Buenos días diputadas y diputados. Junto con saludarles, quiero agradecer la posibilidad de estar en esta sala y celebrar que por primera vez estamos discutiendo la despenalización y legalización del aborto en Argentina. No tengo dudas en afirmar que este debate se ha instalado en la agenda pública gracias a la presencia del movimiento feminista y de mujeres en las calles. En este camino ha sido insoslayable el rol de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Me parece necesario señalarlo no solo por su insistencia en el campo científico, las calles y los medios de comunicación (entre otros espacios) sino porque, además, se configura como espacio en el que surge la red de socorristas, de la cual voy a hablar.

Desde 2012 existe Socorristas en Red (feministas que abortamos), una articulación de colectivas feministas de todo el país que brindan información sobre usos seguros de medicación para abortar y acompañan a las mujeres en sus decisiones. Aunque hay otros cuerpos con capacidad de gestar, en esta exposición haré referencia a mujeres, puesto que a lo largo de estos años las socorristas acompañaron mujeres.

Como socióloga que contribuyo al análisis de los datos estadísticos de la red, en estos minutos voy a presentar dos tipos de información: por un lado, del año 2017, y por otro lado algunos datos que refieren a la serie histórica 2014- 2017.

1.

La información recolectada por parte de las socorristas puede diferenciarse en dos categorías: mujeres entrevistadas y mujeres acompañadas. Mientras que las primeras refieren a la totalidad de las mujeres que asistieron a los talleres grupales donde las socorristas brindan información sobre los usos seguros de medicación para abortar, según los protocolos de la OMS, las segundas comprenden las mujeres que efectivamente fueron acompañadas por socorristas en sus procesos de aborto con medicación.

Entre 2014 y 2017 las socorristas se reunieron con 14.752 mujeres y acompañaron en sus procesos de aborto medicamentoso al 81,9% de ese total, es decir a 12.081 mujeres. Asimismo, algunas de ellas fueron derivadas al sistema de salud para solicitar una Interrupción Legal del Embarazo (ILE).  En total fueron 405 mujeres, casi el 3% de entrevistadas.

2.

Ahora voy a referirme a las 5.871 mujeres entrevistadas durante 2017.

Lo primero que quisiera mencionar refiere a las edades: el 84,6% tenía más de 20 años. Es decir, edades en que –socialmente– se supone que ser madre no sería un gran inconveniente. Esta información permite avanzar en la desmitificación de algunos sentidos comunes como aquel que señala que “las que más abortan son las adolescentes”, como se hizo referencia algunas veces en esta sala.

Respecto de la condición laboral hay dos datos que me interesa resaltar. Por un lado, que más del 40% de las entrevistadas no tenía trabajo remunerado. Por otro lado, que únicamente el 29,0% tenía trabajo remunerado en condiciones de formalidad (registrado y con derechos laborales). Asimismo, el 55,8% de las mujeres asalariadas (tanto las que tienen trabajos formales como informales) percibía ingresos hasta 8.000 pesos, es decir inferiores al salario mínimo vital y móvil fijado, en julio de 2017, en 8.860 pesos.

Respecto del nivel educativo alcanzado, de los datos se desprende que el 29,9% no habían cumplimentado el ciclo de formación requerido por la Ley de Educación Nacional, ya que tenían hasta secundario incompleto. Este 29,9% se compone de un 10,9% de mujeres que estaban estudiando y un 19,0% que estaba por fuera del sistema educativo. Sólo el 12% de las mujeres había finalizado estudios superiores (ya sea terciario o universitario). De los datos presentados hasta ahora se desprende que las socorristas están acompañando a mujeres de los sectores sociales más vulnerables.

Respecto de las creencias religiosas (que se utiliza como argumento contrario a la despenalización y legalización del aborto), los datos complementan algunos de los argumentos planteados en esta sala por expositoras de diferentes comunidades religiosas las semanas anteriores: el 58,3% de las mujeres que se entrevistaron con SenR dijo ser creyente en alguna religión.

En relación con la maternidad, el sentido común hegemónico suele afirmar que las mujeres que abortan lo hacen, entre otras cosas, porque no son madres, porque son egoístas, porque no saben qué se siente ser madre. Esto es mentira. El 57,2% de las mujeres eran madres. En estos días y en esta sala también se dijo que si se legaliza y despenaliza el aborto las mujeres abortaremos una, dos e infinitas veces. Los datos de SeR muestran que el 81,6% nunca había abortado.

De las 5.871 mujeres entrevistadas en 2017, SenR acompañó a 4.783. El 95,4% abortó con la primera administración de la medicación. Esta información en lectura complementaria con la necesidad o no de asistencia a guardias en las 72 horas posteriores al uso de la medicación nos habla de la efectividad y de la seguridad del método: el 87,6% de las mujeres no necesitó ir a guardias médicas. (Es más, la proporción de mujeres con asistencia a guardia ha disminuido de 16,5% en 2014 al 11,9% en 2017).

Para finalizar, quisiera remarcar que estos datos hablan de las mujeres que abortan con medicación, pero también hablan de la experticia y confianza que fueron construyendo a lo largo de todos estos años las activistas feministas que forman la red de socorristas. Asimismo, también dan cuenta que el aborto con medicación, tal como lo sostiene la OMS es una práctica segura y que resulta exitosa en la amplísima mayoría de los casos.

La información presentada contribuye al acervo de evidencia y señala que el aborto es una realidad cotidiana en las vidas de las mujeres y de las personas con capacidad de gestar. Pero también hablan de la necesidad de la sanción de una ley que amplíe nuestros derechos de ciudadanía, que despenalice y que legalice la práctica de abortar, que salde esta deuda y que construya una narrativa estatal no estigmatizante de las decisiones reproductivas y no reproductivas de las mujeres y personas con capacidad de gestar. Están ante un momento histórico y es responsabilidad de ustedes, diputadas y diputados de la Nación, decidir si garantizarán nuestro derecho a decidir.  Muchas gracias.