Por: Fotos: La Palta (Agostina Rossini)

Se trata de uno de los juicios más largos y emblemáticos de la historia de Tucumán: 135 audiencias, 192 testigxs, 10 personas que fueron citadas como testigxs y fallecieron con el paso de los años, 10 personas fueron detenidas durante el proceso y fueron 6 hombres los imputados.

El 26 de febrero de 2006 Paulina Lebbos salió de un boliche en la zona conocida como “el Abasto”, en la provincia de Tucumán, en remise. Viajó en el auto, un Fiat Duna Bordó, junto a su amiga Virginia Mercado. Virginia llegó a su casa, Paulina no. Su cuerpo fue encontrado trece días después a la vera de la ruta 314. El juicio por su crimen tardó trece años en llegar y terminó sin demasiadas certezas sobre lo que pasó con la joven desde que se despidió de su amiga hasta que se encontró su cadáver. Sin embargo, el proceso judicial abrió nuevos interrogantes y una nueva investigación que estará a cargo del mismo fiscal, Diego López Ávila.

Se trata de uno de los juicios más largos y emblemáticos de la historia de Tucumán: 135 audiencias, 192 testigxs, 10 personas que fueron citadas como testigxs y fallecieron con el paso de los años, 10 personas fueron detenidas durante el proceso y fueron 6 hombres los imputados.

Se trata de uno de los juicios más largos y emblemáticos de la historia de Tucumán: 135 audiencias, 192 testigxs, 10 personas que fueron citadas como testigxs y fallecieron con el paso de los años, 10 personas fueron detenidas durante el proceso y fueron 6 hombres los imputados.

El debate oral dejó al descubierto las complicidades del poder policial y los funcionarios estatales para encubrir a los responsables del asesinato. Las irregularidades comenzaron desde el momento que fue encontrado el cuerpo, donde la policía de Raco, una localidad cercana a San Miguel de Tucumán, falsificó el acta que daba cuenta quien había realizado el hallazgo. El acta adulterada, que expresaba que el cuerpo de Paulina había sido encontrado por efectivos policiales durante un rastrillaje fue lo que motivó este juicio y permitió diagramar un mapa que aún no se termina por completar.

Los imputados fueron todos hombres ligados al poder local. Cuatro funcionarios del gobierno del ex gobernador de Tucumán José Alperovich fueron condenados como co-autores voluntarios y responsables de encubrir el crimen de Paulina Lebbos. El ex ministro de seguridad Eduardo Oscar Di Lella, el ex jefe de Policía Hugo Raúl Sánchez, el ex subjefe de Policía Luis Nicolás Barrera y el ex jefe de la Unidad Regional Norte, Héctor Rubén Brito, falsificaron instrumentos públicos, abusando de su autoridad, agravado por haber sido funcionarios del Estado.

Tanto Di Lella como Sánchez pasarán seis años presos. Barrera, cinco años y medio, mientras que Brito solo cinco. Todos quedaron detenidos bajo prisión preventiva.

Díez días tendrán Di Lella, Sánchez, Barrera y Brito para pagar la suma de 11 millones de pesos por los daños materiales y morales, una vez que la sentencia quede firme. La provincia quedó exenta de pagar las indemnizaciones correspondientes, que ya el tribunal consideró que la causa civil prescribió en ese punto.

El único imputado por el femicidio de la joven, Roberto Luis Gómez, resultó absuelto. No se logró demostrar su vinculación con el crimen. Tampoco pudo explicar por qué tuvo en sus manos el teléfono de Paulina e introdujo su chip el mismo día de la desaparición de la joven.

Alberto Lebbos, el padre de Paulina, es el otro protagonista de esta historia, y quien incansablemente lucha contra la impunidad desde aquel 27 de febrero de 2006 cuando radicó la denuncia por la desaparición de su hija. En aquel momento también era funcionario del gobierno del entonces gobernador José Alperovich, y renunció a su cargo al comenzar a sospechar las tramas del encubrimiento que lo llevaría a marchar durante cada martes, los próximos 13 años, junto a otros familiares de víctimas de la impunidad.

La mala víctima

La misma red de complicidades que adulteró las actas, montó las estrategias mediáticas para encasillar a Paulina como una mala víctima. Al igual que sucedió con Melina Romero, la “fanática de los boliches”, se la culpabilizó de su propio destino. La opinión pública se insmiscuyó en la vida íntima que tenía la estudiante, en el rol de su padre y su madre, y poco hizo por entender que por detrás de todo ello, una red de mentiras se comenzaba a tejer para evitar que la verdad salga a la luz. Cómplices, junto a toda la sociedad que en un mutismo absoluto ignoró durante más de 7 años la causa se mantenía bajo secreto de sumario.

Durante el juicio se pudo ver un video inédito del momento de la autopsia del cuerpo. Una camioneta vieja que funcionaba de auxilio mecánico de los Bomberos trasladó el cuerpo de Paulina desde el lugar donde fue hallado. Sin ningún tipo de cuidado, iba envuelto en un plástico negro ajustado con cinta adhesiva. La autopsia se realizó bajo un árbol, al aire libre. Todas las pruebas obtenidas estaban contaminadas, perjudicando todos los estudios posteriores. Sumado a eso, lavaron con agua el cuerpo de Paulina, borrando toda evidencia de ADN y las marcas que las manos que la asfixiaron pudieron haber dejado.

Durante el juicio también se buscó determinar si las negligencias formaron parte del plan de encubrimiento o fueron simplemente la desidia que enlaza a la forma de violencia machista más extrema con la violencia institucional.

La complicidad de la cúpula del poder policial permitió que el crimen quede impune y que aún hoy no se sepa quiénes fueron todos los responsables. Tampoco se pudo establecer quiénes fueron los autores materiales del crimen.

Alberto Lebbos sostiene que, quienes fueron juzgados, saben el nombre del o los asesinos hace 13 años.  “Los asesinos de Paulina siguen entre nosotros”, aseguró cuando terminó la última audiencia, ante una multitud.

De las pruebas que se produjeron en las 135 audiencias que duró el juicio, surgieron numerosas circunstancias que ameritan nuevas investigaciones.

La Fiscalía a cargo de Diego López Ávila investigará como posibles autores del homicidio a Sergio Kaleñuk, hijo de Alberto Kaleñuk, ex secretario privado del entonces gobernador, José Alperovich, Víctor César Soto, ex pareja de Paulina Lebbos, y a Jorge Hernán Jiménez, amigo de Soto.

Con la investigación a Kaleñuk, la hipótesis de “los hijos del poder” vuelve a reflotar. Fue Alberto quien señaló ese camino desde un principio. También, se investigará a otras nueve personas que pasaron por el tribunal por posible “encubrimiento” y por “falso testimonio”.

Mientras Alberto Lebbos esperaba la sentencia por el femicidio de su hija, José Alperovich iniciaba su campaña como candidato a gobernador por un cuarto período en la provincia