Por: Fotos: Sol Avena

Uno de los movimientos que más aporta contra esta subjetividad social dañada durante los últimos años es el feminismo: nos dice que la salida no es individual sino colectiva, busca conseguir derechos para todas y todes, y nos convoca a encontrarnos en la intemperie para construir una vida nueva.

El pedido de #FeministasEnLasListas se viralizó días antes del cierre de las candidaturas, expresando la preocupación de muchas de que el feminismo se vea representado en los armados. Es un salto enorme que el movimiento en su conjunto se proponga nutrir los espacios políticos y la propuesta electoral. La Ley de paridad se aplica este año por primera vez a nivel nacional y el desafío que tenemos es que esos lugares sean ocupados por compañeras comprometidas con los derechos de mujeres, lesbianas, travestis y trans. Sin embargo, luego del cierre de listas quedó una sensación contradictoria, y muchos y muchas concluyeron que las feministas estábamos ausentes. Todas las fórmulas presidenciales competitivas están encabezadas por varones, así como la mayoría de las candidaturas para gobernaciones e intendencias. Pero, ¿hay un retroceso? ¿podemos analizar la presencia de mujeres y travestis en las listas al margen del mapa político general?

1. Cuatro años de neoliberalismo no parecen haber sido en vano, para beneficio de una pequeña elite lamentablemente. Las condiciones sociales hoy son más difíciles, más allá de que el pueblo argentino supo enfrentarse una y otra vez a las políticas de este gobierno. Hay un giro conservador en todo el mapa político, que se refleja de forma patente en los personajes que han cobrado mayor visibilidad en las principales boletas que oferta el establishment: Miguel Pichetto, Roberto Lavagna, y el propio Mauricio Macri. Incluso las opciones que compiten con Cambiemos como José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión. Existe un corrimiento a la derecha del eje político producto del avance de fuerzas que también atraviesan el continente y arremeten en esta coyuntura con una pedagogía de odio racista y misógino hacia el otro, la otra. Reproducen discursos dirigidos al “sentido común” del ciudadano medio, fomentando sentimientos de miedo y bronca a cambio de la promesa de pertenecer a un club al que nunca nos van a invitar. Son una variante neoconservadora ante la crisis social general y constituyen un rasgo de esta época que nos toca vivir, y contra el que peleamos.

2. Para ser justa en la lectura también de este lado del mundo, que Cristina Fernández de Kirchner no sea quien encabece la fórmula, siendo la principal conductora de una porción enorme de la población, también nos habla de las características de esta coyuntura. Ella es mujer, y eso tiene otro costo. Las operaciones mediáticas, las percepciones en el humor social, los adjetivos calificativos, todo es distinto respecto de cualquier varón. Pero además es líder de la oposición, y eso vale doble. Porque no es la misma vara con la que se juzga otras figuras que han llegado con los beneficios del cupo para ser funcionales al poder de algunos. Sin embargo su decisión fue determinante para proponer una fórmula presidencial que contacta con la moderación y el diálogo que se le exige. Alberto Fernández como principal candidato, en lo que respecta a las demandas del feminismo, se ubica a favor de la ampliación de derechos de las mujeres e identidades LGTTBIQ. La unidad que ambos impulsan también acerca representantes de la política tradicional como Sergio Massa, intendentes y gobernadores. Aunque sean en su mayoría chabones quienes encabezan, no deja de ser el espacio que más compromiso tiene con la agenda feminista y donde muchas compañeras fueron reconocidas y convocadas a ser parte.

Uno de los movimientos que más aporta contra esta subjetividad social dañada durante los últimos años es el feminismo: nos dice que la salida no es individual sino colectiva, busca conseguir derechos para todas y todes, y nos convoca a encontrarnos en la intemperie para construir una vida nueva.

3. Uno de los movimientos que más aporta contra esta subjetividad social dañada durante los últimos años es el feminismo: nos dice que la salida no es individual sino colectiva, busca conseguir derechos para todas y todes, y nos convoca a encontrarnos en la intemperie para construir una vida nueva. Pero parece que esta vez no logramos romper la rueda. ¿Es un retroceso? Más bien parece una continuidad con algunos cambios. La política de nuestro país fue siempre patrimonio de varones, de un promedio elevado de edad y de clases medias y altas, a pesar de que los sectores populares, las mujeres y disidencias son históricamente sujetos políticos. De lo que se trata es de reconocer que, para que haya una verdadera transformación, ya no podemos estar invisibilizadas. Quizás no en los lugares de mayor exposición, pero al analizar las listas vemos importantes incorporaciones. En el Frente de Todxs, en los distritos más importantes y en las listas nacionales, hay referentas, feministas, jóvenes, comprometidas. Asimismo, instalamos un debate que hoy dirime candidaturas a favor y en contra del aborto. Seguramente las próximas cámaras legislativas reúnan más votos verdes aunque eso, una vez más, dependerá del resultado general. Que nuestras aspiraciones y la fuerza callejera nos sigan tensionando para ir por más, pero que no subestimen lo que logramos. Necesitamos fortalecer esos lugares, confirmar que nuestra voz es colectiva y que cuando llega una estamos expresadas muchas. Sin dudas debemos proyectar un crecimiento e instalación de compañeras que no se agota en esta oportunidad ni tampoco empieza recién ahora. Es un proceso colectivo que tiene la capacidad de seguir transformando el sentido común dominante y establecer nuevas condiciones para el contrato social que se construya a futuro. ¿Acaso no es nuestra bandera Ni Una Menos un elemento constituyente del pacto que queremos para vivir en sociedad? Tenemos un recorrido histórico a la vez que una tarea generacional que se nos plantea en esta etapa: somos nosotras las que vamos a cambiar las lógicas de construcción política en un sentido feminista, desarrollando alianzas y comprometiéndonos con un objetivo común, que es la felicidad para todas, todos y todes.

4. Frente a este panorama los feminismos tenemos que ser estratégicos, en un doble sentido. Por un lado, nuestra lucha nunca puede ir desprendida de las demandas populares, del bienestar general, de las necesidades de las mayorías. Nuestro feminismo necesariamente va de la mano de la justicia social. La posibilidad de ganar batallas no está escindida del escenario político en el cual deberán librarse. Existen muchos feminismos, pero el que defendemos está inmerso en un proyecto político popular. No nos da lo mismo quien gobierne y por eso nuestro mayor esfuerzo estará en conseguir que el Frente de Todxs derrote la alianza Cambiemos. Pero también debemos ser audaces para inscribir la agenda feminista en la política transversalmente, haciéndonos de las armas que tenemos y haciéndolas dialogar: las compañeras en las bancas y el movimiento callejero. Esa es una de las principales enseñanzas de la lucha por el derecho al aborto. La marea verde también consolida una mirada politizante en el movimiento feminista que, lejos de rechazar al Estado, revaloriza las políticas públicas como herramientas transformadoras e inclusivas. Sabemos cuál es nuestro norte y no hay resultado que nos convenza de otra cosa: estamos haciendo historia. Esto recién empieza.