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Los laberintos, techos y paredes de cristal que complejizan el acceso real que tienen las mujeres se ponen en evidencia cuando contrastamos quienes son las mujeres en mayor riesgo y cuales son las que están accediendo a las respuestas asistenciales. Ahí se evidencia que la política pública aún no llega a donde está la mayor necesidad, o al menos, no como es necesario.

La gripe parecia apoderarse de todo el hogar. En la guardia a les hijes les hicieron hisopado para analizar de qué se trataba, al padre le recomendaron un par de días de reposo y a la madre antibióticos e ibuprofeno. Es que claro, acá la “doble jornada laboral” no da descanso, no hay posibilidades de darle tregua al cuerpo y hay que estar en control. Así nos enseñan a cuidarnos y cuidarles. No vaya a ser cosa que nos enfermemos, porque a nosotras, las mujeres, ¿quién nos cuida?

Escenas cotidianas ponen en evidencia como los consumos de sustancias están instalados en nuestros hábitos de vida y como, muchas veces, no logramos problematizarlos. El consumo problemático de sustancias se suele asociar a las adicciones de drogas ilegales, sin embargo las sustancias que más consumimos les argentines son las legales (el alcohol, tabaco y psicofármacos). Las mujeres presentan, estadísticamente, consumos aún más elevados que los hombres justamente en estas sustancias y, como se trata de drogas legales, hay mayor grado de aceptación social y se perciben como menos riesgozas. 

Si se analizan las variables que arrojan los diversos informes del Observatorio Argentino de Drogas es posible observar que esta realidad cruza de igual manera a todas las clases sociales sin distinción de raza, etnia ni nivel socio económico; pero no así en los diversos niveles de actividad. A mayor nivel de estudios mayor población consumidora; a mayor carga horaria laboral rentada mayor población consumidora; y los datos muestran una correlación entre el nivel de actividad productiva y reproductiva con el consumo de sustancias. 

¿Cómo ve la sociedad a una mujer consumidora? 

Mientras que los consumos de sustancias para los hombres refuerzan los estereotipos de masculinidad, de fuerza, del “ser macho”; en el caso de las mujeres es absolutamente inverso. La mujer consumidora pasa a ser poco femenina, mala madre, menoscaba la que debe ser su propia identidad de género y pone a la mujer ante una doble estigmatización del ser mujer y consumidora.

Esta doble estigmatización complejiza el abordaje de estas situaciones, ya que la mirada del otre se presenta como una carga con la cual lidiar a nivel social, del sistema de salud, de su entorno afectivo, de los roles y de las misma identidad. Más aun en los casos de mujeres con hijes a cargo, siempre se hace presente el temor de perder la tenencia.

Consumos funcionales al sistema patriarcal

En la vida de las mujeres la etapa de la crianza es un momento de riesgo, ya que se genera una tensión entre las tareas reproductivas del cuidado; y las productivas y del desarrollo laboral/profesional. En esta etapa los consumos se presentan como una protesis de “ayuda” para el mejor cumplimiento  de sus roles reproductivos y productivos para así transitar el quehacer cotidiano de la “doble jornada laboral” en “control” y se instalan como habitos de vida que no se visualizan como problemáticos, ya que justamente, mejora la actividad y capacidad de respuesta.

También se presenta como momento de alto riesgo la partida de les hijes del hogar, principalmente en mujeres cuyo proyecto de vida ha estado centrado en la crianza, acá los psicofármacos se constituyen en una herramienta de sostén del sentido de vida que se incorpora y acompaña a las mujeres durante la vejez.

Si bien estas no son las únicas etapas ni razones de consumo de las mujeres, si es donde se denota un gran diferencial de consumo en comparación con los hombres. Esto nos evidencia como el consumo de sustancias, en muchos aspectos, puede ser funcional al sistema patriarcal, donde estos consumos vienen a “aliviar” la carga de los roles impuestos y la tensión de proyectos de vida de las mujeres. 

Acceso al tratamiento

El contexto social, la funcionalidad de los consumos, la invisibilización y los laberintos que las mujeres deben de atravesar para poder acceder a un tratamiento hacen que sean muy pocas las mujeres que abordan sus consumos problemáticos. Según datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNDOC) un tercio de les consumidores en el mundo son mujeres. De acuerdo a datos del Observatorio Argentino de Drogas, a nivel nacional sólo el 2% de las mujeres en situación de adicción buscó ayuda profesional, y el 62,4% de estas nunca llegó a realizar un tratamiento. 

De las mujeres que si realizaron tratamiento sólo el 25% aún lo continúa. Siendo que la mayoría de las mujeres que estuvieron o están en tratamiento pertenecen al grupo de 35 a 49 años de edad y son jefas de hogar sin niños a cargo.

Los laberintos, techos y paredes de cristal que complejizan el acceso real que tienen las mujeres se ponen en evidencia cuando contrastamos quienes son las mujeres en mayor riesgo y cuales son las que están accediendo a las respuestas asistenciales. Ahí se evidencia que la política pública aún no llega a donde está la mayor necesidad, o al menos, no como es necesario.

Los laberintos, techos y paredes de cristal que complejizan el acceso real que tienen las mujeres se ponen en evidencia cuando contrastamos quienes son las mujeres en mayor riesgo y cuales son las que están accediendo a las respuestas asistenciales. Ahí se evidencia que la política pública aún no llega a donde está la mayor necesidad, o al menos, no como es necesario.

Violencia y consumos

La violencia machista se ha instalado como tema y problema de agenda en los últimos años. Los feminismos han llegado a diversos ámbitos poniendo en evidencia una perspectiva pendiente. Es necesario dar respuestas articuladas ante las violencias machistas desde diversos espacios y sectores. En lo que respecta a consumo de sustancias nos encontramos ante complejas vinculaciones con casos de violencia, siendo que los consumos de las mujeres tienen una alta correlación con parejas también consumidoras. 

En un reciente informe el 7,6% de las mujeres refirió maltrato en su infancia y de estas cerca del 80% registra algún tipo de consumo el último año. Actualmente las mujeres consumidoras víctimas de violencia se encuentran en una situaciòn de alta vulnerabilidad y ausencia de respuestas que las protejan. Los refugios para mujeres víctimas de violencia no permiten el ingreso de mujeres en situación de consumo y los espacios de tratamiento por consumo dan respuestas a la problemática de violencia. Así los círculos de la violencia y consumo, sus rutas críticas en el acceso a la salud, parecen alimentarse y complejizar los abordajes.

Desafíos actuales

Las políticas públicas vigentes en materia de consumos tienen como organismo rector a SEDRONAR (Secretaria de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina). Durante la gestión de Cambiemos lo que hemos podido apreciar, en materia de consumo y género, han sido líneas de abordaje meramente enunciativas e insuficientes que han dejado en evidencia importantes desafíos en algunos aspectos que repasamos anteriormente en función de la información con la que actualmente contamos, y otros ejes que aún no han sido siquiera analizados.  

Pronto comienza una nueva gestión política que promete revitalizar las políticas públicas sociales y despierta esperanzas. Se necesitan medidas de corto plazo para dar respuesta las urgencias de la problemática, pero también el trabajo profundo e invisible de una real transversalización en materia de género y derechos humanos que responda a la complejidad de la problemática.

Es una deuda repensar el sistema médico hegemónico en relación desde una perspectiva de género y una concepción no binaria y, especificamente los consumos problemáticos de sustancias psicoactivas, en clave de género las razones del consumo, sus patrones, vinculaciones y roles en función del sistema patriarcal.

Queda aún pendiente trabajar la accesibilidad al sistema de salud teniendo en cuenta el transitar territorial de las mujeres tomando las lógicas de espacios de intervención, las rutas críticas de salud de las mujeres y diversidades, los espacios, posiciónamientos en cuanto a los roles de cuidado y las brechas en la auto percepción del cuidado. Precisamos pensar la prevención desde una perspectiva de género también abordando las causas que generan los consumos problemáticos de sustancias psicoactivas considerando la incidencia del patriarcado en términos de consumo, roles de género y consumo de sustancias psicoactivas.  

*Licenciada en Organización y Dirección Institucional (UNSAM), Diplomada en Gestión y Control de Políticas Públicas (FLACSO) y Maestranda en Género, Políticas y Sociedad (FLACSO).