Voy  a empezar con algo que dijo Mariana Rodríguez Varela, que se podría decir que encabeza al sector que se niega a reconocer el aborto en la Argentina, que es que una niña que es violada a los 11 años y queda embarazada tiene ahí la oportunidad de hallar la felicidad. Yo cuando de chica jugaba a la familia con mi prima lo que hacíamos era hacer como que nos íbamos a dormir y poníamos al bebe en la cama, despertábamos con un hijo, le dabamos comida de plástico, y seguíamos con nuestras vidas. Así de listas estábamos para ser madres, atravesar nueve meses de embarazo, un parto y la crianza de un tercero sin finalizar la propia. Y bueno, ni hablar de con la levedad que se menciona la violación. En esas cuestiones soy de las que prefiere ahorrarse explicaciones, la lógica perversa no es la mía, no tengo ni que decir que está mal violar, ni explicar por qué entonces significa algo ser violada.

Es evidente que en esa etapa de nuestra vida la información si no es poca, es nula. Y sobre todo muy tendenciosa. Estamos cargadxs de estereotipos, y el amor solo existe en las góndolas que nos ofrece la tv: amaremos heterosexualmente, monogámicamente, y por el rseto de nuestras vidas.

Se acuerdan de esa desinformación muy tarde y de forma exageradamente imperativa. Se acercan a nosotras y a nuestra sexualidad cuando quedamos embarazadas, y no para traernos herramientas sino para ordenarnos que, como hicimos toda nuestra vida, acatemos a un mandato, a nuestro presunto destino: ser madres.

Me parece absolutamente irresponsable que incluso habiendo una ley de Educación Sexual Integral sancionada desde el 2006 hagan caso omiso a nuestras necesidades sistemáticamente, y tengan el tupé de pasarnos por encima por las necesidades morales clericales ajenas. En las escuelas no se nos incentiva a hacer preguntas, y menos se nos otorgan respuestas. A ver si aprendemos un poco de la regla de la oferta y la demanda. Si se demanda información: queremos que nos enseñen que la diversidad sexual existe, que nos hablen del ejercicio del placer, que se nos introduzca al mundo de la anticoncepción. Cómo es posible que a cambio se nos ofrezcan oídos sordos, miradas llenas de juicio a la libertad que venimos construyendo en cuanto a nuestras relaciones sexo afectivas, y órdenes que parecen ineludibles en cuanto a la maternidad.

Tienen que hacerse cargo de que todo el vacío que se fundó en su desinterés fue reemplazado por autogestión.

Hemos decidido hace rato conquistar nuestra libertad. ¿Cuándo firmamos un contrato de que si o si íbamos a querer ser madres? ¿Cuando mostramos disposición a que los deseos de las instituciones sean más importantes que los nuestros? Hablamos del derecho al aborto como hablamos del derecho a la libertad y a la decisión, sobre esto y sobre todo. Tienen que hacerse con la idea de que queremos otro tipo de vida, y que no podemos seguir muriendo por rechazar la suya. Me encantaría que esto sea figurativo, pero nunca fui tan literal. Desde que empezó este debate se viene diciendo: el aborto clandestino existe y mata. Las mujeres pobres y varones trans se están muriendo, con tanta firmeza en esta sociedad se busca marginar lo más posible al ya marginado y parece que el Estado es cómplice teórico y ejecutor femicida. Las que juegan otra suerte y no mueren, por tener otras condiciones socioeconómicas, quedan pegadas a un tabú impuesto, a un  trauma forzado, por -de vuelta- romper con un contrato que nunca firmaron. ¿Por qué tiene que angustiarnos, o por qué tenemos que morir, por construir la vida que queremos? Eso jamás debería darnos miedo.

No nos da miedo no ser madres, nos dan miedo MUCHAS otras cosas. Y los que invalidan esos miedos y esas angustias son los que no conocen nuestro mundo. Tenemos relaciones violentas, con celos, puteadas y golpes. Salimos a la noche y nos persiguen borrachos que nos quieren llevar a sus casas. Vamos a fiestas en las que tenemos que decir que no sesenta veces para que alguien entienda que no queremos estar con él. Nos ponen drogas en las bebidas. A veces no lo entienden y estamos, nos sentimos acorraladas. Los viajes de egresados y los boliches plantean a la mujeres como objeto de consumo, y a los hombres los invitan a competir por consumirnos, a ser su objetivo de la noche. Nos abusan hasta a veces en nuestras propias casas. Vivimos a las patadas del patriarcado. ¿Donde están todos esos moralistas y defensores de la vida cuando estamos en peligro? ¿Donde estan los directivos? ¿Donde está el Ministerio de Educación? ¿Por qué se asume que nos da miedo algo que no? ¿Por que no se atreven a preguntarnos cuales son nuestras verdaderas angustias y pelear para terminar con ellas?

Lamentablemente es porque es tanto el culto a la propiedad privada en este país que quieren hacer que las mujeres seamos parte de ella. Pero, afortunadamente, existe una contracara: es que para nosotras esto es un tema saldado, el pañuelo de la campaña por el aborto legal seguro y gratuito es nuestro uniforme en las escuelas. Estamos siempre en las calles, estuvimos todos los martes en frente de este congreso reclamando por lo que nos es propio. Somos las que esperan en vela el resultado de esta votación, somos las que abortan. Ahora les toca a ustedes concedernos la posibilidad de decidir. Ahora les toca ustedes batallar contra la opresión. Ahora les toca a ustedes legalizar el aborto en la argentina. De lo contrario nos están mandando a morir a su guerra sin pedirnos permiso, pero deben saber que ya tenemos nuestro propio ejército.

Porque donde se enuncia en primera persona hay indefectiblemente una ausencia de derechos. Yo puedo decir que no aborté, puedo decir también que abortaría, y otra podría decir que ella no. Pero una sociedad justa no se construye hablando de uno mismo, se construye celebrando la libertad del otro. Lo único mas grande que el amor a la libertad es el odio a quien te la quita.