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Las multitudinarias movilizaciones producidas en nuestro país el 3 de junio de 2015, nos mostraron una sociedad harta y asqueada de la violencia sexista, una sociedad decidida a decir basta al grito de NiUnaMenos. Y ahora ese grito ha mutado a una marea verde imparable que exige al parlamento nacional eliminar el último bastión formal de resistencia que sostiene a las mujeres como ciudadanas de segunda.

Buenas tardes. Agradezco a las diputadas y a los diputados que han hecho posible este debate y agradezco poder participar hoy aquí. Hablo como Diputada Nacional, mandato cumplido y como integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Como la mayoría de ustedes saben, desde el comienzo de la democracia ha habido cantidad de organizaciones sociales y de mujeres que han luchado para legalizar la práctica del aborto en Argentina. Ha habido también proyectos presentados en esta Cámara que nunca fueron debatidos, por eso decimos que esta ley es una gran asignatura pendiente de la democracia.

En el año 2005 organizaciones de todo el país, que hoy somos más de 300, nos unimos y conformamos la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, y elaboramos colectivamente nuestra propia iniciativa.

Así, como Diputada Nacional, tuve la enorme responsabilidad en mayo del año 2008 de presentar por primera vez nuestro proyecto de ley para legalizar el aborto, que habíamos redactado y presentado un año antes en 2007 por mesa de entrada .

Durante la década que ha transcurrido desde aquella primera vez hasta hoy, hemos sostenido los mismos argumentos, para explicar públicamente las razones por las cuales entendemos la urgencia, la necesidad de despenalizar y legalizar el aborto. Los mismos argumentos que ustedes han escuchado y escucharán durante el transcurso de este debate.

Que sabemos que prohibir el aborto no es impedirlo sino condenar a muerte a las mujeres que no pueden pagarlo; que sabemos que en los países en donde se permite la interrupción del embarazo con mayor amplitud y flexibilidad, los abortos son numéricamente más reducidos; que penar conduce a aumentar los abortos inseguros y la mortalidad de mujeres gestantes, aún en los casos admitidos por el Código Penal, porque los prejuicios y la discriminación hacia las mujeres pobres las llevan a la cárcel, como a Belén en Tucumán, o a la muerte, como Ana María Acevedo.

Para las mujeres la prohibición del aborto ha sido y es la angustia más permanente a la que nos somete la sociedad patriarcal. El saber que corremos el riesgo de quedar embarazadas sin quererlo, sin buscarlo, sin desearlo y que no se admite que rechacemos ese embarazo que no podemos asumir como maternidad. Porque solo el deseo nos hace madres y porque no hay pena, ni castigo, ni prohibición, ni aún la posibilidad de la muerte, que nos pueda disuadir de abortar, si no podemos o no queremos continuar con un embarazo.

Hemos reiterado, repetido sin cansarnos, una y otra vez estos poderosos y contundentes argumentos y presentado cada vez, cada dos años, nuevamente el proyecto de la Campaña. Y finalmente hoy existe un escenario distinto. Hoy se abre este debate histórico porque los argumentos que hemos sustentado durante tantos años hoy son la cima de una montaña inmensa que se agranda cada vez más con el debate.

Una montaña constituida por el enorme consenso social que ha alcanzado la necesidad, la urgencia de legalizar el aborto, y que se manifiesta en las calles colmadas de mujeres muy jóvenes, nacidas en democracia portando sus pañuelos verdes, color de la vida y la esperanza. Mujeres jóvenes que quieren tomar decisiones libres, en condiciones de igualdad y seguras sobre su vida sexual y reproductiva.

Desde aquel mayo de 2008 en que presentamos por primera vez el proyecto de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, Legal, Seguro y Gratuito, hasta hoy, lo que ha cambiado radicalmente es la conciencia social acerca de la necesidad de legalizar el aborto. Ese es el cambio, es la fuerza social que empuja en la calle, en los debates de las familias en las mesas de los domingos, en las expresiones de adhesión desde distintos ámbitos que se multiplican con el transcurrir del debate: artistas, escritoras, colegios profesionales, gremios. Una conciencia social construida con tesón, con convicción, con compromiso a lo largo y a lo ancho de todo nuestro país.

Señoras y señores diputados: como dice la canción más escuchada por estos días “ahora que somos muchas, ahora que si nos ven”. Ahora se abrió el debate porque las reivindicaciones de las mujeres por un mundo mas justo y mas igualitario son hoy banderas sociales, instaladas definitivamente en la agenda pública. Hoy la sociedad toda los y las está mirando. Las y los interpela. Espera, impaciente, el sentido de vuestro voto. La historia argentina los y las ha puesto en un lugar relevante, irrepetible. Y son ustedes quienes tienen la posibilidad de elegir de qué lado van a situarse: si van a empujar la rueda del avance social hacia un mundo más justo, más humano, más igualitario o si van a permanecer en la vereda, cada vez más angosta, de quienes resisten las grandes transformaciones sociales.

Tengo la convicción de que esta vez ha llegado una nueva hora. Las miles de mujeres jóvenes y no tan jóvenes que nos manifestamos en las calles cada 8 de marzo, cada 25 de Noviembre, en cada Encuentro Nacional de Mujeres, en cada martes verde, somos tributarias de la lucha histórica de las feministas que desde principios del siglo XX, de generación en generación, venimos dando batalla por una sociedad de iguales.

Las multitudinarias movilizaciones producidas en nuestro país el 3 de junio de 2015, nos mostraron una sociedad harta y asqueada de la violencia sexista, una sociedad decidida a decir basta al grito de NiUnaMenos. Y ahora ese grito ha mutado a una marea verde imparable que exige al parlamento nacional eliminar el último bastión formal de resistencia que sostiene a las mujeres como ciudadanas de segunda.

Las multitudinarias movilizaciones producidas en nuestro país el 3 de junio de 2015, nos mostraron una sociedad harta y asqueada de la violencia sexista, una sociedad decidida a decir basta al grito de NiUnaMenos. Y ahora ese grito ha mutado a una marea verde imparable que exige al parlamento nacional eliminar el último bastión formal de resistencia que sostiene a las mujeres como ciudadanas de segunda.

Parafraseando a esa maravillosa mujer llena de coraje que fue Julieta Lanteri, yo digo: “Arden fogatas de emancipación femenina, venciendo rancios prejuicios y dejando de implorar sus derechos. Estos no se mendigan, se conquistan”.

Aquí estamos. Muchas Gracias!