Por: Fotos: Marcella Menozzi

En 1985, tres jóvenes fueron abusadas sexualmente. Eso llevó a que un puñado de mujeres en la ciudad de Bologna, empezara a preguntarse frente a qué tipo de violencia estaban y qué podrían hacer ellas. La militancia feminista estaba dando pasos concretos sobre los derechos de las mujeres en Italia. El referéndum sobre el divorcio se había aprobado en 1974, y el 18 de mayo de 1978 se aprobó la ley 194 a favor del aborto legal –durante 40 años, la ultraderecha católica italiana intentó revocarla. Sin embargo, la resistencia de lo personal es política y la conciencia de decidir sobre nuestros cuerpos y derechos es lo que sigue irrumpiendo en la cultura sexista italiana.

Martina Ciccioli trabaja hace diez años en la Casa delle donne –La casa de las mujeres para no sufrir violencia–. En 2018 pasaron por allí 678 mujeres y de ellas, solo el 65% son italianas. En estos años, Martina fue rotando y sumando varias tareas dentro de la casa. Hoy se ocupa del acompañamiento y la orientación laboral de aquellas mujeres que pasan por la casa, y también es operatrici en dos casas de emergencia. Allí, todas son bienvenidas por un breve periodo de tiempo, cuando se encuentran en una situación de urgencia; y trabajan coordinadas con el Movimento Identità Trans y Lesbiche Bologna. Martina, además, es una militante que participa de las asambleas del movimiento “Non Una di Meno” en la ciudad de Bologna, movimiento que surgió en toda Italia a partir del año 2016 y que se hermana con el movimiento Ni Un Menos de la Argentina.

–¿Cómo fueron los inicios de Casa delle donne per non subire violenza, uno de los primeros Centros italianos contra la violencia?

–Sus inicios en Bologna empezaron en 1985. Una de las razones de su fundación, fue por la violencia sexual que sufrieron tres mujeres menores de edad. Las mujeres de Bologna empezaron a preguntarse por qué pasaba y de qué se hablaba cuándo se hablaba sobre violencia contra las mujeres. En principio, comenzaron a tomar referencias de otros países de Europa para armar una estrategia posible en Italia sobre cómo tratar la violencia de género en nuestro país. Estas mujeres crearon un grupo de estudio para enfrentar el tema y en los años 90, desde el grupo, surgió una asociación que hizo un acuerdo con la comuna y la provincia de Bologna y lo que propusieron fue obtener un espacio autónomo y autogestionado por y para las mujeres.

Luego en 1991, la Asociación Casa de la Mujer para no sufrir violencia abrió por primera vez sus puertas en Bologna y, en 1998, surgió el grupo Oltre la Strada (atrás de la calle) que es un grupo que se ocupa de las migrantes, las que son víctimas de trata y que sufren explotación sexual.

–Bologna es una ciudad con una gran trayectoria en militancia política, ¿esta impronta hace diferente la experiencia con las demás Casa de las mujeres para no sufrir violencia en el resto de Italia?

–En Italia tenemos una red que se llama D.I.Re “red de mujeres en contra de la violencia” y  esta red une a todos los centro de antiviolencia de Italia. Son más de 80. Lo que tiene en común con los demás es la forma de actuar con las mujeres, la metodología, un ejemplo sería: nosotras que nos llamamos trabajadoras no debemos tomar ninguna decisión por parte de la mujer que queremos ayudar, sino que nuestro trabajo con ellas es ayudarlas a tomar una decisión propia, a que tome conciencia sobre su situación y a que elija lo que pueda ser mejor para ella, para su vida y sus hijes en general. Entonces, la metodología es común en todos los Centros, como deben ser común, también, algunas prácticas feministas. Es decir, no somos trabajadoras sociales o psicólogas, nosotras somos “operatrices” y nuestra formación académica debe estar al servicio de la metodología. Lo que es diferente en cada Centro es de hacer o no hacer algo, eso depende de los recursos económicos. Por ejemplo, en algunos centros no existe ayuda de parte del Estado, sino que funciona por la voluntad de las mismas mujeres que trabajan de forma voluntaria. Sin embargo, en Bologna esta situación no es la misma, recibimos un salario, tenemos un contrato y esa también es una forma de lucha.

–Si en general el Estado no les brinda un presupuesto anual, ¿cómo se sustentan?

–Tenemos un acuerdo de dinero con la provincia de Bologna, que se renueva cada cinco años. Entonces, cada cinco años tenemos distintos recursos. El gobierno Italiano debe entregar dinero público también para los Centros; sucede que su burocracia es muy lenta. Para nosotras, son muy importantes las donaciones que nos dan lxs ciudadanxs. Algunas de esas donaciones son una parte que sale de sus ganancias y que deciden darlo a las Casa de las Mujeres. Sin embargo, nuestra casa, recibe bastante dinero por parte de la municipalidad, pero ese dinero nunca es suficiente para hacer todo lo que hacemos. De hecho, es lo que nos ayuda a dar mejores servicios para las mujeres y sus hijes (autónomos y de calidad). Una parte de ese dinero es para los refugios y para que las mujeres que llegan pidiendo ayuda, puedan salir de allí empoderadas. También nos ocupamos de la formación de otres trabajadores para que puedan ser partícipes de la Casa de la Mujer.

–¿El gobierno italiano reconoce la lucha feminista?

–No, el gobierno no la reconoce. Tampoco reconoce los centros contra la violencia. Ahora aquí se habla mucho sobre la violencia de género, pero lo cierto es que hay que reconocer que estas mujeres fueron pioneras y llevaron adelante los 85 Centros a través de una lucha muy concreta. En Italia, el gobierno toma el tema en época de elecciones. La política italiana no enfrenta la violencia de género como algo estructural; lo hace como si fuera una emergencia. Hablan mucho de feminicidios, pero no se hace un trabajo sobre la cultura social en la que se apoya la violencia.

–¿Existen registro de estadísticas sobre la cantidad de femicidios que hay en Italia?

–No existen estadísticas oficiales realizadas por el Estado sobre la cantidad de femicidios. Lo que sí existen son los datos que la Casa de la Mujer construye desde el 2005, a partir de un trabajo muy importante, el relevamiento de las noticias periodísticas sobre femicidios.  Es así que se llega a un cálculo sobre la cantidad de femicidios. Es algo, pero no suficiente, ya que la prensa no publica la totalidad de los casos. También, el Instituto de Estadística Nacional Italiano hizo dos encuestas sobre violencia de género durante el 2006 y el 2014. Pero no hay nada más. Y sí, en los últimos años aumentó el número de femicidios, no sabemos si es porque en efecto aumentaron o porque se visibilizaron más.

–¿Cómo operan los refugios en Italia para las mujeres que buscan salir de un caso de violencia de género?

-En Bologna tenemos distintos tipo de refugios. Hay refugios que son para las emergencias y allí las mujeres y sus hijes se pueden quedar entre un mes y dos meses. Y pueden acceder de distintas formas. La primera, si no pueden volver a su casa porque su agresor vive allí y acuden al servicio social de la ciudad o a la policía, ellxs las derivan a la Casa de la Mujer. Si se encuentran fuera del horario de atención del servicio social, deben acudir al PRIS (Rápida Intervención Social), es decir, el servicio social de las emergencias. Luego tenemos los refugios para las mujeres que ya tienen un proyecto de salida y en esos refugios (en Bologna hay 6) se pueden quedar entre 6 y 10 meses. También tenemos refugios para las mujeres migrantes y víctimas de trata o explotación laboral o sexual. Además existen pequeños pisos que lo llamamos “Alojamiento de transición”, donde las mujeres pueden estar cuando ya tienen un pequeño trabajo y pueden estar solas con sus hijes; ahí deben pagar alrededor de 80 euros. En los refugios no deben pagar nada y le brindamos un lugar seguro. A pesar de todo lo que le podemos brindar, es muy injusto que las mujeres que sufren violencia de género tengan que dejar de lado su vida, desarmar su cotidianidad y luego volverla a armar.

–¿Cómo lo logran?

–Pueden reinsertarse y a veces de manera muy rápida. Porque la ley que tenemos responde de manera muy expeditiva (orden de protección) y el agresor no puede acercarse a sus hijes, ni a la mujer, ni estar en los lugares por donde la mujer y sus hijes circulan. Si se acerca a la mujer, más de una vez, puede ir preso. Si la mujer quiere regresar a su casa, lo pude hacer. Sin embargo, no dejo de hacer visible que para muchas es muy difícil por sus miedos y porque su casa fue el lugar donde fueron violentadas por parte de su pareja. Entonces, volver a armar una cotidianidad es un proyecto a largo plazo y es muy importante el apoyo económico que los servicios sociales le dan.

–¿Llevan actividades en conjunto con el movimiento Non Una Di Meno?

–Casa de la Mujer de Bologna es parte de Non Una Di Meno. En realidad, todos los centros contra la violencia de Italia son parte del movimiento desde el principio, cuando surgió en el 2016 en Italia. Seguimos siendo parte como asociación. Lo bueno del movimiento en Bolonia, es que tiene muy presente las actividades que hacemos, que siempre son inclusivas, entonces estamos en contacto permanente y damos capacitación para que todas sepan cómo ayudar a una mujer que sufre violencia de género. De hecho, compartimos junto al movimiento las mismas luchas contra el actual gobierno, que es muy machista y solemos manifestarnos juntas.

–¿Cuál es la situación de las migrantes en Italia en la actualidad?, ¿creés que sufren una violencia mayor?

–La situación de las migrantes es una locura. Italia ya de por sí es un país machista. Para ellas salir de una situación de violencia es mucho peor que para una ciudadana italiana. Porque ya por ser migrantes tiene menos derechos. Por ejemplo, con la reforma que hizo el ex ministro de ultraderecha Matteo Salvini se dificultó la obtención de los papeles para quedarse en Italia de forma legal. Una forma de estar regular en Italia era casándote con un ciudadano, pero ahora si la relación termina –por los motivos que sean, pero imaginemos que fue por violencia–, tu permiso caduca y solo te dejan estar en Italia legal por un año más. Y la mujer migrante en este año debe aprender el idioma, encontrar un trabajo regular, tener una casa, por eso es muy difícil materialmente ayudar a estas mujeres, porque el sistema no les contesta. Entonces la Asociación ya no puede hacer nada; es una injusticia total.