anexo de la Cámara, decenas de mujeres con pecheras sindicales cantaban “Trabajadoras en unidad, no les bancamos la reforma laboral”.

Otro de los hitos de esa mesa de unidad fue la marcha atrás que tuvo que dar el gobierno con el fin de las moratorias para las amas de casa. La campaña en redes sociales, las marchas y sobre todo un proyecto de ley que presentó la diputada Luana Volnovich con el apoyo de las sindicalistas, fueron fundamentales para que el macrismo prorrogue el derecho. 

Tampoco hay que soslayar el Encuentro Nacional del 2018, en Trelew. Las sindicalistas son históricas en la genealogía de los Encuentros y en la participación de los talleres —no son novedosos los de sindicalismo y feminismo, trabajo, etc—, pero el año pasado, en la clásica movilización del último día, también marcharon en unidad bajo una bandera con la consigna: “el sindicalismo es con nosotras”.

 

Por lo tanto, la decisión de la CTA de los trabajadores de comenzar las tratativas para unirse a la CGT y así lograr una unidad sindical de cara a la Argentina que comenzará el 10 de diciembre de 2019, debe ubicar su antecedente más reciente en la unidad de las mujeres sindicalistas. Después de 28 años de ruptura, la unidad del movimiento obrero se da en el mismo momento en el que el feminismo se convirtió, sin dudas, en el actor político más relevante de los últimos tiempos. Y las trabajadoras en una pieza fundamental de ese armado. Así lo sostiene Agustina Panissa, secretaria Adjunta de ATE Capital: “la unidad del movimiento obrero es parte de un proceso y de una discusión que se viene dando en los últimos cuatro años. Yo formo parte de un sector que entendió que la embestida por parte de este gobierno al conjunto de los obreros fue tan fuerte que no quedaba otro camino. Eso se vio reflejado en la unidad en las calles y también lo aprendimos como feministas en lo que fue la unidad de las trabajadoras incluso ampliando los márgenes de unidad que se habían dado entre los varones”.

 

Aún es pronto para saber cómo se llevará adelante formalmente esta reunificación, teniendo en cuenta la crisis interna de la CGT, el rol de Hugo Moyano que pivotea entre ambos sectores, y todas las vicisitudes burocráticas que pueda llegar a tener un proceso como este. Pero lo que sí sabemos es que esta vez fueron las mujeres que construyen política desde una práctica feminista las pioneras en la unidad sindical.