Rosario arde: quiénes están detrás de la destrucción de los humedales

Los incendios en Rosario son intencionales: hay empresarios que quieren esas tierras, a pesar del desastre ambiental que ocasionen. El extractivismo es así, avanza en la extracción o el agotamiento de recursos naturales para venderlos en el mercado. El ecofeminismo viene señalando la matriz patriarcal de ese modelo de desarrollo. Además, en este caso es un delito y hay causas judiciales abiertas en tres jurisdicciones para determinar las responsabilidades penales en las quemas. Tras años de inacción y abandono, vecinxs y organizaciones ambientalistas tienen expectativas en el trabajo del Plan Nacional de Manejo del Fuego, articulado por el ministerio de Ambiente de la Nación y los gobiernos provinciales, y esperan que sea un primer paso para reactivar el PIECAS, un programa que busca proteger y conservar el Delta del Paraná.

Las imágenes son impactantes: el rojo del cielo no es por el atardecer, son llamas, y un humo negro e intenso las sobrepasa e inunda las costas del río Paraná. Podría ser una escena de Apocalipsis Now, pero lo que arde es el Delta de ese río, que se extiende sobre las provincias de Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires. El fuego ya registra más de 4 mil focos y la situación es de extrema gravedad: según estimaciones de la secretaría de Protección Civil de Santa Fe, en lo que va del año ya se quemaron 500.000 hectáreas de islas. Vecinos y ambientalistas exigen una respuesta urgente y apuntan a la necesidad de una Ley de Humedales. Pero, ¿qué son los humedales y por qué es necesaria una ley que los proteja?

“Un humedal es una zona de tierra generalmente plana que está cubierta de agua, ya sea de manera permanente como temporaria. Hay todo tipo de humedales en el mundo y Argentina no es excepción. Tenemos humedales a lo largo y ancho de todo el país y de todo tipo: desde el Paraná hasta los salares de la Puna”, explica Ana Di Pangracio, abogada especializada en Derecho Ambiental y Directora Ejecutiva Adjunta de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN).

En Argentina se estima que el 21% del territorio nacional está cubierto por humedales, muchos de ellos en proceso de degradación y desaparición. Es por eso que desde FARN, junto a otras organizaciones ambientalistas, impulsan una Ley de Humedales nacional que permita proteger estos ecosistemas en todo el país, entendiendo su valor biológico y social, y que se trata de grandes aliados en la lucha contra el cambio climático ya que tienen un rol clave en el control de las lluvias e inundaciones y almacenan más carbono que ningún otro ecosistema. El Congreso nacional tuvo dos oportunidades de sancionar una ley de presupuestos mínimos para la protección ambiental de los humedales, pero el lobby empresarial fue más fuerte. “En 2013 la ley fue aprobada por unanimidad en el Senado, pero luego fue trabada en la Cámara de Diputadxs por presión del lobby agroindustrial. En 2015, al lobby agroindustrial se sumó el del sector minero, interesado en la explotación del litio en los humedales de la Puna”, recuerda Di Pangracio.

Según datos del Informe Ambiental 2020 de FARN, se estima que el 87% de los humedales que había originalmente sobre la Tierra han desaparecido y si bien en Argentina no tenemos datos precisos sobre su nivel de degradación, sí sabemos que los humedales están en emergencia. “Esta situación se debe a que generalmente son vistos como tierras de descarte, como pantanos que tienen que ser dragados, rellenados y destinados a otros usos como el desarrollo inmobiliario, la agricultura y la ganadería”, analiza la especialista.

Justamente ese desarrollo parecería ser la mecha que inició el fuego en el Paraná. Según denunció Gabriel Fuks, secretario de Articulación Federal del Ministerio de Seguridad de la Nación, la mayoría de los incendios desatados este año en la zona son intencionales y están relacionados con la expansión de la frontera agropecuaria en territorios no convencionales. El mismo sector empresarial que impidió la sanción de una ley que proteja los humedales, hoy está en la mira por provocar los incendios en el Paraná.

Las quemas de pastizales en las islas tiene múltiples impactos: al daño de la biodiversidad, la pérdida de flora y fauna y el empobrecimiento de los suelos, se suma la contaminación del agua y el aire —un factor que impacta directamente sobre la salud— y el aumento de las emisiones que generan el cambio climático. “Hay que remarcar que el cambio climático afecta sobre todo a los sectores más vulnerables, por lo que si realmente se quiere protegerlos, hay que trabajar para combatir y mitigar el cambio climático”, señala Di Pangracio.

Vecinxs en defensa de los humedales

Pablo Cantador es fotógrafo de naturaleza y vive en Rosario. Desde 2012 forma parte de “El Paraná no se toca”, un grupo de vecinxs autoconvocados que se organizó para defender el Delta. “En ese momento, hubo un proyecto para arrendar todo el humedal fiscal de Entre Ríos por 100 años a grupos privados para hacer arroceras. Eso iba a ser la destrucción del humedal por completo, así que nos organizamos, hicimos varias movilizaciones y logramos frenar ese proyecto. Desde entonces seguimos trabajando en el cuidado del río”, cuenta. Pablo denuncia que en los últimos años hubo un gran avance de empresas privadas dedicadas a la pesca, la ganadería y el desarrollo inmobiliario sobre los humedales, y que esa actividad se intensificó desde el comienzo del aislamiento social, preventivo y obligatorio en el marco de la pandemia de COVID-19.

“Es algo que veníamos denunciando las organizaciones ambientalistas de la zona sin ningún tipo de respuesta. Ya hemos perdido una gran cantidad de arroyos y lagunas dentro de las islas, porque se construyen terraplenes dentro de los humedales —algo que está prohibido— para abrir los campos para la ganadería. Esto generó que esos arroyos y lagunas del humedal se empezaran a secar. En otros momento en que hubo incendios, el propio humedal actuaba como cortafuegos. Hoy podés caminar kilómetros dentro de la isla sin agua y el fuego es incontrolable”, cuenta Pablo, quien como fotógrafo acompañó a lxs brigadistxs que están luchando contra los incendios.

Foto: Franco Trovato Fuoco.

Este sábado 1 de agosto, en el Día de la Pachamama, Pablo fue uno de lxs miles de vecinxs que se participó de la masiva caravana y corte en el puente que une Rosario con Victoria para exigir el fin de las quemas y la sanción urgente de la Ley de Humedales. “Fue una movilización muy masiva, a pesar del contexto que estamos viviendo por la pandemia. Fue muy importante ver que esta vez no fuimos solo las organizaciones ambientalistas, sino que también estaba el ciudadano común, que quería mostrar su reclamo y pedir que se frenen los incendios. Había familias enteras, ciclistas, ambientalistas, organizaciones sociales, periodistas, una gran diversidad de nuestra sociedad que se acercó para decir basta”, cuenta. “Creo que llegamos a una situación en la que ya nadie puede mirar para otro lado. En Rosario estos días no se podía ni abrir las ventanas porque había tanto humo que realmente era imposible respirar. Creo que esto nos hizo darnos cuenta de que estamos recorriendo un camino hacia el abismo y si seguimos así no queda otra que caer. Por eso celebro que se esté tomando conciencia y hayamos sido tantxs el sábado”, concluye el referente de El Paraná no se toca.

Por una ley de humedales con perspectiva de género

Uno de los puntos centrales de la Ley de Humedales tiene que ver con la puesta en valor de “los roles, contribuciones y conocimientos de las mujeres en defensa de los humedales, que atienda sus necesidades específicas y respete sus derechos”. “La Ley debe contener disposiciones que aseguren diversidad de género con participación activa y efectiva en procesos de toma de decisión. Por otro lado debe promover: la obtención de datos desagregados por género, materiales de comunicación género responsivos, apoyo a iniciativas que empoderen a las mujeres como agentes de cambio, capacitaciones de autoridades competentes sobre género y el respeto a normativa nacional e internacional sobre género en el marco de la implementación de la Ley de Humedales”, detalla el sitio de la propuesta.

La incorporación de la perspectiva de género en la legislación ambiental no es casual. El cambio climático nos afecta a todxs, pero tiene un impacto diferenciado sobre las mujeres y las niñas, quienes soportan las peores consecuencias de las crisis ambientales, económicas y sociales. Según un informe elaborado por ONU Mujeres, son quienes se enfrentan a mayores riesgos de salud y seguridad cuando los sistemas de agua y saneamiento se ven comprometidos; y asumen una mayor carga de trabajos domésticos y de cuidado cuando deja de haber recursos.

Valeria Enderle es abogada y magíster en Derecho Ambiental y Urbanismo, especialista en Derecho Ambiental y Tutela del Patrimonio Cultural y Directora Ejecutiva de la Fundación CAUCE: Cultura Ambiental – Causa Ecologista, una de las organizaciones que impulsa la Ley de Humedales. Para la especialista, la marea feminista que revolucionó nuestro país en los últimos años también permitió incorporar la agenda ambiental en el debate público. “Creo que hoy es un momento oportuno para impulsar la ley porque hay un ecosistema que está literalmente en llamas, pero también porque hay un movimiento ciudadano mucho más fuerte que apoya estas iniciativas. La Ley de Presupuestos Mínimos de Cambio Climático, por ejemplo, salió por una fuerte presión de lxs jóvenes. El movimiento feminista y ecofeminista, y la posibilidad de relacionar las violencias machistas con las violencias hacia la naturaleza, permitieron instalar en la agenda pública la problemática ambiental”, analiza.

“Desde CAUCE tenemos esta visión ecofeminista e intentamos profundizar cotidianamente sobre el vínculo entre machismo y extractivismo. Entendemos que así como muchas veces no se valoran los beneficios que nos trae la naturaleza, tampoco se valoran las tareas de cuidado que realizamos las mujeres y, sobre todo, las tareas de las mujeres rurales y campesinas en relación a la protección de la biodiversidad, el cuidado de las semillas y la soberanía alimentaria. Hay toda una cadena de cuidados que está invisibilizada en relación al trabajo en las huertas y la alimentación de la familia y, por ende, es un trabajo que no se reconoce como tal”, explica y señala el desafío de abordar el feminismo y el ambientalismo de manera integral en los territorios.

Para Enderle, los incendios que vemos hoy sobre el río Paraná son el resultado de años de desprotección. En ese sentido, la abogada recuerda que en 2008, cuando también hubo grandes incendios en la zona, se creó el Plan Integral Estratégico para la Conservación y el Aprovechamiento Sostenible del Delta del Río Paraná (PIECAS) que establecía acciones y lineamientos a seguir para proteger ese humedal. Pero actualmente ese plan está inactivo y desde 2014 el comité que debía aplicarlo ni siquiera se reúne. “Hoy, a partir de los incendios, todas las autoridades se acordaron de que existe el Delta, pero lo que ahora se ve allí es el resultado de años de inacción. Son años de no hacer nada pese al reclamo permanente de las organizaciones”, concluye la especialista.