Por: Fotos: Facundo Nívolo

Diana fue asesinada la madrugada del 11 de octubre de 2015 y su causa fue caratulada por lxs fiscales desde el primer momento como crimen de odio por motivos de identidad de género, violencia de género y alevosía; siendo la primera vez en la historia que una investigación judicial reconoce la figura de travesticidio y de crimen de odio en el caso de una persona del colectivo travesti trans. En su largo currículum de batallas por los derechos humanos, figura que Diana fue una de las impulsoras de la Ley de Identidad de Género que rige en nuestro país y de la Ley de cupo laboral travesti trans, que obliga que el uno por ciento de la administración pública de la provincia de Buenos Aires sea empleado por personas travestis y trans.

Antes de las 9 de la mañana, frente al palacio de tribunales ya había más de 50 personas, que con el paso de las horas se multiplicaron por tres. Familiares de Amancay Diana Sacayán, activistas y organizaciones que fueron consultadas por los periodistas que llegaron a cubrir el juicio recibieron una respuesta que se repitió y se viene repitiendo desde el mismo 13 de octubre en que encontraron el cuerpo de Diana en el edificio de Flores donde vivía: fue un travesticidio. ¿Qué es un travesticidio? Considerar a la identidad travesti como un motor que impulsa el odio o el desprecio que hacen que una persona ataque o le quite la vida a otra.

Diana fue asesinada la madrugada del 11 de octubre de 2015 y su causa fue caratulada por lxs fiscales desde el primer momento como crimen de odio por motivos de identidad de género, violencia de género y alevosía; siendo la primera vez en la historia que una investigación judicial reconoce la figura de travesticidio y de crimen de odio en el caso de una persona del colectivo travesti trans. En su largo currículum de batallas por los derechos humanos, figura que Diana fue una de las impulsoras de la Ley de Identidad de Género que rige en nuestro país y de la Ley de cupo laboral travesti trans, que obliga que el uno por ciento de la administración pública de la provincia de Buenos Aires sea empleado por personas travestis y trans.

Diana fue asesinada la madrugada del 11 de octubre de 2015 y su causa fue caratulada por lxs fiscales desde el primer momento como crimen de odio por motivos de identidad de género, violencia de género y alevosía; siendo la primera vez en la historia que una investigación judicial reconoce la figura de travesticidio y de crimen de odio en el caso de una persona del colectivo travesti trans. En su largo currículum de batallas por los derechos humanos, figura que Diana fue una de las impulsoras de la Ley de Identidad de Género que rige en nuestro país y de la Ley de cupo laboral travesti trans, que obliga que el uno por ciento de la administración pública de la provincia de Buenos Aires sea empleado por personas travestis y trans.

Diana travesti, sudaca y originaria

La sala número 6146, donde transcurrió la audiencia, es un cuarto pequeño, de unos 15 por 10 metros, que está ubicado en el sexto piso de los tribunales. Allí, esta mañana el aire estaba denso, aunque la calma de la corrección que exige el proceso judicial hizo que los cuarenta minutos en los que se leyó el requerimiento y la acusación de Marino parecieran tranquilos. Una falsa calma que nada tenía que ver con la descripción del asesinato que un pequeño público de familiares, allegadxs y periodistas pudo escuchar en vivo.

“Hoy se leyeron los cargos de acusación y quedó claro que fueron dos personas. Quedó claro también que fue un asesinato con muchísima crueldad y que fue basado en que Diana es Diana: que Diana es travesti, Diana es sudaca, es originaria y es una referente de derechos humanos”, dijo Luciana Sánchez, abogada de la querella familiar, frente a los tribunales.

“Esto que hoy parece un piso inamovible nos costó muchísimo y vamos a seguir trabajando para sostenerlo durante todo el juicio, para que quede claro por qué se llevaron a nuestra compañera, por qué nos mandaron a todos esa señal con su crimen dejando su cuerpo como lo dejaron. Lo más impresionante en ese sentido fue escuchar cómo todas las acusaciones, tanto la pública como la del INADI (Instituto Nacional Contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo), acompañaron el reclamo de la querella familiar para que esto sea considerado un travesticidio”, dijo Sánchez.

Un hijo sano del patriarcado

Marino estuvo a solo cuatro metros de los familiares de Sacayán. Y no alteró el gesto cuando el asesor del juez leyó tres veces las acusaciones pronunciando las palabras puñal, maniatada, golpes, mordaza, cuchillo, tijera, martillo. Cuchillo, tijera, martillo cerca del cuerpo. Cuchillo, tijera, martillo en la habitación del hecho. Marino tiene 25 años, la piel blanca, pálida, y una mirada fija y entrecerrada. La boca es un corte pequeño, apenas pronunciado, que por momentos pareció llevar una sonrisa leve en una de las comisuras. No luce como un monstruo, lo que tranquilizaría al sentido común. No: podría fácil pasar desapercibido en un subte. Como dice el dicho feminista, Marino es “un hijo sano del patriarcado”.

Fue todo muy breve. Entrar, escuchar las acusaciones y salir. En los requerimientos, por primera vez en un juicio, se escuchó la figura de travesticidio. La única alteración a la lectura del asesor del tribunal fue un pedido del fiscal Yapur, que llamó a que se leyera completa el párrafo del escrito que cuenta cuando Diana presentó a Marino a sus amigas con otro nombre: se habían conocido en el ex Cenareso (Centro Nacional de Rehabilitación Social) y no lo llamaban Gabriel sino Lautaro Francisco. Probablemente más adelante, en las audiencias o alegatos, se muestre la motivación de Yapur para resaltar este episodio.

Después el tribunal se anunció que el cuarto intermedio pasaba hasta el próximo lunes 19 de marzo, cuando tendrán lugar las primeras declaraciones de testigos. “Es la primera vez que tenemos a este tipo en frente y por supuesto que no dejan de pasarnos millones de cosas por la cabeza, millones de sensaciones por el cuerpo. Ganas de llorar, de vomitar, de gritar, de decir un montón de cosas. A la vez mantengo la calma, cierro los ojos y pienso en Diana, todo el trabajo que ha hecho y el legado que nos ha dejado. Cierro los ojos, vuelvo a pensar en Diana y me fortalece. Por supuesto que voy a estar acá la semana que viene para declarar porque no le tengo miedo a esta persona ni al odio. Porque no es solamente una persona: él representó en ese instante al odio”, dijo Say Sacayán, hermano de Diana.

Acá estamos Diana

Apenas terminada la audiencia, pasado el mediodía, la esquina de Talcahuano y Tucumán siguió copada por un escenario que puso música para abrazarse y decir “acá estamos Diana” de muchas maneras: ya sea estampando remeras con su cara, repartiendo pines, leyendo una poesía en la radio abierta o compartiendo canciones, como lo hizo Flopa.

Para hablar con LatFem, la activista Marlene Wayar (perteneciente a Futuro Transgenérico y Colectiva Lohana Berkins) quiso ir al sol: la audiencia que presenció la había dejado literal y espiritualmente con frío. “Diana era una travesti de Laferrere, uno de los lugares más densamente poblados del conurbano, y eso le daba un perfil particular. Pienso que el motor de que hoy estemos acá es que ella articulaba muchas luchas. Por supuesto que la bandera que más sostuvo fue la de la travestidad, pero su camino la fue llevando a los derechos humanos y toda esa gran deuda de la democracia con nuestra comunidad. Porque los derechos todavía no son humanos para nosotras”, dijo Marlene.

Mientras que el escenario rodante llamaba a que la convocatoria se juntase, para escuchar el resumen de lo que había pasado en la sala, Marlene recordó el día que habló por primera vez con Diana:

-¿Cómo nos conocimos? ¡En un calabozo! Hace muchísimo tiempo ella se enfrentaba con las mafias de los prostíbulos de Laferrere que estaban en connivencia con la policía, entonces la habían golpeado a ella y su hermana Johana y las llevaron presas. Recuerdo esa primera vez en un pasillo húmedo, que la fui a ver para llevarle algunas cosas para su estadía. Ahí merendamos y me dio un par de cartas para hacer públicas donde denunciaba los maltratos que se vivían a diario. Tiempo después formamos un trío con de complicidades con Lohana (Berkins) y Diana. Y aunque podía haber discusiones entre nosotras eran eso: discusiones, porque sabíamos que el enemigo estaba en otro lado y había que estar unidas. Hoy para mí su falta implica dos ausencias enormes: me falta mirar a alguien y saber que me está sosteniendo, porque nos podíamos organizar con absoluta confianza y con soltura, algo que en este momento no encuentro. Y en el sentido humano me falta mi amiga, que me podía sacar una risa y hacerme sentir que podía bajar las armas, distenderme y estar con absoluta tranquilidad.

Hacia el final, como un hada de todas las luchas, apareció Nora Cortiñas -presidenta de Madres de Plaza de Mayo Linea Fundadora- y llamó a la resistencia:

-Esperemos que la sentencia al asesino o los asesinos sea la que corresponde, que se demuestre este odio terrible que hay hacia esta comunidad, hacia todos ustedes. Y que a todos los que persigan por cuestiones de género, de sexo o de decisión, la justicia les sea determinante. El lunes que viene nos veremos otra vez. ¡A hacer toda fuerza posible!

Por último, antes de desconcentrar, el coro improvisado gritó como indiada en lucha y se repitió un canto que ya es un clásico: “Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las travestis en la cara de la gente”.