Por: Fotos: Gala Abramovich

En la historia Argentina y Latinoamericana solo una mujer llegó al lugar más alto en la conducción de una central obrera: Susana Rueda en el año 2004-2005 cuando junto a Hugo Moyano y José Luis Lingeri fue parte del triunvirato de la Confederación General del Trabajo (CGT). Dos años antes, en 2002 se había sancionado la ley 25.674 conocida como “Ley de Cupo Sindical Femenino” que establece la representación femenina en cargos electivos y representativos de las asociaciones sindicales en un mínimo del 30 por ciento cuando el número de mujeres alcance o supere ese porcentual sobre el total de los trabajadores. Sin embargo, a diecisiete años de haberse convertido en ley, esta normativa está lejos de cumplirse o en muchos casos, al igual que ocurre con otros cupos que intentan revertir las desigualdades imperantes, estas legislaciones se convierten en un techo. Es más, muchos varones sindicalistas se jactan de que se cumple el cupo, flameando la bandera de la igualdad, sin embargo, las mujeres ocupan puestos de vocalías o administrativos.

Casi dos décadas después de su sanción, el cupo se vuelve insuficiente cómo forma de incorporación de una política feminista que rompa con la hegemonía mascuilina.

Hoy que los feminismos tienen mayor protagonismo en todos los espacios, aparecen nuevos interrogantes para revertir la desigualdad en el universo sindical: ¿hay que poner la lupa en el cupo sindical? ¿puede pensarse en la paridad sindical como existe en la política? ¿O hay que repensar las maneras en que las formas en la que las mujeres se insertan en el campo laboral y en el sindical? ¿Cómo hacen los feminismos para hacer un tajo en las cúpulas sindicales que en su mayoría están compuestas por varones? ¿Cómo se rompen los estereotipos del machito sindical?

En su discurso de a fines de 2018, cuando asumieron las nuevas autoridades de la CTA de los Trabajadoras, Daniel “Tano” Catalano, que tomó el cargo de secretario general de ATE Capital, redobló la apuesta y planteó que la paridad de género debería llegar a las listas sindicales. También se comprometió a trabajar fuertemente en eso.

En ese sentido, Carolina Brandariz, secretaria de géneros de la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE) cree que la ley de cupo sindical será efectiva cuando exista una voluntad política. Brandariz pone el foco en la trama de inequidad que plantea la economía del cuidado.

“La falta de participación de las mujeres en los sindicatos está vinculada con muchas cuestiones. Algunas de ellas son más objetivas y tienen que ver con las tareas de cuidado y, por lo tanto, el menor tiempo para militar. Pero hay otras cuestiones más subjetivas que es lo que la sociedad espera de nosotras y esto es que no estemos en lugares de poder ni participemos en los ámbitos sindicales, que son culturalmente construidos como masculinos. Por otro lado creo que hay prácticas discriminatorias en los sindicatos que hacen que se segreguen a las mujeres. Por ejemplo, que los lugares sindicales no estén preparados para los cuidados de nuestros hijxs, que las reuniones sean en horarios muy tardíos. Esto hace difícil que podamos ser secretarias generales. Por eso insisto en que más allá de lo formal de la ley esto se resuelve con voluntad políticas. Si en las reuniones intersindicales solo convocan a los secretarios generales  que la mayoría son varones, entonces nunca vamos a entrar en esos espacios. Podríamos plantear que vaya una dupla, por ejemplo”.

Adriana Donzelli es secretaria adjunta de la CGT de Mar del Plata. Es la primera vez en la historia que en esta seccional de tanto peso—el propio Hugo Moyano tuvo su primer cargo allí—una mujer es electa en el segundo cargo de mayor poder dentro de la estructura. Además de sindicalista, ella se considera feminista y está movilizada por la pelea por aborto legal, seguro y gratuito. Desde que asumió su función viene llevando una agenda sindical con perspectiva de género y logró, en tan solo un año de gestión, convocar a trabajadoras que históricamente habían sido expulsadas de sus sindicatos por el hecho de ser mujeres como el caso de los sindicatos marítimos.

En diálogo con LATFEM Adriana Donzelli reflexiona: “No solo hay que poner la lupa el cupo, sino en las prácticas, en la forma en la que nos insertamos en el trabajo, en la segmentación laboral, porque todas los motivos de discriminación y subordinación de la mujer en el ámbito laboral terminan reproduciéndose en el ámbito sindical. No alcanza con que garanticemos a través del cupo la presencia de las mujeres, tenemos que pensar en una representación genuina, de la identidad de mujer, con toda la impronta de la perspectiva de género en lugares de peso y de decisión. Con el cupo solamente no alcanza porque garantizamos número, pero tenemos que pelear por la incorporación real y genuina de las mujeres en los sindicatos como práctica normal y habitual. El verdadero cambio tiene que ser de fondo, tenemos que ir por el liderazgo con perspectiva de género, la construcción cultural de un nuevo modelo de sindicalismo que no solo debe trabajar hacia el interior sino como construcción en el imaginario social. Hay una representación de lo sindical que lo asocia a prácticas masculinizadas y que de alguna manera hacen difícil la incorporación de las mujeres por este preconcepto de que lo sindical es de los varones. Muchas veces puede ser una trampa la ley porque podemos llegar a caer que ya está logrado el objetivo. ¿Cómo lo hacemos? empoderando a las mujeres como cuadros sindicales y redistribuyendo los roles en el sindicato. La democratización de las tareas del hogar va a facilitar que las mujeres tengan una participación más activa en los sindicatos”.

“Todas en todos lados” es la frase que recorre las fábricas, las empresas, las asambleas de base, las comisiones directivas. ¿Por qué no hay mujeres manejando trenes? ¿Por qué hay menos de diez mujeres manejando camiones? ¿Por qué casi no hay mujeres en las plantas de producción que confeccionan desde un sachet de leche hasta un auto? Por una simple razón: ser mujeres. Por eso, las mujeres que militan dentro de los sindicatos, entendieron en estos tiempos de feminismos que la pelea es por adentro.

En un país con más de 3000 gremios es díficil realizar estadísticas sobre cuántos de ellos cumplen con el cupo. Algunos informes que existen al respecto por el actual ministerio de Trabajo son utilizados como herramienta no solo para denostar a los sindicatos, sino también como puerta de entrada para una eventual intromisión en ellos.

En un país con más de 3000 gremios es díficil realizar estadísticas sobre cuántos de ellos cumplen con el cupo. Algunos informes que existen al respecto por el actual ministerio de Trabajo son utilizados como herramienta no solo para denostar a los sindicatos, sino también como puerta de entrada para una eventual intromisión en ellos.

Por eso deben ser las mujeres sindicalistas las que poniendo el cuerpo día a día, lidiando con sus propios prejuicios, con sus propios compañeros que también transitan procesos de decontrucción, son las que van a transformar las cosas. Cualquier imposición que venga desde afuera, ya sea un Gobierno que con el slogan de “igualdad de género” presenta leyes cuya única intención es intervenir y destruir a los sindicato; o ya sea desde un feminismo que con el dedo levantado- sin siquiera haber pisado un sindicato- pretende explicarles a las que día a día se calzan la pechera y tocan un bombo, no soluciona la cuestión de fondo.

Aún queda mucho por recorrer. Sin embargo, las mujeres sindicalistas tienen una cosa en claro. La transformación es desde adentro,  y por eso la frase sobre la que insisten: “El sindicalismo es con nosotras”.