Fotos: Niki Siciliano.
Los objetos que van a contener una maldición deben ser hermosos. Esto que dice la escritora surcoreana Bora Chung en su cuento “Conejo maldito” aplica a la belleza dañina que gorgotea en un departamento en el barrio porteño de Almagro, a sus pinturas torcidas sobre la pared y a sus cabezas blancas de maniquíes, a la puerta de un auto hecha con cartón pintado y al brillo moribundo de una lámpara, a la soga húmeda para sacar al perro y a la montaña de pelucas tiradas como trapos.
Este es el paisaje que solo le pertenece a Vedette, artista, cantante, performer, drag insolente y gestora cultural. Una persona posbinaria con un yeite que condensa el gustito por entretener, la necesidad de convertir el escenario en un territorio político y el carisma de un Pierrot desdichado. Guerrera incondicional (por ahora) de los escenarios del under, este 2026 se cumplen diez años del nacimiento de su personaje público, una oportunidad para renovar votos artísticos y jugársela por su primer amor: la música.
Vedette no siempre fue Vedette. Antes era alguien con un documento que decía haber nacido un 16 de noviembre de 1982. Alguien con una madre, con un padre y un hermano mayor. Alguien atrapado en una jaula de oro en Florida, una localidad de la zona norte de Gran Buenos Aires. Alguien encerrado lo que pareció una eternidad en su habitación hasta que pudo escapar y vivir en soledad. “Yo siempre fui la rara”, dice en conversación con LatFem. Según ella, era rara porque le gustaba el helado de limón, porque siempre tenía mal humor y se la pasaba escuchando música de mujeres fuertes: las Spice Girls, Garbage, No Doubt, Alanis Morrisette, The Cranberries, Fiona Apple y Madonna. Dice también, entre risas: “en el fondo no entendía que fui la rara porque era puto”.
En su cara habitan la miseria, la ternura y la temperatura insoportable del deseo.
Estar cerca de Vedette invita al desconcierto y la fascinación. En su cara habitan la miseria, la ternura y la temperatura insoportable del deseo. La combinación de su pelo naranja con ojos y cejas picantes recuerdan a esos rostros Post-Punk, a una estética New Romantics, a una girl-boy boy-girl salida del Club Blitz, la discoteca más emblemática de Londres a finales de los 70. Se mueve lento como una medusa, con esa gracia artificial propia de los apasionados del teatro. Su voz está repleta de matices y las palabras salen expulsadas como señuelos, como la antesala a un final grandilocuente que nunca llega. Con cada comentario te mantiene atrapado en una narración que se luce por su prolijidad y su falta de memoria a la hora de recordar fechas.
Vedette se graduó en la Licenciatura en Realización Audiovisual por la Universidad de Palermo. Desde ahí comenzó a trabajar en videoclips hasta que una profesora la contactó con la directora de arte de la serie argentina Son Amores, uno de los tantos éxitos de la productora Pol-Ka durante los primeros 2000. Trabajó meses en los departamentos de arte de Casi Angeles, Epitafios 2, Corte y Confección, entre otros programas. Era realizadora de objetos, escenarios y distintas ambientaciones. En 2012 tiene una entrevista para trabajar en Ideas del Sur, la exproductora de Marcelo Tinelli. Obtiene el trabajo y durante 9 años estuvo sumergida en el pandemonio televisivo llamado Showmatch.
Sufrió los tiempos acelerados de la tele, sus famosos y sus maltratos. Se peleó con gente y se ganó ataques de insomnio: “la televisión es muy violenta. La gente está muy exigida. Todo el mundo tiene pretensiones de Hollywood y el presupuesto de Munro. Yo estaba cruda, demasiado nueva, y había que estar siempre cinco pasos adelante de todo. También era un mundo traidor y cagón, cuando algo fallaba nadie se hacía cargo y eso siempre me molestó y me peleaba. Todo el tiempo te cruzabas con gente muy sacada, un lugar perfecto para pelear y gritar. También fue una buena escuela para producir y perder el miedo. Me considero indestructible en la producción y ya nada me da miedo: a mí me gritó Cris Morena en la cara”.
Sufrió los tiempos acelerados de la tele, sus famosos y sus maltratos.
A la par de los maleficios de la televisión, Vedette encontró un refugio en el canto, en la música y en montarse. Su primera banda se llamó Shivrè y hacían Space Disco, un género musical un tanto olvidado. La agrupación duró poco y comenzó su recorrido solista. En paralelo, Ideas del Sur cerraba para dar paso a la nueva productora La Flia y tiran a la calle todo el vestuario de Showmatch y El Bailando por un Sueño: vestidos, pieles, plumas, zapatos, accesorios y telas brillosas que ahora están resguardadas en las miles de valijas que tiene en su dos ambientes. Broma tibia del karma: la artista del under que se viste con las prendas caras que usaban los famosos del mainstream. Hasta el día de hoy, afirma que el destino intentaba decirle algo. Para esa época también salió del closet, en principio como puto. Después serían otros los cuestionamientos.

Vedette nace el mismo día que se conmemora la Inmaculada Concepción de María, un 8 de diciembre. Con la sutil diferencia de que la cantante fue parida en el emblemático antro de sótano llamado Flux, en el marco de la fiesta Pop Hereje en un ya lejano 2016. El objetivo era presentar el videoclip para su tema “Ven a mi casa (esta Navidad)”. Gabriel Orqueda, amigo y creador del evento, recuerda: “la convocamos porque creíamos en su propuesta artística. Veníamos observando todo su desarrollo previo, estuvimos en la filmación del video y cuando cantaba con su banda. Era un momento de Vedette muy genderfuck, tenía barba, usaba peluca o su pelo natural. Había una sensación de un cambio muy importante, se estaba liberando de ataduras y tirándose a la pileta”.
En septiembre de 2017, Vedette lanza Plutón, su primer EP, compuesto por cinco canciones gestadas en las aguas ácidas de sus entrañas. Las letras abordan la confusión y los límites del modelo binario de existencia, la sombra oscura del miedo que acecha a las personas y el placer como un derecho históricamente negado a las disidencias.
Sobre esta faceta, la cantante y artivista FIFÍ comenta: “Vedette es muy musical; creo que tiene oído absoluto y con su voz aporta una frescura distinta. Es la única del mundo queer que puede hablar de cuestiones complejas. Toma riesgos y nunca elige una poética sencilla. A la persona le llega, pero le toma un rato. Es una hermana con la que podemos hablar de cosas que solo las travestis del espectáculo entienden: ver en nuestros ojos el fracaso, volver a intentarlo y volver a nacer”.
¿Cómo definir a este bicho en construcción? En principio se trata de alguien con las pinceladas glamorosas y frívolas de una vedette, una mujer que convoca a lo más elegante y perverso del estereotipo femenino, alguien que busca proyectarse como algo más: un disfraz de diva, una persona alegre, una maestra de ceremonia, una mostra que entretiene a los putos. Pero también existe un diálogo constante entre la identidad de la Vedette artista y la Vedette persona. Monstruo de varias cabezas, todo el tiempo hay un cuestionamiento para la imagen que proyecta y aquella que quiere ser: un espejismo contradictorio que cruza los géneros, una respuesta difícil para la milicia cis, un conflicto interno o un pronombre que todavía nadie se atrevió a inventar.
¿Cómo definir a este bicho en construcción? En principio se trata de alguien con las pinceladas glamorosas y frívolas de una vedette, una mujer que convoca a lo más elegante y perverso del estereotipo femenino, alguien que busca proyectarse como algo más: un disfraz de diva, una persona alegre, una maestra de ceremonia, una mostra que entretiene a los putos.
“En mis inicios me sentía completamente fuera de la norma, sin saber bien lo que era una. Pensé que podía ser como un extraterrestre, un alien que viene a esta tierra a hacerse pasar por uno más de nosotrxs. Era algo medio David Bowie también, pero más orientado a la cuestión de género, algo que sigo explorando y trabajando hasta el día de hoy. Después cayeron las tetas, las pelucas y visualmente me volví mucho más hegemónica. Verse así fue un buen negocio, pero es algo que ahora estoy desarmando. Yo siempre fuí un bicho raro que quería montarse, una prototrava que no se podía entender. Después vinieron las lentejuelas, los trapos carísimos y las piedras. Todo ese mundo me pareció fascinante y me entregué a la decisión de llamarme Vedette, trabajando rodeada de vedettes”.
Vedette es única porque su drag es más que su trabajo: es una experiencia con principios, leyes y reglas. Vive para preguntarse quién es o quién puede llegar a ser y las preguntas nacen en el territorio maldito de su cabeza, la cual carbura como máquina a vapor, y luego se desprenden en el escenario, en su fijación con hacer del arte un lugar para combatir la heterónoma o a la extrema derecha que gobierna el país. Vive para gestionar eventos a favor de las disidencias, asiste a marchas y asambleas donde canta, con la furia de una loba rastrera, cada consigna y lema, cada derecho negado o perdido. Le interesa una vida más justa para su comunidad y se desvive (a veces demasiado) por intentar alcanzar ese ideal. No se trata de encasillarla en el mote de “artista política” sino más bien entender que todas sus decisiones tienen un devenir político que la atraviesa como subjetividad.
“En términos de movimientos, a mí la columna Mostri me parece fundamental para aguantar y sentir que hay un montón de otras personas como vos, que no están solxs. Cuando ganó Javier Milei, a los días ya estaba en una plaza y conocí una forma de hacer política queer. Tal vez no estamos arreglando nada pero sí construyendo un frente unido y pensando una nueva democracia, una que nos quiera de verdad. La respuesta está en la calle, hay que habitar las plazas y las marchas. Las redes sociales son un desastre y están totalmente dominadas. Yo no creo nada de lo que pasa ahí”.

La humorista, actriz e icono LGBTIQ+ Vanesa Strauch dice que se sorprende cada vez que observa a Vedette, que es su fan y se siente agradecida con su existencia. Dice también que le recuerda a Hedwig de Hedwig and the Angry Inch, una película de culto entre la comunidad, un poderoso relato sobre un freak perseguido por los tentáculos de la tragedia, el amor y el talento. Además agrega: “Es una persona muy generosa, sobre todo con sus compañeras travas. Una vez, estuvo más de 12 horas montada para una filmación donde ni siquiera la dejaban sentarse. Se había comprometido conmigo para dar una clase de teatro en el Mocha Celis al día siguiente. Terminó de filmar y en vez de irse a dormir, fue a su casa, se lavó la cara y preparó una clase increíble. Esa es Vedette”.
Uno de los grandes eventos creados por Vedette es Noche de Mostras, un espacio donde las drags competían a través de performances y lip syncs frente a un jurado queer y diverso. Además de producir y gestionar, la cantante oficiaba de host y acompañaba, ordenaba y cuidaba a cada una de las participantes, borrando jerarquías, colaborando en la previa, en los ensayos y en todo el proceso, involucrándose mucho más allá de la fecha del show.
En una edición de Halloween conoció a la actriz Erica Rivas, quien formaba parte del jurado, y la conexión entre ambas fue inmediata. La actriz reflexiona: “amo a Vedette porque ama las palabras como yo, aunque a veces también nos dejan un poco insatisfechas. Podemos quedarnos pensando juntas durante mucho tiempo; sus charlas se quedan días en mi cabeza y en mi cuerpo. Es suave y graciosa. Sus impresiones y paisajes tienen pregnancia en mí, y sé que no me pasa a mí sola. Su voz y sus movimientos en el escenario me hipnotizaron —y lo siguen haciendo—. Me fascina como artista porque es comprometida y honda: lo que hace tiene capas, lo que canta, lo que compone, lo que propone. Yo la miro, la escucho, y me gustaría quedarme en ese planeta para siempre”.
“En términos de movimientos, a mí la columna Mostri me parece fundamental para aguantar y sentir que hay un montón de otras personas como vos, que no están solxs”.
Actualmente, Vedette está enfocada en su carrera musical, que por algún periodo de tiempo quedó eclipsada por su faceta drag. Juntó a su amigo y productor favorito, Fede Haro, producen un espectáculo titulado Lágrimas de Marfil, un show donde la artista interpreta clásicos nacionales e internacionales y temas de su autoría. Haro acompaña en el piano y juntxs construyen una atmósfera que parece remitir tanto al cabaret alemán como a la habitación de dos adolescentes fascinados con la música ochentosa. El canto evoca a la tormenta mental de un ser que sangra nostalgia e incomprensión. Los aplausos ascienden como olas magnetizadas por la luna, cuya luz ilumina a Vedette como si fuera un animal mitológico, pronto a desaparecer.
“Siempre te sorprende, tiene un uso increíble del lenguaje, un universo de melodías único e inconfundible. Empecé a venderle la idea de hacer un show a piano y voz hace años porque quería darle a su voz ese protagonismo y ese espacio para la expresión, la sutileza y los matices que el formato clásico de la pista electropop no permite. Hubo casi un año de laboratorio y experimentación en mi casa con el piano para llegar a lo que se ve en el escenario”, señala Haro.
A Vedette hay que imaginarla. Tal vez como Annie Lennox en el video de “Why”, maquillándose frente a un espejo, ocultando con polvos de colores las miles de grietas de su cuerpo. Repitiendo hasta el hartazgo la sentencia del clásico ochentoso: “Vos no sabés lo que siento”. Hay que imaginarla cursi y afectada luego de una función, con ganas de llorar pero también de existir, de ser el aire contaminado que amenaza a la ciudad como un fantasma urgente.
“Me la estoy jugando como artista, vivir de esto es lo único que me queda. Siempre digo que tengo más vidas, pero siento que el fondo ya me las gasté todas. Me queda una sola y después…”, dice mientras come una tarta de verduras, tras una función en La Paz Arriba. El viento de un verano moribundo choca contra sus cejas pintadas color café. Los ojos tiemblan como gemelos huérfanos y la gente se acerca para saludarla. Está enamorada del perfume que compró en el supermercado chino y que la convierte en una hierba ilegítima. Queda claro: no es una mostra, no es un loco, no es un hombre, es más que una mujer, más que una artista. Vedette es un continente.