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No es spoiler: esto sucede en los primeros minutos del primer capítulo. Levy - Aniston- se desayuna con la noticia del despido de su compañero de fórmula y se le llena la mente de sensaciones encontradas. Está enojada, decepcionada, pero también se siente triste y abandonada. Al fin y al cabo, Mitch es el hombre con el que pasa más horas de su vida, más que su marido.

El noticiero de la mañana empieza temprano, mucho más temprano de la hora en la que sale al aire. Sus conductores y la producción amanecen antes del día, varias horas antes, para preparar el programa, establecer criterios de prioridad, reforzar la producción. Pero una mañana todo empieza más temprano todavía. Los teléfonos suenan antes que el despertador y ni siquiera son las 5 de la mañana. La noticia es fresca: el conductor fue despedido. A partir de hoy mismo, queda fuera de pantalla. 

TMS (The Morning Show) tiene ese nombre genérico lo convierte inmediatamente en un clásico: es El noticiero de la mañana, el único, o más bien el hegemónico, el que todxs miran y a través del cual se enteran del estado de las cosas en el mundo. Una visión recortada y parcial, como es siempre, de la realidad. La dupla que conduce desde hace años, mujer y varón que se complementa y conoce al dedillo, se rompe de golpe, como esos matrimonios que se separan tras 20 mil años de casados y nadie entiende nada. La que menos entiende es Alex Levy, la mujer del dúo, interpretada impecablemente por Jennifer Aniston. 

No es spoiler: esto sucede en los primeros minutos del primer capítulo. Levy - Aniston- se desayuna con la noticia del despido de su compañero de fórmula y se le llena la mente de sensaciones encontradas. Está enojada, decepcionada, pero también se siente triste y abandonada. Al fin y al cabo, Mitch es el hombre con el que pasa más horas de su vida, más que su marido.

 

No es spoiler: esto sucede en los primeros minutos del primer capítulo. Levy – Aniston- se desayuna con la noticia del despido de su compañero de fórmula y se le llena la mente de sensaciones encontradas. Está enojada, decepcionada, pero también se siente triste y abandonada. Al fin y al cabo, Mitch es el hombre con el que pasa más horas de su vida, más que su marido. 

El hervor estalla cuando se destapa una olla así en el lugar de trabajo. ¿Qué pasa cuando el denunciado es un amigo, alguien cercano, una persona a la que nos da pena perder pero de la que tampoco queremos seguir cerca si tiene conductas abusivas? La serie despliega todas esas preguntas y algunas más: ¿Cuántos realmente desconocían por completo lo que pasaba en los camarines, cuánto  los sabían lxs compañerxs de trabajo sobre lo que estaba pasando? ¿Cuánto se hicieron lxs distraídxs? ¿Cuánto de lo que pasaba en la trastienda del programa era considerado parte de los mecanismos habituales?

Sobre esta última cuestión se desarrolla la trama de la serie. En pleno escándalo por las denuncias al productor Harvey Weinstein, mientras el abusador serial de Hollywood aparece en las pantallas que cubren la cadena de noticias, el capo del multimedio organiza una investigación interna para saber cuánto del entorno está o no involucrado con los abusos. Trata de generar una ilusión de transparencia. A ese ambiente que genera las condiciones de posibilidad para la violencia machista ellxs lo llaman “culture”. Es la serie de hábitos y costumbres que existen en una sociedad. Y si bien no usamos la traducción literal para referirnos a un ambiente de trabajo, es un término preciso para pensar la manera en la que la cultura traslada sus mecanismos a todas partes. 

Jennifer Aniston vuelve a protagonizar una serie desde que terminó Friends en 2004 y lo hace como una estrella, pisando firme en el terreno menos explorado por ella hasta ahora de la ficción dramática. Con los pantalones bien puestos -elegante, sexy, a los 50- su personaje Alex Levy toma el timón del programa y decide contar ella misma y a cámara los motivos por los que su colega fue removido del puesto. Decide también quien será su nueva coequiper: Reese Witherspoon es Bradley Jackson, notera de un canal menor que cobra cierta notoriedad por darle micrófono a lxs trabajadorxs en una protesta de mineros. 

Las tensiones entre ellas aparecen pronto, pero también la sororidad. Acá nada es blanco ni negro, es todo sobre los grises de las relaciones interpersonales en la era del MeToo. Ahora al noticiero lo conducen dos mujeres y se habla de aborto y de acoso. Los matices aparecen, por ejemplo, en una charla de Mitch (Steve Carell), el periodista despedido, con otro acusado de abuso. Se sienten hermanados, en la misma, pero en un momento Mitch se desmarca: vos sos un depredador, yo no. Estamos hablando de grados, de intensidades, en el espectro de situaciones que se contemplan como acoso o abuso. El acusado se siente bombardeado, pero sobre todo está en guerra consigo mismo.  

La serie es una conversación con las víctimas y con el movimiento feminista. Una conversación honesta que pone a flor de piel las contradicciones que nos habitan. ¿Cuánto comportamiento inapropiado constituye abuso? ¿Qué es legítimo denunciar? ¿El botón automático que traba la puerta del camarín es la trampa del cazador? Ese botón sorpresa que deja a la víctima encerrada en un espacio seguro para el ataque es una de las pruebas que se reveló en el caso contra Matt Lauer, ex conductor de Today, un noticiero equivalente a lo que en la ficción representa TMS. Justamente, fue su co-conductora Savannah Guthrie quien se ocupó de comunicar la noticia del despido de Lauer al aire. Cualquier similitud puede ser o no pura coincidencia. 

La tensión de la serie no cae porque en cada capítulo emergen más y más capas de mugre de abajo de la alfombra. Una cosa queda clara y son las enormes batallas que enfrentan las mujeres (ni hablar de diversidades que ni siquiera aparecen) en los espacio de trabajo. Otra cuestión queda planteada como pregunta: ¿El sistema de denuncias por abuso sexual llegó demasiado lejos? Entrar en ese territorio es mucho más comprometido: en la serie, algunas de las denuncias son acerca de situaciones que caminan por el filo de la cornisa del consentimiento. No es no, de eso no hay dudas. Pero cuántos encuentros sexuales se dan en la nebulosa de la confusión que envuelve dejar hacer, relaciones de poder, sentirse empoderada, sentirse horrible. The Morning Show arriesga esas dudas y deja suspendidas las respuestas. Por eso vale la pena verla. 

¿Cómo conciliar el aprecio que una le tiene a alguien con la revelación de que esa persona se comportó mal? No sé la respuesta. Pero sí sé que este período de reflexión por el cual tantas organizaciones están atravesando es importante, es algo que debió ocurrir hace tiempo y al final tenemos que tener espacio de trabajo donde todas las mujeres, todas las personas, se deben sentir seguras y respetadas, dijo en ese momento Guthrie. No sabemos la respuesta. Pero este movimiento tectónico que sacude las relaciones y pone a la luz grietas históricas está pasando ahora.