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Unos meses antes previos al 24 de marzo de 1976, Corina dejó su función gremial. Ya el clima estaba muy pesado: los movimientos armados habían pasado a la clandestinidad, el sindicalismo también se recrudecía. Ella se había separado de su marido por unos meses. Él no aceptaba su rol sindical, estaba celoso de que su mujer estuviera rodeada de varones. Cuando se reencontraron, Corina quedó embarazada por segunda vez. Los militares habían tomado el poder. Se mudó por temor, quemó todos los libros y papeles. Se recluyó.

Era la segunda o tercera vez que pisaba la CGT en la calle Azopardo. En esa reunión de Comisión Directiva la iban a presentar como la futura directora del Departamento de la Mujer: una dependencia que sería creada ad hoc, por pedido de la entonces vicepresidenta, María Estela—Isabelita— Martínez de Perón.

—Ella es Corina Lechini—dijo Otto Calace, secretario gremial e interior de la CGT, de donde se desprendería el flamante departamento.

—Qué bueno que venga una mujer porque el edificio está muy caído, se necesitan poner cortinas—disparó un metalúrgico con sillón en ese edificio.

—Qué linda chica, podemos armar algún concurso de belleza—dijo otro en forma de chiste.

Corina, con 23 años, no lo pensó:

—Vengo con otra finalidad de la que ustedes piensan. Voy a trabajar para lograr reivindicaciones para las mujeres.

Ellos la miraron absortos. Tres meses después, en diciembre de 1973 Corina estaba parada en el escenario del estadio más importante de a Argentina: el Luna Park. Ante la presencia de 4000 mujeres, la propia Isabelita, autoridades nacionales y sindicales, se inauguraba con bombos y platillos el Departamento de la Mujer de la CGT, el germen para lo que muchos años después sería la Secretaría de la Mujer. Se sabe: eran tiempos difíciles. Perón ya estaba enfermo y la la influencia de José López Rega marcaba a fuego una Argentina enrarecida.

Las crónicas de aquel evento lo reflejan así:

Diario Clarin: 22 de diciembre de 1973.

“Isabel habló en el Luna Park”

…Luego de entonarse la marcha peronista, hizo uso de la palabra la direcrtora del Departamento de la Mujer, Corina de Macrade (…) tras elogiar la constante militancia de los dirigentes de la CGT remarcó la necesidad de la unidad sindical para las trabajadoras manifestando que esta había quedado consolidada con la reciente sanción de la Ley de Asociaciones Profesionales. La vicepresidnta habló durante casi una hora remarcando la importancia decisiva de la mujer en el proceso de reconstrucción nacional. 

Diario La Razón: 22 de diciembre de 1973

“La Mujer Argentina y su Lucha”

A las 21, todas las personalidades presentes ocuparon sus puestos en el palco de honor y así dio comienzo el acto con la palabra de la joven Corina Lechini de Macrade quien durante su mensaje exaltó la figura de la mujer peronista y dio cuenta de la labor que el sindicalismo desarrolló en el país en las últimas décadas. Ponderó la tarea del consejo directivo de la central obrera a lo que la concurrencia replicó con demostraciones de afecto. Entre las jóvenes sindicalistas que rodeaban a la señora de Perón se observó a Azucena Lidia Marchoni quien representó a la señorita Ana María Sola integrante del consejo superior del Movimiento Nacional Justicialist que ha sido operada. Finalmente ocupó la tribuna María Estela Martinez de Perón, que vestía un traje de hilo con flores azules y blancas. Luego de poner al acto bajo la advocación de Eva Perón y de manifestar que traía el saludo del Teniente General Perón exaltó la tarea desarrollada en la Argentina por la mujer que trabajaba: “Al ver tantas compañeras unificadas en el patriótico esfuerzo de la reconstrucción nacional mi corazón se llena de alegría y mi alma vuelve a respirar un hálito de seguridad en el futuro de la Patria”.

Uha familia sindical

Unos meses antes previos al 24 de marzo de 1976, Corina dejó su función gremial. Ya el clima estaba muy pesado: los movimientos armados habían pasado a la clandestinidad, el sindicalismo también se recrudecía. Ella se había separado de su marido por unos meses. Él no aceptaba su rol sindical, estaba celoso de que su mujer estuviera rodeada de varones. Cuando se reencontraron, Corina quedó embarazada por segunda vez. Los militares habían tomado el poder. Se mudó por temor, quemó todos los libros y papeles. Se recluyó.

La madre y el padre de Corina se conocieron en un baile sindical. Él era uno de los fundadores de la Asociación Obrera Textil y ella, trabajadora en una fábrica. En aquel jolgorio del gremial del rubro textil la leyenda señala que estaban Perón y Evita.

A finales de los ´60, Cuando Corina cumplió 20 años y ya había nacido su primer hijo Facundo, ella entró a trabajar como administrativa en un hogar de ancianxs en la localidad de Burzaco, donde vivía. Y como la gran mayoría de las mujeres que incursionan en el sindicalismo, la de Corina también fue una historia de necesidad personal. Fue cuando empezó a ver con claridad una serie de cuestiones: que la patronal no hacía aportes jubilatorios, había un destrato hacia el personal, las condiciones laborales no eran las mejores. Sin darse cuenta empezó a asesorar a sus compañerxs. Corina hizo sus propias averiguaciones en la seccional de Quilmes del sindicato de sanidad, al que todxs estaban afiliadxs. Se trataba de un gremio que estaba, en su mayoría, integrado por mujeres. Así fue como fue electa delegada. La primera gran lucha que encaró en su rol fue la de lograr que las trabajadoras de maestranza cobraran un plus especial por trabajar en un hogar de ancianxs. Es decir, si bien el convenio colectivo unificaba el salario, Corina y sus compañeras creían que al trabajar con una población etárea determinada, que en la gran mayoría de los casos no estaba en las mejores condiciones—por eso residían en el hogar—merecían un plus. Lo consiguieron. Y en el sindicato, vieron el potencial de lucha que tenía esa piba jovencita. Así fue como se convirtió en la secretaria de prensa y actas de la filial de Quilmes del sindicato ATSA—Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina— curiosamente el mismo sindicato del que treinta años después surgiría la única mujer en ocupar el puesto de secretaria general de la CGT, Susana Rueda.

Lo cierto es que mientras Corina crecía sindicalmente, su vida personal eclosionaba.  Esto también es un  patrón que se repite en  otras historias de aquellas mujeres que, en su momento, rompieron los estereotipos de género que las encasillaban en un determinado lugar. Su marido no la acompañaba, no la comprendía. Y menos cuando Corina le contó que la había llamado el secretario general de la Federación de sanidad, Otto Calace, para ofrecerle crear el departamento de la mujer de la CGT. Había llegado a los oídos del dirigente gremial el nombre de una chica que estaba revolucionando las bases.

La primera vez que Corina entró a Azopardo 826, la mítica sede central de la CGT, quedó impactada. El ornamental edificio de techos altos y paredes macizas la hacían sentir diminuta. Por eso cuando aceptó el desafío, se sentó por primera vez en su despacho enorme y empezó a convocar gremio por gremio a la primera reunión de mujeres. Pensó dos estrategias que, para ella y su historia, se volverían fundamentales para ganarse el respeto de los varones de ese ámbito. La primera, vestirse muy formal con trajecitos y un rodete bien tirante: tenía que envejecer a través del look. Sus 23 años le jugaban en contra. Y segundo, fue agregarse el apellido de casada. De ahora en más, sería Corina Lechini “de” Macrade. Ser “señora de” la ponía como una interlocutora a la altura de los machirulos del momento.

En el libro “Derechos, Organizaciones sindicales y política 1930-1983” de la editorial de la Universidad de Lanús, el investigador Nicolás Damin registra el germen de este departamento. Dice: “La agenda de esta rama femenina de la CGT incorporaba un conjunto de demandas que abarcaban desde el pedido de ´igual trabajo, igual salario´, el ´salario familiar´, ´el derecho al retiro voluntario sin pérdida de participación económica en las leyes sociales, de acuerdo con los años trabajados´, ´el pedido de patria potestad compartido con el hombre´, y, fundamentalmente, que se legisle ´el derecho de participación femenina en las actividades políticas, gremiales, culturales, etc., generalizando el amplio criterio revolucionario de nuestro movimiento, que institucionalizó el voto y la parte proporcional de la rama femenina en sus gestiones políticas´.

Damin continúa: “Según su Carta de Fundación, la línea política que adoptaba remitía a que “no se hará discriminación política o religiosa que impida el aporte fecundo de las compañeras de las distintas extracciones, pero, entendiendo que el sentido y el sentimiento de la Clase Trabajadora Argentina encuentra su expresión en el Movimiento Nacional Justicialista y hasta tanto la realidad política de nuestra patria no sea modificada, la orientación ideológica del Departamento de la Mujer estará guiada por el espíritu inmortal de Eva Perón, la Doctrina Justicialista y las 20 verdades peronistas”. Si bien el desarrollo del Departamento fue detenido durante los años de la dictadura militar, muchas asociaciones sindicales mantuvieron sus estructuras femeninas iniciadas durante el tercer gobierno peronista y, algunas de las principales dirigentes de la CGT a fines de siglo transitaron por estos espacios.

Unos meses antes previos al 24 de marzo de 1976, Corina dejó su función gremial. Ya el clima estaba muy pesado: los movimientos armados habían pasado a la clandestinidad, el sindicalismo también se recrudecía.

Ella se había separado de su marido por unos meses. Él no aceptaba su rol sindical, estaba celoso de que su mujer estuviera rodeada de varones. Cuando se reencontraron, Corina quedó embarazada por segunda vez. Los militares habían tomado el poder. Se mudó por temor, quemó todos los libros y papeles. Se recluyó.

Nunca más volvió a la actividad sindical. Años después se dedicó a la actividad cultural, tuvo cargos en esa cartera en el municipio de Almirante Brown. Hoy, Corina Lechini ex de Macrade—porque finalmente se separó—vive jubilada en Uruguay. De paso por Buenos Aires, tuvo una charla con LATFEM recordando su corto pero imprescindible paso por el sindicalismo.

Si mirás en retrospectiva tu paso por la CGT, ¿qué análisis hacés?

Tengo sensaciones encontradas. Por un lado creo que nos faltó tiempo. Teníamos todo preparado para trascender y vino el golpe militar. En ese sentido tengo un sabor amargo porque nosotras en ese momento queríamos convertir ese departamento en secretaría y no depender de nadie. Se logró, con el tiempo, pero nosotras queríamos eso. Pero por otro lado creo que sirvió para al menos visibilizarnos, creo que hemos hecho un aporte.

En ese sentido, ¿cómo observas el movimiento feminista actual y sobre todo el crecimiento de las mujeres en los sindicatos, como delegadas de base, ocupando espacios de poder?

Me parece fantástico. Reivindico este momento de revolución feminista y además estoy a favor de la legalización del aborto. Y creo que es un paso para avanzar en el sindicalismo. Todavía es uno de los espacios más machistas de la sociedad.