Por: Fotos: Sol Avena

¿Puta está? Sí, está ¿Puta está? Sí, está. Entonces yire, yire, yire puta yire. ¿Puta está? Sí, está. Entonces cobre, cobre, cobre puta cobre.

Así arrancó la marcha de las trabajadoras sexuales en el 34 Encuentro Plurinacional en La Plata, una movilización hasta entonces inédita. Y no es poca cosa. En la historia de los Encuentros el trabajo sexual estaba abordado desde la perspectiva abolicionista, por lo que la movilización significó un saldo en la organización y en la visibilización de las trabajadoras sexuales motorizadas por el sindicato que las nuclea, AMMAR, puntualmente por Valentina Pereyra, la referenta del sindicato de la ciudad de las diagonales. 

El sábado a las 18, apenas un ratito después de que saliera el sol para empezar a secar los rastros que había dejado la tormenta bíblica e iracunda —escuelas inundadas, micros varados, y un sinfín de contratiempos—las putas marcharon desde el Colegio Nacional hasta la comisaría 9na, la misma en la que estuvo detenido Miguel Bru en 1993, un caso emblemático de violencia institucional en donde la tortura y el asesinato del joven estudiante de esa ciudad quedó comprobado a través de testigxs que estaban en esa comisaría. Una de ellas fue Celia, una puta que dio testimonio clave en la causa. 

Bajo la premisa “Derechos laborales para las trabajadoras sexuales”, las mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales caminaron con tangas rojas en sus mochilas hasta la intersección de 1 y 63, la comisaría en donde suelen detener a las trabajadoras. Por caso, allí fue vista por última vez a Johana Ramallo en julio de 2017, presuntamente desaparecida con fines de explotación sexual.

 

 

La bandera de los derechos laborales fue la consigna con la que partió la discusión en los talleres sobre “Estrategias para el reconocimiento del trabajo sexual”, que se llevaron a cabo como parte oficial del programa del Encuentro, un espacio propio que comenzó en Chaco, en 2017, luego de que se propusiera en el marco del taller de Trabajo Sexual en Rosario en 2016. Lo cierto es que tres años después, en La Plata, las aulas del Colegio Nacional, un edificio histórico, desbordaron de participantes para debatir y reflexionar acerca de cómo pensar al trabajo sexual y sus alcances, sobre todo, en la Argentina que se viene a partir de diciembre. Y una de las propuestas más interesantes y novedosas que se escucharon fue la que lanzó Georgina Orellano, la secretaria general del sindicato, para crear una moratoria para las trabajadoras sexuales, es decir, un programa previsional para que las putas puedan percibir una jubilación digna. 

“Una de las estrategias para el reconocimiento del trabajo sexual, mientras se logre llegar al Congreso con una ley de despenalización, es pensar en otro tipo de políticas públicas sobre todo con aquellas compañeras que tienen más de 60 años que siguen ejerciendo el trabajo sexual y que no han hecho ningún aporte porque su trabajo no está reconocido, no está registrado”.

El modelo en el que comienza a pensarse esta política está espejado en la moratoria conocida como “amas de casa”. Para Georgina también hay algo simbólico en esta concepción: “A nosotras nos dicen que podemos jubilarnos como amas de casa, lo que pasa es que nosotras en nuestras vidas estuvimos más afuera de casa que adentro, entonces también es una disputa por el sentido hablar de una moratoria para las putas. Así como la moratoria de amas de casa fue pensada bajo el lema ¨eso que llaman amor es trabajo¨, nosotras tenemos esa misma premisa. Para nosotras el sexo es trabajo pago y queremos ese reconocimiento”. 

La idea de las trabajadoras nucleadas en AMMAR es empezar a pensar, con quien tome el mando en el ANSES en la próxima gestión, una mesa de trabajo en la que se incluya a lxs trabajadorxs sexuales y abogadxs laboralistas para ver la forma en la que podría tomar forma esta propuesta. “Todas las políticas que fueron pensadas para nuestro sector fueron pensadas sin nosotras. Por eso queremos que el próximo gobierno nos incluya como actrices políticas”, dijeron y yire y yire.