Marcha Plurinacional por el agua: la nueva marea verde

En el Día Mundial del Agua, organizaciones sociales, ambientalistas y pueblos originarios se movilizaron en la Ciudad de Buenos Aires para exigir medidas urgentes para mitigar la crisis climática y concientizar sobre la falta de acceso a este recurso esencial bajo la consigna “El agua vale más que todo. Basta de extractivismo”. Mientras el agua cotiza en Wall Street, en Argentina hay 5.3 millones de personas que no tienen acceso al agua potable.

Fotos: CATRIEL MARMO

En el Día Mundial del Agua, organizaciones sociales, ambientalistas y pueblos originarios se movilizaron del Congreso a Plaza de Mayo para reclamar políticas ambientales y exigir al Estado que se adopten medidas urgentes para mitigar la crisis climática. Entre las principales consignas se destacaron el rechazo a la megaminería en Chubut y al acuerdo porcino con China. Además, exigieron la sanción urgente de diversas legislaciones socioambientales como la ley de humedales, la ley de educación ambiental y la de acceso a la tierra, que actualmente están siendo tratadas en el Congreso; y la implementación efectiva de la ley de glaciares y la ley de bosques, que llevan más de una década luchando entre la falta de presupuesto y los embates judiciales.

“Hoy nos movilizamos por el Día Mundial del Agua pero ese no es el único eje de la jornada. Estamos en el marco de incendios en la Comarca Andina, que se suman al mas de 1 millón de hectáreas incendiadas durante el año pasado y en este sentido es fundamental replantearnos por qué siguen ocurriendo estos incendios y entenderlos como un fenómeno sistémico. En lo que respecta al agua, es el eje que estructura muchas de las problemáticas socioambientales que estamos atravesando en Argentina, desde la megaminería hasta el reclamo por una ley de humedales”, dijo a LatFem Mercedes Pombo, referente de Jóvenes por el Clima Argentina (JOCA). La militante ambientalista y feminista agregó que es necesario “pensar un proyecto de país que tenga un enfoque ambiental y que aborde este tipo de problemáticas que todas tienen un mismo trasfondo: el uso indiscriminado de los bienes naturales en favor de los intereses un sector minoritario por sobre los intereses y necesidades de las grandes mayorías”.

En esa misma línea, el abogado especializado en Derecho Ambiental, Enrique Viale, dijo a LatFem: “Hoy es el Día Mundial del Agua pero esta movilización es mucho más que eso. Es la excusa para salir a las calles -obviamente con distanciamiento y manteniendo todos los cuidados- a hacer un llamado de atención sobre lo que significa el extractivismo en la Argentina, que se va profundizando como muestra lo que está pasando en Chubut y otras partes del territorio”. Para el presidente de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, hoy “el gran problema socioambiental argentino son los agroquímicos” por “la extensión en el territorio, la cantidad de afectados y el impacto sobre los territorios”. “Es momento -y la pandemia debió ser un gran llamado de atención en ese sentido- de repensar los modelos de maldesarrollo de nuestro país y eso es lo que venimos a decir hoy”, agregó.

La movilización comenzó con un verdurazo de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT) frente al Congreso de la Nación. La organización se sumó a la convocatoria bajo la consigna “Sin agua no hay soberanía alimentaria” para visibilizar la importancia que tiene el acceso al agua entre las familias campesinas para producir alimentos. “La captación desmedida del agua para represas, megaminería y agronegocios profundiza el cambio climático que genera períodos de sequía, excesivas nevadas e inundaciones y todo esto tiene un impacto muy negativo sobre nuestras formas de vida y de producción como campesinxs”, denunció Maritsa Puma, vocera de Jóvenes de la UTT. “Nosotrxs producimos alimentos sanos y queremos que lleguen sanos a la mesa de lxs consumidorxs. Para eso, necesitamos que el agua que llega para producir sea libre de contaminación. Con este verdurazo queremos que nos escuchen y que sepan que no nos vamos a quedar quietos, que vamos a seguir luchando porque el agua es un derecho, no un privilegio”, agregó Celeste Gaspar, joven productora del cordón hortícola de La Plata, en la provincia de Buenos Aires.

Según datos del último Censo Nacional, de 2010, en Argentina hay 5.3 millones de personas que no tienen acceso al agua potable dentro de su vivienda y cerca de 1 millón no lo tiene en el perímetro de su terreno. Esto significa que más del 13% de lxs argentinxs no tiene acceso al agua en sus hogares y esa cifra se eleva al 41% en la región del Gran Chaco. En las comunidades rurales, esto implica grandes riesgos para la salud, la seguridad alimentaria y la autonomía económica, ya que las familias campesinas dependen en gran medida de la producción familiar para subsistir. Un informe presentado recientemente por ENI Argentina en conjunto con el Programa SEDCERO, la Plataforma Semiáridos, el Programa Defensoras Ambientales y la UTT al Relator Especial de Derechos Humanos y Ambiente de la ONU, David R. Boyd, señala que la falta de acceso “repercute directamente en el acceso a una vida digna e influye en la decisión de permanencia o no de las familias en sus territorios”. Para acceder al agua, las familias pagan hasta ocho veces más que en las zonas urbanas y, cuando no disponen de los recursos económicos, deben caminar hasta 6 horas diarias para conseguir el agua para consumo de fuentes no seguras. Las mujeres suelen ser las principales responsables de la administración y acarreo del agua en las zonas rurales, por lo que la falta de acceso al agua potable se traduce en una sobrecarga de las tareas de cuidado y del hogar.

Otro de las grandes demandas de la convocatoria fue la sanción de una ley de reciclado con inclusión social.”Como movimiento cartonero nos sumamos a esta jornada de lucha tan especial entendiendo que nosotras, las mujeres cartoneras, somos actores esenciales en el cuidado del medio ambiente. Todos los días salimos a las calles para recolectar y separar residuos y evitar que estos materiales sean enterrados en los basurales a cielo abierto o en los rellenos sanitarios”, dijo a LatFem Tatiana Pizzarelli, promotora ambiental del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE). Tatiana tiene 31 años y hace 5 es promotora ambiental, pero lleva muchos años más como cartonera. Fue parte del Tren Cartonero, un servicio ferroviario que funcionó entre 2001 y 2008 para llevar a lxs recolectorxs de residuos desde la Ciudad de Buenos Aires al conurbano bonaerense. Tras la reglamentación de la Ley de Basura Cero en la Ciudad, las mujeres cartoneras del MTE crearon el Programa de Promotoras Ambientales, la primera política pública con perspectiva de género para el sector que gestionan junto con el gobierno porteño. “Nosotras pudimos acceder a tener esta oportunidad de trabajo, pero también es una elección de vida. Hoy ser promotora ambiental es ser la cara visible de mi sector, tiene que ver con poner en valor el trabajo que nosotras venimos haciendo desde hace muchos años y desde ese lugar nos sumamos a esta lucha por el cuidado del ambiente”, aseguró Tatiana.

La nueva marea verde

Desde aquel llamado de Greta Thunberg a la movilización internacional contra el cambio climático, en 2018, a la irrupción de Jóvenes por el Clima en la escena local, en 2019, les jóvenes ambientalistas lograron instalar la agenda ambiental en el debate público y se convirtieron en un nuevo sujeto político que ya no puede ser silenciado. Si Ni Una Menos logró masificar y renovar al movimiento feminista, podría decirse que el gran triunfo del ambientalismo joven es haber logrado la articulación de la militancia urbana con las organizaciones sociales, campesinas e indígenas que tienen una larga tradición de lucha y resistencia contra el extractivismo en sus territorios. Estudiantes, campesinxs, indígenas, trabajadorxs de la economía popular, organizaciones de base y científicxs  se unieron este 22 de marzo en una masiva movilización que llenó las calles del Congreso hacia Plaza de Mayo y que se replicó en más de 20 puntos en todo el país. La jornada podría marcar un antes y un después para el movimiento.

“Lo que estamos haciendo hoy es retomar la construcción de una marcha plurinacional que empezó a hacerse hace un año y medio y se suspendió por la pandemia, y que tiene como eje la defensa del agua en la Argentina. En el medio pasaron muchas cosas, entre ellas el incendio sistemático de casi un millón de hectáreas en nuestro país durante el tiempo de cuarentena y otras 40.000 hectáreas en Chubut durante los últimos días. Por eso, las organizaciones socioambientales que convocamos a la marcha de hoy decimos articular nuestros reclamos alrededor del eje extractivista”, dijo a LatFem la politóloga y fundadora de Extinction Rebellion (XR) Argentina, Flavia Broffoni. “Profundizar la megaminería, profundizar el agronegocio, profundizar la extracción de combustibles fósiles no va a hacer más que seguir profundizando la desigualdad y la pobreza en un contexto en el que la crisis ecológica y climática es la arena sobre la cual construir política pública. Entonces, coincidimos en estas reivindicaciones que se sostienen en el NO, pero desde un lugar propositivo. Proponemos repensar el perfil productivo de nuestro país con coherencia frente a la situación de emergencia en la que nos encontramos”, detalló. 

La activista señaló el vínculo entre patriarcado, capitalismo y extractivismo. “El patriarcado consolidó un sistema de valores hace cientos de años del que el capitalismo supo aprovecharse muy bien. No es el único modelo de organización económica y política, claro, pero sí es el modelo que ha sabido aprovechar los valores del patriarcado y encarnar en el machismo opresor las herramientas necesarias para poder saquear la naturaleza con el mismo protocolo que se aplica en el saqueo y la explotación de nuestros cuerpos. Más allá de las sistematizaciones teóricas, hay una intuición y un conocimiento ancestral que hoy también se evidencia en lo empírico en donde patriarcado y capitalismo van por la misma vía y nunca vamos a poder deshacernos ni de uno ni del otro sin cuestionar profundamente las bases de extracción y saqueo de eso que llamamos la naturaleza”, aseguró.

Cantos, bailes, glitter, colores y un mismo deseo: construir un futuro con vidas dignas de ser vividas. La nuevas generaciones de ambientalistas se reconocen feministas y en sus movilizaciones toman muchos de los elementos de esa marea verde que logró conquistar el derecho al aborto en la Argentina y empujar el debate en toda la región. “Creo que hay un es vínculo muy profundo entre feminismo y ambientalismo que tiene que ver con la lógica de los movimiento y el protagonismo de la juventud como sujeto político, pero también desde un lugar teórico porque la subordinación del hombre sobre la naturaleza tiene su correlato con la subordinación del hombre hacia la mujer. Y, más aún, desde lo material porque las desigualdades ambientales profundizan las desigualdades sociales y de género, y la injusticia ambiental repercute con más fuerza sobre las mujeres, ya sea por el aumento de las tareas de cuidado que implican las catástrofes ambientales como por la feminización de la pobreza que hace que el impacto económico de las catástrofes ambientales repercuta con más fuerza en las feminidades”, reflexionó Mercedes Pombo, de JOCA.

Falsos debates y falsas soluciones

Mientras avanza una narrativa cancelatoria del ecologismo y en las redes sociales se habla de una tensión entre ambiente y desarrollo, activistas y especialistas aseguran que se trata de un falso debate. “En Argentina no hay ninguna tensión entre ambiente y desarrollo. No es que Argentina es un país subdesarrollado o que no tiene el desarrollo que se quisiera por tener limitaciones ambientales. Por el contrario, el fracking, la megaminería y el agronegocio se llevan adelante sin ningún tipo de limitación ambiental y aun así tenemos el 60% de lxs pibxs pobres”, aseguró Enrique Viale. “Es bastante complejo plantear eso y es peligroso también porque se empieza a estigmatizar a un sector y eso en las provincias, en los territorios, es sinónimo de criminalización, persecución o cosas aún peores. Eso es lo peligroso, no para nosotros que estamos hoy acá, en la Ciudad de Buenos Aires, sino para quienes están en Chubut peleando con su cuerpo”, advirtió. 

“Me parece que esta lectura de ‘ambientalismo bobo’ tuvo mucho que ver con esta falsa dicotomía entre ambientalismo y economía, entre ambientalismo y desarrollo, y que hay muchos sentidos comunes por desandar que son sumamente erróneos y que justamente son los que nos llevaron a la situación en la que estamos hoy: en una pandemia que tiene mucho que ver con el avance indiscriminado por sobre la naturaleza, con incendios intencionales, con el intento de instalar la megaminería en Chubut. Creo que en este contexto hablar de ambientalismo bobo es algo que no se sostiene”, agregó por su parte la joven militante Mercedes Pombo, quien señala la importancia de que el ecologismo sea “popular y latinoamericanista” y recupere las experiencias de lucha históricas en la región.

“Lo que veo es que es falso debate o un debate de la posverdad donde el extractivismo está buscando disfrazarse de desarrollismo progresista y en donde a los ecologistas se les posiciona en un lugar intransigente. Pero es aparentemente intransigente porque cada vez que invitamos a debatir a les representantes del extractivismo, son elles quienes se bajan de la parada. En cada una de las invitaciones que hacemos a debatir el modelo productivo del país, quienes hoy defienden el extractivismo fósil, minero y agroindustrial desaparecen así como aparecen después militando un desarrollismo que busca un crecimiento económico infinito. Lo que nosotros disputamos es el mismo concepto de desarrollo. ¿Qué es desarrollo? ¿Más dólares o más igualdad, bienestar y distribución de la riqueza?”, concluyó Broffoni.