Por:

El método que las agrupaciones y organizaciones antiderechos usan para captar mujeres que desean abortar es el mismo. El manual de capacitación de Heartbeat Internacional se replica de manera sistemática: sea la latitud que sea, como si se tratara de una franquicia de McDonald’s.

Lo primero que aparece en el televisor del siglo pasado, en este consultorio gris en el barrio COFICO de Córdoba capital, es la vulva de una mujer que está acostada en una camilla con las piernas abiertas. La cámara después enfoca en pequeños planos detalles uno a uno los pedazos de lo que sería un feto. Se supone que se trata de un aborto. 

Antes de tocar timbre en este edificio, escondí mi pañuelo verde en la mochila. Las coordenadas para llegar hasta acá las recibí un día antes de venir. Es octubre de 2019 y aunque no estoy embarazada, me propuse ver cómo funcionan estos supuestos centros de ayuda a las mujeres embarazadas a los que llegan muchas que quieren interrumpir embarazos no deseados.

 “¿Embarazo inesperado? Te podemos ayudar. Consulta gratuita. Privacidad”. Ese es mensaje tan breve como engañoso que aparece en Twitter y Facebook  acompañado de un número de celular con WhatsApp. Cuando una lo suma sus contactos, no aparece ni foto de perfil ni información personal. En las redes sociales, en cambio, las publicaciones van acompañadas de imágenes de mujeres llorando, sufriendo, y claro, la promesa de la ayuda desinteresada, gratuita y confidencial.

Los datos que me pidieron cuando les escribí por WhatsApp son nombre, edad y fecha de última menstruación. Del otro lado, la persona se identificó como “María” y confirmó que podían ayudarme. Les pregunté si la intervención tenía algún costo, haciendo alusión al aborto. “María” dijo que la primera consulta era totalmente gratuita y que los profesionales brindarían toda la información. En ningún momento explicó que estaba hablando con una organización autodenominada “provida”. Solo se limitó a preguntarme si quería un “turno”. Respondí que sí, que estaba desesperada y que “necesito hacer esto cuanto antes”.

De forma paralela, consulto con el Centro de Ayuda a la Mujer Embarazada (CAM) Argentina por Facebook. Las respuestas son similares a las que me da “María” por WhatsApp, aunque quien administra esa página me responde desde Buenos Aires. Aún no estoy segura que sean parte de la misma red, pero intuyo el mismo método. Insisto en pedir un teléfono de Córdoba, ya que vivo acá. Y es en ese momento donde compruebo que a la oficina a donde me dirijo forma parte de la red antiderechos de Heartbeat International: obtengo el mismo número publicado en los avisos clasificados por el que estoy hablando por WhatsApp.

Finalmente, me agendaron para dentro de 10 días, en un barrio indefinido y me despidieron diciéndome que un día antes de encontrarnos me dará las coordenadas a donde debo ir. Y acá estoy, en un consultorio junto con una mujer que se presentó como Luciana que me muestra un vídeo de un supuesto aborto.

Esta es una de las 2.500 oficinas que Heartbeat International, la mayor red antiderechos de Estados Unidos, tiene repartidas en más de 60 países del mundo, entre ellos Argentina. Se trata de uno de los tantos Centros de Atención a la Mujer (CAM), que detrás de un nombre engañoso, confunden a personas embarazadas desesperadas que necesitan ayuda.  

Cuando llegué al supuesto consultorio, dos mujeres del otro lado de una mesa que oficia de mostrador o escritorio me preguntan si creo en Dios, si fui bautizada y si hice la confirmación. A la derecha hay una camilla y atrás mío una máquina para detectar latidos fetales. El lugar se parece a un consultorio en construcción y hay cierta tensión en el aire que se descomprime cuando les digo que sí, que fui bautizada. Una de ellas saca un papel, una lapicera y escribe el nombre de un médico que “te va atender gratis y sin turno, vos solamente tenés que decirle que vas de parte nuestra y hacerte los controles para continuar con esa vida que crece dentro tuyo”. El doctor en cuestión es obstetra, trabaja en un hospital público, forma parte del Opus Dei.

Guardo el papel con el nombre del médico. Las mujeres se levantan y me abren la puerta. Estamos las tres demasiado juntas y el espacio es demasiado chico. Intento salir pero entonces una de ellas me toma de las manos y la otra me acaricia la panza. Y a la vez, juntas, comienzan a recitar el pasaje estrella de la biblia de las asociaciones antiderechos: Mateo 18:5:Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe”. 

Luciana no me había consultado si quería ver. Simplemente apretó play en el DVD y el vídeo con la mujer acostada en la camilla empezó a reproducirse. Hay sangre por todos lados y formas humanas que no coinciden con las de un aborto real durante los primeros meses de gestación y menos con las imágenes que pueden retratar una interrupción de un embarazo con pastillas. Nunca, en ninguna de las secuencias, Luciana mira la pantalla. Ella permanece inmóvil mirándome y su energía es tan fuerte que comienzo a marearme. Cierro los ojos pero me ordena, siempre de manera  amable y educada, que los abra y que siga mirando, por favor. Que no tenga miedo, que sea fuerte, que me anime a conocer la verdad, que así son los abortos.

Esa mujer está matando a su bebé. Como vos si decidís abortar. Si te perdés la oportunidad más linda del mundo, que es la de traer vida y ser mamá.

Las palabras salen de su boca como en cámara lenta y sus ojos observan inertes, sin vida. Miro la pantalla sin mirar y la escucho sin escuchar. Aunque no estoy embarazada, todo en ese lugar me produce un rechazo absoluto. Ella me ofrece agua y un ‘caramelito’. Le pido, por fin, si puede parar el video. Insisto en que me siento mal, pero me dice que lo que me está pasando es normal y que para no tomar una decisión equivocada es necesario “conocer la verdad”. Para no cometer un error que me deje de por vida con el útero dañado y sin la posibilidad de tener hijos, “porque eso es lo que pasa cuando matás a tu bebé. Nunca más podés tener hijos”.

Una puerta se abre y aparece otra mujer que bien podría ser Luciana dentro de 30 años. Ahora son cuatro los ojos que me observan mientras veo la pantalla. Las dos están prolijamente vestidas en tonos pasteles. Llevan el pelo corto y lacio. De sus muñecas cuelgan pulseras con rosarios y tienen dijes de vírgenes en las manos. Sonríen como si estuvieran actuando.

La segunda mujer, que se llama Mariana, lanza una batería de preguntas e indicaciones: ¿Qué te parecieron los videos? ¿Cuándo fue la última vez que te indispusiste? ¿Por qué no querés seguir con tu embarazo? ¿Tomaste pastillas, hiciste algo que pudiera dañar al bebé? Completá este formulario con tus datos por favor. Nosotras podemos ayudarte, tranquila, sé fuerte, ese bebé te necesita, ya te ama y vos lo amás a él aunque ahora estés confundida. Llegaste al lugar indicado. ¿Querés saber de qué tamaño es tu bebé ahora?

No respondo, no hablo, no me muevo. Luciana estira su brazo izquierdo, abre el primer cajón de la mesa donde están el televisor y el DVD, saca un feto de goma y me lo pone en la palma de la mano.

Le devuelvo el muñeco sonriendo, simulando ternura, y le digo que muchas gracias pero que ya me tengo que ir. Sin embargo, las mujeres de los tonos pasteles y las pulseras religiosas tintineantes no están dispuestas a rendirse tan fácilmente. Luciana se mueve rápido y saca otro feto de goma. Está vez más grande, más gordito. “Así va a ser tu bebé cuando tenga 30 semanas”, dice desbordante de emoción. Cuando abre el cajón alcanzo a ver que hay, al menos, 10 muñecos de distintos tamaños ordenados en fila.  Parecen de juguete. Los acomodaron como si estuvieran durmiendo sobre el papel de regalo con globos rosas y celestes que cubre el cajón.

De repente, Luciana vuelve a darle “play” al DVD y al vídeo que le pedí que frenara. Agarro un caramelo de una compotera de vidrio y sigo mirando los videos. Ahora en la pantalla no hay fetos descuartizados, sino mujeres que decidieron continuar sus embarazos y son felices. La secuencia se repite en todos los testimonios: sentadas, mirando a cámara, en medio de un jardín, también vestidas en tonos pasteles, con bebés en brazos o a los pies, pelo lacio, prolijas. Todas representan el estereotipo de una mujer de clase media alta. Cualquiera podría estar en una publicidad de productos de limpieza o de jabones. Ninguna es adolescente.  

Latido de corazón

En su página  web, Heartbeat International, “latido del corazón” en inglés, se define como “la primera red de centros de recursos para embarazos pro-vida fundada en los EE. UU. (1971)”, comprometida a defender la vida humana desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, de conformidad al Magisterio de la Iglesia Católica Apostólica y Romana.

En la home del portal, de color azul pastel y blanco, se suceden en loop invitaciones para agregar al carrito de e-commerce un DVD que cuenta la historia de una médica que pasó de hacer abortos a ser portavoz de los autoproclamados “pro-vida”; imágenes de mujeres anglosajonas sonriendo; venta de capacitaciones online; y promesas de transparencia en el manejo de fondos, que aseguran no provienen del gobierno, sino que son a través de donaciones privadas y subvenciones.

“Nuestra historia es realmente un glorioso mosaico de miles de pequeñas historias personales de personas comunes que, en respuesta a la propagación del aborto legalizado, intervinieron para ayudar a las mujeres a escapar de la tentación y la presión de abortar a sus preciosos bebés (…). El 13 de noviembre de 1971, el Dr. John Hillabrand, un obstetra de Toledo, Ohio, y Lore Maier, una refugiada de la Alemania nazi, formaron Alternativas al Aborto Internacional (AAI). Para 1993, alrededor de 75 contactos originales habían crecido a unos 200 afiliados y AAI cambió su nombre a Heartbeat International. Cada vez más cristianos católicos y evangélicos se sintieron llamados a ayudar y comenzaron a pedir ayuda. Nos convertimos en el lugar de referencia para manuales de inicio, programas modelo, conferencias de capacitación de liderazgo y un lugar al que acudir para recibir consejos y orar. Heartbeat International actualmente presta servicios a más de 2,500 ubicaciones afiliadas de ayuda para el embarazo, hogares de maternidad y agencias de adopción sin fines de lucro en los 6 continentes habitados”, puede leerse en la web.

 A pesar de la insistencia en la transparencia del origen de los fondos, Heartbeat International se sustenta en gran parte a base del dinero que cobra-con descuentos y promociones a quienes desean abrir un “centro de embarazo” en distintos puntos del mundo.

“R. Heartbeat ofrece un recurso llamado Una visión para su organización que lo ayudará en las primeras etapas de la apertura de una organización sin fines de lucro. El manual incluye, Cómo iniciar una organización de servicios de afirmación de vida , que incluye 15 pasos importantes; Cómo funciona un centro de recursos saludables, quién hace qué a medida que su centro crece y envejece, y cómo iniciar y apoyar un centro internacional de embarazo fuera de los Estados Unidos .Aquellos que comienzan un centro reciben afiliación de primer año de cortesía junto con precios de descuento en recursos. Los afiliados tienen acceso a consultas por teléfono y / o correo electrónico. Nuestros afiliados también reciben descuentos especiales en capacitación, consultas y conferencias. Los afiliados reciben boletines informativos y correos electrónicos con actualizaciones sobre información importante que la RPC necesita saber”. En definitiva, se trata de un negocio que mezcla en un cóctel peligroso: religión, dinero y el avasallamiento contra el derecho a la salud reproductiva.

Ayuda que no es ayuda

En América Latina los tentáculos de Heartbeat International se ramifican a través de la Red Latinoamericana de Centros de Ayuda para la Mujer (www.camslatinoamerica.org), que en Argentina tiene oficinas repartidas en Capital Federal, en distintas localidades de Buenos Aires, en Mendoza, Jujuy, Paraná, Concordia y Córdoba. Este es el caso del Centro de Atención a la Mujer (CAM) de la capital cordobesa, atendido por Luciana y Marta en un departamento planta baja, de un edificio ubicado en un barrio clase media alta de la ciudad, a donde las mujeres llegan buscando ayuda para abortar tras haber sido engañadas con avisos clasificados publicados en los principales medios de comunicación.

El método que las agrupaciones y organizaciones antiderechos usan para captar mujeres que desean abortar es el mismo. El manual de capacitación de Heartbeat Internacional se replica de manera sistemática: sea la latitud que sea, como si se tratara de una franquicia de McDonald’s.

El método que las agrupaciones y organizaciones antiderechos usan para captar mujeres que desean abortar es el mismo. El manual de capacitación de Heartbeat Internacional se replica de manera sistemática: sea la latitud que sea, como si se tratara de una franquicia de McDonald’s. Primero los mensajes confusos publicados en los avisos clasificados de los principales medios de comunicación y en redes sociales como Facebook y Twitter, prometiendo ayuda en situaciones de máxima angustia y desesperación, como es un embarazo no deseado. Su derecho a decidir sobre la vida y los futuros de otras mujeres y el ocultamiento de la verdad son una constante en el método empleado por Heartbeat International en todo el mundo.

Pienso en las chicas y mujeres que eligen interrumpir sus embarazos, y en lo decisivo que el tiempo, en este caso 10 días, es para su salud. ¿Cómo repercute -ya no solo en la psiquis- sino además en el cuerpo,  reservar un turno creyendo que vas a abortar y ser engañada? ¿Y si intentaron frenar sus embarazos, con agujas de tejer, con una percha, con perejil, y tienen posibilidades de desarrollar una septicemia? ¿Cuánto son 10 días para alguien que está en peligro y necesita ayuda de forma real y urgente?

El derecho a decidir sobre la vida de otras mujeres y el ocultamiento de la verdad son una constante en el método empleado por Heartbeat International en todo el mundo

 

*Por cuestiones de seguridad, decidimos preservar la identidad de la cronista. 

Si estás embarazadx y querés interrumpir ese embarazo hay métodos seguros y siempre hay una feminista que te podrá acompañar.

En este link se puede descargar el Manual “Todo lo que querés saber sobre cómo hacerse un aborto con pastillas”, de Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto.

Podés entrar a esta web con información de toda la región: comohacerseunaborto.com

También están las Socorristas en Red:socorristasenred.org

Y en todo el país podés llamar a la Línea 0800 de Salud Sexual: 0800-222-3444