“Y ahora que sí nos ven”: una lectura intempestiva de los feminismos contemporáneos Y ahora que estamos juntes, y ahora que sí nos ven, ahora que el feminismo cobró esta enorme visibilidad y legitimidad que inunda las calles, los medios de comunicación, las orgas, las paredes, los partidos, las camas y las fantasías, ahora, ¿qué feminismo va a vencer? Ahora que somos tantas y tantxs, en esta pluralidad irreductible que es la marea verde, ¿qué sentidos, orientaciones y articulaciones hemos podido inventar? ¿Y cuáles son nuestros límites y miopías a franquear? ¿Es necesario darle un sentido de organización y unidad a esa heterogeneidad que es también disenso, conflicto y antagonismo? Estas preguntas, y los interrogantes que se anudan a ellas, asedian el ensayo de Malena, a quien llamaré por su nombre de pila, inscribiendo el lazo afectivo, activista e intelectual que me une a ella y a este su primer libro como autora.

Malena hace reverberar la pregunta por “el feminismo del presente”, por ese feminismo que llegó para quedarse y que nos exige un análisis crítico de una contemporaneidad en la que se ha masificado a la vez que se ha constituido en uno de los movimientos sociales de mayor relevancia, tanto en el contexto local como transnacional. Y es que este “presente feminista” cobra dimensiones inimaginadas hace apenas algunos años porque “el 3 de junio de 2015 algo ocurre. Un acontecimiento inesperado irrumpe (e interrumpe, de alguna manera) el curso de los hechos e inaugura un tiempo diferente para los feminismos en nuestro país”. Algo pasó ese 3 de junio en el que inundamos la plaza de los dos congresos y los más de ciento veinte puntos de concentración a lo largo de Argentina. Esa jornada histórica no sólo apunta el camino de masificación que signará desde entonces a esa enorme y compleja diversidad que llamamos feminismo contemporáneo o presente, sino que también corporizó el protagonismo y la legitimidad política que fueron cobrando los movimientos feministas y socio-sexuales en general en los últimos años. Malena hace propia la tarea de pensar este presente particular del feminismo, sus heterogeneidades irreductibles y sus articulaciones contra/hegemónicas, sus potencias y sus límites, en el marco de las políticas anti-neo-liberales. De allí que la vinculación entre feminismo y resistencia anti-neoliberal sea la fuerza teórico-política que motoriza los esfuerzos conceptuales de aproximarse, siempre un poco a tientas, a un fenómeno reciente y del que se es parte. Aquí y ahora, nos dice Malena, la pregunta por la in/actualidad del feminismo se traduce en la pregunta por su potencia para interrumpir, cortocircuitar y transformar las lógicas neo-liberales que rigen la precarizadora gubernamentalidad de nuestro presente local.

Las preguntas que Malena arroja sobre los avatares y los derroteros de los distintos feminismos son muchas, y van desde sus largas, complejas y muchas veces olvidadas genealogías, pasando por su capacidad de disputar el espacio público y de propiciar articulaciones inesperadas, hasta sus modos de organizar los espacios de encuentro, los afectos y los discursos; pero hay una inquietud fundamental que organiza las preocupaciones teórico-políticas que se dan cita en esta intervención filosófica: “¿Cómo se constituye un movimiento unificado a partir de esta heterogeneidad constitutiva? Y finalmente, casi como una modulación de lo anterior, ¿qué feminismo o qué forma de comprender el feminismo se está instaurando hoy en día a nivel político, económico, social, cultural, afectivo? ¿Cuál es el feminismo ‘que va a vencer’?” La pregunta por el feminismo que va a vencer no sólo pone en la mesa el carácter polémico y conflictivo que subyace a la marea verde, y que apunta a esas corrientes subterráneas y turbulentas que no siempre se hacen visibles; también se focaliza en la posibilidad que tiene el feminismo de disputar la hegemonía neo-liberal imperante a partir de su organización y articulación “interna” y con otros movimientos sociales.

¿Cómo puede entonces el feminismo devenir en un movimiento de resistencia anti-neo-liberal, no en el sentido de simplemente oponerse a las políticas de austeridad y recorte imperantes, sino en el sentido radical de disputar sus valores, sus economías afectivas, sus modos de organizar el mundo? El desafío que considera la autora es doble: por un lado, es imperioso evitar la deriva liberal del feminismo, que ve en el empoderamiento individual de las mujeres (blancas, heterosexuales, cisexuales, etc) la meta de sus políticas de inclusión y ampliación de derechos, tan en concordancia con la ratio neoliberal que rige nuestro tiempo y que nos arroja al mercado del ego-liberalismo; y por el otro, la inquietud estriba en sortear las apropiaciones asimilacionistas y oportunistas que hacen los gobiernos del movimiento feminista y de los movimientos sociales en general utilizándolos de “excusa” para “maquillar” sus medidas securitarias, represivas y de austeridad. Porque si el feminismo va a vencer al neoliberalismo, esto sólo será posible en la medida en que se descentre de las coordenadas tradicionales de la política que ven en el sujeto, la autonomía y la acción individual, el ejercicio por excelencia de lo político, para asentar otras coordenadas de intelección, otra cartografía del hacer político, otras maneras de de-construir mundos. Las claves teóricas para pensar la articulación de una unidad antineoliberal de la pluralidad de feminismos que se dan cita en el presente, la filósofa las encuentra principalmente en las tesis de Judith Butler, Chantal Mouffe y Ernesto Laclau. Inscribiéndose en esta tradición teórica, Malena va a proponer la  figuración de un feminismo radicalmente plural, que encuentra en la [precari/e/ dad] el locus de la la resistencia política, un espacio de articulación popular, feminista y antiliberal.

Malena explicita su propuesta de este modo: “a través de las tesis de Butler sobre performatividad y precari/e/dad y de la propuesta de Laclau y Mouffe de un proyecto de radicalización y pluralización de la democracia, me propuse pensar las posibilidades de resistencia de un feminismo antineoliberal y popular.” Las tesis butlerianas en torno a la performatividad colectiva y plural, así como sus articulaciones en torno a la precari/e/dad, aportan las claves conceptuales para superar una concepción rígidamente identitaria del movimiento feminista (y su reclusión a las políticas de representación del sujeto “las mujeres”), colocando en el centro de la escena la acción colectiva y el proyecto de ampliación de la democracia que se articula en torno a la vulnerabilidad compartida. Así, el centro del análisis se posa en el trabajo de articulación que se viene llevando a cabo en el movimiento feminista, ese que se aprecia en los “Encuentros plurinacionales de mujeres, lesbianas, travestis, trans y no-binaries” o en las asambleas para preparar el “Paro internacional de mujeres, lesbianas, travestis y trans”, y que Malena ausculta en detalle a partir del análisis minucioso de “las movilizaciones masivas de mujeres, lesbianas, bisexuales, travestis, trans y no binarixs y la producción de documentos consensuados por una asamblea abierta y horizontal en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”, que se dieron desde el 2015 en adelante, y que signaron esa marea verde que desborda de sentidos, de posibilidades, de potencias, pero también de riesgos y desafíos. Estas experiencias, estas “políticas de la calle” y las estrategias de organización y articulación contra-hegemónicos que se ligan a ellas son las irrupciones intempestivas que el feminismo aporta al presente, a la democratización de la actualidad, a la re-invención de modos de vida más vivibles y habitables.

El análisis se detiene en las prácticas articulatorias del feminismo porque, afirma Malena, es “a partir de la construcción de consensos en el disenso, es decir, con el conflicto y la disputa de sentidos como centros aglutinadores, [que] emerge a lo largo de los últimos años en Argentina un feminismo masivo pero unificado, en un proceso asambleario como un ejercicio de democracia radical y plural”. Un feminismo radicalmente plural hará de la articulación en el disenso y de la precari/e/dad compartida las claves de su operatoria política. Malena asienta cuatro claves fundamentales para su desarrollo: i. la apuesta no puede ser por la identidad común sino por la precari/e/dad compartida; ii. esta precari/e/dad no debe ser considerada entonces ni como un obstáculo ni como algo a ser superado, sino como el “locus de resistencia” a partir del cual puede emerger la acción conjunta; iii. el conflicto y el antagonismo son constitutivos de la política; y iv. es justamente por ello que el feminismo es un actor clave en el proyecto de articulación anti-neoliberal. Que la apuesta política sea la precariedad común, no sólo abre el horizonte de alianzas posibles entre el feminismo y otros movimientos sociales más allá de las políticas de la identidad; también nos brinda la clave para pensar la acción y la alianza política más allá del sueño ego-liberal de los individuos autónomos y soberanos. No es tanto la identidad, ni necesaria o únicamente un programa o una demanda en común, lo que nos reúne una y otra vez en las calles, en las asambleas, en las plazas y en los espacios de organización; en todo caso, es la resistencia a las políticas precarizadoras y jerarquizadoras la que nos arroja a esa esfera pública siempre en disputa, en cuyo ejercicio político tenemos una larga tradición local a la que se pliega el movimiento feminista. Es esta capacidad actual de poner en movimiento los cuerpos y los sentidos de la política, de reactivar nuestra memoria y nuestros deseos colectivos de resistencia y transformación, lo que hace del feminismo un terreno fértil para ampliar los modos y los horizontes de lo posible. Es también esto lo que exige que pensemos las maneras en que podemos organizar y articular nuestra lucha y nuestra potencia con la diversidad de movimientos de resistencia contemporáneos, así como aquello que siempre excede y desborda toda articulación precaria y toda voluntad de unificación.

El llamado de Malena es simple y complejo a la vez: necesitamos desplegar, articular, un feminismo radicalmente plural y popular, capaz de presentarse “como una forma de resistencia desde la precari/e/dad, contra la precaridad: un proyecto contrahegemónico, en la medida en que este movimiento se propone construirse como un actor político que resiste el neoliberalismo, y la construcción de comunidades, también, que toman la interdependencia constitutiva como su punto de partida.” La invención de comunidades y modos-de-ser-con capaces de tensionar o interrumpir las pedagogías ego-neo-liberales que niegan nuestra constitutiva y radical interdependencia es no sólo una tarea urgente, sino una que venimos ensayando hace bastante, en cada pliegue, en cada encuentro, cada vez que soñamos colectivamente otro mundo, uno menos hostil, menos violento, más hospitalario. Quizás, como nos muestra Malena, no haya horadación más profunda del neo-liberalismo que aquella que hace de la precariedad compartida y la interdependencia social, el horizonte de la política, la responsabilidad y la justicia social.