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Estamos frente a un panorama crítico que, de seguir estas políticas, acabará con gran parte del patrimonio artístico que construimos como país.

A pocos días de las PASO los datos de la macroeconomía son elocuentes. La pobreza y la indigencia aumentan, cada vez hay más gente en situación calle, la inflación está descontrolada, la deuda se está tornando impagable y la fuga de capitales es récord. En este contexto, la crisis también impacta en la actividad cultural. Existen políticas públicas, o su ausencia, que fueron destruyendo la industria cultural.

La cultura, como bien inmaterial clave en el desarrollo de las comunidades, debe ser apoyado por el Estado. Es así en todo el mundo. Desde lo discursivo el gobierno de Cambiemos también sostiene esta premisa, pero en los hechos la inclinación es hacia lo contrario, para muestra basta un botón: ya no existe el Ministerio de Cultura. Veamos qué ocurrió y ocurre en cada campo cultural.

 

Industria Audiovisual

Desde todos los sectores que la conforman se denuncia el vaciamiento del INCAA. Gran parte de las películas realizadas en estos años corresponden a créditos otorgados durante el gobierno anterior. La mayoría de las producciones fueron obligadas a filmarse con presupuestos recortados, lo que impacta en la calidad de nuestra cinematografía. 

Las políticas del INCAA beneficiaron a las grandes productoras, en detrimento de las  independientes. El gobierno no cumple con su propio plan y cada vez ahoga más a las PyMEs del sector. Las cuotas de pantalla no se cumplen y las resoluciones establecen, como los indica el Colectivo de cineastas aquí, condiciones cada vez más agobiantes para salir a rodar. 

La televisión vive una crisis angustiante. El cierre de varias casas productoras, los escasos niveles de producción y la falta de adecuación a las nuevas formas de exhibición generan pérdida de mercados y puestos de trabajo. Pasamos de ser, en 2012, el cuarto exportador mundial de contenidos y formatos televisivos, a tener una industria prácticamente detenida.

Los canales estatales; Encuentro, Paka Paka, Deportv y TV Pública; generan muy pocos contenidos propios. 

A esto se suma la preocupante situación del acervo audiovisual. Cientos de series grabadas durante la gestión anterior fueron eliminadas de las plataformas digitales, y el público no puede acceder a ellas. Corremos el riesgo de perderlas, sino eso no sucedió ya.

 

Industria editorial 

El estado de la actividad editorial es directamente catastrófica. Según la Cámara del Libro en 2016 se editaban 62,65 millones de libros, en 2018 36,32 millones. Se perdieron 5000 puestos de trabajo en esos tres años. Los primeros datos de 2019 hablan de una posible caída del 35%.

Lxs defensores del cambio argumentarán que la situación de la industria editorial se debe a la irrupción de los lectores digitales. Pero según el Sistema de Información cultural de la Argentina (SINCA) en 2017, últimos datos relevados, sólo el 10% de lxs lectores argentinxs usaban este tipo de dispositivos electrónico y no para la totalidad de sus lecturas. 

En 2016 el gobierno anunció que se retiraban todas las restricciones a la importación de libros, sosteniendo que esta medida iba a volver más competitivo al sector. A los números hay que remitirse. El valor actual del dólar, teniendo en cuenta que esta es una industria que importa la mayoría de sus insumos, encarece la producción e impide tener costos que vuelvan nuestros libros atractivos para el mercado externo.

Esto afecta a las editoriales pequeñas e independientes, a las librerías de barrio. Las multinacionales y grandes cadenas soportarán la crisis y probablemente salgan fortalecidas con la competencia diezmada.

En el Fondo Nacional de las Artes las becas creación pasaron de 50.000 pesos en 2017 a 60.000 en 2019. Un aumento del 20% para una inflación de casi el 80%. Se entregaron más becas, es verdad, pero con menor capacidad productiva.

 

Teatro

El último semestre fue el más bajo en venta de entradas en un lustro. Ante la incertidumbre, la producción de obras bajó en un 40%. En Buenos Aires se cerraron por lo menos 10 salas. Y estas vacaciones de invierno hubo un 30% menos de espectadores que 2 años atrás.

 

Museos

En los museos nacionales se cambió una política histórica de gratuidad, que llevaba 11 años. Esta medida impulsada en 2018 en el Museo Nacional de Bellas Artes era, supuestamente, sólo para la muestra de Turner. Hoy todas las muestras temporarias cobran entrada. Quizás mañana sea para toda la colección. Se podrá aducir que el precio es bajo, pero supone un cambio de paradigma. En este contexto, para muchxs, comienza a ser prohibitivo el acceso a la cultural. 

Hay industrias culturales, como la audiovisual, que por su propia naturaleza necesitan del apoyo directo del Estado. Hay otras, como el teatro o la industria editorial, necesitan ayuda indirecta, mucho más en momentos de crisis. La cultura no se puede pensar desde la lógica del librecambio, ni ser arrojada a la arena del mercado. 

Estamos frente a un panorama crítico que, de seguir estas políticas, acabará con gran parte del patrimonio artístico que construimos como país.

Estamos frente a un panorama crítico que, de seguir estas políticas, acabará con gran parte del patrimonio artístico que construimos como país.