Empecé a hacer fotos como mero registró, a leer, a investigar y a profundizar acerca del caso. Luego pensé que mis tomas podrían hacer algo más que cristalizar el estado calamitoso de las cosas. Así se me hizo evidente que, a través de las ruinas, se puede romper el muro de silencio levantado por el Padre Julio César Grassi y sus secuaces. Mi trabajo pretende entonces sacar su mano de las bocas de les niñes que él mismo violento. Mis fotos intentan hablar de la oscuridad y lo pesado que puede ser el aire; también de lo incruzable que puede tornarse un bosque, un camino, una casa o una habitación cuando el terror abunda. Lo que puede un cuerpo se transforma y vivir se torna un verbo tan vasto como incomprensible.

Los restos de Fundación Felices Los Niños que integran mis fotos cuentan del desgarro, del desangre y la tortura en manos del Padre Grassi que, hasta el día de hoy, afirma que Bergoglio lo apoya desde 2009 y nunca le soltó la mano.

 

Fundación Felices Los Niños fue una obra solidaria a cargo del Padre Julio César Grassi. Comenzó a mediados de los 90 con el apoyo del Gobierno Nacional y Provincial. Empresarios de renombre y grandes medios de comunicación apoyaron el proyecto. Cinco millones de dólares y 65 hectáreas cedidas en 1993  por el entonces Ministro de Economía, Domingo Cavallo, fueron el puntapié inicial.  

Felices Los Niños tuvo su sede principal en el partido de Hurlingham, Provincia de Buenos Aires. El cura estuvo a cargo desde 1993 hasta que fue destituido en 2001 por el obispo de Morón Justo Laguna después de tomar estado público las acusaciones por abuso de menores. Hubo alrededor de 6.300 niñes en 17 hogares distribuidos en todo país hasta 2002.  

Julio César Grassi fue denunciado por primera vez en 1991. Si bien el rechazo social fue de gran magnitud, tuvo un sostén político-económico y mediático como pocos personajes nefastos de la historia argentina. Siendo procesado por pedófilo fue a los programas de mayor rating del país, tuvo voz y tuvo presencia. Con soberbia dio el nombre real de una de sus víctimas por televisión en vivo. Les insultó, les descalificó y a cambio, recibió la mirada compasiva de grandes influyentes de la televisión local.

Lo que puede un cuerpo es un Proyecto fotográfico que mancomuna el trabajo de investigación de la periodista Miriam Lewin y el desempeño como tenaz impulsor y acusador de la causa del Dr. Juan Pablo Gallego. Miriam Lewin junto con el equipo de Telenoche Investiga (programa televisivo de Canal 13) denunciaron por abuso sexual y corrupción de menores a Julio César Grassi con el testimonio de una de sus víctimas en el 2002. Obtener verdad y justicia ha sido quizás la mejor terapia para quienes padecieron sus crímenes, como lo señaló el abogado en su informe final al pedir la condena.

Las fotografías que conforman el corpus de trabajo fueron realizadas entre 2016 y 2019 dentro del predio que pertenecía a Fundación Felices Los Niños. Los lugares fotografiados son: El hogar “Los Juanitos” donde vivían los niños de entre 6 y 12 años. La capilla y  la última oficina que ocupó Grassi. 

La importancia de este trabajo radica en la necesidad de generar imágenes que ayuden a construir sentido frente a la opulencia del poder político-económico de los pederastas y la Iglesia como incubadora de estos.  

Siendo un tema coyuntural, el abuso sexual infantil y la corrupción de menores, se presentan como casos aislados y sin embargo hay que ponderarlos como estructurantes. La Iglesia y el estado vehiculizan la perversión y la violencia contra les niñes.  Por esta razón, si bien mi trabajo está concentrado en los casos de abusos en manos de Grassi podemos citar otro caso controversial: el cura Lorenzo, ex capellán Penitenciario y confesor de Julio Grassi está siendo investigado por abuso sexual infantil y corrupción de menores. Estos casos como también el del Instituto Provolo confirman que son parte fundacional de una estructura superior conformada por los sectores de mayor poder social, económico, mediático y eclesiástico. 

Tanto en el modus operandi, el hostigamiento que recibieron las víctimas que se animaron a hablar, como así también el accionar judicial encubridor, dan cuenta del sentido estructurante de los pedófilos dentro de la iglesia siendo un error grave pensarlos como casos aislados sin vinculación. 

La justicia en ambos casos trató de favorecer a los imputados, como contrapunto a las víctimas se las re-victimiza. Ezequiel, tras denunciar los abusos de Grassi tuvo que prestar declaración siete veces durante el proceso judicial. León, víctima de Lorenzo fue amenazado en diversas oportunidades y sus padrinos intimidados, al límite de disponer la justicia un allanamiento aleccionador a los denunciantes. Los curas pederastas lograron postergar su declaración en sede judicial mientras el andamiaje judicial desgastaba a las víctimas. Lorenzo y Grassi están señalados por abusos sexuales agravados y corrupción de menores. Ambos –Grassi con condena firme-, están sostenidos y protegidos por el poder, los medios y la iglesia. 

El Estado debe ser garante y prevenir situaciones que pudieran conducir por acción u omisión a estos hechos que aquí se señalan. Sin embargo, esto no sucede de esta manera. Los curas y sus abogados, Pierri, Gascón, la fiscal Ana Medina se comportan como mafias, capaces de introducir pruebas falsas, inducir a supuestas retractaciones y amenazas varias.  Maniobras como las de Medina, encajonando la causa 10 años, son moneda corriente en la justicia cuando se trata de curas abusadores. (Ana Medina también tiene antecedentes de encubrimientos de casos de gatillo fácil). 

La estrategia es sencilla, lo primero que hay que lograr es desacreditar a las víctimas. Ambos pederastas tiene un odio de clase que le transmiten a les niñes de maneras perversas. Grassi les decía: “Su único destino fuera de la obra será robar, matar y fumar paco”.  Lorenzo le dijo a León: “Negro miserable, sos la porquería, si me animo a tocarte es con mucho cuidado no vaya a ser que me contagie de alguna enfermedad.”

Ambos elegían un séquito de niños a los que sumaban a fiestas, Grassi además los paseaba por los canales de televisión. Lorenzo esperaba a que termine la misa y los encerraba en la parroquia a “jugar”. Todo un sistema montado con el único fin de perpetrar estos delitos. El gabinete pedagógico de Fundación Felices los Niños estaba conformado por dos ex policías: Juan Domingo Pérez y Carlos Carballo. León cuenta que de los “juegos” también participaba un hombre no vidente que incitaba a los niños a “soltarse” y tener relaciones con el cura. 

El 63% de las personas abusadas intentan suicidarse. El Estado ausente sólo contempla la asimetría entre imputados poderosos y víctimas indefensas. La dilatación de los procesos judiciales y el entorpecimiento de las causas de abuso cristalizan la complicidad del Estado con la Iglesia.