Por: Fotos: Prensa y Comunicación Diputadxs

“Terminar con la silente pandemia de aborto inseguro es un imperativo de salud pública y derechos humanos

Vengo de estar 30 años en la trinchera del hospital público en una provincia que tiene 550.000 habitantes en 94.000km2. Algo así como 3 veces y ½ y media menos habitantes que La Matanza y 300 veces más territorio.

Los números que voy a mostrar a continuación no son mas que la misma realidad que otros ya han mostrado acerca de los daños que provoca la ilegalidad del aborto pero en un contexto de escasa población y extenso territorio.

Algunos se han permitido dudar de impecables estimaciones estadísticas realizadas en nuestro país con relación a la cantidad de mujeres que abortan.

Los números que voy a presentar no tienen, ni lejos, esa calidad en su elaboración, pero representan la realidad concreta.

Una realidad que, aunque era vivida diariamente, me exploto en la cara con su contundencia cuando hice el diagnóstico de situación para concursar la Jefatura de servicio de ginecología.

Son los números de morbimortalidad por aborto en el hospital donde trabajé.

Les cuento:

En un período de 5 años, se internaron en del servicio de ginecología del hospital Castro Rendón de la Ciudad de Neuquén 550 mujeres con diagnóstico de complicaciones de aborto realizado en condiciones de riesgo.

122 de ellas tuvieron diagnóstico de aborto séptico. La edad promedio de estas mujeres fue de 27 +/- 4 años años y la media de embarazos previos fue de 3 con un rango entre 0 y 11 . De estas mujeres 6 murieron, 16 fueron histerectomizadas, o sea se fueron alta vivas pero sin su útero, otras 16 estuvieron en terapia intensiva, un mínimo de 7 y un máximo de 29 días.

Para los que no lo saben, estar en terapia intensiva en un hospital que tiene terapia intermedia implica estar en asistencia respiratoria mecánica.

Estos números respaldan lo que digo, yo no necesito mostrar fotos y videos de úteros perforados o gangrenosos, ya hemos visto suficientes imágenes morbosas y ha sido claramente innecesario y poco creíble.

Lo que sí quiero es transmitirles la gravedad de lo que sucede y además lo injusto y evitable que es.

Estas mujeres tienen para mí una cara y un nombre.

La mayoría de los métodos caseros que usaron para provocar/se un aborto muestran la desesperación y el intenso e irreductible deseo de no maternar, estaban dispuestas a cualquier cosa.

Cuando ella llega, tenemos frente a nosotros una mujer que sabe que ha hecho algo ilegal, una mujer que además de aterrorizada, está gravemente enferma y vulnerable y, a menudo, es tratada con hostilidad, indiferencia, y lo que es peor: denunciada.

Otra de las cosas que quiero decir acá es que la penalización del aborto es utilizada para estigmatizar, no solo a las mujeres que abortan, sino a los profesionales proveedores, a los abogados, a los investigadores y a los activistas, entre otros.

El estigma tiene consecuencias sobre las legislaciones y sobre la práctica medica.

Aquí otra vez aparece con fuerza la apropiación de las palabras que citó Claudia Piñeiro: las iglesias han logrado que lo que ellas consideran un pecado, sea asumido por la sociedad como un delito y, como sabemos, un delito es algo que esta mal, algo que no debemos hacer. Que quede claro: pecado y delito no son lo mismo

Es por ello que en nuestro país el aborto despenalizado por causales desde 1921, nunca se hizo efectivo en los sistemas de salud, fue negado sistemáticamente en la enseñanza de la medicina y la abogacía y desconocido por médicos y jueces. En fin: un derecho desaparecido.

Asi como no podemos permitir que se adueñen de la palabra vida, tampoco les permitamos que se adueñen de la palabra “conciencia”.

La objeción de conciencia, ese privilegio con que contamos los médicos, creció de la mano de la oposición al aborto, se ha naturalizado una continua y falsa dicotomía entre aborto y conciencia. Los que objetan al aborto lo hacen «a conciencia» y los que no, al parecer, no estamos usando la «conciencia»

En general los/as prestadores de abortos tienen mucho que perder se arriesgan al estigma y a la marginación. Sin embargo, continúan realizando esta prestación debido también a profundas convicciones éticas.

No reconocer que también la conciencia impulsa la provisión del aborto, la convierte en un concepto vacío y nos deja a los proveedores sin una base moral sobre la cual situarnos.

La integridad moral de un médico no solo puede dañarse por hacer una práctica como el aborto, también puede ser dañada si no hacemos esa práctica respetando los derechos de las mujeres.

Por ello  quiero dejar aclarado aca que mis colegas proveedores de abortos y yo también tenemos conciencia y nuestra conciencia nos dice que hacer abortos seguros es estar a favor de la vida y respetar y cuidar los derechos y la salud integral de las mujeres.

El último aspecto que me interesa abordar es el del embarazo no planeado, ya que esta situación vital es la principal proveedora de abortos inducidos.

La situación ideal en este mundo sería que la reproducción en nosotrxs, los seres humanos, sea siempre un acto planeado y, lo que es mejor, su condición necesaria, la sexualidad, sea siempre un acto deseado.

Ya hubo gente aquí, muy calificada, que dejo sentado los diferentes costos que tiene para una mujer o para un varón el deseo sexual.

El embarazo no planeado suele generar en los médicos y personas de la comunidad general, reacciones de rechazo, censura y estigmatización cuando las mujeres en esta situación manifiestan su deseo de abortar.

Todos habrán escuchado comentarios del tipo “¿Cómo no te cuidaste”, “qué irresponsable”, “hacete cargo”, “si te gustó el durazno, aguántate la pelusa” y otros tantos comentarios descalificantes y groseros.

Para terminar, quiero aportar algunos argumentos que generen empatía y comprensión en estas situaciones, con datos de la realidad:

Algunos números que aporta The Lancet Global Health. 2018

Entre el 2010/ 2014 el 44% de los embarazos en el mundo fueron no planeados.

Eso significa que unos 85 millones de mujeres cada año experimentan un ENP (embarazo no planeado). Unos 85 millones de mujeres irresponsables.

El 56%, unos 47 millones de incalificables mujeres, terminaron en un aborto inducido .

El ENP permanece a lo largo de los años y las diversas estimaciones mucho más alto en las regiones en vías de desarrollo que en las desarrolladas.

En la Argentina, el embarazo no planeado en menores de 20 años ronda el 70% y en mayores es más del 50% (SIP).

En los países desarrollados, el embarazo no planeado se redujo entre el año 2010 y 2014 en un 30%.

En países en desarrollo se redujo solo en un 16%.

Es claro, con estos números, que el acceso universal a la anticoncepción moderna puede reducir pero nunca terminar con la necesidad de tener aborto legal.

 

Ahora bien, ¿por qué ocurren los embarazos no planeados?

Porque las mujeres deseamos menos hijos de los que naturalmente resultan de una vida sexual activa.

Porque aún no todas las personas pueden controlar su fecundidad.

Porque existen relaciones sexuales que no son voluntarias ni deseadas.

Porque los métodos anticonceptivos fallan.

Por último, para que les quede grabado: Porque una mujer pasa 35 años de su vida mes a mes sometida al riesgo de tener un embarazo no planeado.

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Bibliografia

1-Grimes, D. A., Benson, J., Singh, S., Romero, M., Ganatra, B., Okonofua, F. E., & Shah, I. H. (2006). Unsafe abortion: the preventable pandemic. The lancet368(9550), 1908-1919.

2-Bearak, J., Popinchalk, A., Alkema, L., & Sedgh, G. (2018). Global, regional, and subregional trends in unintended pregnancy and its outcomes from 1990 to 2014: estimates from a Bayesian hierarchical model. The Lancet Global Health.

3-Sedgh, G., Bearak, J., Singh, S., Bankole, A., Popinchalk, A., Ganatra, B., … & Johnston, H. B. (2016). Abortion incidence between 1990 and 2014: global, regional, and subregional levels and trends. The Lancet.)

4-Jones, R. K., & Jerman, J. (2014). Abortion incidence and service availability in the United States, 2011. Perspectives on Sexual and Reproductive Health46(1), 3-14.

5- Langer, A. (2002). El embarazo no deseado: impacto sobre la salud y la sociedad en América Latina y el Caribe. Revista Panamericana de Salud Pública11, 192-205.

6- Sundaram, A., Vaughan, B., Kost, K., Bankole, A., Finer, L., Singh, S., & Trussell, J. (2017). Contraceptive failure in the United States: estimates from the 2006–2010 National Survey of Family Growth. Perspectives on sexual and reproductive health49(1), 7-16.