Adriana Serquis: de la fusión entre ciencia y política, una candidata para enfrentar a Milei

Nacida exactamente cien años después que Madame Curie, la física y química polaca del siglo XIX pionera en los estudios de la radioactividad, Adriana Serquis sintió pasión por la ciencia desde que era una niña. Algo en eso de conocer cómo funcionan las cosas para luego transformarlas, le fascinaba. Más tarde sabría que de eso también se trataba la política.  Desde la ciencia y la universidad, dos de los sectores más atacados por las políticas de ajuste y crueldad del gobierno de Javier Milei, nace una candidata.

Adriana Seriquis lleva el pelo platinado, el flequillo recto, anteojos en punta y una sonrisa ancha. Tiene aspecto de científica y lo es. Licenciada en Física en la Universidad de Buenos Aires, hizo su doctorado en el Instituto Balseiro. Es investigadora del Conicet y desde junio de 2021 hasta mayo de 2024 fue presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). A fines de los 90’, la época en que a “las científicas las mandaban a lavar los platos”, como contó Adriana en una entrevista televisiva, se fue del país. Volvió a su patria con el gobierno de Néstor Kirchner y ahora, además de Secretaria de Investigación Universidad Nacional de Río Negro, es candidata a diputada nacional por el Fuerza Patria en esa provincia patagóncia. 

Desde la ciencia y la universidad, uno de los sectores atacados por las políticas de ajuste y crueldad del gobierno de Javier Milei, nace una candidata. ¿Cómo se conjugan la ciencia y la política en su vida? ¿Cómo es para una mujer abrirse paso y romper el “techo de cristal” que sigue vigente en este ámbito? ¿Qué lugar tiene la Argentina en materia de energía nuclear? ¿Qué preguntas nos abre este presente? 

Científica 

Nacida exactamente cien años después que Madame Curie, la física y química polaca del siglo XIX pionera en los estudios de la radioactividad, Adriana Serquis sintió pasión por la ciencia desde que era una niña. Algo en eso de conocer cómo funcionan las cosas para luego transformarlas, le fascinaba. Más tarde sabría que de eso también se trataba la política.  

¿Cómo llega la ciencia a tu vida? 

Desde muy chiquita siempre me gustó jugar con experimentos. Mi papá era ingeniero, teníamos libros en casa. Y tuve otra gran inspiración que fue mi abuelo, una persona muy ingeniosa, que no terminó formalmente su educación, pero de muy chiquita nos daba problemas para resolver, que luego supe que eran de matemática o álgebra. Jugar a cómo funcionan las cosas siempre fue parte de mi vida. 

Pero las disciplinas exactas no eran las únicas que la atraían. También se interesó por la docencia y las ciencias sociales. Así, primero se recibió de maestra de primaria y mientras daba clases en escuelas de la Ciudad de Buenos Aires, y fomentaba talleres de difusión científica para niñes, comenzó a estudiar Física. Años más tarde, allá por los 90’, poco antes de partir al exterior, llegaría a Bariloche, al sur de la provincia de Río Negro, ciudad que desde entonces eligió para vivir. 

Crédito: archivo Adriana Serquis

Ser mujer en ciencia 

En el 2014, Adriana Serquis recibió el premio Loreal por las Mujeres en la Ciencia por su trabajo en materiales sobre energías limpias. En ese momento, empezó a cuestionarse: ¿por qué era necesario hacer un premio para mujeres? ¿Qué violencias habían estado invisibles todo ese tiempo? 

En Argentina, la mayoría de quienes investigan son mujeres: 6 de cada 10. Los datos se desprenden del “Diagnóstico sobre la situación de las mujeres en ciencia y tecnología”, publicado en 2023 o del Programa Nacional para la Igualdad de Géneros en Ciencia, Tecnología e Innovación. La estadística se mantuvo prácticamente en los mismos valores desde 2018 hasta el 2023 y sin embargo, alertan en el informe, “existen brechas de género que se manifiestan en el acceso diferencial a las categorías más altas de la carrera de investigación”. Por ejemplo, en 2021 se registró una distancia de 6,2% de las mujeres con respecto a la posición de los varones en la categoría más alta del escalafón profesional (“A”).

¿Cómo fue abrirse paso en el mundo de la ciencia siendo mujer? 

De más chica no sentí mucha discriminación, tenía muy naturalizado situaciones que ahora reconocemos como un tipo de violencia. Naturalizas que tenés que estar siempre dando examen, que tenés que demostrar algo más. Después, con dolor, descubrís que ciertas cosas te costaron más de lo que debería, que resignaste cosas que no deberías haber resignado o que pasaste malos momentos. Y no querés que le pase a la que sigue. 

¿Cuáles son los obstáculos que se presentan para las mujeres en la ciencia, ese “techo de cristal”?

Una de las cosas que nos pasa en ciencia es que, para poder progresar en la carrera, muchas veces tenés que participar de congresos, eso implica tener que irte de tu hogar. En el jardín me decían ¿quién va a cuidar a los chicos? Al papá jamás le hicieron esa pregunta. No debería ocurrir que una mujer tenga una personalidad fuerte para ser buena en ciencia. 

En la universidad, recuerda, tuvo un profesor de Electrónica que decía que las mujeres “tendían a rayarle los osciloscopios con sus uñas” y también tuvo compañeras que salían “llorando de algún lugar por las agresiones”. Empezó entonces, por necesidad, a impulsar acciones que luego se transformaron en derechos, como la junta de firmas para que existiera una licencia por maternidad para las becarias del Conicet. “Cuando tuve a mis hijas no existía eso”, cuenta Adriana en diálogo con Latfem. “Ahora parece que es normal, pero no hace tanto lo conseguimos”, afirma.

Crédito: archivo Adriana Serquis

Energía nuclear, una mirada estratégica

El universo está hecho de dos palabras: materia y energía. De alguna manera, la energía nuclear es el resultado de ambas y Adriana dedicó gran parte de su carrera a estudiarla, a buscarle otras “aplicaciones” además de la conocida y mortal bomba atómica. 

La energía nuclear se logra adentrándose en el núcleo de los átomos, la unidad más pequeña de la materia. Ya sea para partirlos (fisión) o para unirlos (fusión). La fusión nuclear es lo que hace el sol: tomar átomos pequeños, esencialmente dos átomos de hidrógeno y uno de helio, fusionarlos y liberar así una gran cantidad de energía. 

Cualquiera de esas reacciones (fisión o fusión) genera muchísimo calor y se generan en cadena: si la reacción es descontrolada, termina con la bomba. Si es controlado, puede liberar el calor, ese calor calienta agua, ese agua mueve una turbina y así se genera energía eléctrica. “La energía nuclear se orientó hacia un arma de destrucción masiva, pero, más importante que eso, nos permitió hacer energía eléctrica de forma muy eficiente. Con poco material, consigo una cantidad de energía increíble”, explica Adriana. 

¿Por qué es importante hablar de energía nuclear? 

Su particularidad es que tiene muchísima densidad de energía. Eso la hace más eficiente. Sobre todo en un mundo en el que el cambio climático hace que tengas que tratar de no emitir más calor a la atmósfera, que es lo que hacen las fuentes tradicionales como el gas, el petróleo o el carbón. Es fundamental para una transición energética. Cualquier país serio del mundo en este momento tiene un programa de transición energética, un plan sobre cómo va a llegar a 2050 dejando de emitir lo más posible gases de efecto invernadero. Argentina tuvo vaivenes y nunca demasiado claro. 

—¿Cómo se ubica Argentina en el mundo de la energía nuclear? 

Nuestro país tiene una larga tradición, más de 75 años, con una visión estratégica que tuvo Perón en su momento, de darse cuenta que era un tema importante. 

Hay muy pocos que dominan todo el ciclo de combustible nuclear como la Argentina. Tenemos esa gran capacidad. Argentina tiene, dentro de lo que es América Latina y el mundo, un desarrollo mucho más grande que casi todos los países vecinos. Excepto Brasil, pero somos diferentes. Ojalá volvamos a tener una buena relación con ese país. Tenemos un acuerdo de no proliferación conjunto que nos salva de no tener que estar a expensas de firmar la Adenda del Tratado de No Proliferación Nuclear. 

Adriana hace referencia al emblemático proyecto Huemul, los inicios de los estudios de la energía nuclear en nuestro país. Fue en 1949, cuando Juan Domingo Perón contrató al científico austríaco Ronald Richter para desarrollar energía por medio de la fusión atómica. Con esta idea, instalaron un laboratorio en la Isla Huemul, en el centro del Lago Nahuel Huapi, en Bariloche. El objetivo: crear un pequeño “sol” dentro de un laboratorio de fusión nuclear controlada para producir cantidades ilimitadas de energía barata y sin riesgos

Con la tecnología que había en ese momento el proyecto no tuvo éxito, pero esos esfuerzos fueron reorientados hacia la investigación. Así nació el Instituto de Física que luego se transformaría en el reconocido Instituto Balseiro. “Acá se juegan distintos aspectos: tecnológicos, de independencia en cuanto a la generación de energía, y de geopolítica, porque te podés sentar como país a discutir gracias a tener ese conocimiento”, explica la científica a Latfem. 

Crédito: archivo Adriana Serquis

Destruir o construir: ¿qué pasa con el Estado?  

La ciencia y la tecnología, que supo ser faro en nuestro país, atraviesa nuevamente una situación crítica con los libertarios al poder: en los primeros 16 meses del gobierno de Javier Milei, el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación argentino perdió 4.148 empleos, según datos del grupo Economía Política Ciencia. En Argentina, la gran mayoría de las actividades científicas y tecnológicas se llevan a cabo en organismos, empresas e instituciones del sector público y universidades nacionales. El sector privado, tan alabado por la gestión libertaria, carece de escala como para absorber tanto la inversión como el empleo que se destruye en el sector público.

En este sentido, desde el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) manifestaron su “profunda preocupación por la parálisis casi total de todos los programas de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología y la ausencia de una política para la ciencia, la innovación y el desarrollo del país”. “Laboratorios desactualizados, menos becas para jóvenes investigadoras e investigadores y la fuga de talentos son algunas de las consecuencias inmediatas de este recorte en el financiamiento”, describieron.

Adriana Serquis es una de las científicas que durante el neoliberalismo tuvo que dejar el país. 

¿Cómo caracterizás a este presente? 

Lo que veo ahora es mucha crueldad. Destruir es mucho más rápido que construir. Lo que hubo con Milei fue un ataque frontal cultural hacia lo que significa la ciencia y la tecnología para un país en desarrollo. Quisieron quitarle el mérito, porque hasta hace poco a cualquier persona que le preguntabas si era necesario hacer ciencia y tecnología tenías un porcentaje enorme de gente que, aún sin entenderla, aún sin ver cómo eso podía impactar en su vida cotidiana, en lo mínimo, en lo chiquito, la mayoría apostaba que si. Y ahora, con este ataque cultural, mucha gente dejó de verlo así. Con el terraplanismo, por ejemplo.Tener una diputada que cree que es terraplanista en la Comisión de Ciencia y Tecnología, me parece una cosa irrisoria. No pensé que eso podía pasar. 

¿Qué paralelismos encontrás con los 90’?

En los 90’ también había una especie de desazón, de no saber hacia a donde apuntaba. Me acuerdo que había un interés solamente por las TIC, así como ahora hay por Inteligencia Artificial, y no se hablaba casi de otra cosa. Años más tarde, a mi regreso del país, resurgieron la biotecnología, la nanociencia, la nanotecnología, y el impulso que hubo a partir de Néstor. 

Volvió en el año 2004, con “muchas ganas de volver a devolverle al país lo que nos había dado”, cuando, con los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, el Estado volvió a poner en el centro de sus políticas a la ciencia y la tecnología. “Yo estoy ilusionada con que eso vuelva a ocurrir”, dice ahora. “Lamentablemente, no llegamos a tener una estabilidad de país que nos permita tener políticas de Estado que trascienda este péndulo de idas y vueltas, que nos plantee al menos ciertas áreas claves que queramos que se sostengan con el paso de los años”.

Crédito: archivo Adriana Serquis

Descubrir para transformar, de la ciencia a la política

“Mi vida académica la dediqué a la ciencia de materiales, que justamente es un área que te permite buscar aplicaciones”, asegura Serquis en diálogo con Latfem. “Siempre pensé que estaba bueno investigar por curiosidad, pero mucho mejor estaba si esos recursos que destina un Estado Nacional a la ciencia, además los invierte en resolver problemas concretos de la sociedad. Mis discusiones con el decano de Física siempre fueron: ¿por qué no hacemos cosas más aplicadas?”. 

¿Cómo se enlazaron en tu vida la política y la ciencia? 

Creo que un Estado Nacional, y sobre todo su inversión en ciencia, tiene que estar destinado a áreas estratégicas definidas como país. Después descubrí que eso era la política. La política es cómo una destina los recursos que tenés para poder orientar gestiones de gobierno, de trabajo, de interacción con las personas. 

La mala prensa que tiene la palabra se desvirtuó en base al mal uso de la política. Así como el mal uso de la energía nuclear le dio mala prensa a ese área, pero cuando una descubre que todas esas herramientas tienen un aspecto positivo muy fuerte, es fascinante. Es fascinante descubrir cómo funcionan esas relaciones y a partir de ahí hacer algo. 

Este año, en la víspera de las elecciones legislativas, sus compañeros y compañeras de Patria Grande Bariloche la propusieron como candidata. Pero fue su referente, Juan Grabois, quien la interpeló directamente: “¿vos querés?”. Ella respondió que sí. “ Yo no me había hecho esa pregunta. Y descubrí que la perversión de este gobierno me pone en una situación de incomodidad y necesito moverme. Así que decidimos intentarlo”, asegura. 

—Ahora como candidata, ¿cuáles crees que son los temas prioritarios que debe discutir el Congreso? 

Obviamente el tema de ciencia y tecnología es algo para cuestionar, poder poner leyes que sean más fuertes, que el crecimiento de inversión en ciencia y tecnología tenga una mejor relación con las áreas productivas. Necesitamos que el sector privado se involucre más. 

¿Cuáles son los desafíos que presenta esta campaña?  

Frenar lo que se está destruyendo. Ser una fuerte oposición a la destrucción que se está viniendo en cuatro ejes que para nuestro equipo de trabajo son prioritarios: el área productiva-energética, un área de salud y educación, y un área de integración sociourbana en los territorios.