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Panotto tiene la mirada puesta en todo América Latina y el Caribe por su trabajo como Director general del Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Política (GEMRIP), un espacio de diálogo, educación e investigación cuyo objetivo es analizar la relación entre el fenómeno religioso y la esfera pública. Hace una década que trabajan con más de 50 referentes y especialistas en toda la región.

Las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias en Argentina plantearon como novedad política la emergencia de candidatos y candidatas que se arrogaban la representación del denominado “voto evangélico” y el apoyo de pastores y pastoras. Hasta 2017 estos actores y actrices no habían entrado en la arena electoral con la determinación que lo hicieron este año. Históricamente presentes en el territorio y con participación activa en el mundo social y comunitario, en 2019 tuvieron una diseminada representación política que, luego, no se vio reflejada en las urnas. El Frente Nos, que llevó como candidato a presidente al ex militar Juan José Gómez Centurión y sigue en carrera para octubre, casi que centró la campaña en su oposición al derecho al aborto y “en contra de la ideología de género”. A Gómez Centurión lo acompañó la ex diputada macrista Cynthia Hotton, una de las principales opositoras a la ley de Matrimonio Igualitario en 2010. Con el 2,8% de los votos, este espacio ultra conservador logró superar el piso de las PASO y sigue en carrera pero no concentró la cantidad de votos especulada si se tiene en cuenta que decían contar con el apoyo de mil pastores evangélicos del país.

“Este resultado o acontecimiento nos muestra que la vinculación entre lo evangélico y lo político, entre lo religioso y lo político es mucho más compleja de lo que se piensa de antemano. No son universos homogéneos que se pueden calcular de manera matemática para entender cómo van a actuar y cómo se van a vincular”, dice el teólogo Nicolás Panotto a LATFEM. Hace tiempo que investiga los cruces en donde se encuentran lo religioso y lo político. Es cristiano protestante y, aunque nació en Argentina, ahora está radicado en Chile.

Panotto tiene la mirada puesta en todo América Latina y el Caribe por su trabajo como Director general del Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Política (GEMRIP), un espacio de diálogo, educación e investigación cuyo objetivo es analizar la relación entre el fenómeno religioso y la esfera pública. Hace una década que trabajan con más de 50 referentes y especialistas en toda la región.

Panotto tiene la mirada puesta en todo América Latina y el Caribe por su trabajo como Director general del Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Política (GEMRIP), un espacio de diálogo, educación e investigación cuyo objetivo es analizar la relación entre el fenómeno religioso y la esfera pública. Hace una década que trabajan con más de 50 referentes y especialistas en toda la región.

¿Qué análisis haces de este primer resultado electoral? ¿Qué reflexiones se pueden hacer ahora con los números en mano en relación al denominado “voto evangélico”?

Los resultados que se dieron en las PASO son la evidencia de la diversidad y pluralidad que existe hacia dentro del campo evangélico y, en este caso, no solamente en relación a perspectivas ideológicas sobre los derechos humanos o agendas particulares, sino en términos de identificación ideológica y política partidaria. Entonces, claramente se pensaba que la fórmula Centurión-Hotton iba a coptar lo que se denomina un “voto evangélico”. Pero sin embargo sacaron un 2,8%, según las últimas estadísticas. Se intuye que no es un 2,8% evangélico. Tal vez un 50% de ese número -o inclusive menos- es de representantes evangélicos. Es decir, del 9 o 10% de evangélicos que se especula que hay en Argentina; menos de un 2% votó por ellos. Es para pensar…siendo que se presentaban como la “fórmula Pro Vida”, “antiaborto”, “a favor de la familia”. Tanto Centurión como Hotton estuvieron haciendo recorridos por iglesias y visitando un montón de pastores y pastoras, de Federaciones… pero así y todo obtuvieron un muy poco respaldo de las Iglesias Evangélicas o de creyentes evangélicos.

Foto de Gala Abramovich

De todos modos es un número que les permite seguir en carrera para octubre….

Por eso hay que analizarlo con cuidado. Porque más allá ese mismo 2,8%, si se lo mira en perspectiva, es bastante. Se ubicó entre el quinto y el sexto lugar siendo una fórmula nueva. No recibió el voto real del campo evangélico en su mayoría pero de todas maneras se identifica en términos discursivos e ideológicos dentro de ese campo. En términos de resultados no es algo menor, que haya que dejar de lado.

Insisto en que no es algo matemático. Las acciones políticas que han tenido ciertas comunidades eclesiales y ciertas iglesias con respecto a temas específicos como aborto y la Ley de Educación Sexual Integral han tenido cierta capacidad de articulación y aglutinamiento; mientras otros tipos de vinculación que tienen que ver con lo electoral no se ven reflejados de la misma manera aglutinante.

Esto nos lleva a pensar en la propia pluralidad del campo evangélico, por un lado; y de la necesidad que tenemos desde un análisis político, sociológico y más profundo de cómo entendemos la relación entre religión y política. Hay diversas formas en las que lo religioso y lo político se juegan frente a ciertas coyunturas o circunstancias, lo cual provoca diversas formas de vinculamiento y distintas conceptualizaciones de este vínculo entre estos campos.

¿Cómo se analiza en términos regionales estos apoyos directos de pastores y pastoras a ciertas fórmulas electorales en medio de las contiendas?

Es insólito lo que está pasando en Argentina con las campañas que están haciendo pastores y pastoras. El año pasado en Costa Rica la Iglesia Católica y la Evangélica fueron enjuiciados por el Tribunal electoral por haber dado orientaciones pastorales con motivo de las elecciones presidenciales y les ordenó “abstenerse de acciones” similares. Eso pasó cuando faltaba menos de un mes para la segunda vuelta electoral.

Creo que lo que está pasando es un termómetro que nos parece importante identificarlo. Y entender que no se movilizan en reacción a un tema. Son conglomerados heterogéneos. También hay que revisar que la Iglesia evangélica ha tenido contacto con sectores políticos y ha hecho pública su voz históricamente.

Foto de Gala Abramovich

Un año después del debate por el aborto en el Congreso en Argentina, muchas veces parecen simplificarse las lecturas sobre lo ocurrido cuando leemos o escuchamos “no fue ley por la influencias de la Iglesia”, ¿Qué análisis haces vos de este nuevo escenario que emerge con mayor claridad después de 2018?

Se simplifica el análisis. Esa frase, esa idea, no nos permite leer bien el factor religioso es importante pero no puede ser chivo emisario, si nos sacamos esa perspectiva podemos complejizar.

Claro que juegan un lugar central porque son aglutinantes, pero en otros sentidos. Creo que es importante analizar más a largo plazo y tener en cuenta que los fenómenos que hoy observamos responden a una coyuntura y una matriz histórica más extensa. No es una reacción porque el tema del aborto se ha puesto sobre la mesa.

La polarización sí ha quedado marcada por una gran movilización política. Los grupos religiosos neoconservadores que se movilizaron no lo hicieron en defensa de moralinas ni de las políticas, sino de visiones de la realidad. Grupos religiosos antiaborto se están organizando y están articulando toda una agenda política amplia vinculada a la concepción de la vida. Este es el punto nodal que articula una cosmovisión en torno a políticas públicas.

La visibilización que han tenido grupos religiosos en este proceso es incuestionable pero, al mismo tiempo, uno de los mejores resultados del proceso que se vivió en Argentina en 2018 fue la emergencia de la campaña “separación de iglesia y Estado”.

La clave es la articulación con la sociedad civil y pensar que demográficamente tienen alcance. Han sabido articular con sectores políticos y sociedad civil y hay una mayoría de iglesias neoconservadoras que tiene incidencia.

Frente a este escenario, ¿qué alternativas le quedan al resto de los sectores religiosos y al progresismo que busca defender los derechos conquistados y seguir avanzando en materia de logros?

Los espacios religiosos y las iglesias neoconservadoras han formado parte del entramado político siempre. Se han subestimado demasiado. Pero estos espacios se pusieron firmes respecto a la defensa de la familia, la visión heteronormativa de la realidad. Nos estamos enfrentando a grupos que ya tienen un desarrollo teológico institucional frente a estos temas. No sirve la estrategia de tirar piedras

Es fundamental crear contrahegemonía. Los discursos religiosos neoconservadores no son el único discurso. Si uno se adentra más hay iglesias que tienen discurso oficial pero cuando uno va a la membresía hay más tensiones. Es fundamental articular y escuchar. Yo escucho voces de todo tipo. El elemento religioso se está transformando en un elemento de mucha tensión y no se puede reaccionar con el mismo discurso y las mismas estrategias.

Lo novedoso ahora es que están logrando legitimidad social ¿Por que tienen legitimidad? En general somos acríticos con esto…creemos que manipulan. Pero están siendo instancias de articulación y convocatoria porque a nivel social están en crisis muchas formas de ver la realidad.

Tenemos que pensar cómo confrontamos desde otras retóricas. Son sectores que han sido astutos con otros sectores políticos y otras instituciones. Tienen apoyo financiero y recursos. Y esto no es un juicio positivo ni negativo.

Desde nuestros sectores tenemos que salir del prejuicio de la conspiración y salir de ver lo religioso como manipulación.

 ¿Cómo es la tarea que llevan adelante desde GEMRIP?

Nuestro trabajo es de acompañamiento como sociedad civil, de pensar de manera interdisciplinaria religión, politica y religión y política pública. Desarrollamos estrategias de trabajo e incidencia para la articulación política. Estamos trabajando en Brasil, México, Colombia, Salvador, Honduras y El Salvador.

Hay una carencia muy grande sobre leyes de libertad religiosa y Estado laico en América Latina. Y por eso monitoreamos lo que se viene haciendo. El tema religioso es fuerte en términos de incidencia pública y política. Y en nombre de la libertad religiosa se pueden vulnerar políticas públicas como aborto y la Educación Sexual Integral.

La libertad religiosa tiene directo impacto sobre otro tipo de política y otro tipo de temas. El gran tema de discusión del que se habla es el aborto porque ahí interviene la objeción de conciencia pero hay pluralidad de perspectivas

Durante el debate del aborto, ¿qué posición tomaron desde la organización que dirigis? 

Hemos acompañado el proyecto, en varios sentidos: por una cuestión de reflexión y en términos de políticas públicas. Las religiones velan por el bien común con el respeto de la libertad de las mujeres sobre sus propios cuerpos y atender las muertes que provocan los abortos clandestinoLas creencias religiosas siempre tienen que acompañar el bien común. Y hay varias herramientas sobre cómo legitimar esto que estamos diciendo. Es importante que tengamos en cuenta la vinculación entre la fe y el campo religioso por el bien común como agenda de derechos humanos. Eso un asunto fundamental.