Por: Fotos: Prensa y Comunicación Diputadxs

También es sabido que el modo de atravesar este proceso depende de donde hayas nacido, de quienes te rodeen, de qué profesionales te reciban en el momento en que golpeas las puertas al sistema de salud en la búsqueda del reconocimiento y cumplimiento de un derecho que termina siendo, muchas veces, potestad de la suerte: de dar con la voluntad de un/a trabajador/a de la salud que lo reconozca y lo garantice.

Nací en una ciudad de Entre Rios, Concordia. Transité allí toda mi niñez y adolescencia y recibí educación formal en un colegio católico. De esa experiencia recuerdo una sola clase de educación sexual, a mis 13 años, en la que nos explicaron a todas que la menstruación era “el llanto del útero por no haber concebido un hijo”, una aseveración que me quedó marcada a fuego. ¿Cuál era el mensaje allí implícito? Acaso mi cuerpo servía solo para concebir, y de no ser así, ¿estaba yo condenada llorar sangre a través de mi útero mes a mes? Ese día nadie nos había hablado de deseos, de cuidados, ni de autonomía.

Me formé en la Universidad Pública de Rosario como médica, hace 9 años, con la certeza de que lo que más quería hacer en el futuro (incierto y lejano) era aprender a defender y cuidar la vida.

Más tarde elegí la especialidad de Medicina General y Familiar y, con aquella idea un poco más pulida, aposté con entusiasmo a trabajar en Salud Pública garantizando derechos allí donde son más vulnerados, porque entendí que esa era la forma de cuidar la vida.

Quisiera contarles acerca de la realidad de mi trabajo en el territorio, con mujeres que, por convicción, acompaño en todos sus procesos vitales desde el nacimiento y hasta su deceso, atravesando un universo de historias de vida, que determinan cotidianamente la forma de vivir y de enfermar de cada una.

El aborto es una realidad cotidiana. Mucho más de lo que yo, en mis inicios en esta profesión, podía imaginar, con las casi nulas herramientas con que contaba a penas egresada de la facultad de medicina. Herramientas que fui adquiriendo de la mano de las compañeras Socorristas en Red, y que representaron un antes y un después en los modos de acompañar a las mujeres. Actualmente formo parte de la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir.

Por eso es que quisiera hablarles hoy de esta parte de la realidad: las mujeres abortamos; y eso no está en discusión.

También es sabido que el modo de atravesar este proceso depende de donde hayas nacido, de quienes te rodeen, de qué profesionales te reciban en el momento en que golpeas las puertas al sistema de salud en la búsqueda del reconocimiento y cumplimiento de un derecho que termina siendo, muchas veces, potestad de la suerte: de dar con la voluntad de un/a trabajador/a de la salud que lo reconozca y lo garantice.

También es sabido que el modo de atravesar este proceso depende de donde hayas nacido, de quienes te rodeen, de qué profesionales te reciban en el momento en que golpeas las puertas al sistema de salud en la búsqueda del reconocimiento y cumplimiento de un derecho que termina siendo, muchas veces, potestad de la suerte: de dar con la voluntad de un/a trabajador/a de la salud que lo reconozca y lo garantice.

Y en ese punto me gustaría profundizar. En el que nos toca a las/os trabajadoras/es de la salud como garantes de derechos o, en su contracara, de exclusión e injusticia social.

Como médica mujer siento la necesidad de hablarles de aquellas/os q objetando conciencia afectan intereses y derechos fundamentales de terceros, ya sea entorpeciendo o imposibilitando la disponibilidad de información sobre métodos anticonceptivos y aborto legal, o restringiendo el acceso a tales prestaciones. Estas conductas provocan riesgos para la vida, la salud, la integridad física, o la autonomía de las personas.

Pero, ¿qué es la objeción de conciencia?

Es el derecho a no ser obligada/o a realizar acciones que contrarían convicciones éticas o religiosas muy profundas del individuo. Este derecho emana de la protección que la Constitución garantiza a la libertad de culto y de conciencia, y a las acciones que no perjudiquen a terceros (artículos 14, 19 y concordantes de la Constitución Nacional).

A partir del fallo “F., A.L. s/medida autosatisfactiva”, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha exhortado a las autoridades nacionales y provinciales a generar las soluciones normativas que garanticen, entre otras cosas, un sistema que permita al personal sanitario ejercer su derecho de objeción de conciencia con las siguientes características:

1) Que ello no se traduzca en derivaciones o demoras que comprometan la atención;

2) que la objeción sea manifestada al inicio de las actividades en el establecimiento de Salud correspondiente, de forma tal que toda institución cuente con recursos humanos suficientes para garantizar, en forma permanente, el ejercicio de los derechos que la ley confiere (refiriéndose a los casos de aborto no punible determinados en el Código Penal argentino).

Más allá de reconocer en esta facultad de apelar a la conciencia, tal y como se da en la actualidad en las distintas instituciones y niveles, un verdadero obstáculo para el acceso universal a la Salud, considero imperioso ASEVERAR que todas/os las/os prestadoras/es del campo de la salud podemos actuar “a conciencia”, aun cuando nuestras convicciones esenciales sean diferentes. No reconocer que también la conciencia puede impulsar a la provisión del aborto, del mismo modo que puede oponerse a realizar esa prestación, la convierte en un concepto vacío y nos deja sin ninguna base ética sobre la cual situarnos.

Y las mujeres que en ejercicio de su autonomía moral buscan acceder a abortos legales en caso de peligro para su vida o su salud y ven obstruido ese derecho, sienten que el sistema privilegia la conciencia de algunos por sobre sus propias conciencias.

O acaso las mujeres que son víctimas de violencia sexual y atraviesan un embarazo producto de aquel delito ¿no deciden abortar en pleno uso de su conciencia y bajo las más profundas convicciones éticas y morales?

Por eso hoy quiero invitar a colegas y sobre todo, a nuestros representantes, elegidos por el voto popular, a reflexionar acerca de las consecuencias que tiene hacer prevalecer la libertad de conciencia (de instancia privada), por sobre todas las demás. Si eso no es autoritario es, al menos, egoísta.

Les insto a ustedes, legisladoras y legisladores, con la voz de las mujeres pobres que mueren en el intento por ejercer autonomía sobre sus cuerpos, que reconozcan su estatuto de personas y terminen con más muertes evitables.

Y para finalizar quisiera exponer a modo de conclusión y de pedido:

No permitan que un atributo jurídico que es de instancia privada se transforme en una conciencia colectiva que pretenda avasallar la soberanía de nuestros cuerpos. No permitan que la conciencia de unos pocos determine, cuál será nuestro destino.

Celebro este momento porque sé, con toda certeza, que estamos haciendo historia y solo podemos avanzar sobre esta conquista que será de todas.

Por la justicia social, aborto legal, seguro y gratuito.

Muchas Gracias!