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Según ONU Mujeres, en 2017 en América Latina y el Caribe 16 países tipificaban el feminicidio o el femicidio. En tanto que algunos otros no utilizan femicidio ni feminicidio pero sancionan diferenciadamente y de manera agravada los homicidios de mujeres por razones de género. La información oficial para 19 países de América Latina y el Caribe muestra un total de 2559 mujeres víctimas de este delito en ese año. Si a estos se suman los datos de otros 4 países de la región que sólo registran los cometidos a manos de la pareja o expareja de la víctima, este número asciende a 2795 mujeres muertas por femicidio.

Leidy García Lugo habla por celular con Magda, su mamá. Es sábado 30 de marzo de 2019 por la mañana y acaba de terminar su servicio de guardia en un hospital de la ciudad de Santa Clara, en la provincia de Villa Clara, Cuba. Tiene 21 años, estudia Medicina y pasó la noche allí. Camina hacia la ruta, para volver a dedo –como lo hace siempre– a su casa, en el poblado de Esperanza, Ranchuelo, a 14 km de su lugar de trabajo. Es temprano y Magda la espera paciente: quizás le prepare el almuerzo, aprovechando que salió temprano y podrá estar de regreso antes del mediodía. Pero el mediodía llega, y Leidy no. Magda vuelve a llamarla una y otra vez: la operadora de Etecsa, la empresa de telecomunicaciones de Cuba, le dice que el teléfono está apagado o fuera del área de cobertura. Leidy no aparece. Ni el sábado, ni el domingo, ni el lunes. Tres días después de ese último contacto el llamado menos esperado se concreta: encontraron a Leidy muerta, en un descampado, a orillas de la autopista nacional, con signos de violencia y ensañamiento en su cuerpo. En un comunicado oficial que prescinde de nombres y detalles, el Ministerio del Interior de Cuba (MININT) aclara: “Un equipo especializado trabaja en el esclarecimiento del hecho, cuyo resultado se informará a través de los medios de comunicación”. A más de una semana más tarde, aún no hay datos que amplíen la información. En Cuba también hay femicidios. 

La historia de Leidy conmocionó a la provincia y al país y reavivó el debate por los femicidios en Cuba. ¿Hay estadísticas? ¿Existen políticas de prevención? En octubre de 2015 Mariela Castro, presidenta del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba (CENESEX) e hija del exmandatario y Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, Raúl Castro, dijo: “En Cuba no tenemos, por ejemplo, femicidios. Porque Cuba no es un país violento, y eso es un efecto de la revolución”. Fue en diálogo con el diario Tiempo Argentino y su declaración encendió algunas discordias alrededor de la isla y del mundo. Enseguida aparecieron nombres e historias que la contradecían: A Leidy Maura la violaron y asesinaron en septiembre de 2017 en Cienfuegos. Misleydis González García fue apuñalada en diciembre de ese año por su expareja en Ciego de Ávila. Meses antes, en Camagüey, una joven de 18 años había corrido el mismo destino. En mayo de 2018 un doble crimen en Cienfuegos fue ampliamente difundido en la prensa: un hombre mató a su exsuegra y a su exesposa, embarazada de tres meses de su pareja actual. Se llamaba Daylín Najarro Causse y tenía una hija de 5 años en común con el femicida. En julio del mismo año, en La Habana, otro hombre mató a golpes hasta asfixiarla a una muchacha de 23 años. Era su novio.

Según el Anuario Estadístico de Salud, en Cuba 120 mujeres murieron en 2017 víctimas de agresiones. Los datos no esclarecen cómo se producen estos crímenes ni por quiénes son perpetrados. Mucho menos si corresponden a femicidios o delitos de violencia de género. Es una de las pocas estadísticas que pueden aproximar una idea de los rangos de violencia registrados en la isla. “No tenemos cifras, pero los casos se divulgan boca a boca o los registran medios de prensa no oficiales”, afirma la periodista Ailynn Torres Santana a LATFEM. Acceder a las estadísticas de homicidios suele ser tarea difícil para trabajadores y trabajadoras de prensa. Y sin la tipificación del delito, mucho más.

En diálogo con LATFEM, el periodista villaclareño Maykel González Vivero –quien además sigue la cobertura del caso de Leidy García– afirmó que están “preparando una base de datos de feminicidios”. Y amplió: “Es un proyecto que llevará algunos meses. Usaremos la poca información publicada en los medios y además prepararemos unas fichas para que voluntarios/as y reporteras/os busquen información en el terreno”. Con eso planean armar una base de datos que será volcada a una plataforma multimedia.

Hasta el momento, el país no reconoce el femicidio ni el agravante por violencia de género en su código penal. Torres Santana informó en el medio digital Oncuba que “Instituciones y colectivos sociales están atendiendo el tema”. Luego de la desaparición de Leidy Maura en 2017, se anunció que se crearía en Cienfuegos el primer gabinete jurídico contra la violencia de género.  Con esto buscarían asegurar la capacitación de profesionales en temas y violencias de género. El Código Penal cubano, por su parte, sanciona con privación de libertad de quince a treinta años a quien asesina “al obrar por impulsos sádicos o de brutal perversidad”. Hoy en día el ser cónyuge o tener parentesco hasta el cuarto grado de cosanguineidad en los delitos contra la vida e integridad corporal, conforma un agravante en la tipificación del delito sin importar el género. Sin embargo, en la nueva Constitución de la República de Cuba, proclamada este 10 de abril de 2019, el artículo 45 señala que “El Estado propicia la plena participación de la mujer en el desarrollo del país y la protege ante cualquier tipo de violencia”. Para Torres Santana esto implica al menos un primer paso de avance en la materia. Pero, para la filóloga Ileana Álvarez, si bien el texto “reconoce explícitamente la violencia de género, ganancia con respecto a la anterior, sigue sin tipificar el feminicidio” y ello lo vuelve insuficiente. Las estadísticas continúan vacías y, en consecuencia, la posibilidad de garantizar políticas públicas al respecto, lejanas.

El Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), por ejemplo, no tiene datos disponibles sobre femicidios en Cuba. En su reporte de 2016 bajo la categoría de “autonomía física” recoge solamente que 47 mujeres sufrieron “muertes ocasionadas por su pareja o expareja íntima”. Probablemente Mariela Castro tenga razón, y el grado de violencia social existente en Cuba sea muchísimo menor que el del resto del continente. Pero sin números oficiales resulta imposible dar esa afirmación como una verdad irrefutable.

Según ONU Mujeres, en 2017 en América Latina y el Caribe 16 países tipificaban el feminicidio o el femicidio. En tanto que algunos otros no utilizan femicidio ni feminicidio pero sancionan diferenciadamente y de manera agravada los homicidios de mujeres por razones de género. La información oficial para 19 países de América Latina y el Caribe muestra un total de 2559 mujeres víctimas de este delito en ese año. Si a estos se suman los datos de otros 4 países de la región que sólo registran los cometidos a manos de la pareja o expareja de la víctima, este número asciende a 2795 mujeres muertas por femicidio.

Según ONU Mujeres, en 2017 en América Latina y el Caribe 16 países tipificaban el feminicidio o el femicidio. En tanto que algunos otros no utilizan femicidio ni feminicidio pero sancionan diferenciadamente y de manera agravada los homicidios de mujeres por razones de género. La información oficial para 19 países de América Latina y el Caribe  muestra un total de 2559  mujeres víctimas de este delito en ese año. Si a estos se suman los datos de otros 4 países de la región que sólo registran los cometidos a manos de la pareja o expareja de la víctima, este número asciende a 2795 mujeres muertas por femicidio.

“Toda mujer que se trasladó en ´botella´ (a dedo) en Cuba sintió alguna vez el pavor de terminar así”, dijo a través de Facebook la periodista cubana Lianet Fleites Claro al compartir la noticia sobre el asesinato de la joven villaclareña.

 

Entre los rumores que circulan del caso se encuentra también la versión de una posible venganza por ajuste de cuentas. ¿Dejaría de considerarse femicidio el asesinato de Leidy García Lugo si esta hipótesis se confirmara? ¿Hacia quién son siempre direccionadas las vendettas de cualquier negociado oscuro posible? “Por eso, por la vulnerabilidad física de una mujer sola en la carretera, es bastante probable que sea un feminicidio”, afirma Ailynn Torres Santana. Porque las que pagan, siempre, son las mismas.