La insistencia de lo común: quince años de No Tan Distintes

En una esquina de Boedo, con el sonido de las máquinas de coser y las risas de los chicos, No Tan Distintes desafía el desamparo de la intemperie. Se trata de una trama de resistencia autogestiva que ya cumple quince años abrazando lo que el Estado ignora. Entre mates, serigrafía y afecto, construyen un refugio donde acompañar no es un trámite, sino un acto político de amor frente a la indiferencia. En tiempos de crueldad, acá nadie se suelta la mano.


Fotos: Gentileza No Tan Distintes

Es martes a finales de febrero en Buenos Aires. El local de la esquina de Virrey Liniers y Estados Unidos, en el barrio de Boedo, mantiene la puerta cerrada. Adentro, dos compañeras trans, sentadas frente a sus  máquinas de coser fabrican carteras con frases: “Poner el cuerpo”, “Vincular desde el afecto”. Por debajo de la conversación se escucha la radio comercial, suenan canciones pop, algo de rock, baladas. Las pibas charlan, mandan mensajes, ceban mate. Las risas se mezclan con la radio. Unos minutos más tarde llegan de la escuela los hijos e hijas de las compañeras. Piden el celular, cambian la música, ahora suena María Becerra. Ese hacer cotidiano desemboca, días después, en el 21 de marzo, cuando No Tan Distintes —organización que milita junto a mujeres y disidencias que estuvieron o están en situación de calle— celebra sus 15 años.

“Pasamos de la transitoriedad a los proyectos autogestivos, de los talleres de formación a pensar opciones laborales”, cuenta Paula Milione, integrante de No Tan Distintes (NTD). “Nos convertimos en un pulpo que si no funciona de manera autogestiva se cae”, explica.

En la Ciudad de Buenos Aires, la cantidad de personas en situación de calle aumentó un 27,8%, según el relevamiento oficial del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat porteño. En paralelo, el Tercer Censo Popular de Personas en Situación de Calle —realizado por más de 30 organizaciones— registró 11.892 personas en esa situación: más del doble que las cifras oficiales. Frente al abandono del Estado y la intemperie cotidiana, la organización construye una trama propia independiente, autogestiva, antipunitivista y transfeminista para afrontar la indiferencia social. 

De la asistencia a la autogestión

La organización no siempre fue como es hoy. En 2008, formó parte de un grupo de estudiantes de la UBA llamado “Perdidos en Retiro”, que recorría las ranchadas para repartir la merienda. Con el tiempo empezaron a identificar que muchas mujeres sufrían violencia de género por parte de sus parejas que habitaban las mismas ranchadas, por lo que decidieron armar un espacio separado. En 2011 fundaron No Tan Distintas que, con el diario del lunes y quince años de bagaje, hoy describen como una experiencia atravesada por un enfoque “asistencialista”. 

El tiempo fue pasando y la A de “distintas” les quedó corta, rígida, empaquetada. Decidieron mutar a la E: distintes. El lenguaje inclusivo no sólo fue un gesto de irreverencia semántica sino también una forma de visibilizar a las compañeras travestis, trans, queers y no binaries. Fue el pie para llamarse transfeministas, antipunitivistas y empezar a pensar desde la reducción de riesgos y daños en vez del prohibicionismo. 

Belén Rivero llegó a No Tan Distintes hace más de diez años. En ese momento estaba en situación de calle y consumo. Gracias al acompañamiento, pudo alquilar por primera vez en un hotel de Floresta. “Es un apoyo cuando todo se desmorona, cuando siento que no puedo más”, dice sobre la organización. Y sigue: “me han ido a buscar en situaciones que estoy en consumo, en abstinencia. Cuando no puedo salir del pozo. Es como el salvavidas cuando estás ahogándote”.

En 2015 empezaron a gestionar el centro de integración Frida, el único para mujeres y disidencias abierto las 24 hs. Tres años después decidieron retirarse de la institucionalidad, para construir un espacio donde las propias compañeras que habían pasado por la situación de calle pudieran asumir roles de responsabilidad y romper el paradigma de la víctima o de la persona sin futuro.

El trabajo autogestivo responde a una dificultad concreta: el acceso al empleo. Según el Tercer Censo Popular de Personas en Situación de Calle, más del 66% de quienes viven en esa situación realiza alguna actividad laboral para subsistir, principalmente changas, cartoneo o ventas ambulantes. Sin embargo, la informalidad laboral afecta especialmente a las mujeres. En Argentina, la tasa de empleo femenina entre los 30 y 64 años alcanza el 66,4%, mientras que la de los varones llega al 87,9%, según datos recientes del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). 

Para Paula Milione, muchas de las compañeras que participan del espacio difícilmente encuentran trabajo en otros lugares. En ese sentido, el trabajo colectivo también implica involucrarse afectivamente con las trayectorias de quienes forman parte del espacio. “Hay que salir de la mentira de que no te pasa nada con la compañera, de que cerrás la persiana y seguís con tu vida”, dice Milione.

Actualmente en el local de No Tan Distintes funciona el “productivo” -un taller de costura, de serigrafía- y Abduciendo Ediciones, la editorial que armaron en 2024 gracias a la que publicaron su primer libro, “Acompañar es político”. El texto, escrito por su fundadora, Florencia Montes Páez, fue pensado para sistematizar los conocimientos sobre el acompañamiento de mujeres y personas trans en situación de calle. Al día de hoy ya tiene más de mil ejemplares vendidos, cuatro tiradas y está siendo traducido a otros idiomas. En el local está el TUM (Taller de Usos Múltiples), donde las compañeras tienen un espacio para habitar tres veces por semana, lejos de la calle, el hospital o el parador. A su vez, sostienen el espacio “La madre que (no) fui” para maternidades que fueron separades de sus hijos e hijas por decisión de la justicia.

“Esto acompaña pero no reemplaza las políticas públicas”, enfatiza Ariana Rodríguez de 25 años, quien, si bien actualmente acompaña a otras compañeras, pasó por la situación de calle y consumo. “Acompañar es un círculo que no termina nunca. Es poner el cuerpo, es construir desde el afecto porque no se puede acompañar desde la victimización”, enfatiza.

Vivir en la calle en la era Milei 

Ese recorrido encuentra una escena concreta el 21 de marzo, cuando la organización festeja quince años. En la casa de No Tan Distintes, las paredes están cubiertas con fragmentos del libro y poemas escritos por las propias compañeras en el taller literario. El grupo Serigrafistas Queer estampa pañuelos blancos en referencia a un nuevo aniversario del Golpe Militar de 1976. Los visitantes toman el café y las medialunas que vende la organización. Alrededor de las siete y media de la tarde se inicia el nombramiento de salas: Liliana Bodoc -la gran escritora argentina- para la biblioteca, Andrea “Chuqui” Zapata y María Verón, en honor a las compañeras fallecidas, para las dos cocinas y “María Elena Shock” para el siestario de les pibis, en un cruce entre  María Elena Walsh y la cantante travesti Susy Shock. 

Según Florencia Montes Páez, la era Milei las encuentra más fortalecidas que nunca como grupo. Sin embargo, las compañeras llegan más rotas, más violentadas, más ultrajadas, con más problemáticas de consumo y con menos posibilidad de acceso a un subsidio habitacional. A su vez, el vaciamiento del Hospital Nacional en Red Laura Bonaparte, dedicado específicamente a problemáticas de salud mental, fue un golpe fuerte para las integrantes de la organización. En un contexto donde los dispositivos públicos se debilitan, muchos de esos acompañamientos recaen sobre espacios comunitarios.

“Tenemos los mismos derechos que todas pero en nuestro caso fueron violentados todo el tiempo”, declara Ariadna. Ella concurre a la organización desde los 19 años, cuando comenzó asistiendo a “la madre que (no) fui” con su hijo Leonel, que en este momento tiene 11 años. “Nadie cree en nosotras, ningún espacio. Siempre somos expulsadas o violentadas”, asegura la joven que resalta que acompañar es un acto de amor, aunque a veces suponga poner un límite. “A veces ni siquiera sabíamos lo que es tener una heladera, algo básico. Acá podemos enojarnos, nos podemos pelear, porque es parte de acompañar, pero siempre desde el afecto y desde el amor”, agrega. 

Aunque existen leyes que garantizan asistencia integral, como la Ley 3706 de Protección Integral de Personas en Situación de Calle, y a nivel nacional rige la Ley 27.654 de Situación de Calle y Familias sin Techo, su implementación es desigual y, en algunos casos, fue limitada por decisiones recientes del Gobierno nacional que traslada responsabilidades a las provincias. En paralelo, crecen los episodios de violencia institucional. El tercer Censo Popular indica que el 80,7% de los y las entrevistadas declara haberla sufrido, principalmente por parte de la Policía de la Ciudad y el Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana. 

Este escenario se inscribe en un paradigma de “Orden y limpieza” impulsado por el Gobierno porteño, presente tanto en sus políticas como en el discurso del 1° de marzo durante la apertura de sesiones ordinarias de la Legislatura. Ese día Jorge Macri,abordó la problemática con un enfoque centrado en la seguridad y planteó la necesidad de impedir que la gente viva en la calle. También reclamó consenso político para que las personas en situación de calle no puedan rechazar asistencia estatal y pidió al Congreso reformar la Ley Nacional de Salud Mental.

Según las integrantes de No tan Distintes el espacio crecio en cantidad de personas que asisten a comer, a tramitar un subsidio habitacional y a pedir ayuda para pagar un alquiler. “La situación es expulsiva y bastante perversa entre el Gobierno de la Ciudad y el Gobierno Nacional”, comenta Paula. Por su parte Montes Paz denuncia que “las compañeras estan hechas mierda, tienen un deterioro fuerte. Es una trama que se está rompiendo. Ante eso nosotras no dejamos de dar respuesta, al contrario, redoblamos la apuesta. Sacamos plata de la galera, doblamos la militancia y, aunque no haya presupuesto, seguimos sin acortar los horarios”. Suma que hay un discurso abiertamente aporofóbico y xenofóbo. En ese contexto sostiene que la organización deja un aprendizaje político: “esto nos va a servir para toda la vida, saber que aunque tu partido no gobierne de forma macro, igual una organización se puede sostener de forma micropolítica”.

Poner el cuerpo

La organización también gestiona dos casas colectivas (Casa Leonor y Casa Andrea) donde las personas que estuvieron en situación de calle se hacen cargo del alquiler, el mantenimiento y el trabajo de la huerta.  “Fue algo novedoso cuando salimos de la institución pensar en construir una vivienda autogestionada. Llegamos a este lugar arriesgándonos, soltando la posta, alejándonos de esta idea de objetividad, de corrección, de verdad. Es animarse a que salga mal todo el tiempo, porque todo el tiempo algo sale mal”, continúa Florencia. 

Durante el cumpleaños de No Tan Distintes hubo homenajes a las compañeras históricas que murieron durante estos años. En sus redes escribieron: “Militar acompañando es inventarnos formas colectivas de hacer el duelo. Es acompañarnos para que, cuando el tiempo se acabe y la muerte nos alcance, estemos acompañades, incluso después de la muerte. Es escribir los obituarios de nuestres compañeres, enterrar sus cuerpos, llorarles, contar sus historias, recordar sus nombres. Homenajearles luchando con quienes siguen insistiendo”. También recordaron el día en el que lograron la reparación histórica de Karina Pintarelli, la primera persona trans en ser reconocida por el Estado por sufrir violencias durante la dictadura. Actualmente trabajan en un documental para contar su historia.

Los festejos continúan, el broche de oro será el 12 de abril en la Feria de publicaciones y arte impreso Migra con un diálogo sobre “Acompañar es político”, titulada: “¿Cómo arranca la editorial de una organización transfeminista?”, de la que van a participar la autora y la editora, Dani Camozzi.

Acompañar es político 

“El acompañamiento tiene una parte asistencial, puede tener una parte que involucre las instituciones y tiene una parte autogestiva si está a cargo de una organización social, pero para nosotras todo está atravesado por el vínculo afectivo”, adhiere Milione. Se trata de acompañar a contrapelo de lo que el capitalismo tiene predispuesto y asumir que estás acompañando un cuerpo que está atravesado por muchas violencias. Teniendo en cuenta eso se puede mapear qué es lo que se espera de esa compañera. “Nadie daba nada por nosotras y ahora somos muchas acompañando”, remata Ariadna, que hace cinco meses convive en Casa Leonor. En sus voces queda en evidencia que la dimensión política de acompañar a una persona en una situación de vulnerabilidad requiere de un compromiso amoroso y un involucramiento político.


“Lo colectivo es el horizonte pero no siempre se llega”, concluye Montes Páez. “No es que las cosas son colectivas solo porque ahora involucren a personas que estuvieron en situación de calle, es una tarea que las cosas realmente sean colectivas y ese es el proyecto de la organización: que las personas que estuvieron en situación de calle se hagan cargo de las tareas, de las actividades, que asuman los roles de coordinación, que tracciones los proyectos y que podamos todas, las que estuvieron o no en calle, construir una vida en común”.

Antes de terminar el encuentro por los quince años, Florencia cuenta que  la decisión de festejar la tomaron las compañeras  “No sabemos si vamos a llegar a los veinte, nos decían”. Unos minutos después habrá una performance en la calle y un pequeño acto de cierre para finalizar. La tarde termina ventosa una vez más. Las compañeras corean “Yo también estuve en la calle y pude salir, que no te maten compañeras, la calle no es para vivir”. Revolean pañuelos y se abrazan entre ellas. Saben que están construyendo una vida digna y acompañada. Una vida en común que merece ser vivida.