La virgen de la tosquera: amarres, crisis y gótico conurbano

En La virgen de la tosquera, película de Laura Casabé que sostiene ya casi un mes en cartelera, el terror es la realidad. El cambio de milenio en el que se ubica resuena perfecto con nuestro presente. Crisis, agobio y una juventud que no ve futuro posible. Basada en dos cuentos de la escritora argentina Mariana Enriquez, La virgen fascina y emerge del pantano en el que se hunden las políticas para la cultura y el cine del gobierno de Milei para brillar en el mundo.

Fotos: Gentileza prensa La virgen de la tosquera

“Cuando no hay futuro/ ¿cómo puede haber pecado?/ Somos las flores en el tacho de basura”, escribió John Lydon, en 1977. Cuando lo escribió, era Johnny Rotten, cantante de los Sex Pistols. Este poema generacional habla del presente. También del pasado inmediato. Y del momento en que fue escrito. Es la letra de una canción, en realidad. Se llama “God Save the Queen” y repite, como mantra que taladra, “No future”, lema nihilista que recorre la historia de las juventudes desde hace medio siglo. Está en el álbum Never Mind the Bollocks, que también es un concepto al hueso, que quiere decir “No te preocupes por idioteces”. 

Hay algo más trascendental por lo que preocuparse. No hay futuro. Pinta tu aldea y pintarás el mundo, dicen que dijo Leon Tolstoi. Eso hace, con el mismo efecto constructivamente punk, La virgen de la tosquera, la película de Laura Casabé basada en dos cuentos de Mariana Enriquez: el homónimo y “El carrito”, ambos de Los peligros de fumar en la cama, el primer libro de relatos de la autora, publicado originalmente en 2009. Contra todo pronóstico sin futuro en la coyuntura actual, igual que la obra literaria —que pasó de ser un inconseguible de culto a tener 54 ediciones y estar traducido a más de 16 idiomas—, la película permanece en salas de cine argentinas desde su estreno comercial el 15 de enero y hasta en una mexicana, desde el 22. 

Es un éxito. De público. Y de potencia de trabajo. Contra viento y marea. ¿Es porque Mariana Enriquez es súper popular y tiene fandom que la sigue a todas partes, como a una estrella de rock? Sí. Pero sólo eso no hubiera alcanzado para la proeza. La virgen de la tosquera es una coproducción argentina, mexicana y española financiada íntegramente por fondos públicos de los tres países. Los locales vienen del INCAA y del Cash Rebate de la provincia de Mendoza. ¿Es un milagro sobrenatural, entonces? Sí. Pero también es porque se realizó en 2023. 

¿Por qué es relevante la fecha? Sin el fondo del INCAA no se podría haber hecho. El aporte se llama modalidad de Audiencia Media. Es un fondo de fomento que proviene del 10 por ciento del valor de las entradas de cine, y que está en riesgo desde la asunción de Milei a la presidencia. Las políticas públicas actuales hacen que La virgen de la tosquera sea tal vez la última película en mucho tiempo con autonomía, ergo: posibilitada de tratar temas que el poder preferiría que se archiven.

¿Y qué querría archivar ahora el poder? Bueno, eso por lo que hay que preocuparse, en lugar de las idioteces. Por ejemplo, el loop eterno en donde la juventud vive un constante No future. Argentina, verano de 2001. Esa es la geografía, que no adapta los dos relatos de forma lineal, los fusiona. Casabé, desde la realización impecable, y Benjamín Naishtat, en el guión que excede y se escapa de cualquier definición de género, parten de esas historias, las hacen su aldea y pintan el mundo.

“Después de todas los intentos que hubo de definirla, si es terror, si es coming of age, si es un híbrido de ambos, creo que lo más interesante de la película es que no habría que definirla en un género.”

Laura Casabé

Lo muestran en una adolescencia sin futuro. Son el pasado de los adultos de hoy, que fueron flores en el tacho de basura y ya perdieron hasta eso. En lo que subyace, en el sabor que deja en boca después de salir del cine, queda una charla posible con la juventud actual, que está en el loop de la flor en el tacho de basura. Hay una llamada, que podría ser chispa y llama, para pensar en lo importante. También apela a millennials, a la Generación X, para que no caigan otra vez en el aturdimiento.

Pero eso subyace. Porque no baja línea, no panfletea. Es una película atrapante, incómoda, entretenida, horrible en su belleza. Lo cuenta desde el calor, pesado, sofocante. Con esa violencia embrionaria en los pequeños derrumbes de la vida cotidiana. En eso que palpita la caída total, anticipa el fin de un ciclo, gesta la explosión.

“Después de todas los intentos que hubo de definirla, si es terror, si es coming of age, si es un híbrido de ambos, creo que lo más interesante de la película es que no habría que definirla en un género. La han calificado de todas formas y creo que justamente en esa idea de que no pueda clasificarse en ningún lado es donde reside, para mí, su potencia”, dice Casabé, en una charla con LatFem. La directora la piensa como una “fábula”, ensaya, casi pregunta, y cuenta: “Han dicho thriller, horror social y hasta terror hormonal”. Se ríe. 

Foto: Gentileza prensa La virgen de la tosquera

En la película La virgen de la tosquera, el horror  —como en el universo literario de Enriquez— no surge de lo fantástico o sobrenatural, sino de lo social. Natalia (una hipnóticamente brillante Dolores Oliverio) recorre un camino que empieza en la fragilidad y termina en la furia. Es virgen, hermosa, se ve horrible. Gusta de Diego (Agustín Sosa), que es parte del cuarteto histérico y fraterno que comparten con Mariela (Candela Flores) y Josefina (Isabel Bracamonte), dos personajes y actrices sobre las que se podría escribir toda otra nota entera. Pero no es ideal ahora irse tanto por las ramas.

Diego se interesa por Silvia (Fernanda Echevarría), más grande, moderna, canchera. Todo se tambalea. Se va pudriendo, como el carrito del linyera al que molieron a golpes los vecinos del barrio, frente a la casa de Rita (la española Luisa Merelas), abuela y tutora de Natalia. Ese hedor, la descomposición literal que primero espían y luego naturalizan por la ventana, de alguna forma tiñe todo. A las chicas, la familia, la amistad, los vínculos. 

La protagonista no es necesariamente una heroína. Empatizar con ella es una situación como mínimo incómoda. Pero igual sucede. Y eso incomoda más. La mueve el deseo, que ella convierte en humillación y rivalidad. La violencia está, como la de la coyuntura, latiendo debajo de cada una de las acciones más pequeñas, en lo que aparentemente no importa. Como sacarle plata a la jubilada para comprarse un pantalón, o colarse en la fila para recolectar agua. Todo lo que es desinteresarse del destino, propio y ajeno.

No es una película de género terror porque el miedo es lo real. No es un coming of age porque el recorrido de Natalia no es hacia la redención. Es un poco las dos cosas y algo más. Para sumar a la lista de Casabé, de todo lo que no es, pero se aproxima, va otra definición: gótico conurbano.

¿Quién es esa chica?

Laura Casabe tenía 20 años en 2001, apenas un poco más que Natalia. Ese ambiente, el mundo que retrata en la película, es el suyo. Pinta su aldea con precisión informada de recuerdos de primera mano: el cyber, el chat de ICQ, el collarcito choker negro de plástico, la música, el boliche cool, Susana Gimenez en la tele como posible salvación si llama y se atiende diciendo “Hola, Susana”.

Casabé es, ante todo, una directora de cine integral.  Estudió Diseño de Imagen y Sonido en la UBA. Se formó con Emir Kusturica y cursó guión en la New York Film Academy NYFA. No se considera guionista, dice que no tiene “estudios académicos”, pero sabe hacerlo. Lo ha hecho. Entre sus trabajos en la parte de escritura de películas, en colaboración, están sus más de 50 cortos, varios premiados, entre otros La vuelta del Malón, sobre un grupo de ranqueles zombies, ganador del premio del público en la noche del Corto INCAA 2011. También, en su versión largometraje Los que vuelven, de 2019, y en la adaptación del relato de Samanta Schweblin “La valija de Benavidez”, estrenada en 2017.

Fue camarógrafa, es una lectora ávida (“antes que todo en mi vida estuvo la literatura”, dice) y tiene un ojo tan peculiar como especial para el terror. O para el cine de género. Y desde ahí, para desarmarlo y hacer algo nuevo. Eso pasa con La virgen de la tosquera, que tiene un recorrido tan esplendoroso como el de su directora. Fue la única película latinoamericana seleccionada en la competencia principal de Sundance 2025, ganó Mejor Fotografía en el Festival de Sitges, obtuvo una Mención Especial del Jurado en el Leeds International Film Festival y fue multigalardonada en BAFICI.

Foto: Gentileza prensa La virgen de la tosquera

Todo empezó hace tiempo, cuenta Casabé, con un deslumbramiento que tuvo al leer Los peligros de fumar en la cama, cuando era un libro inconseguible, y antes de la consagración internacional de Enriquez con su novela Nuestra parte de noche, en 2019. Así que La virgen de la tosquera es, también, la primera obra cinematográfica de uno de sus libros.

“Esos relatos me quedaron dando vueltas en la cabeza. “El carrito”, más que nada, muchísimo. Y cuando retomé el libro, ya con la idea de pensarlo visualmente, como lo había imaginado, lo recorrí completo otra vez y me reencontré con “La virgen de la tosquera”. En simple: son dos cuentos que me parecen increíbles en términos de construcción de mundo, de personajes. Y me dieron ganas de ampliar todo ese universo. Es un material muy cinematográfico, que me pedía a gritos ser película”, explica.

Cuando no hay futuro, ¿cómo puede haber pecado? De eso también se trata La virgen de la tosquera, que invita a salir un poco del tacho de basura. Que no vuelva el No future, que la incomodidad, o el arte, o ambos, sigan ayudando a despertar un poco.

Sin embargo, esta vez no quiso ser parte del guión: “Fui más sincera conmigo y reconocí que el trabajo de la escritura no es algo que disfrute. Me demanda mucho emocionalmente. A mí lo que me gusta es el set, la puesta de cámara y el trabajo con los actores. Así que en este caso, y probablemente en adelante, dejé el guión en otras manos. Me gusta mucho trabajar con otros. Y fue por eso que el guión lo hizo Benjamín”. 

El trabajo de Naishtat —coautor y codirector de la celebrada Puan (2023)— sigue y expande esa idea que deslumbró a Casabé en el inicio. Y de alguna forma, ella termina de escribir la historia desde las áreas que dice son sus preferidas. Las actrices y actores, desde la protagonista bestialmente rutilante, hasta el rol más pequeño, como la vecina obsesionada con el carrito o el novio de la abuela (Dady Brieva), todos y cada uno están impecables. La música (Pedro Onetto), la fotografía (Diego Tenorio), cada cosa que pasó en el set y luego en montaje (Miguel Schverdfinger y Anita Remon) terminaron de escribir la historia. 

Foto: Gentileza prensa La virgen de la tosquera

Por eso La virgen de la tosquera se hizo espacio a codazos en las salas de cine. Empezó con el peor horario en el Gaumont, al mediodía. La cuenta de X (@virgentosquera), que es tan política como informativa y graciosa, fue acompañando al fandom, que empezó siendo el de Enriquez y lo excedió. El público pedía otros horarios. La cosa creció de boca en boca. La directora fue a varias salas la semana del estreno al final de las funciones (a veces llegó tarde porque se le demoró el colectivo, pero ahí estuvo) para charlar con las y los espectadores.

La difusión publicitaria original, como carritos y vírgenes fuera de los cines, colaboró. Fue divertida, impactante, viralizable. También las ideas en redes, con posts que cuentan qué es un amarre, o la traducción al mexicano del argentino. Y más. Durante enero, la concurrencia general a las salas cayó un 23 por ciento y fue la peor en casi un cuarto de siglo. En esa coyuntura fue que esta película argentina cero pochoclera, sin Francella, rara, hermosa, se hizo lugar. “La virgen de la troskera”, bromean en X, y desde la cuenta sale la respuesta con el póster en versión soviet y un disclaimer: “Estamos esperando guita del incaa para producirla (no llegaba nunca)”. 


Cuando no hay futuro, ¿cómo puede haber pecado? De eso también se trata La virgen de la tosquera, que invita a salir un poco del tacho de basura. Que no vuelva el No future, que la incomodidad, o el arte, o ambos, sigan ayudando a despertar un poco. Que la juventud exceda la experiencia del chat y vaya al cine ya es algo. Un deseo: que estalle la furia con todas sus contradicciones. Y un “ya que estamos”, para cerrar. Aunque no esté explorado en la trama, que al menos la mención de una tosquera, en una película que mueve público, lleve también a pensar sobre su peligrosidad real. Un deseo para pedirle a la virgen, que al menos la de Casabé los cumple.