Abril Sosa tenía cinco años. El sábado a las 11 de la noche salió a jugar a la vereda con otros niños de la cuadra, siempre lo hacían. Desde esa hora sus padres no volvieron a saber de ella. Fue víctima de abuso sexual. Después, el mismo hombre la asesinó. Su cuerpo apareció en un descampado.

1. ¿Qué hacía un hombre caminando sólo a esa hora de la noche? ¿Cómo estaba vestido? ¿Dónde trabajaba? Los cuestionamientos sobre el victimario empezaron después de que el cuerpo de Abril apareciera en el descampado. El sospechoso de asesinato y violación vivía a cien metros de la casa de la niña y ayudó al padre con la búsqueda. Ya había acosado a la hermana de Abril: le mandaba mensajes al celular. Los vecinos lo señalaron por su fama de acosador. Después de confesar el crimen, fueron a buscar el cuerpo. Ahora está detenido.

Antes caminaba libre, como cualquier hombre puede hacerlo, por las calles de Córdoba durante la noche. Quienes no podemos hacerlo somos las mujeres. O sí podemos, pero lo hacemos con miedo porque nos puede costar la vida.

Los hombres prueban su potencia a través del cuerpo de las mujeres. La sociedad sigue sostenida por una estructura de dominación masculina que habilita el ejercicio de poder sobre los cuerpos y la vida de los géneros disidentes. ¿Tenemos que repetir que estamos en una posición de desigualdad? Sí, ellos caminan libres, nosotras ponemos en juego el cuerpo, cuando salimos a la calle o cuando jugamos en la vereda.

2. Cátedra de clasismo y maternidad. La primera hipótesis para la fiscal del caso, Claudia Palacios, fue que la niña podría ser víctima de un ajuste de cuentas. Es una “zona narco” fueron suficientes para tomar envión y culpabilizar a la familia. El padre reconoció haber vendido drogas en otra época. Después la fiscal reforzó la idea: “Me sorprende que haya chicos en la calle hasta muy altas horas y los padres no toman medidas al respecto”, dijo en una entrevista. Mientras la justicia señalaba a los padres, el cuerpo aún no había aparecido.

Las publicaciones con la foto de la niña que se compartían en Facebook para ayudar a encontrarla tenían muchos comentarios que cuestionaban a la madre, ¿por qué no estaba con ella?, ¿por qué dejó que saliera sola a la calle a esa hora?, ¿qué hacía la madre que no estaba con la niña? Sobre la madre recayó la condena social por haber dejado que Abril juegue sola en la puerta de la casa.

Las construcciones discursivas culparon a la víctima (culpa de ella que salió a la calle: es el riesgo de atreverse a vivir) y, como se trata de una menor, se proyectaron sobre su madre. Quizás la clave no esté en dar cátedras de maternidad sino en enseñarles a los varones a no violar.

3. Abril. Tenía cinco años y el deseo de jugar en la vereda. Le pidió permiso a su mamá y salió. Había otros niños en la cuadra con los que siempre jugaba. Hasta que alguien le arrebató la vereda, los deseos, la vida. El mensaje en el cuerpo de Abril es machista: quiere decir que el cuerpo de una mujer es un territorio susceptible de ser apropiado. Porque los varones machistas se sienten dueños de esta sociedad, también de nuestros cuerpos. Si hay un verdadero desafío a la violencia de género es el deseo. Lo que queremos es que desear no nos cueste la vida.