Protestar es un derecho, pero en Nicaragua ese ejercicio político tiene como consecuencia la persecución y terminar frente a dos opciones: la represión o el exilio. Costa Rica recibió en los últimos tres años a más de cien mil nicaragüenses, con un puñado de pertenencias y la vida desarmada con premura. Desde allí las exiliadas denuncian la violencia estatal y política en su país de origen, los retrocesos en derechos para las mayorías, las alianzas con los fundamentalismos y la degradación de los acuerdos básicos para una democracia. Este texto forma parte de Las resistencias fundamentales un especial periodístico sobre las resistencias a los fundamentalismos en Latinoamérica y el Caribe coordinado por LatFem-Periodismo Feminista.
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