Mirá cómo bailamos

El martes 17 de junio, la Justicia había confirmado la prisión domiciliaria de Cristina Fernández de Kirchner para desactivar la caminata masiva a Comodoro Py. La convocatoria cambió de lugar y de forma: una concentración en Plaza de Mayo. No pudieron frenar el fervor popular, la multitud en las calles. Casi un millón de personas demostraron su apoyo a la ex presidenta y repudiaron su condena y proscripción. La cercanía y la proximidad fueron las texturas de esta movilización callejera. Quedará ver cuánta de esa alegría popular -crispante para muchos- logra sintetizar un futuro cercano sin tanta crueldad.

Fotos: Lucía Prieto y Tadeo Bourbon

“Esta marcha me representa un montón, hace una semana que estoy en libertad y lo primero que quise es apoyar a otra mujer que está pasando por lo mismo que yo pasé.” Son las 2 de la tarde y la Plaza de Mayo está impenetrable, hace un rato largo que no se puede avanzar por ninguno de los accesos. La que habla es Griselda Diaz, tiene 36 años y el miércoles pasado le concedieron la libertad después de tres años con prisión domiciliaria, tiene tres hijos y para ella la vivencia fue un infierno: “Es tremendo porque yo sé que es una deshumanización completa. Hoy vine por eso, porque hoy ella significa verme a mí”, dice. La cercanía de la que habla Griselda fue la textura afectiva de esta marcha en apoyo a Cristina Fernandez de Kirchner,  una proximidad en la alegría que escasea, un sentir a les otres no tan lejos y una forma de anclar, frente a tanta deriva, la confianza en la movilización callejera. 

La convocatoria, que reunió más de medio millón de personas en la Plaza de Mayo, fue el lugar de llegada luego de una de las semanas más importantes en la historia reciente del país: la Corte Suprema confirmó  la condena a 6 años de prisión y  la inhabilitación por vida para ejercer cargos públicos a CFK ; un estado de acampe permanente en la casa en la que pidió la prisión domiciliaria, el ensañamiento de los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola, los ataques de ira por verla bailar y  la última salida al balcón de la ex presidenta fueron la sucesión de hechos que terminaron en esta marcha multitudinaria.  No es un broche de oro pero le da músculo a un gesto demasiado incómodo para el gobierno nacional que quiere que este fervor pase lo más rápido posible.

“Le tienen miedo la alegría popular”, cantaban las Lesbianas con Cristina, un grupo de activistas y amigas que salieron a la calle cuando a Cristina Fernandez le gatillaron un arma en la cara y que ahora reafirman su voluntad de acompañarla. Junto a la Columna Mostri marcharon desde la casa de San Jose 1111 a la Plaza de Mayo. “Cristina libre!” escribían en banderas color fucsia cerca de las 10 de la mañana, haciendo una clara referencia a la consigna que pedía por la liberación de Lula en Brasil en 2018. 

La noche anterior, muchos puntos de encuentros y reacomodamientos iban y venían en mensajes porque el plan original de marchar a Comodoro Py se había estropeado con la notificación virtual del juez Gorini:  a la ex presidenta le habían dado la domiciliaria como a Griselda. 

Foto: Lucía Prieto y Tadeo Bourbon

Hola, ¿qué tal? Soy Cristina

“Ayer la vi por primera vez en mi vida, fue en la asamblea transfeminista en la puerta de su casa —dice Laura Meza, trabajadora sexual y parte de AMMAR— Se te caen las lágrimas y no sabés por qué. Para mí ella es referente del feminismo aunque diga que no es feminista. Ya se va a dar cuenta”. Después del chiste, pasadas las tres de la tarde, se escucha la voz de Cristina en toda la plaza y la calle entra en un profundo silencio,:  “Hola, ¿qué tal? ¿Cómo están, queridos compatriotas, en esa maravillosa e histórica Plaza de Mayo? Bueno, yo acá, en San José 1111, firme y tranquila. Eso sí, con prohibición de salir al balcón. Dios mío, qué cachivaches que son”. Laura se ríe y los ojos se le vuelven a llenar de lágrimas como el día anterior. Durante los siete minutos que dura el audio que se reproduce en la calle no vuela una mosca, en las zonas más alejadas se montan grupos alrededor de celulares para escuchar su voz en las transmisiones por internet. Oreja con oreja, sonrisa con sonrisa y otra vez la cercanía y la proximidad entre las personas.

“Los he escuchado cantar consignas, la marcha, el himno. Pero lo que más me gustó fue escucharlos gritar otra vez ‘vamos a volver’”. Cristina dijo también que quiere de nuevo un país donde los pibes coman cuatro veces al día, donde en las escuelas haya libros y computadoras, donde los laburantes lleguen a fin de mes y los jubilados reciban sus remedios. “Ese país no fue ninguna utopía. Lo vivimos. Fueron doce años y medio en los que pasó, eso pasaba. Y además lo dejamos desendeudado, como a las familias y a las empresas”, subrayó.

“Los pueblos finalmente siempre vuelven”, fue otra de las frases que emocionó a Laura que seguía con la oreja pegada al celular. Estaba a varias cuadras de la Plaza de Mayo: “Hoy es un día de unión,  se ve en todos los sectores y no se hablan pelotudeces sino la posta:  ¿dónde vamos? ¿qué hacemos?”, dice una vez que termina de escuchar el audio.

Foto: Lucía Prieto y Tadeo Bourbon

“El amor del pueblo no se puede proscribir”

“El amor del pueblo no se puede proscribir”, el cartel lo llevan un grupo de amigas de San Isidro, tienen alrededor de 60 y hace tiempo que no militan orgánicamente. Gladys, Sandra, Adriana y Mariana están convencidas de que hay que estar en la Plaza para defender la democracia y porque “hay gente que está muy mal” y “no es justo para el pueblo que venga tanta agresión de arriba”. 

La proscripción de Cristina Fernandez de Kirchner se hizo efectiva en la última instancia nacional, quedan los recursos de las cortes internacionales y el acompañamiento de la militancia, según Paula Litvachky, directora ejecutiva del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales). “La condena va a funcionar en los hechos como una proscripción política y además va a profundizar mucho la credibilidad sobre el Poder Judicial y sobre la Corte. Me parece que hay un problema muy muy importante de credibilidad y de estabilidad, lo que uno podría pensar como construcción de verdad a partir de decisiones tan importantes. Y también cómo se consolida la idea de la politización de la justicia y de la judicialización de la política, las dos cosas”, dice en diálogo con Latfem.  

La convocatoria incluyó a todo el peronismo, la izquierda, sindicatos, organizaciones sociales, feminismos y comunidad lgtbiq+. También estuvo la columna Derecho al Futuro encabezada por el gobernador Axel Kicillof que manifestó su apoyo a Cristina a través de sus redes sociales una vez finalizada la marcha:  “La condena a Cristina es un golpe de autoritarismo que se expresa en un procedimiento judicial absolutamente injusto y fuera de la ley. Esto es lo que pasa en la Argentina de Milei, una Argentina donde se encarcela y se persigue al que piensa distinto”.

Pasadas las tres de la tarde, se escucha la voz de Cristina:  “Hola, ¿qué tal? ¿Cómo están, queridos compatriotas, en esa maravillosa e histórica Plaza de Mayo? Bueno, yo acá, en San José 1111, firme y tranquila. Eso sí, con prohibición de salir al balcón. Dios mío, qué cachivaches que son”

Patria Grande, la organización que encabeza Juan Grabois, fue de las primeras que la noche anterior reafirmó que la convocatoria a movilizar se sostenía frente a las operaciones que tras la notificación ya sucedida intentaban desmovilizar. La columna fue una peregrinación multitudinaria que recibió a gente de distintas partes del país que llegaron durante la mañana después de sufrir requisas descabelladas durante el trayecto a la Ciudad de Buenos Aires.

“Estoy convencida de que hay que enfrentar ese fallo y todas sus consecuencias”, dice Myriam Bregman a Latfem. El Frente de Izquierda convocó en el obelisco para llegar a la Plaza como lo hacen históricamente por Diagonal Norte: “El problema es profundo y hay que señalar a cada uno de los que están detrás de estas resoluciones del poder judicial: las clases dominantes, Estados Unidos con el FMI, sus políticos empresarios amigos y los títeres que ocupan juzgados y fiscalías. En ese camino se inscribe la proscripción política a Cristina Kirchner, que es parte de una avanzada antidemocrática y por eso salimos a repudiarla rápidamente. Mola y Luciani son personajes menores, pero sus jefes son ´los dueños de todas las cosas`, como decía Rodolfo Walsh”, explicaba Bregman que el martes pasado visitó a Cristina en el departamento de San José al 1111.

Foto: Lucía Prieto y Tadeo Bourbon

Estar juntes 

“Venís a una marcha y te olvidás de los problemas, creo que mucha gente quiere juntarse y eso hay que sostenerlo”, dice Maitena Burundarena, la historietista feminista argentina, apenas llegada a la Plaza. Su comentario al pasar da en la tecla a la hora de interpretar un humor social que cambia continuamente pero que encuentra en la movilización callejera una fuente inagotable de energía. 

“Cristina pudo dar la discusión de la distribución de la riqueza”, decía la diputada nacional y referente de Argentina Humana Natalia Zaracho en un programa de streaming, mostrando su antigua tarjeta de Asignación Universal por Hijo (AUH): “Es por cosas como esta que la persiguen a Cristina”. En la calle, más tarde, se abraza con Dina Sánchez, secretaria Adjunta de la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP), que dice a LatFem: “La justicia, la Corte Suprema, saben perfectamente lo que significa Cristina para el pueblo. Creo que la derecha está bastante asustada. Y ahora más que nunca el pueblo tiene que estar presente, tiene que estar organizado, tiene que estar unido, pero en la calle, fundamentalmente en la calle”.

En la Plaza sobrevuela una inquietud: qué pasará mañana, cuando la prisión domiciliaria empiece a ser parte del cotidiano de Cristina. Es evidente que hay un tránsito bisagra y un escenario hasta ahora sin precedentes en este siglo. Quedará ver cuánta de esa alegría popular, crispante para muchos, logra sintetizar un futuro cercano sin tanta crueldad.