Un día te cansás de todo, de la rutina, de tu pareja, de los mandatos que la sociedad patriarcal te impone y -si sos blancx y tenés el privilegio de pertenecer a una clase social favorecida- te vas. Eugenia vive en Bolivia, no tiene hijos y, por ahora, no quiere tenerlos. No sabe bien hacia dónde pero huye de esa realidad que la agobia, que la encierra. Eugenia es una mujer que ha tomado una decisión: ha decidido ser otra, andar nuevos caminos.

Eugenia es el tercer largometraje de Martín Boulocq. La dirección de arte está a cargo de Andrea Camponovo quien a su vez es la actriz protagonista. Ambos son, además, productores del film que formó parte de la Competencia latinoamericana del 32° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Luego de una de las funciones del Festival, Andrea focalizó en por qué films como Eugenia deben realizarse: “Si bien es difícil hacer cine en Bolivia, se están haciendo cosas súper interesantes. Bolivia es un país que tiene una riqueza increíble, hay que hacer cine. Eugenia me parece una película necesaria hoy para la mujer boliviana, para cuestionarse”.

El uso del blanco y negro pone de manifiesto de forma paradojal la vigencia de los temas que aborda la película: la violencia machista, la sexualidad, el cáncer de mama, el aborto, la maternidad, el racismo, las diferencias sociales, los movimientos revolucionarios de América Latina.

El ojo de Martín Boulocq no juzga: observa. Muestra todo lo que pasa por la vida de Eugenia: sus risas, sus miedos, charlas con sus ancestras tratando de recomponer su historia o de entender el por qué de sus decisiones. Sus llantos, sus heridas, sus inseguridades, sus deseos, su libertad. Eugenia lee a Simone de Beauvoir, reflexiona y actúa. Eugenia hace y deshace todo el tiempo, se busca y se encuentra: en su nuevo empleo, en un beso con otra mujer, en su pelo suelto, en animarse a jugar, a actuar, en lo diverso, en silencios, en abrazos.

Algo similar sucedió con Tania. O Tamara o Laura. A la única mujer que se habría sumado a la guerrilla del Che Guevara por América Latina se la conoce con varios nombres, como si, en vez de una, haya sido muchas al mismo tiempo. Tania es casi un mito (como la mayoría de las mujeres en la historia): ha quedado a un costado, han hablado por ella. Ahora es Eugenia quien se pone en la piel de esta pequeño burguesa argentina que se unió a la revolución. Este personaje dispara en Eugenia nuevas vivencias, pensamientos. Se produce una especie de desdoblamiento. Cuando es Taniae está mucho más desenvuelta y firme, como si ese traje fuera un disfraz de superheroína. Eugenia ha elegido ser su propia Tania o Tamara o Laura. Ser todas en una. Ser todas a la vez.

“América Latina va a ser toda feminista” se canta en las marchas exigiendo políticas de Estado que dejen de excluirnos de las agendas; también las consignas #NiUnaMenos, Vivas nos queremos, Basta de travesticidios, Leyes de identidad de género y aborto legal, seguro y gratuito. Según el Ministerio de Salud boliviano, el aborto clandestino es la tercera causa de muerte de las mujeres bolivianas. Este mes, el Senado de Bolivia ha aprobado nuevas modificaciones penales, entre ellas el artículo 157 que garantiza la obligatoriedad de realización de abortos en los hospitales públicos bolivianos para diversas causales, en total ocho.

Eugenia se encuentra con el feminismo y con una mujer revolucionaria. Lo único que quiere es ser sin ataduras. Ser libre. Ser crítica con ella, con su entorno, con su futuro. De la única revolución de la que no nos pueden ocultar es de la nuestra.

Eugenia se presentó por primera vez en la sección “Perspectiva internacional” de la 41° Muestra Internacional de Cine de São Paulo y en abril de 2018 se estrenará en Bolivia.