Cuando era chica, Dalila Hidalgo soñaba que corría campeonatos de motocross. En el 2012 presenció un campeonato que reunió a las mujeres de América Latina y fue a hablar con el presidente de la Federación Argentina de Motociclismo: “Lo único que podemos hacer es una categoría de presentación, si vos juntás más de diez chicas formamos la categoría para el otro año”, le dijo. Desde una moto alcanzó podios y recorrió países a merced de su tenacidad y persistencia. Compitió en torneos con varones hasta crear la categoría femenina de Motocross en la Argentina y disputar el torneo más importante de este deporte en los Estados Unidos. 

Sin una situación económica acomodada, Dalila persistió en la conquista de sus dos mayores anhelos: ser corredora de motocross y competir con mujeres. Sus inicios fueron en Enduro, un circuito abierto y con menos potencia que el de cross. Los perjuicios la hicieron más fuerte y las dudas respecto de una mujer motociclista afianzaron su convicción personal y deportiva hasta convertirla en una verdadera pionera. 

La idea de crear la categoría de mujeres en motocross para el país surgió después del Campeonato Latinoamericano del 2012. “Ví que todos los países la tenían y en Argentina aún no estaba. Empecé a luchar hasta que me escucharon. Sabía que me iba a costar pero soñaba que corría con mujeres y que lo podía lograr. Muchas veces ponían en duda que lo lograra, y la verdad es que si no probás nunca vas a saber qué ocurre con eso”, cuenta a LATFEM. 

 

 

Dalila Hidalgo hoy tiene 34 años y desde que se subió por primera vez a la moto de su papá arrancó y no se detuvo. Sus inicios en el motociclismo fueron a través de él, que la incentivó para que fuera tras su sueño: “Siempre me gustaron mucho los deportes, jugaba al hockey y me iba bien. A los quince años empecé a insistir con que me gustaban las motos y que quería andar pero no me prestaban mucha atención ¡No imaginaban las ganas que tenía de correr! La moto que tenía mi papá era una XR600, recuerdo que era pesada. Mi viejo empezó explicándome lo básico: cómo arrancar y manejar el embrague”, recuerda. Más tarde llegaron las primeras competencias y carreras, y ahí fue donde empezaron los reclamos familiares: “Me decían que era peligroso, por lo tanto estuve dos años para empezar a correr motocross. No les gustaba mucho la idea, les daba miedo. Les preocupaba porque tenía que correr con hombres. En las carreras solamente había dos o tres mujeres que corrían conmigo”, dice Dalila. A pesar de las quejas, los convenció demostrándoles que ese era su deseo. Es más, gracias a su templanza pudo correr en Estados Unidos, en Chile, México, Ecuador y Portugal. 

La profesionalización en un deporte supone cambiar rutinas, adquirir nuevos hábitos y sacrificios en aras de alcanzar metas y trofeos. Dalila reflexiona: “Dejé de hacer un montón de cosas para concentrarme solo en eso. Me costó un montón. No fue fácil que me prestaran atención para crear la categoría de mujeres. Hoy en día, para las chicas las cosas son más sencillas, pero en aquella oportunidad todo era más difícil. Igualmente, no me arrepiento de nada”. Para afrontar la competencia con varones, que podían superar su contextura física y su fuerza, Dalila hacía arduas sesiones de entrenamientos: “Me entrenaba físicamente: iba al gimnasio para modelar toda la parte de musculación, hacía bicicleta, salía a correr. Entrenaba el doble”. Más allá de esto, los estereotipos nunca la molestaron: “Al contrario, me incentivaban para entrenar más, trataba de demostrar que se podía y que no había un techo para mis sueños. Sentía que cuanto más entrenaba, mejor podía rendir. Así, correr en este tipo de carreras se fue haciendo cada vez más fácil”.

En una instancia en la que aún no había categorías de competencia solo para mujeres, Dalila recuerda que a los hombres no les gustaba mucho que los pasara con la moto, les daba bronca que fuera una mujer la que hacía eso: Además había rivalidad porque el Motocross es un deporte de roce. Si pasaba en plena curva o en un salto a un motociclista, se llenaban de bronca”. Así fue hasta el año 2012, cuando se creó la categoría femenina en motocross: “Hicimos la categoría de presentación y, al año siguiente, se empezó a correr. La presenté en Río Cuarto, Córdoba. Ahora está sincronizada y reconocida por la Federación Argentina”. 

 

 

Más allá de Dalila, los corredores nacionales de motocross, tanto hombres como mujeres, son contados con los dedos de la mano, esta circunstancia se debe en gran parte a la poca difusión que tiene el deporte. Dalila explica: “Es difícil conseguir sponsors. Las carreras tampoco están televisadas. Solo te enterás por las páginas web”. Esta ha sido una de las razones que llevaron a la motociclista a alejarse de los circuitos: “Este es el primer año que no estoy corriendo. Me cansé. Tenía que ir a correr y hasta el último día trataba de conseguir algo de plata. Además mientras tanto, trabajaba. A todas las carreras llegaba agotada”. 

Hoy Dalila prioriza encuentros que habían quedado relegados ante la exigencia de su día a día y planifica otro de sus sueños: ser mamá. “Si es algo que realmente les gusta de corazón, lo pueden lograr”, dice Dalila imaginando que la escuchan jóvenes entusiastas, como alguna vez fue ella, “hay que buscar la manera de alcanzar lo que una quiere. No existen los imposibles pero, obviamente, nada te llega de arriba”.