Por: Fotos: Sol Avena

Durante tres días mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales y no binaries nos reunimos en la capital de la provincia de Buenos Aires para renovar el compromiso con un movimiento que no para de crecer. Fue el encuentro más multitudinario de la historia, y el último con el macrismo en el poder. ¿Qué nos dejó? Un repaso por algunos puntos claves de tensión, así como de infinita posibilidad.

 

1. Nuestro feminismo es plural

El debate no fue solo un nombre sino la comprensión común sobre la genealogía de un movimiento que siempre fue diverso y aprendió de Lohana y Diana a festejar con orgullo todas las identidades. Se trata de una disputa muy vigente: las derechas en el mundo combaten la “ideología de género” con argumentos misóginos, sexistas, y homo-trans-odiantes, las RadFem pelean por volver a un biologicismo que no logra perforar la unidad de tantos años pero que sobrevuela, alertándonos sobre un conservadurismo que está tanto fuera como dentro de nuestro movimiento. La diversidad de identidades que hacemos los Encuentros es cada vez mayor y nombrarnos a todas es una posición de ofensiva contra el conservadurismo que azota la región y el mundo.

 

2. Unidad y tensiones

La historia del feminismo está plagada de encuentros y desencuentros con los proyectos políticos de liberación. La diversidad del movimiento también está dada por las diferentes trayectorias políticas que confluyen en este terreno para disputarlo. Los aparateos, las mezquindades y personalismos son la contracara de ese poder magnético que nos une irremediablemente. Tenemos debates, diferentes opiniones, múltiples experiencias, porque somos un movimiento vivo. Ninguna organización es hegemónica, todas quieren serlo, y en ese afán, somos un hervidero político. Habrá quienes pretendan despolitizarnos, pero desde hace tiempo no hay dudas al respecto: somos un sujeto político que en los últimos años se convirtió en el más relevante de la resistencia al macrismo. Habrá quienes digan que el feminismo es estratégico y por lo tanto trasciende la coyuntura, como si fuera algo contrapuesto. Nuestro movimiento está bien situado, tiene propuestas, y pretende transformar este presente para tener futuro. Nunca estuvimos en mejores condiciones para dar ese salto.

 

3. Disputar el Estado y construir el movimiento

Cuando decimos que queremos un feminismo que dispute poder nos referimos a que no hay posibilidad de transformación sin un proyecto político integral. Así como afirmamos que no hay política transformadora sin feminismo. Ubicar la disputa de poder como objetivo central es aprendizaje de nuestra historia como parte de los movimientos populares en la Argentina. Algo de este tiempo produjo un cambió en nosotras como colectivo, asumimos nuestra vocación política y no le tenemos miedo al desafío porque lo sabemos necesario. El poder está en el futuro gobierno, en las listas electorales, en los gremios, en el territorio, en las casas, las plazas y las camas. Somos porque nos sostiene un movimiento inmenso, podemos ser porque vamos a pelear por políticas públicas transversalmente feministas. 

 

4. Feminismo 2020

¿Qué agenda vamos a aportar en la nueva etapa política que se abre? La amplitud de talleres durante el encuentro es el tejido indispensable para pensarnos hacia adelante. Sin embargo, es importante tener bien claras las prioridades:

a) Redistribución del ingreso con perspectiva de género. La urgencia es el hambre, la pobreza, la falta de trabajo pero si no se destinan políticas que intervengan en las desigualdades de género las mujeres e identidades feminizadas seguiremos siendo las que perciben los menores ingresos: 7 de cada 10 personas en la pobreza son mujeres que se ocupan de las tareas domésticas y el cuidado de su hijes.

b) Salud pública y comunitaria. El proyecto de interrupción voluntaria del embarazo que sostuvimos en las calles con una inmensa marea verde es el reclamo más evidente. Pero lo que no parece tan claro es que con la legalización se garantice el derecho a todas las personas gestantes y no exclusivamente de un sector privilegiado con obra social. El acceso a la salud para toda la población desde una perspectiva integral y comunitaria, con el Ministerio de Salud que el macrismo nos sacó, que rompa con la violencia de la corporación médica y la exclusión de quienes menos tienen, es la condición de posibilidad para el reconocimiento de todos los derechos.

c) Combatir todas las violencias. Está demasiado instalado que la denuncia es la llave para combatir la violencia de género pero ésta demostró ser un modelo obsoleto e inoperante. Desarrollar políticas estructurales, que apunten a la prevención y la atención de la personas en situación de violencia, es más difícil pero más efectivo. El punitivismo solo nos conduce a seguir llorando femicidios y travesticidios, consolándonos con penas que no revierten la realidad. Tenemos que esforzarnos en construir una política de lo común, una salida feminista ante las violencias.

 

5. Propiciar encuentros, nuestra mejor arma

Lo más poderoso de nuestro movimiento está en las alianzas que tejemos, en la capacidad de reinventarnos y en ese camino crear un futuro nacional, popular, democrático y feminista, en la pedagogía feminista que construimos, en la convocatoria a cielo abierto que son nuestras movilizaciones. En que todo cambia, y nos reaprendemos. Nosotras podemos ser mucho más que una ola, permanecer, construir comunidad. No tenemos techo, el infinito es nuestro límite.

 


Victoria Freire es referenta de Mala Junta – Poder Feminista y coordinadora del Observatorio de Género y Políticas Públicas