El 22 de febrero de 2018, Lorenzo Muñoz asesinó a puñaladas a su ex pareja y a la hija de ésta, en la vía pública y ante la mirada de testigos. El hecho ocurrió en Las Ovejas, una localidad de 1300 habitantes en el norte de la provincia de Neuquén. Momentos después del asesinato Muñoz se ahorcó, pero su cuerpo recién fue encontrado luego de 23 días. Este violento crimen, sumando a la demora en dar con el culpable, marcaron a fuego la historia de Las Ovejas y conmocionaron a la provincia toda. La víctima había denunciado a su ex pareja por abusar de su hija y por amenazarla de muerte en repetidas oportunidades. La situación de desprotección en que las instituciones dejaron a la mujer y la niña se hizo evidente, lo que obligó al gobierno a anunciar medidas urgentes, entre ellas, la apertura de un espacio para el abordaje de varones violentos. 

LatFem visitó el Dispositivo de Atención a Varones (DAV) de la provincia de Neuquén, creado en agosto de 2018, y entrevistó a sus coordinadores, Angélica Riquelme y Mauro Andrada, para conocer cómo funciona este espacio.

 

¿Qué características tiene el trabajo que realizan en el dispositivo?

Angélica: En el espacio del DAV estamos trabajando en una prevención secundaria o terciaria, es decir, donde ya hay daño. El objetivo es que estos varones no reediten esas formas de ser varón con sus parejas, hijos, hijas. Consideramos que el que ejerce poder, somete o humilla, se ubica en un lugar de superioridad con respecto al resto de los integrantes de la familia. Esto es lo que diferencia al DAV de otros espacios de prevención, hay una denuncia, y no suele denunciarse a la primera agresión, sino que en general se denuncia luego de muchas violencias. Otra particularidad es que acá no hay atención individual, y este no es un espacio terapéutico. Es un espacio psico-socio-educativo para trabajar en la deconstrucción y en el desarme de las creencias y aprendizajes que portan lo varones, para que puedan tener una reflexión, una mirada crítica, sobre conductas que repiten casi mecánicamente, ya que forman parte de sus rasgos identitarios.

 

¿Cómo es el proceso que se hace con los varones?

Angélica: En primer lugar, una dupla de trabajo se comunica con el varón y le ofrece el espacio de entrevista de admisión. Pueden ser una o más entrevistas, dependiendo del caso, ya que hay varones que llegan muy enojados, muy angustiados, que fueron excluidos del hogar y se sienten traicionados por la pareja, proyectan la responsabilidad de sus actos en el mundo, en la jueza, en su pareja. Si en la admisión se considera que no quiere o no puede participar en un grupo, se articula con otros centros para que se le brinde un espacio de atención individual.

La instancia central del DAV son los encuentros de trabajo grupal. En estas reuniones se procura que los varones asuman cierto grado de responsabilidad por su accionar y los efectos negativos que han producido, y se trabaja en el desaprendizaje de las conductas violentas.

 

¿Qué sucede en los encuentros grupales?

Angélica: Primero hay un espacio de presentación. En los grupos cerrados se van trabajando determinados temas: paternidades, sexualidades, ciclo de la violencia, historia de vida, etc. Y en los abiertos el tema se instala en cada sesión, siempre hay un emergente que trae algún varón y sobre eso se trabaja. Algo que circula mucho tiene que ver con el impedimento de contacto con los hijos e hijas. ¿Qué implica esto? Trabajar en desarmar la actitud de dominio es ir al corazón del patriarcado, porque los varones asumen que las mujeres son de su propiedad, que los hijos son de su propiedad, “¿cómo el juez me va a prohibir ver a mis hijos si son míos?”, dicen. Cuando te dicen eso es porque están absolutamente posicionados en el lugar de poder. Una les dice que no, que los hijos piensan, sienten y deciden diferente a usted. Es como que tenés que ir por capas desarmando esa lógica de propiedad.

A su vez, se trabaja mucho el conocimiento del marco legal, para que asuman responsablemente el cumplimiento de las medidas que ha establecido el juzgado. Una de las características de estos varones es la transgresión sistemática, han sido hasta ese momento su propia ley, han instalado una ley propia. Trabajar los marcos que nos regulan a todos y todas socialmente es un pasaje importante. Por otro lado, ellos deben entender que hasta este momento está operando la ley de protección, que es una ley no punitiva, que brinda estas oportunidades de trabajo. Pero si él incumple con la indicación judicial se le iniciará una causa penal. Eso es su responsabilidad. Nosotros no damos altas, solo evaluamos procesos, y no nos convertimos en garantes de sus acciones. El responsable de que esto no siga sucediendo es él.

 

¿Quienes llegan al DAV y cómo lo hacen?

Angélica: Hay varones que son albañiles, hay otros empresarios, que tienen una PyME, hay profesionales. Todos ellos llegan al espacio con un mínimo común, que tiene que ver con el ejercicio de las violencias. Acá no se atiende otra temática. Si alguien entra es porque ha sido denunciado por el ejercicio de violencia. Los varones que llegan al dispositivo mayoritariamente lo hacen derivados por juzgados, luego de que las víctimas realizan una denuncia. Luego los juzgados y fiscalías deben monitorear el cumplimiento de la medida ordenada. Si un usuario deja de concurrir, tenemos la obligación de comunicarlo a estas autoridades.

Con respecto a los diferentes perfiles, hay formas de ejercicio del poder que son bastante sutiles, y a mayor nivel intelectual más se perfeccionan los mecanismos de dominación y más se ocultan las violencias. Esto es algo que vemos siempre en la asistencia. También las víctimas con mayor poder adquisitivo ocultan más lo que sufren. Las estadísticas sostienen el mito de que la violencia se da en las clases populares. En realidad, lo que sabemos es que las clases populares son las que llegan a las instituciones públicas. Con más ingresos, se oculta más. Porque en estas situaciones se da un fenómeno que consiste en que quien padece la violencia es también quien porta la vergüenza y la culpa. Entonces se tapa, queda encapsulado. A lo sumo van a ver al abogado/da particular, o a la terapia particular o a la clínica privada, o nos enteramos de un feminicidio en un country por los medios de comunicación.

 

¿Qué es lo que se busca en esos talleres grupales?

Angélica: Se trabaja pensando que estos varones empiecen a conectarse con su propia historia, con sus propios modelos, desde un enfoque multidimensional, donde se abordan cuestiones culturales referidas a las pautas de crianza y los mandatos de la masculinidad. Luego se analiza qué fue pasando con ese varón a lo largo de su historia, los ámbitos de sociabilidad que ha atravesado, para finalmente llegar a lo más “micro”, que es el varón en las situaciones vinculares ¿qué pasa allí? ¿qué le pasa a él? ¿Cuáles son sus emociones?

Muchas veces no hay nada que recuperar en las historias de vida, porque están plagadas de sufrimiento, de dolor, de violencias. El varón tiene la responsabilidad de no seguir justificando sus actos por esa historia que pasó. Sino de empezar a pensar qué vínculos quiere construir, qué espacios tiene él de autocuidado. Por ejemplo, conectarse con su salud, son varones que a veces nunca se han hecho un chequeo. No se piensan como personas valoradas, tienen muchísima inseguridad, cuestiones abusivas de su propia historia que están silenciadas. Es encontrarse con esto y generar los puentes entre la conducta que aparece hoy denunciada, las consecuencias de esa conducta en las personas que dice querer y con quienes comparte la vida, y qué tiene que ver él con esto. Se trabaja en esa línea, de la responsabilización, de hacer manifiesto lo que permanece en estado latente, de que pueda anticipar esa conducta, accionando mecanismos que puedan correrlo de esa descarga de violencia.

 

¿Qué dificultades encuentran?

Angélica: El varón pueden no asumir su responsabilidad en estas acciones, a veces sostiene que él no hizo nada. Hay muchos mecanismos que son difíciles de detectar, es necesaria una escucha muy atenta que pueda desarmar las construcciones que los varones van haciendo, para volverlos siempre a la primera persona. Que le pongan palabras a su enojo, para que no se acumule y termine explotando. Las propias víctimas de la violencia muchas veces justifican los desbordes en alguna acción propia, del tipo “si, la verdad que yo no estaba cuando él llegó”, “el bebé lloraba y no lo podía calmar”, “tuve que hacer otra cosa y él quería que le sirva la comida”. Para las víctimas es muy difícil decir lo que sufren, sobre todo cuando el victimario es con quien han mantenido una relación afectiva. Ahí ves la otra cara de la moneda.

 

Si un varón no quiere o no puede aceptar que ejerce violencia ¿qué pasa?

Angélica: Se puede trabajar con ellos, por aproximaciones, es fundamental conectarlos emocionalmente. Cuando ellos niegan su historia de padecimientos la vuelven a repetir. Cuando pueden entender que en la infancia les pasó lo mismo que están haciendo con sus hijos, empiezan a ponerse en otra posición. He atendido varones de 50 años que le siguen temiendo a su padre, un hombre que es viejo y ya está en la última etapa de la vida. Porque fue un padre que nunca desplegó ternura ni afecto, que construyó una imagen atemorizante frente a toda su familia. Muchos varones cuentan que los golpeaban, los dejaban afuera de la casa, los humillaban, que tuvieron que defender a sus madres, nos encontramos con esas historias. Necesitamos que se conecten, lloren, a veces te piden disculpas por llorar, dicen “disculpe, yo no quería”.

 

Un poco de historia 

Según cuentan Angélica y Mauro, los espacios de varones surgen, como algo específico, en la década del 80 en Canadá y EEUU. El primer equipo en la Argentina se formó en el año 1994, conformado por 15 profesionales, todos varones. “Hasta ese momento estaba muy fuerte la convicción de que las mujeres no podían trabajar con varones, tenían que ser otros varones”, dice Angélica. En el año 1995 se creó el primer espacio para trabajar con varones denunciados por ejercicio de violencia en la provincia de Neuquén. A diferencia del DAV, muchas de estas áreas están pensadas desde la prevención primaria, para desarmar las tramas culturales que determinan lo que implica ser varón.

Según Mauro la historia del DAV se remonta al año 2013, cuando desde el Consejo Provincial de las Mujeres se organizó una actividad sobre masculinidades, una jornada donde participó Hugo Huberman (psicólogo social, miembro de la Red Argentina de Masculinidades por la Equidad), lo que motorizó un nucleamiento de personas en torno a la problemática. Luego, en 2016 se creó el área de masculinidades dentro de la Secretaría Provincial de las Mujeres, donde trabajó Mauro. Según él “hay algo que empieza a abrirse en lo institucional, estos temas siempre aparecen en los márgenes, pero no dentro de las políticas públicas. Aparece la controversia, si el Estado puede hablar de feminismo o perspectiva de género, si puede hablar de nuevas masculinidades, cuando es un Estado atravesado, de arriba abajo, por lógicas patriarcales. Este es un gris”.

 

¿De qué hablamos cuando hablamos de masculinidades?

El marco teórico referenciado dentro del DAV, según cuenta Mauro, son los trabajos de José Olavarría, Luis Bonino, Raewyn Connell, Michael Kauffman, Michael Kimmel, entre otrxs; autores y autoras que vienen de una perspectiva crítica, pro-feminista. Angélica agrega a Irene Meler y Gioconda Batres Méndez.

Mauro: Entendemos que para hablar de masculinidad uno puede quedarse en una posición que va a estudiar los costos que implica el modelo de masculinidad hegemónica para los varones, por ejemplo, analizar por qué mueren los varones, cuán nocivo es este modelo para su vida; o uno puede optar por un modelo profeminista, que empatice con la realidad de las mujeres y sitúe a los varones como responsables de los hechos y los interpele. Nosotros nos paramos desde este último paradigma.

El discurso de las masculinidades es uno de disciplinamiento de cuerpos. Desde ahí se puede analizar lo contextual, lo político, lo ideológico. Pensar el capitalismo y el patriarcado retroalimentándose y sosteniendo un régimen. ¿Para dónde vamos los varones? ¿Estamos dispuestos a generar cambios no solo en nuestras vidas, sino cambios políticos profundos? Yo no dudo de que haya buenos padres, buenos amantes, compañeros, amigos, varones que tengan prácticas altruistas. De lo que dudo es que haya varones con intereses políticos para derribar el modelo. Corrernos de esa posición, en todos los espacios. 

 

¿Cómo se expresa la masculinidad en los varones que asisten al DAV?

Angélica: Uno de los mandatos de la masculinidad es que para ser hombre hay que reprimir lo emocional. Se le exige que no se muestre débil, que no llore, que no diga que está frustrado, que se siente impotente o que tiene angustia. Todas estas emociones están asociadas a lo femenino. Y creo que este aspecto es la clave que nos permite trabajar con varones y deconstruir los mandatos. Esto implicará conectarse con lo que le pasa, con lo que siente, y desde allí, asumir responsablemente las consecuencias de sus actos.

Es necesario deconstruir modelos socio-culturales, resolver las matrices violentas y analizar sus modelos referenciales. En general, cuando un varón ejerce violencia hay un padre que la ejerció, un abuelo que la ejerció, hay una trasmisión intergeneracional de la construcción de la masculinidad asociada al poder, al dominio, al control.

 

Hoy el DAV, que depende del Ministerio de Ciudadanía, está conformado por 13 personas, entre las cuales hay psicólogas/os, trabajadoras/es sociales, sociólogas/os, abogadas/os y operadoras/es. Desde agosto de 2018 hasta noviembre de 2019, ha atendido a 230 varones. La mayor parte son derivados judicialmente, pero también pueden presentarse de manera espontánea. El art. 25 de la ley provincial 2785 (de violencia familiar) y el art. 13 de la ley provincial 2786 (de violencia contra las mujeres) prevén que el juez o la jueza intervinientes pueden ordenar la asistencia obligatoria del denunciado a este tipo de programas. “Si cruzamos el dato de la cantidad de mujeres que han denunciado violencia y la cantidad de hombres que llegaron al DAV, es nada. Hay que potenciarlo”, sostiene Angélica. Además, desde el dispositivo se realiza un monitoreo constante de las trayectorias de cada usuario y se elaboran informes periódicos que dan cuenta de su proceso individual, para ser remitidos a los organismos intervinientes. “Hacemos cruces con la línea 148 (de atención de violencias) para saber cuántas de las mujeres que denuncian, sus victimarios están o no concurriendo al DAV, para pedirle al poder judicial que los haga concurrir. Es un trabajo en red, interinstitucional”, agrega Angélica.

Los dispositivos que trabajan con varones que han ejercido violencia han recibido diversas críticas. Algunas de estas sostienen que el origen de la violencia sexista no puede remitirse exclusivamente a los ámbitos familiares previamente atravesados por violencias, que estos dispositivos posicionan a los violentos como sujetos recluidos del contexto social que les otorga privilegios, que las violencias no son “curables” ni “tratables”, ni constituyen hechos aislados, y que este tipo de estrategias implica destinar fondos públicos a la reparación de aquellas masculinidades que el movimiento feminista ha denunciado y combatido. También se ha señalado que el pasaje por estos espacios podría otorgar un “carnet de libre circulación” a quienes han ejercido violencia, devolviéndolos “rehabilitados” a los vínculos de los que fueron expulsados y legitimando los ejercicios de poder que hagan en el futuro o creando la ficción de espacios libres de conflicto y vínculos de paridad de ahí en más. 

Según Angélica “hay algunas resistencias en espacios feministas al trabajo con varones, amigas militantes que respeto y quiero mucho tienen críticas a esto. Yo soy una convencida de que no podemos disminuir los índices de violencia de género si no trabajamos con los varones. Que son quienes en un 99% la ejercen. Es como nadar contra la corriente. Nuestras intervenciones tienen que ser para disminuir el riesgo, nunca para aumentarlo. Este es un trabajo que en forma indirecta es para las mujeres, para las niñas, para cualquier persona víctima de estas violencias. En el comienzo fuimos un grupo de mujeres quienes instalamos el tema de masculinidades en la provincia”.

Algunas de las impugnaciones que se hacen al rol de estos dispositivos pueden encontrar respuesta en los dichos de las personas entrevistadas. Las críticas pueden servir para complejizar el debate y alimentar nuestra imaginación política, en la búsqueda de nuevas estrategias para entender y enfrentar la violencia de género y de alternativas para no terminar recurriendo siempre y en todos los casos a las instituciones penales.