El 2026 comenzó con un bombardeo en América Latina. Las explosiones irrumpieron en la madrugada del 3 de enero sobre Caracas, donde una operación de la Fuerza Delta —el cuerpo de élite del Ejército estadounidense— y la CIA bombardearon la ciudad, secuestraron al presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, y los arrestaron bajo los cargos de narcoterrorismo para ser juzgados en tribunales estadounidenses en Nueva York. Se trata de una vulneración a la soberanía de la República Bolivariana de Venezuela y algo que no se veía en la región desde hace casi 40 años. El último antecedente de un bombardeo por parte de Estados Unidos a una ciudad latinoamericana es la invasión a Panamá, en 1989, para derrocar a Manuel Noriega.
Como si se tratara de una película de Hollywood, el gobierno de Estados Unidos mostró en loop las imágenes de la captura de Maduro esposado y custodiado por efectivos de la DEA. Fue el propio Donald Trump quien confirmó la noticia a través de sus redes sociales y anunció que Maduro estaba detenido en el USS Iwo Jima, uno de los buques militares que Estados Unidos tiene en el Mar Caribe.
“Vamos a gobernar Venezuela hasta poder lograr una transición segura y racional. No queremos que nadie se involucre”, afirmó Trump en conferencia de prensa al finalizar el operativo bélico y así corrió otro límite de lo que creíamos posible. Galardonado con el Premio FIFA de la Paz —si, la Federación de Fútbol entrega premios a la paz—, el mandatario estadounidense hizo lo que venía anticipando: avanzar sobre la soberanía de los países de América Latina y el Caribe sin eufemismos. Aquello que hasta hace poco considerábamos imposible, hoy es un hecho. El fuego sobre Caracas nos dejó en shock durante la mañana del sábado y mientras las imágenes del ataque se replicaban en las pantallas de todo el mundo, las amenazas de Trump se concretaron con una intervención directa sobre Venezuela. En pocas horas, el mundo tal como lo conocíamos cambió y con él, las claves para entenderlo.


De esta forma, Estados Unidos coronó su flamante Estrategia de Seguridad Nacional y concretó las amenazas con las que Trump venía amagando hace meses. La actualización de la vieja Doctrina Monroe fue versionada por el mandatario estadounidense y bautizada con el neologismo Donroe e implica la declaración de China como una amenaza comercial en la región y la adjudicación del territorio latinoamericano para Estados Unidos, sin importar la soberanía de los pueblos ni el derecho internacional —por ejemplo, la Carta de las Naciones Unidas que prohíbe el uso de la fuerza y promueve la resolución pacífica de los conflictos—. Pero el método Trump, tal como lo presenta su Departamento de Estado, es “liderar la paz por medio de la fuerza” o, en otras palabras, imponer el lenguaje de la guerra en el continente bajo el lema “América para los (norte)americanos”.
La Doctrina Donroe está en curso y su patio trasero es el hemisferio occidental. Unas semanas antes de terminar el 2025, el sociólogo Juan Gabriel Tokatlian advirtió que la nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos era inédita para América Latina y que la creación del “nuevo comando del hemisferio occidental significa atar la seguridad nacional de Estados Unidos a la seguridad continental”. Además, el analista internacional destacó que se trata de “una lógica de dominación, imposición, sometimiento y subordinación a la región que no habíamos conocido en otros momentos”.
Las imágenes del bombardeo y la operación militar de Estados Unidos hoy están enfocadas sobre Venezuela, pero interpelan a toda América, incluída Groenlandia que está en la mira de Trump desde que asumió en 2025 y es un territorio rico en petróleo, gas y minerales. En los países no alineados a la sumisión estadounidense —como Cuba, México, Brasil y Colombia— la preocupación se incrementa porque las amenazas continúan. En el caso de Cuba, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, se encargó de afirmar, en diálogo con la cadena NBC, que “el gobierno cubano es un gran problema”. El funcionario aclaró que no iba a explicitar los próximos pasos del gobierno estadounidense, pero afirmó que “no creo que sea ningún misterio que no somos grandes admiradores del régimen cubano quienes, por cierto, apoyaban a Maduro”. En cuanto a México, Trump sostuvo que “algo hay que hacer” porque “los carteles mandan en México. Ella no manda en México”, en referencia a la presidenta Claudia Sheinbaum.
El sábado por la tarde, durante su conferencia de prensa, Trump le envió un mensaje directo al presidente colombiano, Gustavo Petro, a quien le advirtió que debía “cuidar su trasero” y lo acusó de tener fábricas de cocaína para enviar a Estados Unidos. El mandatario norteamericano redobló las agresiones contra Colombia el domingo por la noche y afirmó que el país está “gobernado por un enfermo que disfruta fabricando y vendiendo cocaína a Estados Unidos”. El presidente estadounidense insistió con la amenaza a su par colombiano y advirtió que “no durará mucho tiempo”. Poco después, y a bordo del avión presidencial, Trump sostuvo que le parece perfecto llevar adelante una intervención militar en Colombia. La respuesta de Petro no se hizo esperar. “Rechazo profundamente que Trump hable sin conocer, mi nombre en 50 años no aparece en los archivos judiciales sobre narcotráfico ni de antes ni del presente. Deje de calumniarme señor Trump”, sostuvo el presidente colombiano.
¿Y ahora qué?
Este año, tanto Brasil como Colombia tendrán elecciones presidenciales, en ambos países las filas de la ultraderecha están alineadas a la subordinación de Estados Unidos y es probable que la presidencia se ponga en juego en segunda vuelta. El presidente Lula da Silva ya comunicó que está dispuesto a ir por la reelección mientras el ex presidente Jair Bolsonaro está detenido por ser considerado por la justicia de su país responsable del intento de golpe de estado perpetrado en enero de 2023 cuando el líder del Partido de los Trabajadores asumió la presidencia. Por su parte, el bolsonarismo acudió a sus vínculos con Washington y a buscar por vía parlamentaría una amnistía ampliamente rechazada por el pueblo en las calles de todo el país.
Las amenazas a Petro y, por lo tanto, a la soberanía de Colombia podrían jugar un papel sumamente delicado en medio de la campaña hacia las elecciones del mes de mayo. La derecha y la ultraderecha colombiana miran con malos ojos el liderazgo de Iván Cepeda como candidato presidencial en la lista de unidad del progresismo y la izquierda. Cepeda, conocido por su compromiso con los derechos humanos y el proceso de paz, es quien llevó a juicio al ex presidente Álvaro Uribe y representa una continuidad del gobierno popular que inauguró en 2022 Gustavo Petro y, por lo tanto, una preocupación para Estados Unidos. El accionar y las declaraciones de Trump podrían incidir en el marco de la campaña electoral tal como sucedió en Argentina y Honduras, en 2025. Infundir temor a una intervención militar, las sanciones mediante la aplicación de intereses, bloqueos y demás recursos a los que ya se demostró dispuesto el magnate estadounidense.
Por lo pronto, México, Colombia, Brasil, Uruguay, Chile y España denunciaron en bloque la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela. En el documento, los países firmantes, rechazaron el uso de la fuerza; manifestaron su preocupación por la vulneración a la soberanía de recursos naturales ante el intento de apropiarse del petróleo; y reafirmaron que América Latina y el Caribe deben mantenerse como una zona de paz. En el comunicado se demanda la intervención y mediación urgente de la ONU a fin de desescalar la tensión y el conflicto.
Es el petróleo…
“Vamos a tener a las más grandes empresas de Estados Unidos y el mundo, que van a gastar miles de millones de dólares para reparar la infraestructura de petróleo y empezar a generar dinero para el país”, afirmó Trump en el marco de la conferencia de prensa del sábado desde su residencia de Mar-a-Lago después de confirmar el arresto de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. El mandatario ya había advertido hace días que Estados Unidos debía recuperar el petróleo que Venezuela le había robado luego de la nacionalización de los recursos energéticos durante los años setenta y por las políticas implementadas posteriormente por el presidente Hugo Chávez.
“No se puede seguir teniendo las reservas de petróleo más grandes del mundo bajo el control de adversarios de Estados Unidos”, afirmó el domingo por la tarde el Secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, y añadió: “no vamos a permitir es que la industria petrolera venezolana esté controlada por adversarios a Estados Unidos. ¿Por qué China necesita su petróleo, por qué Rusia, Irán necesitan su petróleo? Ni siquiera están en el continente, este es el hemisferio occidental, aquí es donde vivimos y no vamos a permitir que el hemisferio occidental sea la base de operaciones de adversarios, competidores y rivales de Estados Unidos”, añadió el funcionario de la Casa Blanca también a cargo de asuntos de seguridad nacional.
El comité editorial del periódico The New York Times publicó el mismo sábado un artículo titulado “El ataque de Trump a Venezuela es ilegal e imprudente”. Una dura crítica a la intervención militar que recuerda el fracaso de todas las intervenciones de Estados Unidos en diferentes países y la violación de la legislación norteamericana al omitir la aprobación del Congreso para el operativo. Según Rubio, el plan no requería de la aprobación del Congreso porque se trató de una “extracción” del presidente Maduro que duró tan solo dos horas y se encuadró en una intervención policial debido a los cargos vinculados al narcoterrorismo que se le imputan desde Washington. El artículo también señala un dato no menor relevado por diferentes organismos especializados y es que el fentanilo que se comercializa ilegalmente en Estados Unidos no proviene de Venezuela y la cocaína que podría pasar por allí tiene como destino Europa.
Con estos datos, ¿se puede pensar que la preocupación de la administración Trump son los valores democráticos o la lucha contra el narcotráfico? Vale recordar que recientemente el mandatario estadounidense decidió indultar al ex presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años de prisión por tribunales estadounidenses por introducir 400 kilos de cocaína al país. Sin embargo para Trump, Hernández “fue un hombre perseguido de manera muy injusta. Era el jefe del país”, sostuvo. El indulto se firmó en paralelo al complejo escenario electoral que terminó confirmando el triunfo de Nary Asfura, el candidato respaldado por Trump y afín a Hernández.
Transición, cumplimiento y cooperación bajo amenaza
Mientras que el mandatario de Venezuela era trasladado bajo arresto a Estados Unidos, la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, sostuvo que Nicolás Maduro sigue siendo el único “presidente legítimo de Venezuela” y puso en vigor el decreto firmado por Maduro en el que se declaraba la conmoción externa. “Jamás volveremos a ser esclavos, jamás volveremos a ser colonia de ningún Imperio”, enfatizó Rodríguez, declarada presidenta por el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela debido a la “falta temporal” de Maduro.

Trump sostuvo que Estados Unidos establecerá un “gobierno en Venezuela, dirigido por el secretario del Pentágono, Peter Hegseth, y el secretario de Estado, Marco Rubio, hasta que haya una transición segura, adecuada y prudente”. Curiosamente, el mandatario descartó la participación de la principal referente de la oposición venezolana, María Corina Machado, quien se encargó de alentar la intervención yankee en su país y, pocas horas después de la intervención estadounidense, aseguró a través de un comunicado que “estaban preparados para hacer valer nuestro mandato y tomar el poder”. “Sería muy difícil para ella ser la líder. No tiene el apoyo ni el respeto del país. Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto necesario para ser líder”, respondió Trump y descartó la posibilidad de armar un gobierno con Machado o el candidato opositor Edmundo González Urrutia. No fueron suficientes los elogios de María Corina a Trump, ni el premio Nóbel de la Paz con el que fue recientemente galardonada, ni las denuncias de González Urrutia de haber perdido las elecciones por fraude en 2024. La Casa Blanca les dio la espalda y es un gesto del que deberían tomar nota los países subordinados.
El propio Marco Rubio afirmó que “María Corina Machado es fantástica, la conozco desde hace mucho tiempo a ella y todo ese movimiento, pero aquí está la realidad inmediata que, desafortunadamente y por desgracia la gran mayoría de la oposición ya no está en presente en Venezuela … pero de lo que estamos hablando es de lo que sucederá en las próximas dos o tres semanas, dos o tres meses y cómo eso se vincula con el interés nacional de los Estados Unidos, y por eso esperamos ver más cumplimiento y cooperación de la que recibíamos previamente con Nicolás Maduro”.
Cumplimiento y cooperación bajo amenaza de nuevos ataques es la propuesta de Estados Unidos a Delcy Rodríguez. “Si no hace lo correcto, pagará un precio muy alto, probablemente más alto que Maduro. La reconstrucción y el cambio de régimen, llámalo como quieras, es mejor que lo que hay ahora. No puede empeorar”, soltó Trump en una entrevista telefónica durante el domingo y exigió “acceso total” al territorio venezolano. Mientras tanto, las calles de diferentes ciudades de Venezuela se colmaron en movilización popular que exige la liberación y restitución de Maduro a sus funciones, y da cuenta de un pueblo que no solo repudia los bombardeos en el territorio venezolano violando todo derecho internacional, sino que se pone de pie en defensa de su legítima soberanía.
“Presidente Donald Trump: nuestros pueblos y nuestra región merecen la paz y el diálogo, no la guerra”, fue el mensaje de la presidenta Delcy Rodríguez. “Venezuela reafirma su vocación de paz y de convivencia pacífica. Nuestro país aspira a vivir sin amenazas externas, en un entorno de respeto y cooperación internacional. Creemos que la paz global se construye garantizando primero la paz de cada nación”, concluyó la mandataria.

Desconocemos hacia dónde se encamina esta transición forzada sobre Venezuela, no sabemos transición a qué, ni cuál será su plazo, si es que existiera. Quedan muchas preguntas abiertas y este nuevo esquema de gobierno busca mostrar unidad para despejar sospechas de traición que debiliten aún más la delicada situación que atraviesa el pueblo venezolano. Lo cierto es que desde hace meses Donald Trump amenaza la soberanía de los países de la región, disparó sobre lancheros en aguas del mar Caribe acusándolos de narcotráfico, desplegó tropas en las costas de Venezuela y advirtió que podría entrar por tierra. Trump hizo lo que dijo, aunque nos haya tomado por sorpresa la noticia en las primeras horas del sábado. El ataque a Caracas dejó más muertos y un presidente detenido para ser juzgado fuera de su territorio y bajo legislación estadounidense en Nueva York.
Lejos de celebrar la invasión o de considerar que los países alineados están a salvo por garantizar sumisión, la región se enfrenta a un régimen que no está dispuesto a respetar soberanías porque todo lo que sea considerado materia de seguridad nacional de Estados Unidos, está sujeto a ser intervenido. Desde el sábado, América Latina dejó de ser una zona de paz y se impuso el lenguaje de la guerra.