En la danza de nombres que circulan para ocupar las futuras embajadas a partir del 10 de diciembre son pocos o casi nulos los de mujeres. Aberto Fernández ya confirmó que el canciller será Felipe Solá y el primer embajador de renombre y clave en lo que será el vínculo con uno de los países más importantes de América Latina se llama Daniel Scioli y su destino será Brasil. Y si el debate de fondo tiene que ver con el lugar que las mujeres, las lesbianas y las personas trans ocupan en el ordenamiento del poder político, representar a la Argentina en una embajada todavía está marcado por una enorme brecha de género. Sin embargo, en la Asociación Profesional del Servicio Exterior de la Nación —APSEN— el sindicato del cuerpo de lxs diplomáticxs tiene una presidenta mujer. Se trata de la embajadora Marta Insausti de Aguirre y actualmente es directora de asuntos regionales de la Cancillería.

Marta no es la primera mujer en ocupar la Secretaría General de este sindicato y las políticas de género están en sus prioridades de gestión, porque no necesita que le expliquen la desigualdad por esos motivos. Todavía se acuerda cuando a sus 29 años era de las pocas mujeres que hizo el curso de ingreso para el ISEN — Instituto del Servicio Exterior de la Nación—. Abogada de profesión, se preparó durante un año para rendir la batería de exámenes necesarios para entrar. Pero lo que más le importaba al jurado que la evaluaba era una sola cosa: qué iba a ser cuando se casara, ¿su marido la iba a acompañar a las misiones en otros países? Marta se quedó paralizada. Ni siquiera tenía novio. “A los varones no les preguntaban qué iban a hacer sus mujeres porque daban por hecho que los iban a acompañar, pero a nosotras sí”, cuenta a LATFEM y confiesa que en ese momento no lo interpretó de esa manera. Pero hoy, con los anteojos violetas, reconoce perfectamente que no es lo mismo la carrera del diplomático para un varón que para una mujer. También recuerda cuando fue cónsul en Uruguay y muchos argentinos que iban a hacer trámites a la dependencia la increpaban: “Quiero hablar con el cónsul”, “Soy yo”, respondía ella. Quedaban desorbitados o cuando iba a algún cocktail con su marido y creían que el funcionario era él.

A Alana lomonaco Busto, vocal titular de la Comisión Directiva del Apsen e integrante de la Dirección de Innovación y Asuntos Tecnológicos de la Cancillería le pasaron cosas parecidas, pese a que se recibió varias generaciones después que Marta. Su primer destino fue a la cancillería de Río de Janeiro junto a su marido que también es diplomático. Se acuerda de cuando iba con el chofer de la embajada, muchas veces se dirigían a él pensando que era el funcionario o cuando tuvo que ir a la cárcel de esa ciudad por un asunto que resolver, su jefe le dijo que no era un lugar para una mujer. Pero cuando Alana tomó cartas en el asunto fue cuando tuvo a su primer hijo, hace dos años. Todavía en Brasil, después de los tres meses reglamentarios de licencia por maternidad quiso extenderla. Pero no se la dieron. Según la Ley de Servicio Exterior eso no estaba contemplado. Alana estaba sola en Brasil, sin familia y con un esposo que también trabajaba en la cancillería. Y sobre todo, no había razón alguna en la ley que justificara la negativa. “Yo quería saber por qué no podía y no había respuesta sobre todo cuando llegó el ‘no’ del área jurídica de la Cancillería. Ahí me lo tomé personal pero también como militancia. Contraté a una abogada y empezó un proceso de muchos meses que terminó en la Procuración del Tesoro y que finalmente me dieron la razón. Ahora las mujeres diplomáticas conseguimos varios derechos que no teníamos”.  

—¿Cómo interviene el sindicato en estos casos?

Marta:—La verdad es que esta nueva gestión tiene como prioridad seguir estos temas y asumir la agenda de género y el feminismo. Es claro que en los puestos jerárquicos hay pocas mujeres. Calculamos una proporción de 35% de mujeres en relación a un 65% de varones. Hay pocas embajadoras. Y más en los lugares claves. Pero la realidad es que hay mujeres muy preparadas, no pueden poner como excusa que “no hay mujeres” porque es mentira. 

—¿Cómo fue la gestión del canciller Jorge Faurie en ese sentido?

Marta:—El canciller (Jorge Faurie) estuvo en el Senado y le preguntaron por esta cuestión y él dijo que había igualdad y que las mujeres ocupaban roles relevantes. Desde el sindicato hicimos una comunicación interna a nuestrxs afiliadxs aclarando que esto no es así. En este momento por ejemplo se están reemplazando a dos mujeres en consulados comerciales por dos varones. 

Es notable el desbalance que hay en la asignación de varones y mujeres. Si queremos que la brecha se acorte hay que tomar políticas activas.

Alana:—Pero además de eso, con la “reestructuración del Estado” que se impuso desde el Ministerio de Modernización se cerró la “Dirección de la mujer” dentro de la cancillería, una entidad que fue creada hace 20 años, donde éramos realmente pioneras en cuestiones de género a nivel internacional. Te estoy hablando de OEA, Naciones Unidas, G20. La verdad esto es muy grave y tenemos muchas esperanzas de que esto se revierta y que volvamos a tener esa Dirección a partir del 2020.