Foto: Mayara Donaria
Hace ocho años, la vida de Luyara Franco cambió por completo. La de su familia también. El 14 de marzo de 2018 cuando asesinaron a la concejala del PSOL Marielle Franco en Río de Janeiro, su hija Luyara tenía apenas 19 años y le llevaría otros ocho años saber quién mandó a matar a su mamá. Con 27 años la hija de la concejala hoy dirige el Instituto Marielle Franco en Río de Janeiro que, además de luchar por el esclarecimiento de los asesinatos de Marielle y su chofer Anderson Gomes, dedica su trabajo a potenciar la vida política y cultural de las mujeres negras, de la población LGTBIQA+, y quienes habitan en barrios periféricos como la favela de la Maré, donde creció Marielle.
Luyara estuvo en Buenos Aires por los 50 años del último golpe de estado cívico militar en Argentina. Con una agenda intensa, visitó la Casa Cultural Norita Cortiñas, la madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora que tantas veces pidió justicia por Marielle. También participó de conversatorios organizados por la Fundación Rosa Luxemburgo en la Ex ESMA junto a defensores de derechos humanos de Chile, Colombia y Argentina. Los últimos días los pasó entre la multitud durante la vigilia previa al 24 y luego recorriendo la marcha al día siguiente, entre pañuelos blancos y el amarillo que lleva el nombre y la imagen de su madre, símbolo de la lucha para exigir justicia. Emocionada por el valor histórico de la fecha en Buenos Aires y con una sonrisa, Luyara afirmó: “el legado de mi madre es inmenso. Mi madre fue y siempre será una de las mayores defensoras de los derechos humanos, y de la lucha antirracista de América Latina. Ese es uno de sus mayores legados, que las mujeres, las mujeres negras, periféricas puedan ocupar espacios de poder y continuar vivas luchando por un país y por una América Latina mejor”.
El 25 de febrero pasado el Supremo Tribunal Federal de Brasil dio respuesta a la pregunta ¿Quién mandó a matar a Marielle Franco? Después de ocho años se supo que Domingos Brazão, miembro del Tribunal de Cuentas de Río de Janeiro y su hermano Francisco “Chiquinho” Brazão, ex diputado federal, fueron considerados autores intelectuales por conformar una organización criminal armada para matar a la concejala de Río de Janeiro. Ambos condenados a 76 años de prisión y multas, las penas de los otros tres condenados, incluidos un ex policía militar y un efectivo de la policía civil, van desde los 56 a los 9 años de prisión. Quienes conocen la vida política de la ciudad saben que ni el clan de los Brazão, ni el asesinato de la concejala son un hecho aislado, sino “un retrato detallado del sistema político que organiza la vida de Río de Janeiro. Fueron, sin dudas, solo dos de las víctimas que este sistema político se ha cobrado en los últimos años”, como afirmó Orlando Calheiros en Intercept Brasil. Probablemente por esto, la magistrada Cármen Lúcia en la lectura de su veredicto destacó el carácter misógino del crimen, la necesidad de castigar a los culpables y se preguntó casi replicando palabras de la propia Marielle: “¿Cuántas Marielles más Brasil permitirá que sean asesinadas hasta que resurja la idea de justicia en esta patria de tantas indignidades?”
“Mi madre fue y siempre será una de las mayores defensoras de los derechos humanos, y de la lucha antirracista de América Latina. Ese es uno de sus mayores legados, que las mujeres, las mujeres negras, periféricas puedan ocupar espacios de poder y continuar vivas luchando por un país y por una América Latina mejor”.
“La pregunta de quién mandó a matar a Marielle hoy tiene respuesta y eso nos da mínimamente un alivio”, afirmó Luyara. Aunque sabe que la justicia debe ser reparación y, sobre todo, la no repetición. Esta sentencia no responde solo a la necesidad de una familia que luchó incansablemente durante ocho años, sino también es un mensaje a la sociedad y a la democracia brasileña. “En 2018 cuando Bolsonaro es electo, el avance de la extrema derecha demostró que el modus operandi de hacer política es exterminar la vida de otras personas. ¿Qué democracia es esa?”, se pregunta Luyara, y señala que desde el Instituto Marielle Franco consideran que la causa estructural que generó condiciones de posibilidad para el asesinato de su madre, es la violencia política de género y raza. E insiste: “¿qué democracia considera nuestros cuerpos descartables, cuerpos negros, favelados, lésbicos pueden ser descartados?”
En su exposición en el marco del conversatorio organizado en la Ex ESMA, cuenta que desde el Instituto realizaron una investigación en la que detectaron el incremento de violencia política en el ámbito de las redes sociales. Allí “el 60% de la violencia y de las amenazas hacen referencia directa al nombre de mi madre. Entonces mientras tenemos el nombre de mi madre como un símbolo de resistencia ligada a los derechos humanos como forma de inspiración, vemos cómo funciona el modo de operar de la violencia que es promover miedo”.
Durante estos ocho años la familia de Marielle dio una lucha inclaudicable tanto dentro como fuera de Brasil, sin esta organización probablemente el caso de Marielle y Anderson hubiera sido un caso más. “Tengo 27 años y cuando todo sucedió tenía 19 años y me siento con una enorme responsabilidad de continuar multiplicando el legado y preservando la memoria de mi madre, pero no solo de ella sino también de otras mujeres negras y de otras víctimas del Estado. Ella con su forma de hacer política representa un punto de giro en la participación de las mujeres en la política de Brasil y hoy tenemos un número exponencial de mujeres dentro del parlamento, activistas progresistas que siguen inspiradas en su legado que no terminó en aquel 14 de marzo”, contó Luyara.
En la vigilia en la Plaza de Mayo, la misma plaza en la que más de una vez resonó el nombre de Marielle Franco para exigir justicia también desde Buenos Aires, Luyara destacó la importancia de construir una memoria con perspectiva latinoamericana y dejó el mensaje que orienta la lucha y el trabajo del Instituto Marielle Franco: “memoria es justicia, es verdad, es un símbolo de esperanza para continuar inspirando a nuevas generaciones”.